Iglesia Parroquial de El Salvador de Pedroche: audioguía de su torre e historia
Una torre de cincuenta y seis metros levantada, en parte, con las piedras de un castillo que los propios vecinos derribaron.

Torre de Pedroche: 56 metros, un castillo derribado y la huella de Hernán Ruiz II
La torre que salió de un castillo
Colócate a unos pasos del pie de la torre, donde puedas verla entera, y deja que la vista suba hasta el remate redondo de lo alto.
¿Qué harías con un castillo que solo trae problemas? Los vecinos de Pedroche encontraron una respuesta tan práctica como radical: en mil cuatrocientos setenta y ocho, lo derribaron.
Aquel castillo, de origen árabe según la crónica local, era objeto de disputa entre señores. Uno de los que pugnaban por él era Gonzalo Mejía, señor de Santa Eufemia. Los vecinos decidieron cortar el problema de raíz, y lo hicieron sin autorización real. Aquello no salió gratis: la reina Isabel ordenó sancionarlos y mandó reconstruir la fortaleza. Pero la piedra buena no se tira, y parte de aquellos materiales acabó, décadas después, aquí, en la torre que tienes delante.
La obra arrancó hacia mil quinientos veinte y fue subiendo hasta los cincuenta y seis metros. Es más o menos la altura de un edificio de dieciocho plantas, en un pueblo de casas bajas. No sorprende que sea la imagen más reconocible de Pedroche.
Una obra tan larga necesitó varias manos. Una fue la de Hernán Ruiz segundo, el arquitecto al que también se recuerda por su intervención en el campanario de la Giralda. El cuerpo cilíndrico de lo alto lo terminó otro maestro, Juan de Ochoa.
Ahora busca la ventana del reloj. Todo lo demás es sobrio, casi severo. Y de pronto aparece ese hueco, con una gracia que no tiene el resto. Se señala como la aportación personal de Hernán Ruiz segundo. Quizá fue su manera de firmar sin escribir su nombre.
Un apunte honesto: lo que ves es la torre histórica que describen las fuentes, pero estas no detallan qué piezas son de origen y cuáles se han repuesto o restaurado a lo largo de cinco siglos. Mírala como lo que es: una obra viva, que ha necesitado cuidados para seguir en pie. Y a su sombra se abre la puerta de una iglesia que estuvo a punto de no contarlo.
Para profundizar
Si la torre está abierta y subes, ve despacio por la escalera de caracol y mira los sillares. Verás pequeños signos grabados en la piedra. Son marcas de cantero, y no tenían nada de decorativo. Servían para saber dónde iba cada pieza y, sobre todo, cuánto había que pagar por ella. Una factura tallada a cincel. Cinco siglos después, siguen ahí las cuentas de unos hombres que cobraban por pieza.
De vuelta a la entrada de la torre, busca los restos de un plan que se quedó a medias. La idea era prolongar la torre como una extensión de la propia iglesia, uniendo las dos en un solo cuerpo. Nunca se llevó a cabo. Pero el arranque sigue ahí, como una frase que alguien dejó sin terminar.
Portada de la Iglesia de El Salvador y su cierre de 1964
Siete años con la puerta cerrada

Ponte frente a la portada principal, la del arco apuntado y el gran portalón de madera.
Ochenta y siete centímetros. Eso se había desplazado el muro principal de esta iglesia, según dejó registrado José Ignacio Pérez Peinado, cuando el dieciocho de octubre de mil novecientos sesenta y cuatro el templo se cerró al culto por ruina. Ochenta y siete centímetros es algo más que la altura de una mesa de comedor. En una pared que sostiene una iglesia es, sencillamente, una amenaza.
Así que esta puerta, bajo su arco apuntado, se quedó cerrada. Y no unos meses. Siete años. En mil novecientos sesenta y ocho, el cronista oficial de Pedroche, Alfonso Ranchal, dejó escrito su temor a que el templo acabara hundiéndose por completo mientras las gestiones para repararlo seguían en marcha.
Lo que está en juego es un edificio mudéjar del siglo quince. Las fuentes no coinciden en el año exacto en que empezó a construirse: una habla del siglo quince sin más precisión y otra sitúa el arranque a finales de ese siglo.
La salvación llegó, sobre todo, desde abajo. El Ayuntamiento y el Obispado pusieron su parte, pero buena parte del dinero salió de los propios vecinos y de gente nacida en Pedroche que vivía lejos y seguía sintiendo esta iglesia como suya. Una de esas personas fue Ángeles Malo, a la que todos conocían como la viuda de Cabrera. Donó quinientas mil pesetas, una de las mayores aportaciones de toda la restauración.
El veinte de junio de mil novecientos setenta y uno esta puerta volvió a abrirse. En la fachada se colocó entonces una dedicatoria a los vecinos que habían contribuido. Hoy esa dedicatoria ha desaparecido, así que no busques sus nombres en ninguna placa: el recuerdo de aquel esfuerzo es el propio edificio.
Y un matiz: nadie dejó escrito con detalle qué piezas de esta portada se cambiaron o se restauraron en aquellas obras.
Para profundizar
Antes de entrar, si te apetece dar la vuelta al edificio, busca el acceso del muro norte. Allí el arco ya no es apuntado sino de medio punto, redondo, y la diferencia entre las dos puertas se aprecia en cuanto las comparas.
Interior de la Iglesia de El Salvador: tres naves y la matriz de las Siete Villas
Tres naves y una iglesia madre

Quédate al fondo de la nave central, de espaldas a la entrada, con los pilares a tus dos lados y el altar al frente.
Fíjate en cómo se ordena el espacio. Tres naves separadas por pilares en forma de cruz, unidos por arcos apuntados. La del centro, donde estás, es la más ancha. Ahora levanta la vista hacia las naves laterales. Hoy las cubren bóvedas de arista decoradas con yesería, pero no siempre fue así: en origen tenían techumbres de madera.
¿Qué es antiguo y qué se rehízo en la gran restauración que escuchaste en la portada? Aquí toca ser sinceros: las fuentes consultadas no detallan qué bóvedas, pilares o cubiertas se reconstruyeron en aquellas obras, ni en qué momento se sustituyeron los techos de madera por las bóvedas. Lo que sí sabemos es que en septiembre de mil novecientos sesenta y nueve, con todo esto todavía en obras, el párroco Rodrigo Cota González anunció que la restauración ascendía a un millón y medio de pesetas y estaba casi terminada. Se nota en esa frase el alivio de quien lleva años sosteniendo un proyecto con donativos.
Y ahora, por qué este espacio importa tanto. Esta no era una parroquia cualquiera: fue la iglesia matriz de las Siete Villas. Así se llamaba la comunidad que formaban Pedroche y seis villas de su entorno en Los Pedroches: Torremilano, Torrecampo, Pozoblanco, Villanueva de Córdoba, Alcaracejos y Añora. Ser la matriz significaba estar por encima de las parroquias de esos pueblos: de ella dependía una red de iglesias y de rentas. El dinero y la autoridad pasaban por aquí.
Camina ahora hacia el altar. Allí te espera la parte más dorada de la iglesia.
Para profundizar
Esa autoridad tuvo su letra pequeña. La historia económica de la parroquia incluye pleitos por el reparto de los diezmos entre la iglesia matriz y las filiales de las otras villas. La resolución favoreció a la matriz, es decir, a este templo. Por eso su historia se ha estudiado a fondo en la investigación académica.
Quizá hayas leído que la iglesia se levantó sobre los restos del castillo derribado por los vecinos. Lo afirma alguna ficha divulgativa, pero la documentación consultada sobre el castillo no lo confirma: relaciona su demolición con la transformación posterior del pueblo, sin precisar que el templo ocupe su solar. Lo que sí está documentado es que parte de su piedra acabó en la torre.
Retablo mayor barroco de 1786 en Pedroche
El retablo que llegó tarde a la fiesta

Avanza por la nave central hasta ver bien el presbiterio, con el retablo y la cabecera de varios lados que lo envuelve.
Tienes delante el retablo mayor: barroco, de mil setecientos ochenta y seis. Su estructura se articula con estípites, esos soportes que se estrechan hacia abajo, como pirámides puestas del revés, tan del gusto del barroco final. Se encaja en una cabecera poligonal, un ábside de varios lados que cierra la nave como una concha. Fíjate en cómo el retablo aprovecha esa forma. Quién lo hizo, las fuentes consultadas no lo acreditan.
¿Y por qué llegó tarde a la fiesta? Porque la gran fiesta de esta parroquia había sido antes. En los siglos dieciséis y diecisiete la comunidad vivió su época de esplendor, sostenida por los diezmos y las capellanías, es decir, por rentas y fundaciones para decir misas. Este retablo apareció a finales del dieciocho, cuando aquel brillo ya había pasado. Y lo que vino después tampoco fue fiesta: durante la invasión francesa y, más tarde, durante la Guerra Civil, la parroquia sufrió expolios y perdió buena parte de su tesoro artístico.
Ahora el ejercicio más útil de esta parada: distinguir lo antiguo de lo nuevo. Busca en el retablo el relieve de la Transfiguración. Esa es la pieza que conserva de su época. Las demás imágenes que ves son modernas, hechas en serie.
Para entender ese contraste, vuelve a mil novecientos sesenta y ocho. El cronista Alfonso Ranchal, el mismo que temía el hundimiento del templo, describió entonces una iglesia cerrada y unos retablos sin imágenes. Qué se recuperó y qué se repuso después de la restauración no ha quedado documentado en las fuentes consultadas. Así que lo que hoy tienes delante es eso: una arquitectura barroca de su siglo, un relieve que ha sobrevivido y unas imágenes que vinieron a llenar los huecos.
Para profundizar
Aquel esplendor de los siglos dieciséis y diecisiete no fue solo cosa de arquitectura. Pintura, música y orfebrería se pusieron también al servicio del culto. Una parroquia rural que funcionaba, en lo artístico, como una pequeña capital. De todo aquello, lo que no se llevaron los expolios es lo que hoy se puede contar.
Capilla del Sagrario de la Iglesia de El Salvador
La capilla que cambió de nombre

Entra en la capilla del Sagrario y colócate frente a su altar, mirando al retablo.
Antes de llamarse capilla del Sagrario, este espacio estaba dedicado a las Ánimas, a rezar por los difuntos. Hoy guarda el Sagrario. Mismo lugar, otra función, y es una capilla en uso, así que conviene bajar la voz.
Data de mil setecientos ochenta y ocho, dos años después del retablo mayor que acabas de ver. Es, por tanto, bastante más joven que el cuerpo medieval de la iglesia.
Mira el retablo. Es un conjunto recompuesto, montado con piezas de distintos orígenes, y no debe confundirse con un conjunto original intacto. Busca el relieve de la Virgen orante junto al Padre Eterno. Y luego el Crucificado: no es una talla antigua, sino una pieza moderna de escayola, hecha en serie. Esa mezcla cuenta una historia: la de un templo que perdió mucho y fue rellenando sus huecos con lo que pudo.
Todo lo que has recorrido es, en realidad, eso mismo a gran escala: un edificio con historia antigua y manos modernas mezcladas en cada rincón, que el visitante contempla después de una restauración y no en un estado íntegramente original. Y todo él, no solo esta capilla, está protegido. Un real decreto del veintiséis de enero de mil novecientos setenta y nueve declaró la iglesia parroquial monumento histórico-artístico nacional, y hoy figura como Bien de Interés Cultural: torre, naves y capillas incluidas.
Al salir, levanta la vista una vez más hacia la torre. Ahora ya sabes de qué castillo viene y qué pueblo la sostiene.
Para profundizar
Esta capilla sigue siendo un lugar de oración, no una sala de museo. Una escena reciente lo muestra bien: en noviembre de dos mil once, durante una visita pastoral a Pedroche, el obispo Demetrio Fernández se detuvo a rezar aquí antes de firmar los libros del archivo parroquial y revisar las cuentas. Primero la oración, luego los números.
Es lo que pasa con los templos vivos: no se conservan como en una vitrina, se usan, se reparan y se adaptan.
Prepara tu visita
- Cómo llegar al punto de inicio: la torre se ve desde buena parte del pueblo. Camina hacia ella y empieza la audioguía a sus pies, frente a la iglesia.
- Horarios: la iglesia es un templo en uso y el acceso a la torre puede estar restringido. Confirma los horarios de visita y de culto en la oficina de turismo o en la parroquia antes de ir.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Pedroche
La visita imprescindible es la Iglesia Parroquial de El Salvador y su torre de 56 metros, el símbolo del pueblo, iniciada hacia 1520 con la participación de Hernán Ruiz II. Dentro destacan sus tres naves, el retablo mayor barroco de 1786 y la capilla del Sagrario, de 1788. La audioguía empieza a los pies del campanario, frente al templo.
¿Cuál es el horario de visita de Iglesia Parroquial de El Salvador
Es un templo parroquial en uso, por lo que los horarios dependen del culto y el acceso a la torre puede estar limitado. Lo más seguro es confirmar el horario de visita en la oficina de turismo o directamente con la parroquia antes de desplazarte a Pedroche.
¿Cuánto se tarda en visitar Iglesia Parroquial de El Salvador
La audioguía tiene 5 paradas, desde la torre hasta la capilla del Sagrario, y se escucha en unos 20 minutos. Con pausas para mirar la ventana del reloj, las naves y los retablos, calcula algo más. Si la torre está abierta, la subida por la escalera de caracol añade tiempo.
¿Cuál es la historia de Iglesia Parroquial de El Salvador
Es un edificio mudéjar del siglo XV, aunque las fuentes difieren en la fecha exacta de inicio, y fue la iglesia matriz de las Siete Villas de Los Pedroches. Vivió su esplendor en los siglos XVI y XVII, sufrió expolios en la invasión francesa y la Guerra Civil, cerró por ruina en 1964 y reabrió en 1971 gracias, en buena parte, a donativos vecinales.
¿Quién construyó la torre de Pedroche
La torre se empezó hacia 1520 y alcanzó 56 metros. En ella intervino Hernán Ruiz II, conocido también por su trabajo en el campanario de la Giralda, a quien se atribuye la ventana del reloj. El cuerpo cilíndrico superior lo terminó Juan de Ochoa. Según la crónica local, parte de su piedra procede del castillo que los vecinos derribaron en 1478.
¿Por qué estuvo cerrada la iglesia de Pedroche
El 18 de octubre de 1964 se cerró al culto por su estado ruinoso: el muro principal se había desplazado 87 centímetros. La restauración costó un millón y medio de pesetas y se pagó con aportaciones de vecinos, emigrados, el Ayuntamiento y el Obispado. Reabrió el 20 de junio de 1971.
¿Qué es original y qué es moderno en la iglesia de Pedroche
El retablo mayor, barroco de 1786, conserva de su época el relieve de la Transfiguración; sus demás imágenes son modernas y de serie. En la capilla del Sagrario, el retablo está recompuesto y el Crucificado es de escayola. Las fuentes no detallan qué partes de la portada, la torre o las naves se rehicieron en la restauración de 1964-1971.
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