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Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo: audioguía y qué ver

Una ciudad que no recibió a la industria, sino que creció a su sombra. Este paseo se hace desde un solo punto, el mirador de la antigua mina Santa Rosa, y se completa con el tour virtual del Cerco. Desde allí recorrerás las chimeneas, la compañía que lo levantó, los talleres, el almacén, las oficinas y el barrio francés. También verás cómo se apagó todo y qué se intenta salvar. Es una visita para quien se pregunta qué ver en Peñarroya-Pueblonuevo y quiere entender de dónde viene todo lo demás.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo: audioguía y qué ver

El mirador: un pueblo pegado a su fábrica

Sube al mirador del Centro Histórico de la Minería, en la antigua mina Santa Rosa. Mira hacia el conjunto del Cerco y ten a mano el tour virtual.

Estás en el único sitio habilitado para ver el Cerco en persona. El recinto no se recorre por dentro. Desde aquí se mira, y para acercarte a cada edificio usarás el tour virtual del proyecto Cerco Industrial Virtual, desde el móvil o desde su página.

Conviene saber desde ya qué es qué. Lo que ves abajo es original: chimeneas que siguen en pie y varios edificios de la época, muchos de ellos deteriorados. El tour te enseña tres cosas distintas: cómo están hoy esos edificios, cómo eran en origen, recreados digitalmente, y edificios que ya desaparecieron. Cuando algo solo exista en la pantalla, te lo diré.

Ahora, la paradoja. Lo normal es que una fábrica llegue a una ciudad. Aquí pasó al revés: primero fue la fábrica y el pueblo vino detrás, como un niño que sigue a su madre al mercado. Una compañía francesa, Parent-Shaken, compró la mina Terrible y levantó junto a ella una fundición. Así empezó el Cerco, y alrededor de aquel foco fabril creció la población.

El nombre del pueblo guarda esa huella. Durante décadas hubo dos núcleos, Peñarroya y Pueblonuevo del Terrible. En mil novecientos veintisiete se fusionaron y formaron el municipio de Peñarroya-Pueblonuevo. De dónde sale lo de «Terrible» no está cerrado. Una explicación apunta a la mina, y otra a la tradición de un perro que se llamaba Terrible.

Busca con la vista, o en el tour, el cerramiento del recinto. Ese muro separó el paraje del pueblo. Tiene su gracia, porque el pueblo existe justamente por lo que había al otro lado. Fíjate también en cómo se relacionan desde aquí las chimeneas y el caserío: una ciudad pegada a su fábrica.

Ahora toca saber qué se hacía bajo esas chimeneas.

Chimeneas y hornos

Chimeneas conservadas del Cerco en una vista del tour virtual.

Sigue en el mirador y busca las chimeneas que aún se mantienen en pie. En el tour virtual, localiza la zona fabril que las rodea.

Mira las chimeneas y piensa en el ritmo al que ocurrió todo. Los primeros hornos de coque constan desde mil ochocientos sesenta y nueve. Dos años después, en mil ochocientos setenta y uno, se estableció una fábrica de aglomerados. En otros documentos aparece como fábrica de briquetas: son dos nombres para lo mismo, porque las briquetas eran aglomerados.

Aquí entra un nombre que va a volver: la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez. Entre sus instalaciones en Pueblonuevo del Terrible figuraba esa fábrica de briquetas. En mil ochocientos setenta y ocho ganó una medalla de oro en la Exposición Universal de París por los carbones de la mina Terrible, la misma mina que había comprado Parent-Shaken. No fue un premio de pueblo.

En mil ochocientos ochenta entró en funcionamiento la fundición de plomo, que durante años fue la más importante de España.

Casi nada de esto estaba terminado cuando empezó. En los primeros años de la mina, los hornos y otras instalaciones todavía estaban en construcción. Hay nombres anotados: el ingeniero era el señor Grosfils y el director, el señor Lavaurs. Les tocó levantar a la vez la mina, los hornos y todo lo que hacía falta alrededor.

Esa prisa tuvo un precio. La crónica de la mina recoge un accidente mortal por asfixia en septiembre de mil ochocientos setenta y dos. No consta que ocurriera en los hornos, así que lo guardamos como memoria de la mina: detrás de cada medalla hubo gente trabajando.

Hay una chimenea que no verás desde aquí. La de la Fundición de Plomo desapareció cuando se proyectó un vial principal, y con ella cambió la silueta fabril. Para abrir una calle se quitó un símbolo. Lo desaparecido ya solo existe en las recreaciones del tour virtual.

La empresa de la medalla estaba a punto de cambiar de escala. Vamos con la compañía.

La compañía: de Belmez al mundo

Conjunto industrial del Cerco visto desde el mirador.

Sigue en el mirador, con la vista puesta en el conjunto del Cerco.

En mil ochocientos ochenta y uno llegó el actor que lo cambió todo. Un acuerdo entre la Casa Rothschild y la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez dio lugar a la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya. Su principal artífice fue Charles Ledoux, un ingeniero francés. Si hay un nombre propio ligado a esta compañía, es el suyo.

En mil ochocientos noventa y tres, la nueva sociedad absorbió a la Hullera. La empresa de la medalla de París acabó dentro de la compañía que ella misma había ayudado a crear. Desde entonces, la Minero Metalúrgica de Peñarroya fue el principal agente del desarrollo del Cerco. La Junta de Andalucía describe su fundición como un referente internacional.

Y no se quedó aquí. La compañía se expandió más allá de España hasta convertirse en uno de los grandes actores mundiales de los metales no ferrosos, los que no son hierro, como el plomo que se fundía abajo. Piénsalo desde este mirador: el nombre de un pueblo del norte de Córdoba circulando por los mercados del mundo.

Esa compañía necesitaba máquinas, y alguien que las arreglara. Vamos a los talleres.

Los Talleres Generales

Naves de los Talleres Generales en el tour virtual del Cerco.

Desde el mirador, abre en el tour virtual la zona de los Talleres Generales.

Ya eran grandes antes de la guerra. En mil novecientos veinticuatro, los Talleres Generales tenían cuatrocientos sesenta y nueve trabajadores y cuarenta y cuatro motores eléctricos, con seiscientos cincuenta y cuatro caballos de fuerza. Piensa en la plantilla de un instituto grande, rodeada de motores.

Detrás de la maquinaria estaba el papel. En la oficina de planos de estos talleres se guardaban los planos de maquinaria y reformas de la fundición, la central eléctrica y la sección química. Buena parte de la memoria técnica del Cerco cabía en una sola oficina.

Luego llegó la guerra, y aquí conviene ir despacio. En octubre de mil novecientos treinta y seis, los sublevados tomaron la localidad y ocuparon la cuenca minera. El fogonero Rafael Soto Fernández recordó que, antes de su avance, unos compañeros sindicalistas escondieron piezas vitales de las locomotoras. Eran piezas pequeñas, pero decidían si una máquina podía volver a moverse.

Tras la ocupación, los talleres trabajaron para el esfuerzo militar de la zona sublevada. Entre octubre de mil novecientos treinta y seis y septiembre de mil novecientos treinta y siete repararon mil quinientos cuarenta y un automóviles, ciento setenta y dos locomotoras y ochenta y nueve vagones. Son mil ochocientas dos reparaciones en menos de un año, unas cinco cada día.

Las dos historias caben en las mismas naves. Primero, unos trabajadores escondieron piezas antes de que llegaran los sublevados. Después, esos talleres repararon casi dos mil máquinas para ellos.

Hablando de lugares donde se guardaba lo importante, vamos al almacén.

Para profundizar

Había un problema que no salía en ningún plano: llegar al trabajo. Como faltaban trenes ajustados a los turnos, muchos obreros de Belmez iban andando hasta Peñarroya. Antes de coger la herramienta, ya llevaban una caminata encima.

Es una imagen curiosa en un recinto donde se reparaban locomotoras: gente que trabajaba con trenes y no podía contar con ellos para ir a trabajar.

El Almacén Central

Edificio del Almacén Central en el tour virtual del Cerco.

Desde el mirador, abre en el tour virtual el Almacén Central para acercarte a su volumen.

¿Cuánto mide un almacén capaz de abastecer a un recinto industrial entero? El decreto oficial recoge para el Almacén Central una superficie de catorce mil doscientos noventa metros cuadrados, parecida a la de dos campos de fútbol. Otras fuentes dan cifras distintas, así que nos quedamos con la del decreto.

Es uno de los edificios del Cerco que siguen en pie. Recórrelo de un extremo a otro en la pantalla y piensa en todo lo que cabía: material y piezas para que el resto del Cerco siguiera funcionando. A veces basta con ver el espacio que ocupaba para sentir el tamaño del trabajo.

Un almacén así es un lugar donde nada brilla y todo es imprescindible. No es casualidad que figure entre los elementos destacados de la protección del conjunto, que se explica en la última parada.

Ahora vamos a ver dónde se llevaba la gestión: las oficinas.

Para profundizar

Existe un análisis de intervención dedicado al antiguo Almacén Central, pensado para plantear qué hacer con un espacio de este tamaño.

La pregunta de fondo sigue abierta. ¿Qué se hace con una nave enorme cuando ya no hay nada que almacenar? Esa duda, que afecta a muchos recintos industriales, es también la de este.

Las oficinas y el barrio francés

Antiguas oficinas A.30 de la Hullera de Belmez en el tour virtual.

Desde el mirador, abre en el tour virtual el edificio A.30, las antiguas oficinas de la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez.

En mil ochocientos setenta y cinco, la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez construyó oficinas y casas francesas para empleados cerca de la mina y de la fundición. El A.30 son las antiguas oficinas de esa sociedad. Desde muy pronto, la empresa pensó no solo en las máquinas, sino también en quién iba a dirigirlas y dónde iba a vivir.

Esa huella francesa no se quedó dentro del recinto. En el pueblo hubo un barrio francés, con viviendas de directivos y edificios ligados a los servicios de la compañía, entre ellos almacenes y un pequeño hospital. La empresa no solo daba trabajo: también organizaba buena parte de la vida alrededor.

Saltemos a mil novecientos dieciocho. Para entonces, la explotación ya era de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya. En julio de ese año, durante un conflicto obrero, el gobernador propuso una fórmula conciliatoria y la delegación patronal la rechazó. En ella estaba Mariano Galvache, jefe del Servicio Administrativo y subdirector de la empresa. Aun así, según la crónica local, la empresa cedió al día siguiente de iniciarse la huelga y concedió algunas mejoras. El conflicto se desactivó.

En mil novecientos veinte las cosas fueron distintas. Los sindicatos mineros ganaron una huelga de sesenta y cuatro días, más de nueve semanas, con apoyo nacional de la Unión General de Trabajadores.

Fueron dos pulsos con resultados opuestos. Ninguna fuente dice que ocurrieran dentro de este edificio. La historia de la empresa se escribió en muchos sitios, y esta fachada nos sirve para contarla.

Para terminar, levanta la vista de la pantalla y mira el conjunto entero.

Para profundizar

Conviene no confundir edificios. El A.30 es el de las antiguas oficinas de la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez. No es el edificio de Dirección de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya, que se describe aparte y está en el casco urbano.

Lo que queda: cierre y protección

Vista del Cerco Industrial desde el mirador de la antigua mina Santa Rosa.

Sigue en el mirador del Centro Histórico de la Minería, en la antigua mina Santa Rosa, y mira hacia el conjunto del Cerco.

El final no fue un apagón de un día. La Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya entró en declive en la década de mil novecientos sesenta, en un tiempo de reestructuración de la compañía. En mil novecientos setenta se clausuraron sus instalaciones de Peñarroya-Pueblonuevo, que después fueron desmanteladas. Más que chimeneas que se apagan de golpe, fue el final de un declive largo.

Desde aquí se mide lo que fue y lo que queda: algunas chimeneas, varios edificios y huecos donde hubo otros.

Y hubo que salvarlo. En dos mil dos, la ordenación urbanística protegía solo siete edificios. Siete, en un recinto de este tamaño. En dos mil dieciocho llegó la declaración de Bien de Interés Cultural como Lugar de Interés Industrial. No protege un edificio suelto, sino edificios y conjuntos industriales, ferroviarios y mineros. Entre los elementos destacados están la Fundición de Plomo, el Almacén Central y los Talleres de Vagones. Estos últimos tienen un nombre que habla de trenes, pero las fuentes que hemos usado no precisan qué se hacía en ellos ni dónde están. Tampoco podemos decirte si coinciden con los Talleres Generales de la parada cuatro.

¿Y el futuro? El treinta y uno de julio de dos mil veintiséis, el Ministerio para la Transición Ecológica anunció una inversión de cuatro millones de euros para impulsar la restauración, con un proyecto liderado por CIUDEN. Es una fase previa, pensada para definir prioridades y actuaciones. No consta que las obras hayan empezado.

Antes de irte, repasa las indicaciones de acceso en «Prepara tu visita».

Un pueblo nació de una fábrica, y ahora toca decidir qué hacer con lo que la fábrica dejó.

Para profundizar

Recuperar el Cerco no fue un trámite. En dos mil cinco, la Junta de Andalucía encargó un primer expediente patrimonial. Al frente del trabajo estuvo María Isabel Payer Ibáñez, con la colaboración de Francisco José Aute, que tenía vinculación familiar con el lugar.

Payer contó que el expediente se paralizó y que su equipo tuvo que volver a estudiar el deterioro de los edificios antes de la declaración. Hubo que mirar otra vez lo que ya se había mirado.

Aute describió aquella investigación como una labor detectivesca. Contrastaban los edificios con los recuerdos de los mayores y con fotografías aéreas. Había una foto desde el aire sobre la mesa, un vecino que decía «esto era el taller» y alguien que iba a comprobarlo sobre el terreno.

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Preguntas frecuentes

¿Qué se fabricaba o reparaba en el Cerco

Hubo hornos de coque, una fábrica de aglomerados (también llamada fábrica de briquetas, porque las briquetas eran aglomerados), una fundición de plomo y talleres. Los talleres reparaban locomotoras, vagones y automóviles.

¿Está protegido el Cerco Industrial

Sí. En dos mil dieciocho fue declarado Bien de Interés Cultural como Lugar de Interés Industrial. La protección abarca edificios y conjuntos industriales, ferroviarios y mineros.

¿Qué es original y qué es virtual en la visita

Desde el mirador se ven elementos originales que siguen en pie, como algunas chimeneas y varios edificios, muchos deteriorados. El tour virtual muestra el estado actual, la configuración original recreada digitalmente y edificios desaparecidos.

¿Quién impulsó el Cerco y cuándo se fundó la empresa

La francesa Parent-Shaken compró la mina Terrible y levantó una fundición. En mil ochocientos ochenta y uno, un acuerdo entre la Casa Rothschild y la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Belmez creó la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya, cuyo principal artífice fue el ingeniero Charles Ledoux. En mil ochocientos noventa y tres absorbió a la Hullera.

¿Cuándo cerró la industria del Cerco

Tras un declive iniciado en la década de mil novecientos sesenta, en plena reestructuración de la compañía, las instalaciones se clausuraron en mil novecientos setenta y se desmantelaron después.

¿De dónde viene el nombre de Pueblonuevo del Terrible

Una explicación lo relaciona con la mina Terrible; otra recoge la tradición de un perro llamado Terrible. Peñarroya y Pueblonuevo del Terrible se fusionaron en mil novecientos veintisiete.

¿Se puede visitar el Cerco Industrial

El único punto habilitado para la visita física es el mirador del Centro Histórico de la Minería, en la antigua mina Santa Rosa. El resto se recorre con el tour virtual. La visita se concierta con la Asociación Cultural y Patrimonial Desde la Cima, en el 697 865 373.

¿Hay obras de restauración en el Cerco

En julio de dos mil veintiséis se anunció una inversión de cuatro millones de euros, con un proyecto liderado por CIUDEN en fase previa para definir actuaciones. No consta que las obras hayan comenzado.

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