Ermita de San Sebastián de Benamejí: qué ver, historia y cómo visitarla
Una fachada de ladrillo, una cúpula con escudos de familia y un retablo donde conviven muchas devociones. En tres paradas descubrirás quién pudo estar detrás de esta ermita de Benamejí y por qué mirar hacia arriba es la mejor forma de visitarla.

Fachada y espadaña de la Ermita de San Sebastián
Un hueco abierto al cielo
Colócate frente a la fachada, a unos pasos de la puerta, con la vista libre hasta lo más alto del muro.
Levanta la vista hasta lo más alto de la fachada. Ahí hay un solo hueco abierto al cielo, con un frontoncillo encima, como un sombrero pequeño y bien puesto. Es la espadaña. Y resume bien la ermita: ladrillo, sencillez y ninguna gana de presumir.
Ahora baja la mirada hasta la puerta. Todo en proporción. Todo contenido.
Se atribuye este templo al patrocinio de los marqueses de Benamejí y se sitúa a principios del siglo dieciocho. Es decir, que detrás de este ladrillo hay una familia con nombre y con ganas de dejar huella.
Y esa familia empieza con un hombre: José Diego Bernuy, el primer marqués. Promovió en Benamejí la fundación de un convento. Así que, cuando aparece su apellido en una ermita del pueblo, conviene preguntarse si hablamos de devoción, de estrategia o de las dos cosas a la vez.
La respuesta no está en la calle. Está dentro, justo encima de tu cabeza. Cruza la puerta y prepárate para mirar hacia arriba.
Para profundizar
Hay un matiz que vuelve más interesante la atribución a los marqueses. Algunos estudios interpretan las fundaciones religiosas de los Bernuy como una forma de patronazgo, una manera de hacerse presentes en el pueblo. Según esa lectura, quizá esta ermita encaje en ese plan. Es una hipótesis razonable, no un documento firmado, y conviene escucharla así.
También la fecha tiene su prudencia. Principios del siglo dieciocho es la cronología que hoy se maneja, y no hay rastro fiable de orígenes más antiguos. Tampoco se conoce una leyenda local ni un conflicto célebre ligado a este edificio. A veces un templo llega hasta nosotros sin dramas, y eso también es una forma de historia.
Fíjate, antes de entrar, en cómo dialogan las dos cruces verticales de la fachada: la cruz del frontón, abajo, y el hueco de la espadaña, arriba. Una señala el cielo y la otra lo enmarca.
Crucero, cúpula y escudos de los Bernuy
La media naranja de los Bernuy

Sitúate en el centro del crucero, donde se cruzan los brazos de la planta, y mira hacia arriba.
¿Qué dejarías en el techo de una iglesia si tuvieras dinero, apellido y ganas de que te recordaran? Los Bernuy lo tuvieron claro: sus escudos.
Colócate en el centro del crucero y echa la cabeza hacia atrás. La planta de la ermita dibuja una cruz latina, y justo donde se cruzan sus brazos se abre una bóveda semiesférica, apoyada en pechinas.
Hay quien ve en ellos algo más que un adorno. El estudio académico sobre esta familia interpreta sus fundaciones religiosas como proyección del poder nobiliario. Según esa lectura, un escudo en una cúpula no es solo un recuerdo. Cuando uno mira hacia arriba en una iglesia, suele pensar que está mirando hacia Dios. Los marqueses, quizá, contaban con que también miraras un poco hacia ellos.
Quédate un momento sin hablar. Luego baja la vista hacia los lados de la nave, porque ahí hay dos figuras que esperan.
Para profundizar
La cúpula no es lo único que conserva decoración. En la bóveda de la nave y del presbiterio quedan restos pictóricos de hojarasca, como si alguien hubiera pintado un jardín en el techo y el tiempo se hubiera llevado casi todo. Junto a ellos aparecen también escudos de Benamejí, es decir, del pueblo además de la familia.
Ahora recorre la nave con la mirada. A ambos lados hay hornacinas. En una está San Juan de la Palma, y en la del lado opuesto, San Francisco de Paula. Son dos figuras distintas que enmarcan el paseo por la nave, como dos guardianes de simetría.
Es un detalle fácil de pasar por alto. Pero la presencia de San Juan de la Palma hace visible su devoción justo en la nave, a la altura de tus ojos, mientras los escudos se quedan arriba, lejos de la mano.
Retablo mayor y camarín de la Virgen de la Cabeza
Un retablo con muchos vecinos

Avanza hasta quedar frente al presbiterio, mirando al retablo mayor, y busca primero el nivel de arriba.
¿Cuántos santos puedes contar desde un solo sitio? Aquí, más de los que esperas.
Frente al presbiterio se alza el retablo mayor, ordenado en dos pisos. Abajo, tres arcos de albañilería. Arriba, un camarín circular cubierto por una bóveda semiesférica, como una cúpula en miniatura. Dentro del camarín está Nuestra Señora de la Cabeza, justo en el centro y en lo alto, donde todas las miradas acaban llegando.
Y encima del camarín cuelga un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Dos advocaciones de María en un mismo eje visual, una sobre otra, como si el retablo hubiera decidido no elegir.
En el retablo también aparece el titular de la ermita, San Sebastián, que comparte espacio con San Roque y con el Inmaculado Corazón de Jesús. Ser el santo que da nombre a la casa no implica quedarse con toda la pared.
Hay más. A los lados del muro del fondo cuelgan dos lienzos. Uno es de Santa Lucía. El otro es de un santo carmelita, y ahí viene el giro: la descripción no dice cuál. Un santo sin nombre en medio de una ermita llena de nombres. Quizá alguien del pueblo lo sepa y se lo cuente a quien pregunte.
Y así termina el recorrido: con la vista en lo alto, un camarín redondo y una pregunta pendiente.
Para profundizar
Hay otra devoción que merece una mirada. San Judas Tadeo tiene en la ermita culto propio, y se le presenta como patrón de las causas difíciles. Verlos juntos tiene algo de encuentro de vecinos en el mismo portal.
Por último, repara en la arquitectura del retablo. Tres arcos abajo y un camarín circular arriba crean una especie de escalera visual. Los ojos suben de un nivel al otro sin darse cuenta, hasta llegar a la Virgen de la Cabeza.
Puede que sea esa la mejor forma de despedirse: contando santos, perdiendo la cuenta y volviendo a empezar.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el punto de inicio es la propia Ermita de San Sebastián, en Benamejí. Conviene localizarla en el mapa antes de salir.
- Horarios y acceso: confirma los horarios de apertura y si es posible entrar en la web oficial del Ayuntamiento de Benamejí o en la oficina de turismo antes de ir.
- Tiempo: el recorrido tiene tres paradas. Calcula el que necesites para mirar con calma la fachada, la cúpula y el retablo.
- Respeto: es un templo, así que conviene mantener un tono de voz bajo, sobre todo si hay alguien rezando.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en la Ermita de San Sebastián de Benamejí
Verás una fachada de ladrillo con portada de arco y espadaña de un vano, una cúpula sobre pechinas con escudos de los Bernuy, hornacinas laterales y un retablo mayor con camarín circular, donde está Nuestra Señora de la Cabeza.
¿Cuál es la historia de la Ermita de San Sebastián
La cronología que se maneja la sitúa a principios del siglo 18 y la atribuye al patrocinio de los marqueses de Benamejí. Los escudos de los Bernuy en la cúpula refuerzan esa vinculación, aunque algunos estudios la interpretan como parte de una estrategia de patronazgo nobiliario.
¿Cómo llegar a la Ermita de San Sebastián
La ermita se encuentra en Benamejí. Lo más práctico es localizarla en un mapa digital antes de salir y, si tienes dudas sobre el acceso, consultar en la oficina de turismo o en la web del Ayuntamiento.
¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de San Sebastián
No hay un horario confirmado en la documentación consultada. Lo recomendable es comprobarlo antes de ir en la web oficial del Ayuntamiento de Benamejí o en la oficina de turismo, para saber si la ermita está abierta ese día.
¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de San Sebastián
El recorrido de esta guía tiene tres paradas: fachada, crucero con cúpula y retablo mayor. El tiempo depende de cuánto te detengas en cada una, pero es una visita pensada para hacerse con calma y sin prisas.
¿Qué santos y advocaciones hay en la ermita
En el retablo aparecen San Sebastián, San Roque y el Inmaculado Corazón de Jesús. El camarín alberga a Nuestra Señora de la Cabeza. También hay hornacinas de San Juan de la Palma y San Francisco de Paula, y una devoción propia a San Judas Tadeo.
¿Qué son los escudos de la cúpula de la ermita
Son escudos de la familia Bernuy, vinculada a los marqueses de Benamejí. Además de recordar a la familia, un estudio académico interpreta este tipo de fundaciones religiosas como una forma de proyección pública del poder nobiliario.
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