Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Puente Genil: historia y visita
Un reloj con pasado inquisitorial, una iglesia levantada empezando por detrás y una Virgen que ganó un pulso al mismísimo cabildo. En cuatro paradas recorrerás uno de los lugares que ver en Puente Genil con más historia por metro cuadrado, y entenderás por qué el pueblo lo llamó santuario mucho antes de que lo fuera oficialmente.

Fachada y torre del reloj del santuario de la Concepción
El reloj que vino de la Inquisición
Colócate frente a la fachada principal, a unos pasos de la puerta, y levanta la vista hacia la torre de la derecha.
Hay quien dice que el reloj que ves en lo alto de esa torre perteneció a la Inquisición de Córdoba. Es lo que se cuenta en el pueblo, y a mí me encanta que una máquina de dar la hora tenga un pasado tan serio. Hoy marca la vida de Puente Genil con toda tranquilidad. Lo llaman el Reloj de la Villa, y se instaló el tres de mayo de mil ochocientos veintiuno.
Fíjate en que solo hay una torre terminada. Es la de la derecha, la que lleva el reloj. Su hermana quedó a medias, y la fachada tiene ese aire de quien se marchó de la obra antes del final.
Para entender esta portada hay que imaginar el lugar mucho antes de que existiera. Aquí había una ermita de San Antón. En mil quinientos treinta y tres, un vecino llamado Juan Ruiz Madreo fundó en ella una capellanía. Es decir, dejó dispuesto que allí se celebrara culto con regularidad. Aquel hombre no podía saber que su pequeña ermita acabaría convertida en el solar de un templo mucho mayor.
Y aquí viene lo bueno. Esta portada neoclásica, la que tienes delante, se terminó en mil setecientos noventa y nueve. Las obras del templo habían empezado en mil setecientos cincuenta y ocho, pero no por aquí. La fachada fue lo último que se remató, más de cuarenta años después.
Si quieres saber por dónde empezó todo, entra. La casa se construyó de dentro hacia fuera.
Para profundizar
El reloj de hoy no fue el primero en esa torre. La historia local habla de otro anterior, que habría estado allí entre mil seiscientos cinco y mil seiscientos cincuenta y cinco. Un reloj de medio siglo largo, del que no te puedo decir mucho más. Ese tiempo en que la torre dio las horas con otra máquina queda como un capítulo en penumbra.
Las obras del templo actual arrancaron por la parte que no se ve desde la plaza. Primero se levantaron la cabecera, el camarín, el presbiterio y el crucero. Es como si alguien hubiera construido primero el salón de una casa y dejara la puerta de entrada para el final. Quien llegaba en aquellos años se encontraba una fachada que no era la definitiva, o tal vez ni siquiera una fachada.
Y otra curiosidad para quien disfruta con los papeles. La portada está catalogada como patrimonio y la puerta de acceso tiene incluso una ficha propia. Conviene mirarla con ese respeto, porque es la puerta por la que ha entrado el pueblo durante generaciones.
La nave y la cúpula: cómo se construyó el templo
Una iglesia que se comió una calle

Entra y quédate en la nave, de cara al altar. Cuando empieces, alza la mirada hacia el centro del crucero.
Para que esta nave existiera, hubo vecinos que tuvieron que dejar sus casas. La guía local cuenta que se compraron viviendas de la calle Aguilar para ampliar el templo. Piénsalo un momento. Donde ahora hay aire, luz y bóvedas, hubo cocinas, puertas y patios.
Levanta la vista y sigue el techo de la nave. Verás bóvedas con lunetos, que son esos huecos curvos que se meten en la bóveda como pequeños arcos. Hacen que el techo parezca moverse, aunque no se mueve nada. Y al llegar al crucero, el espacio se eleva con una cúpula elíptica, más alargada que redonda.
El templo se levantó en la segunda mitad del siglo dieciocho, y lo hizo aprovechando parte de la antigua ermita de San Antón. No se partió de cero. Se creció sobre lo que ya había.
¿Y por qué tanto empeño en construir algo mayor? La cofradía lo vincula a la devoción y a los favores que los fieles atribuían a la Virgen. Es una interpretación, claro, pero tiene sentido. Cuando un pueblo siente que le han concedido algo, tiende a querer una casa a la altura.
Yo me pregunto cómo viviría el barrio aquellos años, con obra al lado y vecinos mudándose. El edificio nos parece hoy tan natural que cuesta imaginarlo como un gran trastorno.
Pero lo mejor de este templo está más adelante. Camina hacia la cabecera, que es la parte más antigua, y busca el lugar donde se guarda lo que de verdad importaba.
Para profundizar
El relato local sitúa las primeras obras en el camarín, el presbiterio y el crucero. La cabecera se levantó antes que el resto, así que cuando estás cerca del altar pisas la parte más antigua del edificio actual. Esa cercanía al camarín no es casual: todo el proyecto giraba en torno a la imagen.
¿Y quién fue el arquitecto? Aquí los datos se vuelven prudentes. Una publicación patrimonial propone a Miguel del Castillo como autor probable. Probable, no seguro. Es una hipótesis, y conviene dejarla así. Hay obras de las que conocemos al detalle quién puso cada piedra, y otras en las que solo tenemos un nombre posible y una buena razón para pensarlo.
Si te gusta mirar con calma, recorre la nave a lo largo y deja que los lunetos te guíen la vista de bóveda en bóveda. Es un espacio pensado para que los ojos suban.
El retablo mayor y el camarín de la Purísima
La Virgen que ganó el pulso

Avanza hasta el pie del retablo mayor y mira al camarín central, en lo alto.
Cuenta la tradición que dos jóvenes llegaron como huéspedes, hicieron esta imagen y desaparecieron. Con el tiempo se los tuvo por ángeles. Me gustaría creerlo, y por lo menos es una forma preciosa de decir que nadie sabe quién la talló. Lo cierto es que su autor es anónimo.
Ahí la tienes. Está en un camarín octogonal, en el centro del retablo mayor. Es una talla policromada y vestida. Fíjate en el Niño Jesús y en el cetro que lleva.
Ahora viene el giro. Hubo un momento en que se encargó otra Inmaculada para sustituirla. La talló Pedro Duque Cornejo en mil setecientos cincuenta y uno, y José Ruiz Rey la policromó en mil setecientos cincuenta y tres. Pero el cabildo decidió conservar la antigua, porque estaba asociada al voto contra la peste. El pueblo eligió la imagen de siempre.
Y la nueva no se perdió. Fue bendecida en mil setecientos sesenta y seis con la advocación de Nuestra Señora de la O, y hoy está en la parroquia matriz.
Si miras con atención la base de la imagen, verás una media luna de plata barroca. En ella hay una inscripción que identifica a quien la donó. Alguien quiso dejar su nombre a los pies de la Virgen.
Esta imagen resistió una disputa, y sigue ahí. Queda saber qué la hizo tan insustituible.
Para profundizar
Otra tradición dice que durante la peste de mil seiscientos cincuenta la imagen apareció en el hospital de los apestados. Es una leyenda, y como leyenda hay que quererla. Explica bien por qué el voto contra la peste pesó tanto cuando llegó el momento de decidir.
En un cabildo de mil setecientos cincuenta y tres, el alférez mayor Mateo Guerrero Berrio recordó algo que cambia la mirada. A la Virgen ya le habían renovado la cabeza y las manos. Es decir, la imagen que veneraba el pueblo no era intocable ni inmutable. Había sido cuidada y reparada.
El nueve de mayo de mil novecientos ochenta y siete, el obispo de Córdoba, José-Antonio Infantes Florido, coronó canónicamente a la Patrona. Y en mil novecientos noventa y siete el artista local José Manuel Cosano Cejas la restauró. Se hizo una limpieza y se reintegraron partes mutiladas. Después, la imagen volvió al culto.
Historia del santuario: del culto popular al decreto de 2024
Un santuario antes del título

Quédate en el mismo lugar, frente al retablo, y deja que la mirada recorra los rincones devocionales del templo.
El título de santuario lleva fecha: trece de junio de dos mil veinticuatro. Ese día el obispo Demetrio Fernández firmó el decreto. Pero según la cofradía, la gente ya llamaba santuario a este templo desde su reconstrucción de mil setecientos cincuenta y siete. El nombre llegó mucho antes que el papel.
La cofradía había pedido el título el diez de mayo de ese mismo año. Lo hizo con motivo del trescientos setenta y cinco aniversario del nombramiento de la Patrona. Antes de concederlo, el obispo les pidió un informe y un proyecto histórico-devocional. No bastó con la costumbre. Hubo que ponerlo por escrito.
Y no es solo un honor. El decreto identifica el templo como el lugar que custodia la imagen de la Patrona. Además encomienda al rector del santuario, que es el consiliario, organizar y celebrar los actos de culto. Todo ello sin interferir con la vida parroquial.
La prensa local contó que el reconocimiento se hizo público después de la misa, entre aplausos y repique de campanas. Me imagino ese momento. Un pueblo entero oyendo confirmar, con sello oficial, lo que llevaba siglos diciendo.
Mira de nuevo a la imagen titular. Es el centro de la devoción y la razón de todo este reconocimiento. Alrededor, en el interior del templo, hay señales de culto y de devoción popular.
Te toca decidir cuánto tiempo quedarte aquí en silencio. Es un buen sitio para hacerlo.
Para profundizar
Un estudio académico sobre las cofradías marianas de Puente Genil relaciona el voto patronal con la peste de mil seiscientos cincuenta. Es el mismo hilo que aparecía en la parada anterior, ahora desde el lado de los documentos. La leyenda del hospital de los apestados y el voto de la comunidad se tocan en el mismo punto: un tiempo de miedo.
Hay algo más que me parece sugerente. Pasaron siglos entre el uso popular de la palabra santuario y el decreto que la hizo oficial. Durante todo ese tiempo, la gente no necesitó permiso para entender qué era este lugar. El título confirmó una realidad que ya existía.
Si has seguido el recorrido, habrás visto cómo se va armando la historia: una ermita, una obra que empezó por atrás, una imagen que no se cambió y un reconocimiento que tardó en llegar. Cada parte encaja con la siguiente.
Prepara tu visita
- El santuario está en Puente Genil, en la provincia de Córdoba. El punto de inicio de esta audioguía es la fachada principal, con la torre del reloj a la derecha.
- Confirma los horarios de visita y de culto en la web oficial del santuario o en la oficina de turismo de Puente Genil antes de ir.
- Es un templo en uso: conviene entrar con discreción y respetar los momentos de celebración.
- Las cuatro paradas se escuchan con calma en torno a una hora, según cuánto te quedes mirando.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Puente Genil
Entre lo más destacado está el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción, con su fachada neoclásica terminada en 1799, la torre del Reloj de la Villa, la nave con cúpula elíptica y el camarín octogonal donde se venera a la Patrona del pueblo.
¿Cuál es la historia de Santuario de Nuestra Señora de la Concepción
Ocupa el solar de la ermita de San Antón, con capellanía desde 1533. Las obras del templo actual comenzaron en 1758 por la cabecera y la portada se terminó en 1799. El obispo lo declaró santuario mediante decreto del 13 de junio de 2024.
¿Cuál es el horario de visita de Santuario de Nuestra Señora de la Concepción
Al ser un templo en uso, los horarios dependen de los cultos y celebraciones. Lo más fiable es consultarlos en la web oficial del santuario o en la oficina de turismo de Puente Genil antes de organizar la visita.
¿Cómo llegar a Santuario de Nuestra Señora de la Concepción
El santuario se encuentra en Puente Genil, en la provincia de Córdoba. Como punto de inicio, busca su fachada principal, que se reconoce por la torre derecha, la única terminada, con el Reloj de la Villa. La oficina de turismo local puede indicarte la ruta.
¿Cuánto se tarda en visitar Santuario de Nuestra Señora de la Concepción
La audioguía tiene cuatro paradas: fachada, nave y cúpula, retablo con camarín, y el significado del santuario. Con calma, conviene reservar en torno a una hora, algo más si quieres detenerte en el camarín y en la media luna de plata.
¿Desde cuándo es santuario la iglesia de la Concepción
El obispo Demetrio Fernández la declaró santuario por decreto fechado el 13 de junio de 2024. La cofradía había solicitado el título el 10 de mayo de ese año. Según la cofradía, la población ya la llamaba santuario desde la reconstrucción de 1757.
¿Quién talló la imagen de la Patrona
Es una talla policromada y vestida de autor anónimo. La tradición cuenta que la hicieron dos jóvenes huéspedes, tenidos después por ángeles. Pedro Duque Cornejo talló en 1751 otra imagen, encargada para sustituirla, que hoy está en la parroquia matriz.
¿Qué hay de especial en el reloj de la torre
Es el llamado Reloj de la Villa, instalado el 3 de mayo de 1821 en la torre derecha, la única terminada. La cofradía local señala que había pertenecido a la Inquisición de Córdoba. Otro reloj anterior habría estado en la torre entre 1605 y 1655.
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