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Cervantes en Castro del Río: ruta cervantina a pie

Un recaudador de grano, un sacristán que dice que no y una orden de arresto en septiembre de 1592. Esta ruta a pie por Castro del Río sigue los pasos de Cervantes como comisario de abastos. Empieza en un reñidero de gallos y acaba junto a un arca de tres llaves.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Cervantes en Castro del Río: ruta cervantina a pie

Reñidero de Gallos de Castro del Río: qué ver y su historia

Un reñidero sin Cervantes

Colócate frente al Reñidero de Gallos, de cara a la entrada. Si el acceso está abierto, entra al patio mientras escuchas.

¿Qué hace una ruta sobre Cervantes empezando en un reñidero de gallos? Confesar algo desde el principio. Aquí Cervantes no estuvo, o al menos nadie ha encontrado un papel que lo diga. Y aun así merece la pena empezar por aquí, porque este edificio presenta Castro del Río mejor que cualquier discurso.

Se levantó a finales del siglo dieciocho. Tiene un pasillo, un patio, varias habitaciones y, en el centro, un espacio circular donde cabían trescientas personas. Trescientas personas apretadas alrededor de dos gallos. Cuesta imaginar el ruido.

Un notario de aquí, Juan Marín Fernández, lo contó en mil ochocientos ochenta y uno, y lo hizo con una ironía que se agradece. Cuenta que antes de cada riña los aficionados se reunían, negociaban y tanteaban. La expectación era tal que la comparó con una crisis política. Hay que reconocerlo: cuando un notario compara una pelea de gallos con la política, o se toma muy en serio los gallos o se toma muy poco en serio la política.

Ahora fíjate en lo que tienes delante. Si puedes pasar, busca el patio, las habitaciones y ese recinto circular azul. Es el escenario de otro siglo, uno sin Cervantes, pero con una voz local que merece ser escuchada.

La historia del escritor empieza en la siguiente parada, junto a un edificio donde se guardaban las llaves del pueblo.

Para profundizar

Este edificio tuvo más vidas de las que parece. En mil ochocientos ochenta y ocho, Antonio y Modesto Rodríguez Gallardo aparecen asociados a una fábrica de chocolate en la misma dirección fiscal del reñidero. Gallos y chocolate, puerta con puerta.

En los primeros años del siglo veinte funcionó aquí el Casino o Centro Republicano, que en mil novecientos siete trasladó su sede al Llano de San Rafael.

La afición traspasaba el pueblo. El médico Mariano Fuentes del Río llevó gallos castreños a una competición en Cádiz anunciada en la prensa en febrero de mil ochocientos ochenta y nueve, y el anuncio destacaba su origen canario. También se habla de la gallera Navajas-Criado, que viajaba a los encuentros de la Feria de Mayo de Córdoba.

De la fecha exacta de construcción no hay papel que la fije. Lo que se propone es una cronología aproximada entre finales del siglo dieciocho y comienzos del diecinueve. A veces la historia de un edificio es una nube y no un punto.

Ayuntamiento de Castro del Río: la excomunión de Cervantes en 1587

El sacristán que dijo que no

Ayuntamiento de Castro del Río, parada de la ruta de Cervantes

Sitúate en la plaza frente al Ayuntamiento, mirando su pórtico de arcos.

¿Cuántos escritores famosos han sido excomulgados por pedir trigo? De Cervantes sabemos al menos uno, y ocurrió aquí, en Castro del Río, en noviembre de mil quinientos ochenta y siete.

Cervantes no venía como poeta. Venía como comisario real de abastos, que era el hombre encargado de reunir grano para la Corona. Imagina el cargo: llegas a un pueblo y le pides al vecino lo que guarda para pasar el año. Nadie te recibe con flores.

Un sacristán se negó a entregar el grano. Cervantes siguió adelante con la requisa, y la tradición castreña recogida por la Red de Ciudades Cervantinas cuenta que por ello fue excomulgado. Un recaudador contra un sacristán, la despensa del pueblo en medio, y ninguno de los dos con ganas de ceder.

Mira ahora el edificio que tienes delante. Es una antigua mansión de los duques de Medinaceli, con cinco arcos y cinco balcones. Esa fachada es de mil ochocientos setenta y cuatro, así que Cervantes jamás la vio. Lo que se discute es lo que había en los bajos, porque ahí se sitúa la cárcel probable de su segunda visita, en mil quinientos noventa y dos.

Si está abierto, acércate al patio de las Carnicerías. Allí hay un busto de Cervantes y unas dependencias inferiores que se describen como antigua cárcel. Dónde estuvo exactamente, los expertos todavía lo discuten.

Para saber cómo acabó aquella segunda visita, rodea el edificio y mira su fachada principal.

Para profundizar

En su comisión de mil quinientos noventa y dos, Cervantes debía recaudar cereales y legumbres. El episodio muestra el roce constante entre los comisarios del rey y quienes tenían que entregar sus cosechas. Cada medida de grano que salía de una casa era una medida que no se comía en ella.

La tradición castreña ha ligado esta cárcel con el origen del Quijote. Es una idea que gusta mucho en el pueblo, y tiene su encanto. Pero la propia fuente que la recoge la plantea como una posibilidad, no como un hecho probado. Hay leyendas que se agradecen precisamente por seguir siendo preguntas.

Y un dato de ubicación: el Ayuntamiento actual ocupa la antigua mansión de los Medinaceli. Es decir, el edificio que ves vivió una vida señorial antes de convertirse en casa de todos.

Casas Consistoriales: el arresto de Cervantes en 1592

La orden que llegó un 21 de septiembre

Casas Consistoriales de Castro del Río junto a la muralla, ruta cervantina

Quédate ante la fachada de las Casas Consistoriales. Después acércate al lateral, donde el edificio se acerca a la muralla.

El veintiuno de septiembre de mil quinientos noventa y dos, un hombre le comunicó a Cervantes que estaba arrestado. Se llamaba Francisco de Moscoso, era corregidor de Écija y juez de comisarios, y la sentencia respondía a la actividad anterior del escritor. Cervantes había vuelto a Castro con una provisión de Pedro de Isunza para recaudar trigo, garbanzos y habas, y se encontró con una condena en lugar de una despensa.

Ahora fíjate en dónde estás. La información turística local identifica este solar con la cárcel del siglo dieciséis donde habría estado Cervantes. Y aquí viene lo curioso: no se señala ningún resto carcelario conservado. La memoria está en el lugar, pero no en las piedras.

Lo que sí tienes delante es el pórtico de cinco arcos de medio punto y los cinco balcones alineados. Y si te acercas al lateral, verás cómo el edificio se pega a la muralla antigua, con Las Carnicerías al lado. Este rincón de Castro guarda capas de épocas apretadas unas contra otras.

El final de la historia es más práctico que dramático. Pedro de Isunza pagó la fianza para que Cervantes pudiera seguir con su comisión. Y el treinta de septiembre, nueve días después de la orden, Cervantes ya estaba otra vez en Écija. Una noche de cárcel, si es que hubo noche, y a trabajar.

¿Cómo se recuerda en un pueblo algo así? Con una placa. Está a unos pasos, en una esquina entre dos calles.

Para profundizar

El Ayuntamiento se instaló en el siglo diecinueve en la antigua residencia de los Duques de Medinaceli. La fachada actual, de mil ochocientos setenta y cuatro, es de esa época, así que el Cervantes que te imaginas aquí no vio estos arcos.

Retrocede a su primera visita. En noviembre de mil quinientos ochenta y siete, Cervantes llegó como comisario de abastos, encargado por Diego de Valdivia de reunir trigo, aceite y otras provisiones para la Armada. Era la época en que el reino se preparaba para una gran empresa naval, y alguien tenía que llenar los barcos de comida. Ese alguien, durante unos meses, fue un escritor sin libros publicados que recorría los pueblos de Andalucía.

Quizá por eso Castro del Río guarda su recuerdo con tanto cuidado. Aquí no pasó un escritor famoso. Pasó un funcionario con problemas, y el pueblo lo tiene en la memoria.

Placa de Cervantes en las calles San Juan y Hospital

La placa de la esquina

Placa cervantina de Castro del Río en la esquina de San Juan y Hospital

Busca la confluencia de las calles San Juan y Hospital y colócate frente a la placa.

Una placa de cerámica en una esquina. Eso es lo que hay. Sin estatua, sin fanfarria, sin cartel gigante. Una placa que recuerda que por Castro del Río pasó Cervantes, y que está en la confluencia de las calles San Juan y Hospital. Me gusta que sea así. Los lugares pequeños no necesitan gritar.

Pero esa placa, que parece tan tranquila, apunta a una de las discusiones más vivas del cervantismo. Cervantes habló de la privación de libertad en el prólogo del Quijote. Y los estudiosos llevan años preguntándose a cuál de sus encarcelamientos se refería.

Una interpretación contrapone dos prisiones. La de Castro fue breve, un episodio de pocos días. La de Sevilla, entre mil quinientos noventa y siete y mil quinientos noventa y ocho, duró varios meses. Si hubiera que apostar por cuál inspiró un libro, muchos apostarían por la larga.

Pero la noticia literaria de que Cervantes estuvo privado de libertad no resuelve por sí sola la cuestión. Puede que Castro aportara algo, puede que no. Los expertos aún discuten, y yo, que soy un simple viajero, me quedo con la pregunta.

Mira otra vez la placa. Es pequeña, pero tiene el tamaño justo de lo que sabemos.

Y sabemos algo más: aquella aventura giraba en torno al grano. Para ver dónde se guardaba, vuelve hacia el último edificio de la ruta.

Para profundizar

Hay otra duda que da vueltas por este pueblo, y es la fecha. La tradición recogida por Madoz sitúa el episodio de la cárcel hacia mil quinientos ochenta y ocho. Las fuentes cervantinas lo sitúan en mil quinientos noventa y dos.

Cuatro años de diferencia no parecen mucho, pero cambian la historia. Si fue en el ochenta y ocho, la cárcel estaría ligada a la primera época de comisarías. Si fue en el noventa y dos, se conecta con la orden de arresto de septiembre y con la fianza de Pedro de Isunza.

Tampoco se ha confirmado en un registro oficial una declaración patrimonial específica para la cárcel ni para el lugar donde está la placa. A veces el mapa de un escritor se dibuja con tinta de duda.

Pósito Municipal de Castro del Río: el grano y las tres llaves

El arca de las tres llaves

Pósito Municipal de Castro del Río, parada final de la ruta de Cervantes

Párate frente a la portada del Pósito Municipal, mirando su fábrica de piedra.

¿Cuántas personas hacían falta para abrir un arca con dinero? Aquí, tres. El Pósito Municipal guardaba un arca con tres llaves, repartidas entre el regidor o alcalde, el regidor-diputado y el depositario. Ninguno podía abrirla solo. Era la forma que tenía el pueblo de decir: aquí nadie se fía de nadie, y por eso funcionamos.

El Pósito es un edificio del siglo dieciocho, posterior a Cervantes, y sirvió para almacenar cereal y asegurar el abastecimiento si las cosechas se torcían. Así que no es el lugar donde Cervantes estuvo. Es el lugar que explica por qué estuvo en Castro.

Piensa en el mundo que tenía delante. Un pueblo con grano guardado, y un comisario real que llega con una provisión de Pedro de Isunza para recoger trigo, garbanzos y habas con destino a varias localidades. A ese comisario nadie le abría con gusto una despensa.

Fíjate en la portada y en la fábrica del antiguo almacén. Son sobrias, hechas para guardar, no para lucir. Si el edificio está abierto, dentro puedes buscar el arca de las tres llaves.

La ruta termina aquí, entre sacos de grano que ya no están. Cervantes pasó por Castro como un recaudador al que nadie quería ver llegar, y el pueblo lo recuerda con una placa en una esquina y un busto en un patio. Cuando salgas, mira la calle otra vez y dime si no se parece un poco a una novela.

Para profundizar

Hoy el Pósito ya no guarda cereal. Alberga espacios expositivos, una colección de botellas, una sala de síntesis histórica y rincones dedicados a la madera de olivo y a la etnografía. El grano dio paso a la memoria del pueblo y a un material que aquí tiene mucho que contar.

En cuanto a su fecha, la descripción arquitectónica sitúa el cuerpo principal posiblemente en la primera mitad del siglo dieciocho. El cuerpo secundario podría ser posterior. Un edificio que creció por partes, como casi todo en un pueblo.

Y queda algo de aquel mundo en la forma de organizarse. Tres llaves para un arca significa tres miradas para cada decisión. Quizá por eso, cuando Cervantes llegaba con sus provisiones del rey, encontraba un pueblo que sabía muy bien cuánto valía su grano.

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Preguntas frecuentes

¿Estuvo Cervantes en Castro del Río

Sí. Cervantes pasó por Castro del Río como comisario real de abastos en noviembre de 1587 y de nuevo en septiembre de 1592. Venía a reunir provisiones, no a escribir, y el pueblo conserva su recuerdo en una placa, un busto y la tradición de su paso por la cárcel.

¿Qué hizo Cervantes en Castro del Río

Trabajaba como comisario de abastos. En 1587 debía reunir trigo, aceite y otras provisiones para la Armada. En 1592 llegó con una provisión para recaudar trigo, garbanzos y habas en distintas poblaciones, y ese año recibió una sentencia de arresto.

¿Fue excomulgado Cervantes en Castro del Río

Según la Red de Ciudades Cervantinas, en 1587 un sacristán se negó a entregar grano y Cervantes siguió adelante con la requisa. Por ello fue excomulgado. El episodio muestra el roce entre los comisarios reales y quienes debían entregar sus cosechas.

¿Estuvo Cervantes preso en Castro del Río

El 21 de septiembre de 1592, Francisco de Moscoso, corregidor de Écija y juez de comisarios, le comunicó una sentencia de arresto. Pedro de Isunza pagó la fianza y el 30 de septiembre Cervantes ya estaba en Écija. Dónde estuvo la cárcel se sigue discutiendo.

¿Dónde estaba la cárcel de Cervantes en Castro del Río

La ubicación exacta no está verificada. La fuente cervantina sitúa la cárcel probable en los bajos del Ayuntamiento y la información turística identifica ese solar con ella, pero no se señalan restos carcelarios conservados. Los expertos aún discuten el emplazamiento.

¿Empezó Cervantes el Quijote en Castro del Río

No está demostrado. La tradición castreña ha asociado la cárcel con la gestación del Quijote, pero la propia fuente lo formula como una posibilidad, no como un hecho probado. Además, se discute a cuál de sus encarcelamientos alude el prólogo.

¿Qué ver en Castro del Río siguiendo a Cervantes

La ruta incluye el Reñidero de Gallos, la fachada del Ayuntamiento con sus cinco arcos, el patio de las Carnicerías con el busto de Cervantes, la placa cerámica entre las calles San Juan y Hospital y el Pósito Municipal, con su arca de tres llaves.

¿Tiene relación Cervantes con el Reñidero de Gallos

No. No se ha documentado ninguna relación directa entre Miguel de Cervantes y el Reñidero de Gallos. El edificio, de finales del siglo XVIII, forma parte de la tradición popular de Castro del Río y abre la ruta como retrato del pueblo.

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