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Antiguo Pósito Municipal (Biblioteca Pública Municipal Julio Burell) de Iznájar

Un edificio de 1786 pensado para guardar trigo y convertido hoy en biblioteca pública. Recorrerás su fachada con fecha escondida, sus naves de arcos y su puerta trasera, que daba a un foso. Tres paradas para entender cómo un pueblo cuidó su pan y, siglos después, sus libros.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Antiguo Pósito Municipal (Biblioteca Pública Municipal Julio Burell) de Iznájar

Fachada y portada del Antiguo Pósito de Iznájar

Una fecha en la esquina

Colócate frente a la portada principal, en la plaza Alí Ben Cacín, número cinco. Desde ahí abarcas la puerta, las ventanas laterales y las esquinas del edificio.

Hay una fecha escondida en una esquina de este edificio. No hace falta ser arqueólogo para encontrarla, solo ganas de rodearlo con la cabeza levantada. Es mil setecientos ochenta y seis, y está grabada en la propia fábrica, como una firma que el edificio lleva puesta desde entonces.

Aquí se levantó el pósito, entre mil setecientos ochenta y cinco y mil setecientos ochenta y seis, en tiempos de Carlos tercero. Fíjate ahora en la portada central, de cantería, y en las ventanas de los lados, con sus rejas de forja. Alrededor se mezclan mampostería, sillares y muros encalados. Es un edificio que junta materiales como quien hace un buen guiso con lo que tiene en casa.

La obra juntó también a dos mundos. Por un lado, un arquitecto madrileño. Por otro, un maestro de obras de Iznájar. Manuel Vera proyectó. Antonio Garrido dirigió la construcción. Uno dibuja, el otro se llena las manos de cal, y de esa conversación salió esta fachada.

Y aquí viene lo bueno. Quien pasaba por delante entonces no veía el almacén de un señor con mucho trigo. Era un pósito municipal, y servía para almacenar cereales. Un granero que no era de nadie en particular.

Cruza la puerta. Por dentro, la historia se ordena en arcos.

Para profundizar

Hay una pregunta que intriga: ¿por qué un pueblo del interior levantó un edificio así? Quizá la respuesta esté en un nombre. La intervención de Floridablanca vinculó la obra local con la política de abastecimiento de grano que se impulsaba bajo Carlos tercero. Es una lectura, no una certeza, pero encaja bien: un edificio pequeño dentro de una idea muy grande.

Tampoco es un edificio cualquiera a ojos de hoy. Figura como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, en el decreto de dos mil trece. Es decir, el granero municipal ha acabado con rango de tesoro.

Y si buscas la dirección exacta para tu mapa, la ficha oficial lo sitúa en la plaza Alí Ben Cacín, número cinco. Lo curioso es que, con tanto título, la fachada sigue siendo la de un edificio sobrio, de los que no necesitan gritar para que lo mires dos veces.

Arquería y naves interiores de la biblioteca Julio Burell

Tres naves y mil arcos de silencio

Arquería interior de la biblioteca Julio Burell en el Antiguo Pósito de Iznájar

Ya dentro, colócate en el centro de la sala principal y mira a lo largo, hacia la fila de arcos y pilares que se pierde en profundidad.

Entre estos arcos se guardaron cereales, y hoy se custodian papeles. Cambia el contenido, y el recipiente apenas se ha movido.

Levanta la vista y sigue la sucesión de arcos de medio punto. Se apoyan en pilares de piedra que ordenan el espacio en tres naves, separadas por una doble arquería. Es una estructura de tipo basilical, la misma que te harían pensar en una iglesia, solo que aquí lo que se protegía era el grano.

Y este es el giro. Cuando a finales de los años ochenta se rehabilitó el edificio para convertirlo en biblioteca, no se inventó una planta nueva. Se mantuvieron la planta y la estructura. Estás caminando por el mismo plano que dibujaron para el trigo, con la misma geometría, y lo único que ha cambiado es lo que descansa en los estantes.

Por si pensabas que una biblioteca es siempre un lugar callado, en mil novecientos noventa y seis este edificio dejó por unas jornadas el silencio de lectura. Acogió sesiones de la Real Academia de Córdoba dedicadas a Iznájar. Imagina el murmullo de los académicos bajo estas bóvedas, donde antes solo se oía el crujido de los sacos.

Si caminas hasta el fondo, notarás cómo la luz y el eco cambian entre una nave y otra. Y quedan todavía secretos por contar sobre lo que guardan estos muros.

Para profundizar

Los fondos de esta biblioteca esconden una sorpresa poco solemne. Entre ellos se mencionan documentos que uno no esperaría encontrar entre novelas y ensayos: atestados criminales y estados de cuentas. Es decir, papeles de delitos y papeles de números, que son, bien mirado, dos formas distintas de contar la vida de un pueblo.

Hay algo que me gusta de esa mezcla. Un pósito era, por definición, un lugar donde se llevaban cuentas, porque el grano se guarda y se reparte con números. Que hoy el edificio conserve estados de cuentas tiene algo de continuidad, aunque eso sí es una asociación mía y no un dato.

Lo que sí es dato es la rehabilitación de finales de los ochenta. Adaptó el inmueble a su nuevo uso sin tocar la planta ni la estructura. Cuando estés en la sala, piensa en eso: la biblioteca no se instaló en el edificio, se acomodó a él.

Antesala y paso al foso: qué ver en la parte trasera

La puerta que daba al foso

Puerta posterior de ladrillo del Antiguo Pósito de Iznájar hacia el antiguo foso

Sal a la zona posterior del acceso al pósito, si está abierta al público, y colócate frente a la puerta de ladrillo.

En dos mil diecinueve, en este edificio, se celebró el centenario de la muerte de un escritor con ocho tomos y un busto. El escritor era Julio Burell, y la biblioteca lleva hoy su nombre.

El acto tuvo su reparto de personajes. Estuvo el cronista Antonio Cruz Casado. Estuvo el alcalde, Lope Ruiz. Y estuvieron estudiantes que leyeron textos del escritor iznajeño. Hay algo bonito en eso: una biblioteca que homenajea a un autor haciéndolo sonar en voz joven.

Ahora fíjate en la puerta posterior, de ladrillo dovelado, y en el umbral de la antesala. La entrada trasera daba acceso a una antesala, y desde ella había una puerta de comunicación con el foso. Sí, un foso. Este edificio de libros tuvo detrás un paso hacia una zanja defensiva.

Y ese es el giro. Quizá creías que el pósito era una pieza suelta, una nave de grano plantada en una plaza. El pasaje al foso sugiere otra cosa: que formó parte de un conjunto fortificado y no fue concebido como un edificio aislado. Es una lectura, pero la puerta la respalda.

Quédate un momento en el umbral. Entre un busto y un foso, este lugar ha tenido más vidas de las que parece.

Para profundizar

La protección de este edificio se piensa a lo grande. En dos mil trece, la protección patrimonial afectó a la totalidad del inmueble del pósito, no solo a su fachada. Lo cuentas rápido, pero significa que cada muro, cada arco y cada rincón entran en la categoría de patrimonio.

Hay un detalle que me hizo detenerme al leerlo. La Junta justificó que la protección del conjunto no se limitara a los edificios, sino que cuidara también su percepción y el paisaje circundante. Es decir, importa el edificio y también cómo se ve desde fuera, con lo que lo rodea.

Así que, cuando te alejes unos pasos y mires el conjunto, estás haciendo exactamente lo que la norma quería proteger: verlo en su sitio. Y la biblioteca, con su nombre y su ubicación en Iznájar, Córdoba, sigue abierta a quien quiera entrar con paso tranquilo.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Antiguo Pósito Municipal de Iznájar

La portada de cantería con ventanas de rejas de forja, la fecha de 1786 grabada en una esquina, las tres naves con arcos de medio punto y pilares de piedra, y la puerta posterior de ladrillo que comunicaba con el antiguo foso.

¿Cómo llegar al Antiguo Pósito Municipal en Iznájar

El edificio se localiza en la plaza Alí Ben Cacín, número 5, en Iznájar, provincia de Córdoba. Es el punto de inicio de la visita y desde ahí se aprecia la fachada principal con su portada de cantería.

¿Cuál es la historia del Antiguo Pósito Municipal de Iznájar

Se construyó entre 1785 y 1786, en el reinado de Carlos III, como pósito municipal para almacenar cereales. Manuel Vera proyectó y Antonio Garrido dirigió la obra. A finales de los años ochenta se rehabilitó como biblioteca.

¿Es un Bien de Interés Cultural

Sí. El edificio figura como Bien de Interés Cultural, con tipología de Monumento, en el decreto de 2013. Aquella protección afectó a la totalidad del inmueble del pósito, además de justificar el cuidado de su percepción y del paisaje circundante.

¿Cuál es el horario del Antiguo Pósito Municipal de Iznájar

Al ser una biblioteca pública municipal en uso, el horario puede variar según la época del año. Lo más seguro es consultarlo en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo de Iznájar antes de la visita.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Antiguo Pósito

No hay una duración oficial fijada. La audioguía recorre tres puntos: la fachada, las naves interiores y la zona posterior. El tiempo depende del ritmo de cada visitante y de si el acceso trasero está abierto al público.

¿Por qué la biblioteca se llama Julio Burell

La Biblioteca Pública Municipal lleva el nombre de Julio Burell, escritor iznajeño. En 2019, con motivo del centenario de su muerte, se celebró en la biblioteca un acto con la presentación de ocho tomos y de un busto.

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