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Museo Histórico-Arqueológico de Almedinilla: audioguía y qué ver

Un molino que dio luz al pueblo, un poblado íbero arrasado hace más de dos mil años, una villa romana cuyas esculturas acabaron rotas en un estanque y un Hypnos de bronce. Este recorrido por el Museo Histórico-Arqueológico de Almedinilla reúne las historias de sus salas y de las personas que hay detrás de cada pieza.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Museo Histórico-Arqueológico de Almedinilla: audioguía y qué ver

Fachada y antiguo molino de Fuente Ribera

El molino que encendió las luces

Colócate frente a la entrada del museo, en la calle Molinos, con la sierra a tu espalda si puedes. Si hay silencio, escucha si se oye el agua.

¿Cómo se pasa de moler harina a encender bombillas? Aquí lo hicieron con la misma agua. Estás ante el antiguo molino de Fuente Ribera, al pie de la Sierra de Albayate y junto al río Caicena. A principios del siglo veinte, el salto de agua movía una turbina y un generador que daban electricidad a parte de Almedinilla. Piénsalo un momento: alguna casa del pueblo encendía su luz gracias a este molino.

En mayo de mil novecientos noventa y nueve, el molino abrió sus puertas como museo. La ficha turística le da hoy mil doscientos metros cuadrados y describe tres salas: la del Aceite, la Íbera y la Romana.

Convertir el molino en museo no borró lo que fue. Dentro se conservó su maquinaria, con la turbina y el generador. Fue pensada para trabajar y no para que la miraran, y eso se nota en cómo ocupa el espacio: no está colocada, está instalada.

Este edificio es además la puerta de un conjunto arqueológico mayor. En el entorno se pueden visitar el poblado íbero del Cerro de la Cruz y la villa romana de El Ruedo, y el museo guarda lo que salió de ambos lugares. Dentro te esperan un pueblo que ardió hace más de dos mil años y una casa de campo romana con su estanque. Entra, que hay un poblado esperándote.

Sala íbera y destrucción del Cerro de la Cruz

Un poblado que se llevó el fuego

Vitrinas con objetos cotidianos del poblado íbero del Cerro de la Cruz.

Entra en la Sala Íbera y colócate ante las vitrinas centrales, donde están la cerámica y las pesas de telar.

Hacia mediados del siglo segundo antes de Cristo, un poblado entero fue destruido de forma violenta y acabó en llamas. Era el Cerro de la Cruz, aquí al lado, y esta sala guarda lo que quedó. ¿Quién lo hizo y por qué? La interpretación publicada lo relaciona posiblemente con las Guerras Lusitanas o con la consolidación de la presencia romana en la zona. Dicho de otro modo: una comunidad íbera atrapada en el momento en que Roma se asentaba en estas tierras.

Ahora fíjate en lo cotidiano: cerámica de uso diario, pesas de telar, útiles agrícolas, armas y ajuares funerarios. Ninguna pieza es un tesoro de película. Son las cosas con las que alguien cocinaba, tejía, cultivaba y se defendía. Una pesa de telar te habla de una mujer o de un hombre sentado, tejiendo, un día cualquiera, sin saber que aquel poblado tenía los días contados.

Y ahora, el giro. El artista Manuel García Cruz tomó la memoria de ese poblado destruido por el fuego y la convirtió en dibujos hechos con ceniza. Hizo arte con lo que queda después de las llamas. Una publicación local de septiembre de dos mil veintiséis anunció que uno de esos dibujos quedaría expuesto de forma permanente en esta sala, junto a piezas quemadas. Si lo encuentras, míralo al lado de ellas: el dibujo y los objetos cuentan el mismo incendio con dos lenguajes.

Sin salir de esta sala, acércate ahora a las vitrinas de armas y objetos metálicos.

Para profundizar

En la sala hay cinco familias de objetos que conviene buscar una a una. Primero la cerámica cotidiana, después las pesas de telar. Luego los útiles agrícolas, el armamento y, por último, los ajuares funerarios, que son los más silenciosos.

El dibujo de García Cruz está hecho con ceniza vegetal. Es un material frágil, casi un contrasentido para algo que se quiere conservar. Quizá por eso funciona tan bien junto a piezas quemadas: las dos cosas hablan de lo que el fuego deja atrás.

Si vas con tiempo, elige una sola pieza y quédate con ella un minuto. Pregúntate quién la usaba. No lo sabrás, pero la pregunta cambia la forma de mirar.

Piezas restauradas y falcatas de Almedinilla

Piezas que vuelven y espadas con historia

Objetos metálicos arqueológicos expuestos en la sala íbera.

Sigue en la Sala Íbera, ahora junto a las vitrinas de armas y objetos metálicos.

¿Qué hace un restaurador con una espada de la que nadie sabe de dónde viene? Antes de responder, conviene separar tres historias que se parecen, pero no son la misma.

La primera es la del poblado. En dos mil veintiséis se restauraron once objetos del Cerro de la Cruz: diez de época íbera y uno de época emiral. Piezas que salieron del poblado incendiado y que, tras pasar por el taller, recuperan su sitio en el museo.

La segunda es la de una espada huérfana. El restaurador Gonzalo Casas trabajó en piezas destinadas a exponerse aquí, y entre ellas hay una falcata, la espada curva del armamento íbero. No forma parte de esos once objetos del Cerro: llegó por donación y sin un contexto arqueológico seguro. Nadie sabe con certeza dónde estaba cuando alguien la encontró. Es una pieza con presente y con pasado, pero sin dirección. Una espada sin contexto es una pregunta con filo.

La tercera historia está lejos de aquí. El Museo Arqueológico Nacional cataloga falcatas procedentes de la necrópolis de Los Collados, en Almedinilla. Fíjate en la palabra: necrópolis, un cementerio, no el poblado del Cerro de la Cruz. Son la referencia íbera del entorno que viaja con el nombre del pueblo, y su procedencia sí está registrada.

Así que, cuando mires las armas de esta vitrina, recuerda que la etiqueta de origen pesa tanto como el metal.

Ahora sí, dejamos la Sala Íbera y cambiamos de época. Nos espera una villa romana con esculturas que alguien rompió.

Para profundizar

De los once objetos restaurados del Cerro de la Cruz, solo uno es de época emiral. Es una presencia pequeña, pero recuerda que la historia de aquel cerro no se agota en lo íbero.

Sala romana y villa de El Ruedo

La villa y la escultura rota

Esculturas fragmentarias de la villa romana de El Ruedo.

Pasa a la Sala Romana, dedicada a la villa de El Ruedo, y busca las esculturas fragmentadas.

Imagina una casa romana de campo, con su estanque y sus esculturas. Eso fue la villa de El Ruedo, y de ella salen las piezas de esta sala. Su decoración escultórica ha sido estudiada a fondo: existe una monografía publicada en mil novecientos noventa y siete sobre ella y su interpretación. Y no fue trabajo de una sola persona. Tres jóvenes investigadores, Rafael Hidalgo Prieto, Silvia Carmona Berenguer y José R. Carrillo Díaz-Pinés, preparaban estudios especializados sobre los hallazgos.

Las esculturas aparecieron rotas y desplazadas. ¿Quién rompe una escultura y la arroja a un estanque? El arqueólogo Vaquerizo sugirió que visitantes ajenos a la villa pudieron fragmentarlas, quizá en época visigoda. Es una interpretación, no un hecho comprobado, y nadie estaba allí para contarlo.

Fíjate en el caso de Andrómeda. Su figura pudo ser trasladada después de romperse y acabar arrojada al estanque. Y Perseo, el héroe que la salvó en el mito, ¿dónde está? Los propios investigadores reconocen que ignoran qué fue de él.

Piénsalo. Dos figuras que contaban una historia juntas, y una de ellas sin rastro. En una sala de museo suele pasar lo contrario: lo que se conserva parece completo. Aquí, lo que falta cuenta tanto como lo que está. Cuando mires las piezas, imagina la escena entera, con quien ya no aparece, y el agua del estanque donde acabaron.

Y ahora, la pieza que más gente viene a ver a esta sala.

El Hypnos de bronce de El Ruedo

El Hypnos de bronce

En la Sala Romana, busca el bronce de un muchacho desnudo que avanza con el brazo extendido.

Es la pieza estrella del museo: el Hypnos de El Ruedo, una escultura romana de bronce hallada en la villa. La ficha turística lo cuenta entre las piezas destacadas de esta sala.

Fíjate en la postura. Es un muchacho desnudo que avanza y extiende el brazo, como si caminara hacia ti. Después de las figuras rotas de la parada anterior, la sensación es casi de alivio: aquí hay alguien que sigue en movimiento.

¿De dónde salió? Los autores del estudio académico consideran clara la posibilidad de que llegara importado, aunque no identifican con certeza su lugar de origen. Un bronce traído de fuera a una villa de la Subbética sugiere que quien vivía aquí tenía gusto y medios para pagarlo.

¿Y es el original o una copia lo que tienes delante? Es la pregunta que todo el mundo se hace ante esta vitrina, y la respuesta te la da la cartela de la sala.

Para profundizar

Compara el Hypnos con las esculturas rotas de la parada anterior. Aquí tienes una figura que se mantiene entera frente a otras que apenas conservan partes. La diferencia de material es una pista para pensar, no una explicación cerrada: el porqué de que unas piezas sobrevivieran mejor que otras sigue abierto.

Historia local: el escudo de Almedinilla

Cuando el pueblo escribió su historia

Entrada del museo de Almedinilla junto a la ribera del río Caicena.

Sal del museo y vuelve a la entrada del molino, en la calle Molinos. Esta última parada se escucha mejor con el río cerca.

En mil novecientos seis, el ayuntamiento de Almedinilla pagó veinticinco pesetas por un escudo y una historia de la villa. Los hizo un tal Manuel S. Lae. Veinticinco pesetas por un pasado completo. A mí me parece una ganga.

Ojo con lo que sigue: el cronista local considera dudosas varias afirmaciones de aquel texto. Lo que oigas ahora son tradiciones de ese documento, no hechos comprobados.

El texto aseguraba que en setecientos cincuenta y seis se refugiaron aquí tres personajes con nombre propio, una afirmación que el cronista no da por buena. Y contaba que Almanzor levantó una nueva fortificación en novecientos noventa y siete. Cuéntalas en la sobremesa, con una sonrisa y advirtiendo que son leyenda de encargo.

También hay un dato más firme. La separación de Almedinilla de Priego aparece vinculada al año mil ochocientos cuarenta y cuatro, en la historia del escudo municipal.

Esa es la gracia de esta historia: un pueblo no solo guarda su pasado, también decide cómo contárselo.

Hemos llegado al final del recorrido. Desde aquí puedes seguir hacia el Cerro de la Cruz y la villa de El Ruedo, en el entorno. Y si vienes en verano, en torno al quince de agosto, Almedinilla celebra Festum, sus jornadas iberorromanas, con actividades de divulgación y recreación histórica: la ocasión de ver lo que hay en las vitrinas devuelto a la calle. Ahora mira el río: sigue ahí.

Para profundizar

La concesión del título de fiel por Felipe quinto en mil setecientos diecisiete figura en la interpretación heráldica del cronista. Tiene sentido como lectura del escudo, pero no como certeza cerrada.

Es un buen ejemplo de cómo funciona la historia local: un documento hecho por encargo, pagado por una corporación y leído más de cien años después con ojo crítico. Ni lo despreciamos ni nos lo creemos todo. Lo escuchamos, que ya es bastante.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Museo Histórico-Arqueológico de Almedinilla

La maquinaria del antiguo molino, materiales del poblado íbero del Cerro de la Cruz, las esculturas de la villa romana de El Ruedo y, como pieza destacada, el Hypnos de bronce.

¿Cuál es la historia del museo

Abrió en mayo de 1999 en el antiguo molino de Fuente Ribera. A principios del siglo XX, el salto de agua del molino movía una turbina y un generador que daban electricidad a parte de Almedinilla.

¿Cómo llegar al museo

Está en la calle Molinos, s/n, en Almedinilla (Córdoba), según el directorio oficial de museos de la Junta de Andalucía, al pie de la Sierra de Albayate y junto al río Caicena.

¿Cuál es el horario de visita y cuánto cuesta la entrada

Pueden cambiar según la temporada. Confírmalos antes de ir en la web oficial del museo o en la oficina de turismo de Almedinilla.

¿Cuántas salas tiene el museo

La ficha turística describe tres salas, la del Aceite, la Íbera y la Romana, en una superficie de 1.200 m².

¿Cuándo fue destruido el poblado del Cerro de la Cruz

Fue destruido violentamente hacia mediados del siglo II a. C. La interpretación publicada lo relaciona posiblemente con las Guerras Lusitanas o con la consolidación de la presencia romana.

¿Qué es el Festum de Almedinilla

Son las jornadas iberorromanas que Almedinilla organiza cada verano, en torno al 15 de agosto, con actividades de divulgación y recreación histórica.

¿Se pueden visitar el Cerro de la Cruz y la villa de El Ruedo

Sí, forman con el museo un conjunto arqueológico visitable en el entorno de Almedinilla.

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