Ermita de Santa Ana de Carcabuey: audioguía para visitar y entender su historia
En esta audioguía recorres la fachada, la nave y la cabecera de la Ermita de Santa Ana de Carcabuey, y descubres qué ver y qué contar en cada rincón.
Fachada y espadaña de la Ermita de Santa Ana: el origen de la devoción
Un sorteo de santos
Colócate en la calle Baja de Santa Ana, frente a la fachada, con la espadaña a la vista.
Una espadaña de ladrillo, pequeña, sobre una fachada que no pide protagonismo. Así se presenta la ermita de Santa Ana, y conviene no fiarse de su modestia, porque detrás de ella hay una historia de plagas y de sorteos.
Cuentan los papeles locales que los cultivos de Carcabuey sufrían plagas. El cabildo, que era el gobierno del pueblo, habría llamado a un franciscano para conjurarlas. Y como la cosa era seria, el relato transcrito dice que se echaron suertes entre santos para decidir a quién pedir protección. Imagínate a unos señores muy formales, varios nombres en una urna y la cosecha pendiente del resultado. Hay que reconocer que tiene su punto de humildad.
El mismo acuerdo dispuso algo más: llevar la imagen en procesión desde la iglesia hasta la ermita y celebrar aquí una misa solemne. Ese trayecto termina justo donde estás.
Esta casa pequeña lleva un título grande: Santa Ana es copatrona de Carcabuey, junto con la Virgen del Castillo. Y la tradición documental sitúa la licencia de fundación de la ermita en mil quinientos ochenta y tres.
Para profundizar
Los papeles guardan un detalle muy humano. La fiesta inicial no se celebró cuando se pensó. Se pospuso al segundo domingo de octubre, porque los vecinos andaban ocupados aquel año. Es fácil entenderlo: la protección contra las plagas era urgente, pero el trabajo en el campo no esperaba a nadie, ni siquiera a los santos.
Esa escena cambia un poco la imagen de la devoción antigua. Aquí no hay solo solemnidad. Hay un pueblo que organiza una misa, mira el calendario y comprueba que la gente no puede. La fiesta se acomodó a la vida real.
Mientras escuchas, repara en cómo encaja esa idea con lo que tienes delante. Un arco rebajado, una espadaña de ladrillo y una puerta única parecen hechos para un pueblo que cuida lo que tiene sin hacer ruido.
Nave y bóveda: la historia del patronazgo de Santa Ana en Carcabuey
Testigos de oídas

Entra y colócate junto al acceso, mirando hacia la cabecera y levantando la vista hacia la bóveda.
Seis metros por cuatro. Es, más o menos, lo que mide la nave en la que acabas de entrar, algo parecido a un salón grande de piso. Sobre tu cabeza corre una bóveda de cañón rebajado, que cubre el espacio como una mano ahuecada. Y no hay otra puerta que la que dejaste atrás.
En un lugar tan pequeño, cualquier voz se oiría. Quizá por eso resulta tan buena la historia que sigue.
La transcripción local atribuye a Juan Serrano de los Reyes un testimonio: que Santa Ana ya había sido elegida patrona en mil seiscientos veintitrés. Hasta ahí, todo bien. Pero entonces entra el párroco, que advierte que el archivo parroquial no conservaba documentación sobre ese patronazgo.
¿Y ahora qué? Pues llegan los testigos. Algunos respaldaron la versión diciendo que la habían oído de sus mayores o visto en papeles antiguos. Un segundo testigo, Joaquín Isidro Ramírez, contó que se lo había oído a su padre, que fue regidor.
Es decir, una memoria que pasa de padres a hijos, sin el papel que la sujete. Cada cual juzgará cuánto pesa eso, y aquí no vamos a decidirlo.
Lo que sí consta en la documentación es la declaración formal: Manuel Trujillo y Cuadrado declaró a Santa Ana patrona en mil ochocientos cuatro.
Mientras unos testimonios hablan de mil seiscientos veintitrés y la declaración formal llega en mil ochocientos cuatro, la ermita tiene una referencia mucho más temprana. Se fundó con licencia en mil quinientos ochenta y tres, según la referencia a María de los Ángeles Raya que recoge la divulgación turística.
Mientras estás dentro, prueba un pequeño ejercicio. Cierra los ojos medio minuto y piensa en cuánta gente cabría en esta nave.
Retablo de 1770 e imágenes: qué ver en el interior de la ermita
La Santa Ana que casi se deshace
Avanza hasta la cabecera y ponte frente al retablo mayor, con la nave a tu espalda.
Hubo un momento en que la cara y los brazos de Santa Ana corrían riesgo de desprenderse. Ella, la imagen que ahora tienes delante, presidiendo el retablo.
Este retablo mayor, de madera, está fechado en mil setecientos setenta, y no se conoce a su autor. La imagen de Santa Ana se fecha en ese mismo año. A los lados, en las calles laterales, aparecen San Joaquín y San Juan Bautista.
En dos mil trece, la Hermandad de la Aurora advirtió el deterioro y puso en marcha un proyecto de restauración. Su presidente contó que los daños se habían agravado por arreglos hechos con buena intención, pero por manos inexpertas. Todos hemos pegado alguna vez algo con pegamento, así que es fácil sentir ternura por esos arreglos.
La junta contactó con el escultor e imaginero cordobés Sebastián Montes para que examinara la imagen y preparase un presupuesto. Y aquí llega lo cotidiano: la Hermandad mencionó la mala cosecha de aceitunas y la crisis económica para explicar que buscaba pequeñas aportaciones. Se propusieron una rifa y una jornada de chocolate con churros.
Piensa en eso al mirar la imagen. Una talla de mil setecientos setenta sostenida, en parte, con papeletas y con churros.
Ahora recorre con la vista los retablos laterales. Quedan más figuras por descubrir.
Para profundizar
En uno de los retablos laterales se conserva una talla de San Francisco de Asís. Quizá te recuerde al franciscano que, según la historia de la primera parada, habría sido llamado para conjurar las plagas. Son dos cosas distintas y nada dice que estén unidas, pero la coincidencia invita a sonreír.
Busca también la Virgen de la Aurora. Es una imagen de madera policromada de principios del siglo dieciocho, y la descripción local la sitúa en la escuela granadina. Una nave de seis por cuatro metros alberga un retablo del siglo dieciocho, una imagen de principios de ese siglo y una talla franciscana. - Horarios y acceso: confirma los horarios de apertura en la web de Turismo de la Subbética o en la oficina de turismo de Carcabuey antes de ir.
- Respeto: es un templo ligado a la devoción del pueblo, así que conviene entrar con calma y en silencio.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Ermita de Santa Ana (Carcabuey
Una fachada sencilla con arco rebajado y espadaña de ladrillo, una nave de unos 6 por 4 metros con bóveda de cañón rebajado y, en la cabecera, el retablo mayor de 1770 con Santa Ana, San Joaquín y San Juan Bautista.
¿Cuál es la historia de Ermita de Santa Ana
La tradición documental sitúa su licencia de fundación en 1583. Está dedicada a Santa Ana, copatrona de Carcabuey junto a la Virgen del Castillo. Los relatos locales hablan de plagas en los cultivos, un sorteo entre santos y una procesión desde la iglesia hasta la ermita.
¿Cómo llegar a Ermita de Santa Ana
La ermita está en Carcabuey, en la calle Baja de Santa Ana, desde donde se ve la fachada con su espadaña de ladrillo. Para organizar el trayecto desde tu alojamiento, consulta la oficina de turismo de Carcabuey o la web de Turismo de la Subbética.
¿Cuál es el horario de visita de Ermita de Santa Ana
No hay un horario verificado en la documentación disponible. Por eso conviene confirmarlo antes de ir en la web de Turismo de la Subbética o en la oficina de turismo de Carcabuey, ya que se trata de un templo vinculado a la devoción local.
¿Cuánto se tarda en visitar Ermita de Santa Ana
Es una ermita pequeña: su nave mide aproximadamente 6 por 4 metros y solo tiene una puerta. La visita interior es breve. La audioguía de tres paradas permite recorrer fachada, nave y cabecera con calma y sin prisas.
¿Quién es el autor del retablo de la Ermita de Santa Ana
Se desconoce. El retablo mayor es de madera y está fechado en 1770. La imagen de Santa Ana se fecha en el mismo año, y en las calles laterales del retablo aparecen San Joaquín y San Juan Bautista.
¿Se ha restaurado la imagen de Santa Ana
En 2013, la Hermandad de la Aurora inició un proyecto para restaurarla al advertir su deterioro. Contactó con el escultor cordobés Sebastián Montes para examinarla y preparar un presupuesto, y propuso una rifa y una jornada de chocolate con churros para recaudar fondos. Luz suave de media tarde, sombras cortas, tonos cálidos de cal y ladrillo, encuadre a la altura de los ojos de un paseante, sin personas ni rótulos. · Alt: Fachada de la Ermita de Santa Ana de Carcabuey con arco rebajado y espadaña de ladrillo
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