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Reñidero de Gallos de Castro del Río: historia, visita y Cervantes

Un recinto circular y azul, con gradas de anfiteatro, donde en Castro del Río se criaban, se guardaban y se miraban gallos. En tres paradas conocerás a un notario con mucha ironía, a una familia de criadores y a Cervantes, que en este pueblo tuvo más problemas que comisiones.

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Reñidero de Gallos de Castro del Río: historia, visita y Cervantes

Qué ver en el Reñidero de Gallos de Castro del Río: el ruedo azul

Un ruedo azul en mitad del pueblo

Colócate en el acceso al espacio circular y mira hacia el centro y las gradas.

¿Qué hace un ruedo azul, con gradas como las de una plaza de toros, en un pueblo de este tamaño? Quédate en la entrada y mira hacia el centro. Lo primero que llama la atención es el color, ese azul que lo envuelve todo. Lo segundo, la forma: un anfiteatro pequeño y redondo, pensado para que todos miren hacia el mismo punto. Caben unas trescientas personas.

Aquí se celebraban riñas de gallos, una afición que dejó huella hasta en el papel. El notario Juan Marín Fernández estuvo destinado en Castro entre mil ochocientos ochenta y mil ochocientos ochenta y ocho. Se fijó en las costumbres de los galleros y las describió con ironía. Su texto se publicó en el periódico La Mañana en mil ochocientos ochenta y uno.

Piensa en lo que eso significa. Un hombre acostumbrado a escrituras y sellos mira a sus vecinos entregados a su pasión, y en vez de callarse, lo cuenta con guasa. Hay que reconocerlo, sin ese notario sabríamos mucho menos de cómo se vivía este círculo desde dentro.

Ahora que sabes para qué servía el ruedo, avanza hacia el borde y sigue con la vista las gradas. Quien miraba tenía que sentarse en algún sitio, y ese sitio nos espera en la siguiente parada.

Para profundizar

El edificio se levantó a finales del siglo dieciocho y no se quedó quieto. Tuvo reformas en mil ochocientos veintiséis y en mil ochocientos setenta y nueve. Entre una y otra pasaron cincuenta y tres años, y la última llegó justo antes de que el notario Marín pusiera el pie en Castro.

El reñidero tuvo además otra vida, la política. Allí se reunió el Casino o Centro Republicano, que mantuvo su sede en este espacio hasta que la trasladó en mil novecientos siete. Es decir, el mismo círculo que acogía a los aficionados a los gallos sirvió también de lugar de encuentro para una asociación política.

Los dos usos conviven en el mismo suelo. Un local donde se discutía de gallos y, en otro tiempo, de política.

Gradas y habitaciones del Reñidero de Gallos

Las habitaciones de los gallos

Gradas y habitaciones laterales del Reñidero de Gallos, Castro del Río

Dirígete a los laterales del recinto, hacia el paso que lleva a las dependencias, y mira cómo se relacionan con las gradas.

Antes de que el público ocupara su sitio, los verdaderos protagonistas esperaban en una habitación. El edificio tiene varias, y un par de ellas servían para resguardar a los gallos antes de la tienta. Fíjate en cómo se encuentran las gradas con los laterales y en ese paso hacia las dependencias. Es el camino que hacía un gallo, desde la espera hasta el ruedo.

Los gallos tenían quien los criara. Mariano Fuentes del Río fue un criador destacado. Su nombre ha llegado hasta hoy porque alguien lo apuntó, y eso ya dice algo del peso de su fama entre los aficionados. Su hijo, Juan Fuentes López de Tejada, llegaría a ser alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera. De modo que la historia de esta familia pasa por el ruedo y, años después, por el ayuntamiento.

Recorre el lateral despacio. El recinto es azul, se organiza como una plaza de toros pequeña y cabe un público de trescientas personas. Cada una de ellas pasaba por estos mismos rincones. Unos venían a mirar, otros a criar, otros a esperar su turno.

Y hay alguien más que merece su sitio en estas gradas, un banderillero con apodo de cuento. Sigue leyendo en tu cabeza cuando salgas, porque el apodo tiene su gracia.

Para profundizar

Entre los castreños que el cronista local relaciona con la afición gallística aparece un banderillero, Manuel García, conocido como Esparterito. Que un hombre del mundo del toro figure entre los aficionados a los gallos no es raro, y encaja con un recinto que se parece tanto a una plaza.

Sobre las gradas hay una confesión que hacer. Se sabe que el recinto es azul, que cabe un público de trescientas personas y que su disposición recuerda a una plaza de toros. De qué material están hechas las gradas, en cambio, no se dice. Tampoco se sabe en qué sector se sentaba cada cual ni qué episodios se vivieron en cada rincón.

Quizá por eso conviene pasear con calma. Lo que aquí falta en papeles se compensa mirando cómo está hecho el lugar.

Cervantes en Castro del Río y la antigua cárcel del Cabildo

Cervantes no estuvo aquí

Reñidero de Gallos de Castro del Río y vínculo con Cervantes

Si el interior está abierto, mira el ruedo azul y las gradas. Después, la parada continúa en los bajos del Ayuntamiento.

Cervantes nunca pisó este edificio. El reñidero se levantó a finales del siglo dieciocho, y las estancias de Cervantes en Castro fueron en el siglo dieciséis. Entonces, ¿qué hace él en esta guía? Porque Castro del Río sí conoció a Cervantes, y con él tuvo sus más y sus menos.

Llegó en noviembre de mil quinientos ochenta y siete como comisario real de abastos. Su trabajo era reunir provisiones para la Armada. Ese oficio no daba amigos. Un sacristán se negó a entregar grano requisado, Cervantes insistió en llevárselo y acabó excomulgado. Una comisión del rey podía chocar de frente con las autoridades de la Iglesia local.

Cinco años después, en septiembre de mil quinientos noventa y dos, volvió a Castro con una orden de Pedro de Isunza para recaudar alimentos en varias localidades andaluzas. Esta vez le esperaba algo peor. Francisco de Moscoso, corregidor de Écija y juez de comisarios, le comunicó una sentencia de arresto por su actividad como comisario.

La cárcel de aquel episodio se sitúa, según la tradición, en los bajos del Ayuntamiento. Allí te toca ir a ti. Si estás en el reñidero, contempla el azul del ruedo una última vez y camina hacia la plaza. El escritor del Quijote te espera, aunque nunca viera este círculo.

Para profundizar

El arresto no duró lo que podría esperarse. Pedro de Isunza pagó la fianza para que Cervantes pudiera seguir trabajando, y para el treinta de septiembre el comisario ya estaba recaudando trigo en Écija. Del calabozo al trigo en pocos días.

Aquel mismo mes tenía además otro frente abierto. El cinco de septiembre de mil quinientos noventa y dos se había comprometido con Rodrigo Osorio a escribir seis comedias, y ese mismo mes acabó encarcelado en Castro. Según Jean Canavaggio, el contrato teatral no llegó a cumplirse. Entre el trigo y la prisión, a Cervantes se le fue el plazo.

Cuando llegues al Ayuntamiento, fíjate en los bajos del edificio, que es el emplazamiento identificado para la antigua cárcel. Ese es el punto cervantino, no el reñidero. Quizá esa sea la mejor forma de despedirse del lugar, sabiendo qué pertenece a cada sitio.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Reñidero de Gallos de Castro del Río

Un recinto circular de color azul, organizado como una pequeña plaza de toros con capacidad para unas 300 personas. Verás el ruedo, las gradas y las habitaciones laterales, donde se resguardaban los gallos antes de la tienta.

¿Cuál es la historia del Reñidero de Gallos

Se construyó a finales del siglo XVIII y se reformó en 1826 y 1879. Acogió riñas de gallos y también el Casino o Centro Republicano, que trasladó su sede en 1907. El notario Juan Marín Fernández describió con ironía a sus galleros en 1881.

¿Estuvo Cervantes en el Reñidero de Gallos

No. El edificio es de finales del siglo XVIII y Cervantes estuvo en Castro en 1587 y 1592. La cárcel donde se le recluyó se sitúa tradicionalmente en los bajos del Ayuntamiento, que es el lugar cervantino de la visita.

¿Cuál es el horario de visita del Reñidero de Gallos

La información consultada no publica un horario concreto. Lo recomendable es confirmarlo en la web turística municipal de Castro del Río o en la oficina de turismo, ya que el interior solo se visita si está abierto al público.

¿Cuánto se tarda en visitar el Reñidero de Gallos

No hay una duración oficial. El recinto es un único espacio circular con gradas y habitaciones laterales, por lo que la visita es breve. Si añades el Ayuntamiento, donde se sitúa la antigua cárcel de Cervantes, el paseo se amplía.

¿Cuántas personas caben en el Reñidero de Gallos

La capacidad estimada es de 300 personas. El recinto, de color azul, se organiza de forma parecida a una plaza de toros, con gradas dispuestas en anfiteatro alrededor del ruedo central.

¿Es el Reñidero de Gallos Bien de Interés Cultural

No se ha podido confirmar una declaración individual como BIC. La documentación oficial localizada trata sobre su ordenación urbanística y su puesta en valor, no sobre una protección específica del edificio.

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