Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor), Montoro: audioguía
Qué ver en Montoro empieza por un puente sobre el Guadalquivir que tardó años en levantarse, que una riada intentó tumbar casi al nacer y que pagaron entre muchos pueblos. En tres paradas, del arranque del Puente de las Donadas al mirador y de vuelta a su tablero, conocerás al cantero que lo dirigió, a la reina que lo financió con pastos y la leyenda de unas joyas que, en realidad, eran tierras.

Puente Mayor de Montoro: piedra molinaza, tajamares y quién lo pagó
El puente que se pagó a plazos
Colócate en la orilla, junto al arranque del puente, donde veas bien las pilas hundidas en el agua y el color de la piedra.
Lo que tienes delante es el Puente Mayor de Montoro, al que muchos llaman de las Donadas.
Fíjate primero en el color. Es piedra molinaza, rojiza, y con el sol bajo parece que se calienta sola. Ahora baja la vista a las pilas, donde la piedra se afila en punta contra el agua. Son los tajamares. Su trabajo es partir la corriente antes de que la corriente parta el puente. Si los comparas, verás que su forma no es igual en un lado que en el otro.
Las obras empezaron en mil cuatrocientos noventa y ocho, con los Reyes Católicos en el trono. Al frente estaba un cantero de aquí, Pedro Fernández.
Las cifras de longitud bailan un poco según quién mida, pero hablamos de unos ciento ochenta metros, casi dos campos de fútbol en fila. Nueve de ancho. Y diecinueve de altura sobre el río, lo que mide un edificio de seis plantas.
Y aquí viene lo bueno. Montoro no pagó esto sola. Pusieron dinero Córdoba y los pueblos cercanos. En mayo de mil cuatrocientos noventa y ocho, Bujalance quedó obligada a aportar ciento veinte mil maravedís, repartidos en cuatro años. Un puente a plazos, como quien paga una nevera, pero con el Guadalquivir de por medio.
Para entender por qué un puente le importaba a tanta gente, conviene verlo desde arriba. Sube al mirador.
Para profundizar
Durante años, ni siquiera la fecha de nacimiento del puente estaba clara. El historiador Ramírez de Arellano defendía que todo empezó en mil cuatrocientos setenta y uno. Criado Hoyo, en cambio, apostaba por mil cuatrocientos noventa y ocho. Casi treinta años de diferencia. En la vida de un puente no es tanto. En la de un cantero es una carrera entera.
Quien inclinó la balanza fue José Ortiz García, y lo hizo con un papel de lo más modesto: un documento de pago de mil cuatrocientos noventa y nueve. En él se mencionan daños causados por una riada. La lógica es sencilla. Para que el río estropee una obra, la obra tiene que existir ya. Y así mil cuatrocientos noventa y ocho quedó como el año del arranque.
Me gusta esta manera de hacer historia. No hay pergamino solemne ni inscripción en mármol. Hay un justificante de pago, con sus cuentas y sus quejas. Y es ese papel el que pone en orden más de cinco siglos.
Mirador del Imperio Romano: la mejor vista del Puente de las Donadas
Dos orillas, una reina y un poco de hierba

En el Mirador del Imperio Romano, al que se sube desde el centro histórico por la calle Herrerías. Asómate hacia el río y busca el puente uniendo las dos orillas.
Desde aquí arriba, el puente parece una costura. Una puntada de piedra rojiza que une dos trozos de tela que, sin ella, irían cada uno por su lado.
Busca las dos orillas. A un lado, el núcleo principal de Montoro. Al otro, el barrio del Retamar. Dos orillas con historias distintas. El puente se proyectó justo para eso: para enlazarlas y para abrir los caminos hacia la Sierra. Visto desde esta altura, se entiende mejor por qué tantos pueblos aceptaron rascarse el bolsillo. Un río sin puente es una frontera. Con puente, se convierte en un paisaje.
Y ahora, el giro. Esa silueta que tienes delante no la decidió solo un cantero. También la decidió una reina. En mil quinientos trece, la obra todavía necesitaba dinero para los tres arcos finales. La reina Juana autorizó entonces vender parte de la hierba de la dehesa de Capillas. Hierba. Pastos para el ganado convertidos en piedra.
Pocas cosas parecen más pasajeras que la hierba. Crece, se la come el ganado, vuelve a crecer. Y aquí la tienes, transformada en arcos que llevan más de cinco siglos aguantando el Guadalquivir.
Quédate un momento con la vista. La curva del río, el color de la piedra, las casas a cada lado. Todo eso, de algún modo, cuelga de una firma real y de unos prados que nadie recuerda.
Con el puente a la vista, queda una pregunta: ¿por qué lo llaman de las Donadas?
Para profundizar
El nombre de las Donadas guarda su propio pequeño enigma. La palabra suena a donación, a algo entregado. Y se suele relacionar precisamente con eso: con las aportaciones económicas que hubo que reunir para levantar el puente.
Lo curioso es cómo se ha ido contando esa entrega. Con el tiempo, el recuerdo de algo bastante administrativo, la venta de dehesas y pastos, parece haberse mezclado con una historia mucho más bonita: la de unas joyas personales entregadas para la obra. Quizá la memoria popular hizo lo que suele hacer. Cambió una cuenta por un gesto con nombre y con cara.
No es un defecto. Es la manera en que los pueblos guardan sus cosas. Las cifras se olvidan. Los gestos se quedan.
Desde este mirador, el puente cuenta su versión de piedra, arcos y río. La otra versión, la que se cuenta en voz baja, se escucha mejor encima del puente. Baja y crúzalo.
Sobre el Puente de las Donadas: leyenda de las joyas y restauración de 2007
Las joyas que eran prados

Sobre el tablero del puente, hacia el centro. Primero asómate con cuidado hacia el cauce y los pilares; después date la vuelta hacia el casco de Montoro.
¿Venderías tus joyas para que tu pueblo tuviera un puente? Cuenta la tradición que eso hicieron unas muchachas de Montoro. De ahí vendría el nombre: las Donadas, las que dieron.
Asómate y cuenta los arcos. Son cuatro, de medio punto, en piedra molinaza rojiza. Fíjate en el del centro: es más amplio que los demás, como si el puente tomara aire justo donde el río empuja más. Los planos se atribuyen a Enrique Egas, y la obra, como ya sabes, al cantero Pedro Fernández.
Volvamos a las joyas. Me gustaría creer en esas muchachas, y la leyenda merece seguir contándose. Pero lo que dejaron los papeles es otra cosa: financiación del municipio y venta de pastos.
Y aquí está el detalle que más me gusta. Las joyas existieron. Solo que no eran de oro. Eran las dehesas, tierras y pastos del pueblo, cuya venta pagó la piedra. Un tesoro que no cabía en ningún cofre.
Date la vuelta hacia el casco. El puente nació en mil cuatrocientos noventa y ocho para unir Montoro con el barrio del Retamar, y la campiña con la sierra. Por eso se ha convertido en una de las imágenes del pueblo. No solo por cómo se ve, sino por todo lo que ha pasado por encima.
Las leyendas hablan de joyas. Los papeles, de hierba. Y el puente, que no presume de ninguna de las dos cosas, sigue aquí, cruzando el río.
Para profundizar
Lo que pisas no es exactamente lo que se pisaba hace cinco siglos. En dos mil siete concluyó una restauración a fondo. Se repararon daños en la cimentación y en los sillares. Se remodeló la plataforma y se le dio drenaje. Las farolas que ves se cambiaron entonces. Y la cruz metálica del arco principal también se restauró en esa obra. No fue una reconstrucción: el puente es el mismo, aunque nadie sabe decir con precisión qué sillares son de primera hora y cuáles llegaron después.
Su vida, además, empezó a trompicones. Aquella riada del documento de pago, la de mil cuatrocientos noventa y nueve, se llevó parte de lo ya construido. Hubo que buscar recursos de nuevo. Mientras duraban las obras, el rey concedió a la villa un privilegio: no tener que alojar ni abastecer tropas. Una carga menos para un pueblo que ya estaba pagando su puente.
Si oyes hablar en el pueblo de obras en un puente en dos mil veintitrés, eran en otro: el de la carretera, y en el paseo fluvial.
Prepara tu visita
- El punto de inicio es el arranque del Puente Mayor, sobre el Guadalquivir, el paso que une el casco de Montoro con el barrio del Retamar.
- Al Mirador del Imperio Romano, segunda parada, se sube desde el centro histórico por la calle Herrerías.
- Antes de ir, confirma horarios de visitas guiadas y actividades en la oficina de turismo o en la web municipal de turismo de Montoro.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor
Fíjate en la piedra molinaza rojiza, en los tajamares de las pilas, cuya forma cambia según el lado, y en sus 4 arcos de medio punto, con el central más ancho. La cruz metálica del arco principal y las luminarias corresponden a la restauración concluida en 2007. Desde el tablero se contempla el casco de Montoro.
¿Cómo llegar al Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor) en Montoro
El puente cruza el Guadalquivir y une el casco histórico de Montoro con el barrio del Retamar. - Pregunta: ¿Cuál es la historia del Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor)? / Respuesta: Las obras comenzaron en 1498, con los Reyes Católicos, dirigidas por el cantero montoreño Pedro Fernández; los planos se atribuyen a Enrique Egas. Una crecida en 1499 destruyó parte de lo construido y, en 1513, la reina Juana autorizó vender hierba de la dehesa de Capillas para pagar los 3 arcos finales.
¿Cuál es el horario del Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor
Es un puente histórico que forma parte del paso entre el casco de Montoro y el barrio del Retamar, y se recorre a pie desde su tablero. Si te interesan visitas guiadas o actividades, confirma horarios y disponibilidad en la oficina de turismo o en la web municipal de turismo antes de ir.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Puente sobre el Guadalquivir (Puente de las Donadas o Puente Mayor
Depende de tu ritmo. Esta audioguía tiene 3 paradas: el arranque del puente, el Mirador del Imperio Romano, al que se sube por la calle Herrerías, y el tablero del propio puente. Reserva tiempo para la subida, para volver a bajar y para cruzarlo con calma mirando los arcos.
¿Por qué se llama Puente de las Donadas
La tradición cuenta que muchachas de la villa vendieron sus joyas para pagarlo, pero se trata de una leyenda. La documentación registra financiación municipal y venta de pastos, y las «joyas» habrían sido en realidad las dehesas, cuya venta sufragó la obra. El nombre se asocia a esas aportaciones económicas.
¿Cuánto mide el Puente Mayor de Montoro
Un estudio académico le atribuye unos 180 metros de longitud, 9 de anchura y 19 de altura actual sobre el río, aunque otras fuentes ofrecen longitudes distintas. Tiene 4 arcos de medio punto construidos en piedra molinaza rojiza, y su vano central es más amplio que los demás.
¿Quién pagó el Puente de las Donadas
Montoro no lo costeó sola: contribuyeron Córdoba y los pueblos cercanos. En mayo de 1498, Bujalance quedó obligada a aportar 120.000 maravedís en 4 años. Durante las obras, el rey eximió a la villa de alojar y abastecer tropas, y en 1513 se vendió hierba de la dehesa de Capillas.
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