Semana Santa de Córdoba: ruta a pie con audioguía por cofradías, plazas y leyendas
Esta audioguía recorre la Semana Santa de Córdoba a pie. Empieza en la Carrera Oficial, junto a la Mezquita-Catedral, y termina en el compás de San Francisco. Por el camino pasa por la Judería, San Lorenzo, la calle Cabezas, Capuchinos y San Pablo. No es un paseo corto ni en línea recta: las paradas están repartidas por la ciudad y entre varias hay buenas caminatas. Escúchala con calma y, si hace falta, repártela en dos días.

La Puerta del Perdón y el Patio de los Naranjos: así entran los pasos en la Mezquita-Catedral
Por la Puerta del Perdón, hasta dentro del templo
Colócate frente a la Puerta del Perdón, en el tramo de la Carrera Oficial junto a la Mezquita-Catedral. Deja la vista subir hacia el Patio de los Naranjos.
Un paso de Semana Santa, con todo su peso, cruza un patio de naranjos y entra en un edificio que fue mezquita. Eso ocurre aquí cada Semana Santa, y es una escena mucho más reciente de lo que parece.
Mira lo que tienes delante. Es la Mezquita-Catedral: una mezquita omeya con una catedral renacentista insertada en su interior. Está inscrita como bien de interés cultural y monumento desde el veintiuno de noviembre de mil ochocientos ochenta y dos. La Unesco declaró la Mezquita Patrimonio Mundial en mil novecientos ochenta y cuatro. En mil novecientos noventa y cuatro sumó a esa declaración el centro histórico que vas a recorrer.
La puerta que tienes enfrente es la del Perdón. Cuidado: no es islámica. Se concluyó en mil trescientos setenta y siete, ya en época cristiana. Detrás se abre el Patio de los Naranjos, que procede del antiguo patio califal de abluciones y adquirió después funciones cristianas.
¿Y por qué vienen aquí los pasos? Porque las hermandades se dirigen a la Mezquita-Catedral para hacer estación de penitencia dentro del templo. Y entran de verdad: pasan bajo la Puerta del Perdón y cruzan el Patio de los Naranjos. Luego acceden al interior por una puerta abierta en la fachada norte, a la altura de la nave diecisiete. Su apertura se autorizó en enero de dos mil diecisiete. Donde hoy está esa puerta había una celosía, y sustituirla levantó una polémica que todavía no se ha apagado.
Así que, cuando veas un paso desaparecer entre los naranjos, piensa que lo que parece un rito de siglos tiene apenas unos años. Y ya tiene su propio debate.
Quédate aquí un momento más. Este mismo sitio sirve para contar cómo Córdoba pasó décadas sin procesiones.
Para profundizar
Los itinerarios oficiales de cada año detallan el paso de las hermandades por el Patio de los Naranjos y por la Catedral, además de los accesos de cada jornada. Conviene consultarlos antes de venir, porque los detalles cambian de un año a otro.
La Carrera Oficial de Córdoba: de Trevilla y Bustillos al traslado de 2017
Treinta años sin cofradías en la calle

Sin alejarte de la Puerta del Perdón, gírate hacia la calle por la que avanzan las cofradías en la Carrera Oficial, pegada a los muros de la Mezquita-Catedral.
Durante más de treinta años, Córdoba no vio procesiones de Semana Santa. Y eso en una ciudad donde se habían consolidado como procesión pública ya en el siglo dieciséis.
El responsable tuvo nombre: el obispo Pedro Antonio de Trevilla, que restringió las procesiones. Sobre el papel, sus normas solo dejaban en pie una: la procesión oficial del Viernes Santo. En la práctica, la ciudad pasó más de treinta años sin las procesiones de Semana Santa que conocía.
La tradición se retomó en mil ochocientos cuarenta y nueve, y tuvo un impulsor: el concejal Julián Bustillos, clave en la vuelta de la celebración pública del Viernes Santo. Un solo concejal con ganas, y la calle volvió a ser de las cofradías.
Ahora mira este tramo. Parece que siempre fue el centro de todo, pero lo es desde hace poco. En los años cincuenta, el recorrido común pasaba por Capitulares, Claudio Marcelo, las Tendillas, Gondomar y Gran Capitán, y terminaba en la actual Ronda de los Tejares. En dos mil trece, un Vía Crucis Magno enseñó lo bien que lucía el entorno de la Mezquita. En dos mil diecisiete, la Carrera Oficial se mudó aquí. Desde entonces su trazado se ha ido ajustando, y son los itinerarios oficiales de cada año los que fijan por dónde pasa y por dónde se accede.
Lo que ves como eterno es una decisión reciente. La tomó gente que miró este lugar y pensó que merecía verse así.
Para la siguiente parada no hace falta ir lejos: las calles de la Judería empiezan justo frente a la Mezquita. Allí también hubo mudanzas, y no todas fueron voluntarias.
Para profundizar
Según la página municipal de Semana Santa de dos mil veinticinco, hoy procesionan treinta y ocho hermandades. La cifra varía según el año.
La Judería de Córdoba: Maimónides, la sinagoga y la memoria sefardí
Un barrio que se mudó, volvió y acabó perdiéndolo todo

Entra en las calles de la Judería, entre la Mezquita-Catedral y la Puerta de Almodóvar. Párate en un tramo estrecho y mira las paredes a la altura de la mano.
En mil cuatrocientos setenta y ocho, el corregidor Francisco Valdés sacó a los judíos de este barrio y los trasladó al Alcázar Viejo. La comunidad reclamó ante el rey, y al año siguiente estaba de vuelta. Pocas mudanzas forzosas acaban con una victoria así.
Antes de seguir, una advertencia: esta parada no es cofrade. La Judería es el barrio que envuelve la Mezquita-Catedral, el telón de fondo de la Carrera Oficial. Merece unos minutos por sí misma.
Fíjate en el trazado: calles estrechas, giros inesperados y adarves, algunos sin salida. El barrio va desde la Puerta de Almodóvar hasta la Mezquita, con calles como Judíos, Deanes o Romero. Tenía un recinto amurallado. Una de sus puertas, la del Malburguete, estaba frente a la Mezquita, al comienzo de la actual calle Judería.
Lo que busca casi todo visitante está cerca. En la plaza de Tiberíades se alza el monumento a Maimónides, la figura más destacada de la Córdoba judía. Y en la calle Judíos está la sinagoga, construida entre mil trescientos catorce y mil trescientos quince: es la única sinagoga medieval que se conserva en Andalucía. Muy cerca, la Casa de Sefarad, la Casa de la Memoria, es un centro cultural dedicado a esa herencia.
Por el camino, busca en las paredes una placa de bronce de trece por trece centímetros. Es la señal de Caminos de Sefarad, que las juderías de la red comparten desde dos mil ocho, y su diseño forma la palabra Sefarad con letras hebreas.
Aquel regreso de mil cuatrocientos setenta y nueve no cerró la historia. Ya en mil trescientos noventa y uno, un asalto había forzado a muchos judíos a convertirse. En mil cuatrocientos noventa y dos se decretó la expulsión. Este barrio fue un centro vivo de la comunidad, y también el escenario de su final.
Aun así, nunca fue una isla. Desde mil doscientos sesenta algunos judíos vivían en otros sectores de la ciudad. En mil doscientos setenta y dos, Alfonso décimo autorizó que residieran en otros barrios.
La siguiente parada pide caminar un buen rato. San Lorenzo está al noreste, en la Axerquía, lejos de estas calles. Allí la memoria es de fuego, y de vecinos que reconstruyeron su iglesia.
Para profundizar
En la iglesia de San Miguel se reutilizó un cipo funerario que procedía de un cementerio judío. La inscripción tiene tres líneas y está muy deteriorada. El experto Jordi Casanovas la interpreta como una fórmula funeraria dedicada a Meir, hijo de un rabino cuyo nombre se ha perdido.
La Junta de Andalucía describe la Judería como testimonio de la cultura judía medieval.
Barrio de San Lorenzo: iglesia fernandina, incendio de 1687 y sus hermandades
Cuando ardió San Lorenzo

Sitúate en la plaza de San Lorenzo, frente a la fachada de la parroquia. Mira la torre y el rosetón.
¿Cuánto se tarda en notar que una iglesia arde? En San Lorenzo, en mil seiscientos ochenta y siete, se tardó demasiado.
Tienes delante una iglesia fernandina, de las levantadas tras la conquista cristiana. La torre es renacentista: Hernán Ruiz el Joven transformó en ella un antiguo alminar. Si la tarde está avanzada, espera un poco. La luz del atardecer cambia por completo la fachada, la torre y el rosetón.
Aquel año, el templo se preparaba para la fiesta de San Lorenzo cuando un incendio lo dañó. Las campanas de la Magdalena y de San Andrés dieron la alarma, pero el fuego ya era grande. El barrio llegó tarde a su propio incendio.
Lo mejor vino después. El corregidor Francisco Ronquillo y Briceño impulsó la reedificación, y el vecindario arrimó el hombro. Un poeta, Gerónimo Rafael de Estrada, convirtió el suceso en un poema impreso ese mismo año. Pocos incendios han tenido un reportaje en verso tan rápido.
Tras el fuego, el interior se vistió a la moda barroca: se cubrieron pinturas y se levantaron bóvedas de yeso. Pero la restauración de mil novecientos sesenta y tres retiró esas bóvedas y recuperó las pinturas murales medievales. Lo que verás dentro es, sobre todo, la fábrica gótico-mudéjar recuperada, con algunos elementos barrocos que se conservaron.
Ese espíritu de barrio vive en su Semana Santa. De San Lorenzo salen hoy tres hermandades: la Entrada Triunfal el Domingo de Ramos, Ánimas el Lunes Santo y el Calvario el Miércoles Santo. La prensa local ha retratado la Semana Santa del barrio con fieles que arrojaban pétalos al salir los titulares. También con la taberna Casa Luis, en la calle Jesús del Calvario, que colgaba en su balcón la imagen del Calvario en terciopelo morado.
Toca caminar otra vez, ahora de vuelta hacia el sur, cerca de la plaza de la Corredera. Allí espera una calle cuyo nombre promete una historia con siete cabezas.
Para profundizar
La cofradía del Santísimo recibió sus reglas el trece de junio de mil quinientos treinta y ocho. Las aprobó Fernando Morante durante el obispado de Pedro Manrique. La cofradía de Ánimas obtuvo las suyas el veintinueve de noviembre de mil quinientos cuarenta y cinco.
Ramírez de Arellano cuenta que la imagen del Calvario se llevaba en procesión al Marrubial el Domingo de Pasión, para bendecir el campo.
El barrio supo organizarse en la desgracia. Una epidemia lo castigó en mil seiscientos cuarenta y nueve y mil seiscientos cincuenta. El veintitrés de enero de mil seiscientos cincuenta, los vecinos organizaron una procesión de ayuda. Fue una colecta insólita de víveres y animales para los enfermos, con cinco acémilas cargadas.
También hubo sustos menores. En mil ochocientos sesenta y tres, cuando iban a un bautismo, cayó un rayo por la zona de las campanas. Derribó material e hirió a un dependiente de la parroquia.
Calle Cabezas: la leyenda de los Infantes de Lara
La calle de las siete cabezas

Ponte en la calle Cabezas, junto a la casa número cinco y la entrada a la calleja de los Arquillos.
Siete cabezas en una portada. Eso pidió permiso para poner un vecino de esta calle en mil quinientos sesenta y seis, en alusión a una leyenda que ya entonces corría de boca en boca. Hoy no verás esas cabezas esculpidas: lo que queda es la historia.
La leyenda cuenta que Gonzalo Gustios, preso en Córdoba en tiempos de Almanzor, recibió en un banquete las cabezas de sus siete hijos, los Infantes de Lara. Ramírez de Arellano advirtió que era una leyenda popular, no un hecho probado. Me gustaría creerla entera, pero lo honesto es contarla como lo que es.
En la versión legendaria que recogió Arellano, todo empieza en una justa. Gonzalo González derriba a Álvar Sánchez, el favorito de su prima doña Lambra. De ahí a las cabezas hay un camino largo y sangriento.
Mira la calleja de los Arquillos y sus siete arquillos, que le dan nombre. Obsérvala desde la entrada. Su relación con las cabezas de los Infantes pertenece a la tradición. Fíjate también en la fachada de la casa número cinco, la llamada Casa de las Cabezas, que Ramírez de Arellano señaló como una de las más notables de la calle.
La calleja fue tapiada a principios del siglo diecinueve por razones de higiene y de moral pública. Cuando se reabrió, a mediados del veinte, la leyenda volvió con fuerza. El veinte de mayo de mil novecientos cincuenta y uno se colocó una lápida, y Ramón Menéndez Pidal contribuyó a rescatar el relato con una conferencia.
A veces una pared cerrada ayuda a que una leyenda crezca. Cuando se abre, la leyenda ya espera dentro.
La siguiente parada exige otra caminata larga, esta vez hacia el norte. Te espera una plaza donde el ruido ha cambiado y el silencio todavía se busca.
Para profundizar
La calleja de los Arquillos aparece documentada desde el siglo trece con nombres como barrera Angosta o Chiquilla. Servía entre casas y daba salida a un corral.
Ramírez de Arellano escribió que la casa número cinco pertenecía a los marqueses del Carpio. Hablaba de este edificio de la calle Cabezas, no de la conocida casa-torre de los marqueses del Carpio, que es otro inmueble. Relacionó su fachada con obras de fines del trece o principios del catorce. Es una interpretación suya, no una certeza.
La arqueología también ha pasado por aquí. Una actividad preventiva de dos mil quince estudió el edificio número diecisiete, con nueve sondeos en los muros y un pequeño corte en la zona del ascensor.
Y hay quien discute la leyenda. El historiador José Manuel Escobar Camacho cuestiona que Gonzalo Gustios estuviera preso aquí. Señala que Córdoba tenía un edificio destinado a presos y rehenes.
Plaza de Capuchinos: el Cristo de los Faroles y el silencio del Viernes Santo
Capuchinos, entre el silencio y el ruido

Entra en la plaza de Capuchinos y colócate de cara a las fachadas del Hospital de San Jacinto y del convento capuchino.
Un golpe en una puerta y, de pronto, un gentío entero se calla. Así lo cuenta la crónica de un Viernes Santo en esta plaza. El fiscal de horas llamó a la puerta de San Jacinto. Los nazarenos servitas buscaron sitio entre la gente. Y la crónica insiste en una cosa: el silencio de la escena.
En el centro de la plaza está su imagen más célebre: el Cristo de los Desagravios y Misericordia, al que todos llaman Cristo de los Faroles por los faroles que lo rodean. Lo realizó Juan Navarro León en mil setecientos noventa y cuatro. En San Jacinto se venera la Virgen de los Dolores, la Señora de Córdoba, titular de los Servitas que menciona la crónica.
Mira a tu alrededor. En los lados meridional y oriental están las fachadas del Hospital de San Jacinto y del convento capuchino. Encuadran la plaza y forman parte de su entorno protegido.
La plaza tomó forma a partir de acuerdos entre esas dos comunidades. Desde la primera mitad del siglo dieciocho quedó incorporada al trazado urbano. El obispo Marcelino Siuri, prelado de Córdoba entre mil setecientos diecisiete y mil setecientos treinta y uno, promovió su remodelación. No se limitó a patrocinar obras religiosas: también se metió en el urbanismo de la ciudad.
Lo bonito de este lugar es que no hace falta añadirle nada. La plaza ya tiene la fuerza de lo que se calla.
Desde aquí, baja hacia el centro, hasta la calle Capitulares. Otro buen paseo. Allí está San Pablo, con una Virgen que muchos buscan y no encuentran, y una mujer con ideas muy claras sobre su propio funeral.
Para profundizar
En mil novecientos catorce, el cronista Ricardo de Montis describió el crucifijo y sus faroles. Decía que la escena parecía pedir candilejas de aceite, no luz de gas. Era una mirada nostálgica a la plaza de su tiempo.
Montis reparó en otro detalle que hoy puede pasar inadvertido. Decía que la hierba nacía entre las piedras de la plaza, incluso con el tránsito cotidiano de fieles.
Pablo García Baena, fallecido en dos mil dieciocho, defendió en una entrevista que el ruido turístico había cambiado la experiencia de Capuchinos. Cuestionó además que todas las cofradías entrasen o saliesen por la plaza. Era una opinión local, no una regla compartida por todos.
Iglesia de San Pablo: Hermandad de la Expiración y la Virgen de las Angustias
San Pablo: la Expiración y la Virgen que no está aquí

Ponte en la calle Capitulares, frente a la portada barroca de San Pablo y el pequeño compás que la antecede.
Mucha gente entra en San Pablo buscando a la Virgen de las Angustias, y no la encuentra. La hermandad de las Angustias encargó sus imágenes a Juan de Mesa en mil seiscientos veintiséis, y esa Virgen es una de las grandes devociones de Córdoba. Pero hoy la hermandad tiene su sede en la iglesia de San Agustín. Si quieres verla, ese es tu sitio, fuera de esta ruta.
Lo que sí tiene casa aquí es la Hermandad de la Expiración, que procesiona el Viernes Santo. En el templo está la capilla del Cristo de la Expiración, una de las más atendidas en la restauración que dirigieron Adolfo Castiñeyra y Mateo Inurria entre finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte.
Aquella fue una época de rescate. A comienzos del siglo veinte la iglesia llegó a estar en ruina, y su conservación se atribuye al empeño del padre Pueyo.
Ahora mira la portada barroca de la entrada, con el pequeño compás delante. El solar ha tenido varias vidas: primero un circo romano, después un palacio almohade y, tras la conquista cristiana, un convento dominico. El privilegio fundacional está fechado en mil doscientos cuarenta y uno. Fernando tercero lo fundó en una zona entonces poco poblada, junto a la Vía Augusta.
Y presta oído. Las campanas del carillón las fabricaron Georges y Francisque Paccard en mil novecientos, y ese mismo año se expusieron en París. El carillón se restauró en mil novecientos noventa y ocho. Unas campanas con pasado parisino sonando sobre una cofradía cordobesa: la Semana Santa de Córdoba también es eso.
Entra ahora en la iglesia. Dentro te espera una mujer que pidió que la llevaran de noche.
San Pablo: la capilla de Leonor López de Córdoba
La mujer que pidió un funeral de noche

Dentro de San Pablo, busca la capilla del Rosario, hoy llamada también capilla de la Trinidad: la capilla funeraria que fundó Leonor López de Córdoba.
Doce hachas, una noche y una mujer decidida a no ser vista. Así quiso Leonor López de Córdoba que fuese su funeral. En su testamento dispuso que deseaba permanecer oculta durante el día y ser trasladada de noche hasta San Pablo.
Leonor es famosa por algo más: sus Memorias se consideran la primera autobiografía conocida en lengua castellana.
Fundó esta capilla funeraria en mil cuatrocientos nueve. Aquí trasladó los restos de su padre, Martín López de Córdoba, detenido tras la rendición de Carmona y ajusticiado por orden de Enrique segundo. Una capilla de familia que es también una memoria política.
La dedicó a la Trinidad, y la razón sería dinástica. La fiesta de la Santísima Trinidad de mil cuatrocientos cuatro fue el momento en que Leonor pasó a ser mujer de confianza de Catalina de Lancaster. María-Milagros Rivera Garretas, editora académica de las Memorias, relaciona esa fiesta con la concepción del futuro Juan segundo. Es una interpretación, pero explica mucho.
Mira los sepulcros vinculados a Leonor y a su familia. Lo que ves mezcla dos épocas: la capilla conserva elementos góticos de su fundación, pero sus descendientes la reformaron en el siglo dieciocho.
Una mujer que quiso desaparecer de día dejó una capilla que sigue hablando de ella.
La última parada te pide un último paseo largo: el compás de San Francisco, en la calle de la Feria, junto a la plaza del Potro.
Compás de San Francisco: la Hermandad de la Caridad y el arco de la Oración en el Huerto
El compás de San Francisco y el arco del Ángel

Entra por el arco de piedra desde la calle de la Feria y colócate en el compás de San Francisco, frente a la iglesia de San Francisco y San Eulogio.
Un emperador, un rey y el Gran Capitán en la misma lista de hermanos. La Hermandad de la Caridad, vinculada a este entorno de San Francisco, recuerda entre sus miembros a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, junto a Carlos quinto y Felipe segundo. Pocas cofradías pueden presumir de algo así.
Mira dónde estás. El arco de piedra por el que has entrado, con su hornacina vacía, enmarca la fachada de la iglesia de San Francisco y San Eulogio. Su portada barroca se fecha hacia mil setecientos treinta y uno, y la iglesia se restauró en mil novecientos setenta y siete.
Este compás precedía al convento franciscano de San Pedro el Real y servía de transición entre la calle y la iglesia. La tradición atribuye a Fernando tercero su fundación en mil doscientos treinta y seis. Tras la desamortización el convento se derribó en parte. Sobreviven la iglesia y dos galerías del claustro, que en mil novecientos ochenta y dos quedaron incorporadas a una plaza. Búscalas a la izquierda de la iglesia, con sus arcos de medio punto y sus columnas. El pequeño jardín lo creó en mil novecientos veintisiete el alcalde Rafael Cruz Conde, como homenaje a los plateros.
Ahora vuelve a mirar el arco y piensa en el Domingo de Ramos. La prensa local recuerda una salida de la Hermandad del Huerto en la que había quien temía que el ala del Ángel, en el paso de la Oración en el Huerto, rozara la piedra. El capataz Federico Jiménez Reloba tranquilizó a todos. Hay que tener sangre fría para eso. Otro Domingo de Ramos, con lluvia, la hermandad salió pese al mal tiempo. Cuando el agua apretó, tuvo que refugiar sus tres pasos en el patio del instituto Góngora.
En la esquina con la calle Huerto de San Pedro el Real, busca el mural cerámico dedicado a la Virgen de la Candelaria.
Con esto termina el paseo: un arco por el que cabe, justo, un ángel, un jardín para unos plateros y una cofradía con un emperador entre sus hermanos.
Para profundizar
En mil novecientos treinta y nueve se reanudó la vida de la Hermandad de la Caridad en San Francisco. Sus reglas se aprobaron el diecinueve de octubre.
El Cristo de la Caridad habría llegado a la capilla del hospital por una donación de mil seiscientos catorce. El propio pregón de la hermandad presenta ese origen como una atribución transmitida, no como una certeza absoluta.
La hermandad tampoco rehuía los pleitos. Según su pregón de mil novecientos ochenta y cinco, ganó a los beneficiados de San Nicolás de la Axerquía una disputa sobre derechos funerarios.
El compás, como espacio independiente, no tiene una declaración patrimonial oficial confirmada. La información patrimonial se refiere sobre todo a la iglesia y al antiguo convento.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: la Mezquita-Catedral, en el tramo de la Carrera Oficial junto a la Puerta del Perdón. Las paradas uno y dos se escuchan en el mismo lugar, igual que las paradas siete y ocho, en San Pablo.
- Orden de la ruta: Puerta del Perdón y Carrera Oficial, Judería, San Lorenzo, calle Cabezas, plaza de Capuchinos, San Pablo y compás de San Francisco.
- Distancias y duración: no hay medidas oficiales en las fuentes de esta guía. Cuenta con una ruta larga, de varias horas con paradas, que zigzaguea por la ciudad. De la Judería se sube a San Lorenzo, al noreste, en la Axerquía. Se vuelve hacia el sur hasta la calle Cabezas, cerca de la Corredera. Se sube de nuevo, ahora al norte, hasta Capuchinos. Después se baja a San Pablo, en el centro, y se termina en San Francisco, junto a la plaza del Potro. Si vas justo de tiempo o de fuerzas, divide el paseo en dos tramos o en dos días.
- Durante la Semana Santa: hay calles cortadas, desvíos de tráfico y peatones, y aglomeraciones al paso de las procesiones. El Ayuntamiento aprueba cada año un plan especial de tráfico y movilidad. Algunos tramos pueden ser imposibles de cruzar mientras pasa una cofradía, así que cuenta con más tiempo del habitual entre paradas.
- Carrera Oficial: tiene sillas y tribunas de pago. Fuera de ellas, consulta los itinerarios para elegir dónde ver las procesiones.
- Confirma fechas, horarios, itinerarios y accesos de cada día en la web oficial de Turismo de Córdoba o en la oficina de turismo. El trazado de la Carrera Oficial se ajusta de un año a otro.
- Consulta los horarios de apertura de las iglesias, sobre todo San Pablo, si quieres entrar en la capilla de Leonor López de Córdoba.
- Si buscas la Virgen de las Angustias de Juan de Mesa, está en la iglesia de San Agustín, fuera de esta ruta.
- La luz del atardecer favorece la fachada de San Lorenzo.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es la Semana Santa de Córdoba
Cambia cada año. Consulta la guía oficial de Turismo de Córdoba, que publica fechas, horarios e itinerarios de todas las hermandades.
¿Cuántas cofradías procesionan en Córdoba
La página municipal de Semana Santa de 2025 da la cifra de 38 hermandades procesionantes; el número puede variar según el año.
¿Cuáles son las mejores procesiones
No hay un ranking oficial. Para elegir, fíjate en el ambiente que buscas: el recogimiento de Capuchinos en Viernes Santo, la entrada de los pasos en la Mezquita-Catedral o las salidas de barrio en San Lorenzo.
¿Hay que pagar para ver la Carrera Oficial
La Carrera Oficial tiene sillas y tribunas de pago. Las procesiones recorren también otras calles de la ciudad; los itinerarios anuales indican por dónde pasa cada hermandad.
¿Dónde está la Virgen de las Angustias de Juan de Mesa
En la iglesia de San Agustín, sede canónica actual de la hermandad, que encargó sus imágenes a Juan de Mesa en 1626. No está en San Pablo, donde tiene su sede la Hermandad de la Expiración.
¿Qué hermandades salen de San Lorenzo
Según la guía oficial de 2026, la Entrada Triunfal (Domingo de Ramos), Ánimas (Lunes Santo) y el Calvario (Miércoles Santo).
¿Es real la leyenda de los Infantes de Lara en la calle Cabezas
Se considera tradición, no hecho probado. Historiadores como José Manuel Escobar Camacho dudan incluso de que Gonzalo Gustios estuviera preso en esa calle.
¿Se puede hacer esta ruta a pie durante la Semana Santa
Sí, pero con paciencia: hay calles cortadas, desvíos y aglomeraciones, y las paradas están alejadas entre sí. Lo más cómodo es dividirla en dos tramos.
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