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Pozo de la Nieve de Dos Torres: audioguía del monumento

Un cubo de granito con tejado a cuatro aguas esconde por dentro una cúpula de ladrillo y un pozo en el centro. Durante décadas, los estudiosos lo han tomado por basílica, por mausoleo, por terma y por almacén de nieve. En esta audioguía recorres el exterior, la puerta y el interior del Pozo de la Nieve de Dos Torres, y decides con qué hipótesis te quedas.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Pozo de la Nieve de Dos Torres: audioguía del monumento

Exterior del Pozo de la Nieve: granito y cubierta

Un cubo con tres nombres

Colócate en el recinto exterior, a una distancia desde la que veas entero el perfil del edificio, con el tejado recortado contra el cielo.

¿Qué clase de edificio tiene tantas biografías posibles que ni los expertos se ponen de acuerdo? Este. Fíjate en lo que tienes delante: un cuadrado casi perfecto, de ocho metros y treinta y dos centímetros por lado. Muros de granito de la zona, piedra sobre piedra, y en las esquinas sillares más grandes para que todo aguante. Recorre el contorno con la vista y párate en la fachada nordeste. Tiene una deformación, como si el edificio hubiera cedido un poco con los años.

Ahora levanta los ojos. La cubierta es a cuatro aguas, un tejado de lo más corriente. Y aquí viene lo bueno: por dentro hay una cúpula, y desde fuera no se sospecha.

Lo que cuentan los estudiosos es todavía mejor. En mil novecientos setenta y nueve, Esteban Márquez Triguero lo dio a conocer en un artículo de periódico y propuso que podía ser una basílica paleocristiana. En mil novecientos ochenta y tres, Alejandro Marcos y Ana María Vicent lo situaron en época romana, pero no se mojaron con la función: mausoleo o terma. Y el arqueólogo Pedro Marfil propuso otra cosa: siglo dieciocho y pozo de nieve.

Tres miradas, tres edificios distintos, y las mismas piedras. Hay que reconocerlo: un muro sabe guardar un secreto mejor que cualquier vecino.

¿Y quién se atrevió a pedir permiso para levantar un pozo de nieve? Acércate a la puerta.

Para profundizar

El edificio figura en el Catálogo General del patrimonio andaluz desde el veintiséis de noviembre de dos mil siete. Pero su aspecto actual tiene su propia polémica. En mil novecientos noventa y seis hubo una reconstrucción, y la cubierta que ves se discutió mucho después.

La arquitecta Gabriella Mendieta presentó su investigación local en las jornadas de historia de dos mil trece. Allí se habló de la reforma y de su relación con el original. Mendieta contó que el arquitecto responsable de la obra reconoció que la cubierta había sido inoportuna. Lo atribuyó a su inexperiencia y a la falta de medios. Es un testimonio, y conviene tomarlo como tal.

En esa misma conversación se mencionó otro detalle: fotografías antiguas mostrarían una bóveda curva en el exterior, distinta del tejado reconstruido. Si es así, el edificio que ves tiene un sombrero que quizá no era el suyo.

Historia del Pozo de la Nieve: la licencia de Carlos II

Nueve años esperando un sello

Acceso empedrado del Pozo de la Nieve de Dos Torres, visita al monumento

Acércate a la entrada y colócate en el eje este-oeste del edificio, de modo que veas los huecos de acceso y el empedrado a tus pies.

Nueve años. Ese fue el tiempo que tardó un permiso en cruzar Castilla. El veintiséis de septiembre de mil seiscientos noventa y uno, Bartolomé García Bejarano segundo otorgó un poder para pedir autorización y construir un pozo de nieve. No era un vecino cualquiera. Era alcalde, regidor, familiar del Santo Oficio y teniente de gobernador. Con tantos cargos, se ve que sellos no le faltaban.

Lo curioso es que no fue él a la corte. Delegó en Francisco Gutiérrez Huarte, que debía presentarse ante Carlos segundo y el Consejo Real de Castilla. Los motivos que alegaba eran prácticos: remediar las epidemias de peste y abastecer a las villas vecinas.

Quería levantarlo en una parcela suya, en el prado de San Sebastián, sobre un cubículo antiguo. Es decir, ya había algo ahí debajo.

Y la respuesta tardó. El Consejo Real concedió la licencia en mil setecientos, nueve años después del poder. Cualquiera que haya esperado una cita en una ventanilla sabe de qué hablo.

Ahora fíjate en los huecos de acceso. Hoy se describen dos, en el eje este-oeste. Pero el edificio tuvo originalmente una puerta en el ángulo noroeste. Es decir, la entrada por la que pasas quizá no es la que usaron los primeros.

Entra, y comprueba por qué tanto esfuerzo.

Para profundizar

La puerta ha pasado por muchas manos. En mil novecientos noventa y seis, la Junta intervino con desescombro, retirada de tapiados, excavación, consolidación y reconstrucción. Es decir, parte de lo que ves se despejó o se rehízo entonces.

Años después, en dos mil, hubo una intervención posterior que buscó recuperar la configuración del edificio como pozo de nieve. La historia de este lugar no se cierra en el siglo dieciocho: se sigue escribiendo.

Baja la mirada al suelo. El recinto empedrado alrededor del edificio está relacionado con las obras de mejora del acceso. Es un detalle fácil de pasar por alto, pero te recuerda que alguien decidió que este lugar merecía un camino digno.

Cuando entres, piensa en esto: la petición, el permiso y las obras ocupan siglos distintos, y las piedras guardan las huellas de todos.

Interior del Pozo de la Nieve: cúpula y pozo central

Una cúpula sobre un agujero

Cúpula semiesférica sobre el pozo semicircular en el interior del edificio.

Sitúate en el centro de la cámara, junto al pozo, y levanta la vista hacia la cúpula.

Entras en un edificio cuadrado y te encuentras dentro con un círculo. Esa es la sorpresa. La sala mide seis metros y ochenta centímetros de diámetro, y la bóveda semiesférica llega a cinco metros y diez en lo más alto. Levanta la vista desde el centro y compara: fuera, esquinas; dentro, una curva que lo envuelve todo.

Mira las hornacinas. Las descripciones hablan de cuatro, orientadas a los cuatro puntos cardinales. Otra señala que originalmente eran tres. Otro pequeño misterio.

Y en el suelo, el protagonista: un pozo semicircular excavado en la tosca y revestido con un encañado de ladrillo. Aquí se echaba la nieve. Se compactaba con mazos de madera, se cubría con paja o ramas y se guardaba. El agua del deshielo salía por canales bajo el pozo, para que la nieve no se aguara.

Según los cálculos de Gabriella Mendieta, la capacidad rondaría los ochocientos veintisiete metros cúbicos, unas seis mil seiscientas dieciséis arrobas de nieve. Es una cifra que ella expuso como cálculo, no como dato medido.

Y aquí viene la duda que dejó planteada un cronista local: ¿por qué construir un almacén tan enorme en una zona poco conocida por sus nevadas? ¿Y quién iba a consumir tanto hielo?

Nadie lo sabe con certeza. Quédate un momento en silencio. Es un buen sitio para no tener respuesta.

Para profundizar

En la charla de dos mil trece, Mendieta sostuvo que el edificio era, efectivamente, un pozo de nieve, y que no había estudios científicos que probaran un uso anterior. Lo presentó como parte relevante del patrimonio industrial local y defendió divulgarlo para que la población lo apreciara.

También defendió preservar las formas originales del edificio tras la restauración. Es decir, la discusión no es solo sobre qué fue, sino sobre cómo conservarlo.

Los asistentes a aquellas jornadas recorrieron con ella la historia del pozo y escucharon sobre su origen, su función y la reforma respecto al original.

Mira otra vez el brocal y el hueco central. Todo un edificio para guardar algo que se derrite.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Pozo de la Nieve de Dos Torres

Puedes ver el exterior cuadrado de granito con cubierta a cuatro aguas, los huecos de acceso en el eje este-oeste y el interior circular. Dentro destacan la cúpula de ladrillo, las hornacinas y el pozo central con su encañado.

¿Cuál es la historia del Pozo de la Nieve

En 1691, Bartolomé García Bejarano II otorgó poder para solicitar permiso de construir un pozo de nieve. El Consejo Real concedió licencia en 1700. Otros estudiosos lo han considerado basílica paleocristiana o edificio romano, y su origen sigue discutido.

¿Qué forma tiene el Pozo de la Nieve

Por fuera es cuadrado, de 8,32 × 8,32 metros, con muros de mampostería de granito y sillares en las esquinas. Por dentro es circular, de 6,80 metros de diámetro, con una bóveda semiesférica de 5,10 metros de altura.

¿Para qué servía un pozo de nieve

Servía para almacenar nieve. Se compactaba con mazos de madera, se cubría con paja o ramas y se guardaba. El agua del deshielo salía por canales bajo el pozo para que la nieve no se aguara.

¿Es romano el Pozo de la Nieve

No está claro. En 1983 se propuso época romana, como mausoleo o terma, pero otro arqueólogo defendió el siglo XVIII y el uso de pozo de nieve. Las fuentes presentan interpretaciones distintas y no se puede afirmar un origen romano con certeza.

¿Cómo llegar al Pozo de la Nieve

El monumento está en Dos Torres. Para conocer la ubicación exacta y la mejor forma de acceder, consulta en el ayuntamiento o en la oficina de turismo del municipio antes de tu visita.

¿Está protegido el Pozo de la Nieve

Sí. Figura inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz desde el 26 de noviembre de 2007. En 1996 la Junta realizó una intervención de desescombro, consolidación y reconstrucción. · Alt: Exterior de granito del Pozo de la Nieve de Dos Torres con cubierta a cuatro aguas

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