Iglesia Parroquial de San Bartolomé Apóstol de Montoro: audioguía
Una iglesia de piedra rojiza, una plaza donde la gente salió corriendo en plena misa durante el terremoto de Lisboa de 1755 y una portada que marca el lugar donde Montoro cambió de centro.

Plaza de España y la torre inclinada
La plaza donde corrió la misa
Colócate en el centro de la Plaza de España, de cara a la iglesia de piedra rojiza que cierra uno de sus lados.
Esta es la Plaza de España, la antigua Plaza Mayor de Montoro. Desde la Edad Media fue el lugar de la vida pública del pueblo. Había mercado, pescaderías públicas y carnicerías. Pero lo que la hizo memorable ocurrió una mañana de misa.
Fíjate en la iglesia que tienes delante. Es de piedra molinaza, con un tono rojizo que se calienta cuando le da el sol. Y mira hacia arriba, a la torre: hoy se la ve inclinada, y esa inclinación tiene fecha. El uno de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco, el terremoto de Lisboa sorprendió en plena misa mayor a quienes estaban dentro. Los fieles salieron corriendo a esta plaza, algunos todavía vestidos para la celebración, y la torre quedó ladeada. Según la crónica local, quedó inclinada hacia Santa María de la Mota, la antigua parroquia junto al castillo.
Entre quienes huyeron estaba don Pedro de Nájera, capellán de la Virgen del Rosario. Dejó la sacristía sin quitarse las vestiduras y, detalle que me encanta, sin ponerse el sombrero. Se reunió con la gente aquí, en la plaza.
Al día siguiente, el cabildo ya estaba reunido con el corregidor Manuel Soler y Blázquez para acordar una acción de gracias. Montoro tardó un día en pasar del susto a la reunión. Es una manera muy humana de recuperar el equilibrio.
Esta plaza ha visto huir a la gente de la iglesia, y también ha visto cómo volvía. Acércate a la fachada, porque la puerta por la que salieron tiene su propia historia.
Para profundizar
Aquel susto tuvo su devolución. El cabildo encargó a Cristóbal Ortiz y a Evaristo de Nájera organizar los gastos de la función y de la procesión del veintitrés de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco. Es decir, la gratitud también se presupuestaba.
La plaza conoció otras urgencias. En mil ochocientos veinticuatro, con las cosechas perdidas y el hambre en las casas, el Ayuntamiento acordó rogativas y una procesión con los patronos. El acuerdo es del nueve de mayo y la procesión se fijó para el día dieciséis. A diferencia de lo de mil setecientos cincuenta y cinco, aquella crisis no fue un temblor de tierra, sino una sequía.
Entre mil novecientos veinticinco y mil novecientos veintisiete, además, se instalaba aquí un mercado de alimentos básicos, en condiciones higiénicas que la memoria local considera mínimas. Si miras el espacio abierto frente a la iglesia y el Ayuntamiento, las fotografías históricas lo muestran lleno de puestos y de comitivas.
Portada, cipo romano y lápida visigoda
La puerta que movió el pueblo

Acércate a la portada y colócate frente a ella, con la vista un poco alzada. Busca a su izquierda dos piezas de piedra antiguas: un cipo romano y una lápida sepulcral visigoda.
Ahora levanta la vista. La portada se organiza en dos niveles. Abajo, las figuras de San Bartolomé y de Santiago se apoyan en los capiteles de las columnas. Arriba, en el remate, la Virgen del Rosario corona el conjunto. Es como una pequeña escalera de imágenes que sube hacia el cielo.
¿Quién la hizo? Se atribuye a la dinastía de los Hernán Ruiz. Pero los especialistas son prudentes y hablan de una obra de esa familia, no de un autor concreto.
Ahora baja la mirada y busca a la izquierda de la portada. Son dos piezas distintas: un cipo romano y una lápida sepulcral visigoda, colocadas allí en mil setecientos cincuenta y seis. Es una forma curiosa de reutilizar antigüedades: no se escondieron en un muro, sino que se pusieron a la vista.
Y ahora, el detalle que cambia la mirada. Esta puerta no estaba siempre en el centro del pueblo. Montoro tenía su parroquia en Santa María de la Mota, junto al castillo. Pero aquel templo se había quedado pequeño. El obispo Iñigo Manrique impulsó el traslado, y el nuevo emplazamiento acabó siendo el corazón de la población.
Así que no es solo una puerta bonita. Es la señal de que un pueblo, un día, se bajó del castillo y plantó aquí su centro. Y lo que se construyó para acoger a la gente pronto volvió a quedarse corto. Entra, y verás cómo ese problema persiguió a la iglesia durante siglos.
Para profundizar
La declaración patrimonial sitúa el comienzo de las obras a finales del siglo quince y su conclusión a lo largo del dieciséis. Por eso la portada mezcla dos mundos: el gótico tardío y los inicios del plateresco.
Si recorres el cuerpo inferior con la vista, verás un marco con motivo de galleta. En el cuerpo superior hay un friso de cuadrilóbulos y hojarasca gótica, con una ventana flanqueada por dos escudos.
Nave y reconstrucción de posguerra
La nave que se quedó corta

Entra y colócate en la nave central. Deja que los ojos suban hacia la luz que entra desde lo alto.
En mil quinientos setenta y nueve, alguien recorrió este espacio con la mirada y concluyó que cabía poca gente. Era un visitador, y su informe planteó cómo ampliar el templo. Pero tropezó con un problema muy concreto: el coro. Era nuevo, y el propio informe advertía que había costado más de mil ducados entre madera y hechura. Nadie derriba alegremente algo recién pagado.
Dos años después, en mil quinientos ochenta y uno, llamaron a un maestro mayor llamado Hernán Ruiz para estudiar una nave adicional. Las fuentes que manejamos no precisan cuál de la familia era, así que no lo confundas sin más con el más célebre de ellos. El proyecto quedó en papel. En mil quinientos noventa, todavía se decía que la iglesia era pequeña. Una ampliación se discutió durante once años y no llegó a hacerse.
Y ahora, lo que cambia lo que ves. En julio de mil novecientos treinta y seis, durante la Guerra Civil, la iglesia sufrió daños severos. Fue reconstruida por Regiones Devastadas, con obras documentadas en mil novecientos cuarenta y cuarenta y uno. Aquella reconstrucción elevó la nave central y abrió vanos para iluminarla. Según la fototeca local, alteró la concepción anterior del edificio.
Así que esta luz que entra desde arriba es parte de esa reconstrucción. Un edificio que durante siglos se quedó pequeño, un día se hizo más alto. No más ancho, que era lo que pedían, sino más alto y más claro. Y de aquella reconstrucción quedó también el trabajo de un escultor.
Para profundizar
En la reconstrucción trabajó el escultor Amadeo Ruiz Olmos. Realizó cuatro arcángeles para las columnas y, cuando los terminó, recibió un nuevo encargo: hacer cuatro evangelistas. Un edificio dañado necesitaba también quien le devolviera sus imágenes.
Mientras caminas por la nave, mira cómo se reparte la luz. Una parte de ella es resultado de una decisión tomada en la década de mil novecientos cuarenta. En la siguiente parada verás cómo se vivió aquel julio de mil novecientos treinta y seis en una de las capillas.
La capilla del Rosario y los papeles salvados

Dirígete a la capilla de la Virgen del Rosario y quédate un momento en silencio ante ella.
Estás ante la capilla de la Virgen del Rosario, la patrona de Montoro. Su cofradía tiene una historia larga. Sus reglas conocidas se fundaron en mil seiscientos ochenta y uno. Pero la fuente local menciona documentación de una cofradía anterior, de mil quinientos treinta y cinco, vinculada a Santa María de la Mota, la iglesia junto al castillo que dejaste atrás en la portada.
Aquel documento de fundación de mil seiscientos ochenta y uno vivió un episodio dramático. El veinticuatro o veinticinco de julio de mil novecientos treinta y seis, los legajos de la cofradía quedaron esparcidos por la plaza, antes de ser quemados. Una familia montoreña rescató el acta. El original, sin embargo, todavía no se ha localizado: la fuente dice que se desconoce su paradero.
Aquel mes de julio, además, la fototeca local documenta la destrucción casi total del patrimonio y de la ornamentación de esta capilla. Se perdió también su retablo del siglo dieciocho.
Pero no todo desapareció. En fotografías de los años cincuenta se reconocen columnas doradas que eran restos de aquel retablo. Y unos candelabros antiguos pasaron a conservarse en la sacristía.
Una memoria que se salva a medias, un recuerdo que sobrevive en una foto y en un candelabro. Quizá por eso importan tanto los papeles, las columnas y las velas que se guardaron a tiempo. Cuando salgas, vuelve la vista a la plaza. Todo lo que has oído ocurrió entre esas piedras y estas paredes.
Para profundizar
El retablo de esta capilla, tallado y dorado, se terminó el tres de julio de mil setecientos cincuenta y siete. Ese mismo día el Ayuntamiento acordó celebrar una función solemne y asistieron dos regidores perpetuos. Fue una fecha de fiesta para la capilla.
Y un detalle más reciente, de los que hacen sonreír con cariño. Por el gran peso de la imagen de la patrona, en los años ochenta se llegó a procesionar el siete de octubre una imagen de la Candelaria vestida como Virgen del Rosario. Cuando la tradición pesa, la devoción también se las ingenia.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: Plaza de España, en el centro de Montoro. La iglesia cierra uno de sus lados, frente al Ayuntamiento.
- Horarios: confirma los horarios de apertura y de culto en la oficina de turismo de Montoro o en los canales oficiales del Ayuntamiento antes de ir.
- Respeto: es un templo en uso, así que conviene visitarlo con discreción y fuera de los momentos de culto.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en la Iglesia Parroquial de San Bartolomé Apóstol
La portada de dos cuerpos, con las figuras de San Bartolomé y Santiago y la Virgen del Rosario en lo alto. También el cipo romano y la lápida sepulcral visigoda a su izquierda, la torre inclinada, la nave central reformada tras la Guerra Civil y la capilla de la Virgen del Rosario.
¿Cómo llegar a la Iglesia Parroquial de San Bartolomé Apóstol en Montoro
La iglesia cierra uno de los lados de la Plaza de España, en el centro de Montoro, frente al Ayuntamiento. La plaza es el punto de inicio de la audioguía, así que basta con llegar al centro del pueblo y situarse ante la fachada.
¿Cuál es la historia de la iglesia
Su construcción se sitúa a fines del siglo XV y su conclusión a lo largo del XVI. La parroquia se trasladó desde Santa María de la Mota, junto al castillo, porque el templo anterior se había quedado pequeño. El obispo Iñigo Manrique impulsó el cambio.
¿Cuál es el horario de la iglesia
Los horarios pueden variar según el culto y la temporada. Lo más fiable es confirmarlos en la oficina de turismo de Montoro o en los canales oficiales del Ayuntamiento antes de la visita. Conviene evitar los momentos de celebración para recorrerla con calma.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitarla
La audioguía tiene cuatro paradas: la plaza, la portada, la nave y la capilla del Rosario. El tiempo depende de tu ritmo y de si coincide con algún acto de culto. Si quieres detenerte en los detalles de la portada, cuenta con más calma.
¿Quién hizo la portada
Se atribuye a la dinastía de los Hernán Ruiz, pero la formulación oficial es prudente: la considera obra de esa familia y no una autoría individual segura. Combina elementos del gótico tardío con los comienzos del plateresco.
¿Qué pasó con la iglesia durante el terremoto de 1755
Durante el terremoto de Lisboa, en la mañana del 1 de noviembre de 1755, se celebraba misa mayor. Los fieles salieron a la plaza y la torre quedó inclinada. Al día siguiente el cabildo se reunió para acordar una acción de gracias, con procesión el 23 de noviembre.
¿Qué ocurrió con la capilla de la Virgen del Rosario en 1936
La fototeca local documenta la destrucción casi total del patrimonio y la ornamentación de la capilla en julio de 1936, incluido su retablo del siglo XVIII. En fotos de los años cincuenta se reconocen columnas doradas que eran restos de aquel retablo.
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