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Conjunto tradicional de la Aldea del Cerezo (Cardeña): audioguía

Un pueblo de casas de teja en la Sierra de Cardeña y Montoro, nacido, cuenta la tradición, al borde de un camino real. Tres paradas para entender cómo una aldea de carboneros dejó de ser hogar, se hizo alojamiento rural y sigue buscando su sitio. Un paseo corto, de esos que se hacen despacio.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.

Origen e historia del Conjunto tradicional de la Aldea del Cerezo en Cardeña

Una venta en mitad del camino

Colócate en la calle principal de la aldea, con las casas a ambos lados, mirando hacia donde llegaría un viajero por el camino.

¿Y si el primer vecino de este lugar no fue una familia, sino una venta al borde del camino? Cuenta una tradición local que aquí empieza todo con las ventas francas que Enrique tercero concedió en mil trescientos noventa y siete. Estaban en el camino que iba de Córdoba a Ciudad Real. Me gusta la idea. Un sitio tan callado como este nacería, según eso, de la gente que pasaba de largo y necesitaba parar un rato.

Fíjate en cómo se ha invertido todo. Hoy venimos a la aldea a propósito, y hay quien llega a pie por un corredor verde de poco más de seis kilómetros que la une con Cardeña. Entonces era justo al contrario: la aldea estaba en medio y el destino quedaba lejos.

Es una historia que se cuenta con pinzas, porque se apoya en una referencia local y no en una prueba cerrada. Pero explica algo que se nota al caminar: aquí no hay plaza mayor ni iglesia que mande sobre el resto. Hay una calle, un conjunto de casas y la sensación de un lugar pensado para el que está de paso.

Las casas que tienes delante guardan otra historia, y esa tiene tejas, carboneros y mucho vaivén.

Para profundizar

Hay un detalle administrativo que también descoloca. Hasta mil novecientos treinta, la Aldea del Cerezo no pertenecía a Cardeña, sino al término de Montoro. Después quedó dentro del nuevo término de Cardeña. Los mismos vecinos, la misma sierra y de pronto otro término municipal. Los límites en el papel cambian mucho más deprisa que las paredes.

Si has llegado por el corredor verde, ya has hecho sin saberlo un pequeño viaje entre dos pueblos que durante un tiempo no compartieron frontera. Y si has llegado de otra forma, mira atrás un momento y piensa que este camino empezó siendo la razón de que la aldea existiera.

Casas de teja y chozas: qué ver en Cardeña

Chozas, tejas y un cartel de cerrado

Sitúate frente a las casas de teja, de modo que veas bien las cubiertas, y deja la calle a tu espalda.

Las casas que tienes delante tienen un pariente que ya no está: la choza. Según los testimonios que ha recogido un investigador local, los carboneros las levantaron mientras desmontaban el entorno. Cortaban, quemaban y hacían su hogar con lo que había a mano. Se conserva una fotografía de vecinos de los años sesenta, cedida por la familia Coleto, y mirarla debe de ser como asomarse a una ventana que ya no da a ningún sitio.

Porque aquí pasó lo que ocurre en tantos pueblos pequeños: la gente se fue. La rehabilitación llegó después, y casi todas las casas de teja y la pequeña escuela se recuperaron para turismo rural. Las chozas, no.

Y aquí viene lo bueno. El proyecto turístico no fue un final feliz de una sola pieza. La explotación de las cabañas cerró en el verano de dos mil seis. Al año siguiente, el alcalde Pablo García Justos planteó nuevas cabañas y más servicios. Es decir, la aldea ha tenido que reinventarse más de una vez, y cada vez con su carga de esperanza.

Mira otra vez las tejas. Cada tejado es una decisión: qué se salva y qué se deja ir.

Y para entender qué se perdió, vamos a la fuente donde se paraba a beber.

Para profundizar

Una cronología local sitúa el declive del núcleo en los años sesenta y la rehabilitación a finales de los ochenta. Con ella, las casas pasaron de ser residencia a alojamiento rural.

Después hubo otra etapa: en dos mil nueve y dos mil diez se desarrolló un taller de empleo subvencionado por la Junta, que fue otra vuelta de tuerca en la rehabilitación de la aldea.

Y queda una opinión, que conviene contar como lo que es, una interpretación. La fuente local lamenta que se recuperaran las casas de teja pero que las cubiertas vegetales, las de las chozas, quedaran fuera. Quizá lo que se salvó fue lo más fácil de vender, y lo que se perdió, lo más antiguo en el modo de vivir. Cada uno juzgará, pero la pregunta merece quedarse contigo mientras caminas.

La fuente El Pecho, junto a la Aldea del Cerezo

El agua que escasea en verano

Baja hacia la bifurcación de caminos próxima a la aldea y busca la fuente comunal, en el lado del camino.

Esta es la fuente conocida como El Pecho, y lo más sincero que se puede decir de ella es lo poco que sabemos. Nadie ha documentado cuándo se construyó, ni cómo se capta el agua, ni si hoy se puede beber. Lo que sí sabemos es que era comunal: de todos y para todos. Y que en verano el agua escasea de forma natural.

Un caminante que pasó por aquí lo cuenta con una sencillez que me desarma. Hizo una pausa, se refrescó junto a sus acompañantes, se comieron unas barritas de cereales, y todavía les quedaban siete kilómetros. No hay épica en esa escena. Hay gente cansada, un poco de sombra y una fuente.

Quizá por eso funciona tan bien como retrato del lugar. Una aldea no se mantiene con monumentos, sino con sitios así, donde alguien se detiene y se queda un rato.

El mismo caminante recuerda, además, una de las pocas casas originales de la aldea, que había pertenecido a los padres de su suegro. Cuando él pasó por allí, estaba abandonada.

Respira hondo antes de irte. Esta aldea no te pide que la admires; te pide, más bien, que la recuerdes. ¿Cuántas cosas cotidianas hemos dejado de ver porque estaban siempre ahí?

Para profundizar

En su relato, el mismo cronista vincula el paisaje cercano con antiguas minas de uranio y con la silicosis de varios mineros. Entre ellos menciona a su suegro. No precisa el diagnóstico clínico, y es mejor no ir más allá de lo que dice.

Es un recuerdo personal, de los que no aparecen en ningún folleto, y que cambia la mirada sobre el lugar. Esta sierra no fue solo carbón y chozas. También hubo minas, y hubo vecinos que salieron enfermos de ellas.

De la fuente, en cambio, hay que ser prudente. No se conoce su fecha, ni leyendas asociadas, ni una protección patrimonial específica. Es un punto de agua que alguien identifica con un nombre y que, con eso solo, ya es suficiente para pararse un momento y mirar el camino que queda.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Conjunto tradicional de la Aldea del Cerezo (Cardeña

Las calles de la aldea, las casas de teja rehabilitadas para turismo rural y la antigua escuela. Cerca, en la bajada hacia la bifurcación de caminos, está la fuente comunal conocida como El Pecho. Las chozas no se recuperaron.

¿Cuál es la historia de la Aldea del Cerezo

Una referencia local vincula su origen con las ventas francas que Enrique III concedió en 1397 en el camino de Córdoba a Ciudad Real. Hasta 1930 perteneció a Montoro y después a Cardeña. Declinó en los años sesenta y se rehabilitó a finales de los ochenta.

¿Cómo llegar a la Aldea del Cerezo

Está en el término de Cardeña. La Junta de Andalucía cifra en unos 6,14 km el corredor verde que une Cardeña con la aldea, por lo que se puede llegar caminando. Conviene consultar el estado del camino antes de salir.

¿Cuánto se tarda en visitar la Aldea del Cerezo

No hay un dato oficial de duración. La audioguía propone tres paradas breves en la aldea y sus inmediaciones. A ello hay que sumar el trayecto si se llega por el corredor verde de unos 6,14 km desde Cardeña.

¿Cuál es el horario del Conjunto tradicional de la Aldea del Cerezo

No consta un horario publicado para el conjunto. Es mejor confirmarlo en la web del Ayuntamiento de Cardeña o en la oficina de turismo. Las casas funcionaron como alojamiento rural y su explotación turística cerró en 2006.

¿Se puede beber en la fuente El Pecho

No hay datos sobre la potabilidad ni el caudal de la fuente. Una crónica local señala que el agua escasea de forma natural en verano. Lo más prudente es llevar agua propia.

¿Qué pasó con las chozas de la Aldea del Cerezo

Según fuentes orales, los carboneros construyeron chozas mientras desmontaban el entorno. En la rehabilitación se recuperaron casi todas las casas de teja y la escuela, pero las chozas, con cubiertas vegetales, quedaron fuera.

¿Hubo intentos de relanzar la aldea

Sí. La explotación de las cabañas cerró en el verano de 2006. En 2007 el alcalde Pablo García Justos planteó nuevas cabañas y servicios, y en 2009 y 2010 hubo un taller de empleo subvencionado por la Junta.

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