Castillo de Castro del Río: visita, historia y qué ver en Castro del Río
Un castillo en lo alto, una muralla escondida entre casas y un asedio de tres días que la memoria local sigue contando. Este paseo te lleva por el Castillo de Castro del Río y el Barrio de la Villa para entender cómo un pueblo pequeño aguantó lo que no parecía posible.
Descripción:** Vista del castillo desde la calle al atardecer, con sus torres de piedra cálida recortadas contra un cielo claro. Encuadre a la altura de un paseante, con casas encaladas al fondo y luz dorada rasante. Ambiente sereno, sin personas, sin rótulos ni carteles.
Trescientos contra la primavera
Colócate frente al castillo, de modo que veas el conjunto de sus torres. Aquí empieza el paseo.
¿Cuántos hombres hacen falta para defender un pueblo entero? Según la crónica local, en la primavera de mil trescientos treinta y tres Castro del Río contaba con algo más de trescientos. Piensa en el castillo que tienes delante. Su patio de armas mide veinticinco metros por veinte, algo más que una pista de baloncesto. Cuatro torres, una en cada esquina, lo vigilan todo.
Ahora imagina lo que ocurría lejos de aquí, en Espejo. Allí, una noche entera de discusión. Unos querían rendir la plaza. Otro, Martín Alfonso, decidió acudir en su auxilio. Cuenta la tradición, y me gustaría creerlo, que marchó esa misma noche, sin esperar a que amaneciera y la prudencia le hiciera cambiar de idea.
Y aquí viene lo bueno. Cuando se abrió una brecha en la defensa, murieron casi todos los que la guardaban. Martín Alfonso, dicen, organizó personalmente la resistencia en ese punto. No fue un general mirando desde lejos, sino alguien con las manos metidas en el barro.
Conviene recordar que estas historias llegan por la memoria local, no por un recuento moderno. Son, digamos, el castillo contado por quienes lo quisieron. Y quien cuenta con cariño suele contar bien.
Pero una cosa es la torre y otra la muralla que debía sostenerla. Sigue el borde del Barrio de la Villa.
Para profundizar
Ese número, trescientos, merece una segunda lectura. No es el de los soldados de un ejército, sino el de los hombres hábiles que la villa podía reunir. Es decir, vecinos. Cada uno con su oficio, su casa y su miedo.
El castillo que hoy ves cuenta además con un reconocimiento formal. Figura como Bien de Interés Cultural en el catálogo del patrimonio histórico andaluz. Eso significa que alguien, hace no tanto, decidió que estas piedras merecían protegerse tanto como las historias que guardan.
Y fíjate en la geometría. Un patio rectangular, cuatro torres en las esquinas, líneas claras. Es una planta que se entiende de un vistazo, como si el constructor hubiera querido que hasta el enemigo pudiera contar las torres y desanimarse.
Descripción:** Calle estrecha del Barrio de la Villa por la mañana, con un tramo de muralla de piedra que asoma entre fachadas de viviendas encaladas. Luz suave y sombras largas, tonos ocres y blancos. Sin personas reconocibles, sin letreros.
Seis puertas que nadie quería
Recorre a pie el perímetro del Barrio de la Villa por las calles públicas. Ve buscando tramos de muralla y torres entre las viviendas.
Seis agujeros en una muralla en un solo día. Eso es lo que, según el relato local, consiguieron abrir los atacantes de Muhammad IV el primer día del asedio. Ese día, además, los defensores contaron cuarenta muertos y cien heridos. Una jornada que ya parecía un año.
Al segundo día no se rindieron, y los atacantes tampoco. Combinaron picos y azadones con disparos de ballesta. Y volvieron a intentar abrir los portillos que los vecinos habían cerrado durante la noche. Piénsalo un momento. Alguien, en plena oscuridad, tapiando huecos con lo que tenía a mano para que por la mañana hubiera que empezar de nuevo.
En total, cuenta la fuente local, el castillo y la villa resistieron tres días. Y esa resistencia se presenta como decisiva para la defensa de la frontera.
Ahora mira a tu alrededor. Esas torres no están en un parque arqueológico. Algunas forman parte de viviendas. Alguien tiene una torre medieval de cuarto de estar, y probablemente se queja de la humedad como cualquiera. Según la estimación local, hoy quedarían menos de veinte entre tramos y torres. Cuéntalas tú, si te da la paciencia.
Una muralla, al final, no es un muro. Es una promesa que hacen entre sí los vecinos. Y aún queda un último lugar donde entender por qué esa promesa tenía sentido.
Para profundizar
Hay una entrada conocida como el Agujero. Según el autor local, podría corresponder a uno de los huecos abiertos durante el asalto. Es solo una hipótesis, no una identificación arqueológica confirmada, pero ¿a quién no le gusta pensar que un nombre tan modesto guarda una batalla?
En el sector norte, junto a la Cuesta de Martos, un estudio arqueológico interpreta unos bloques caídos como posible tramo del lienzo almohade. Sitúa cerca la antigua Puerta de Martos. Ojo, que esa interpretación se apoya en restos excavados que quizá no veas a simple vista.
La Puerta de Martos tuvo otra anécdota de ese estilo. En mil setecientos treinta y tres se ensanchó, abriendo parte del muro, porque no cabían las carrozas durante la estancia de Felipe quinto. Una muralla que resistió un asedio y cedió ante un coche de caballos.
La fiesta de San Marcos, por último, guardó una guerra infantil. Niños con sables de juguete y gorros de papel, según un testimonio local.
Descripción:** Panorámica del pueblo y del río Guadajoz desde un punto elevado junto al castillo, a media tarde. El río dibuja una curva amplia entre campos verdes y tejados claros. Cielo despejado, colores cálidos y realistas, sin personas ni rótulos.
El río que da la vuelta
Busca una vista abierta junto al castillo, hacia el río y el pueblo. Sube al punto más despejado que encuentres.
Un río que se dobla sobre sí mismo para abrazar un pueblo. Eso es el Guadajoz alrededor de Castro. Dibuja un meandro en torno al núcleo elevado, y esa curva ayuda a entender por qué la villa y su castillo están donde están. La imagen se aprecia especialmente al acercarse por la carretera de Granada, aunque desde aquí también se adivina.
El castillo ocupa un promontorio al este del antiguo recinto de la Villa. Desde esa altura se domina el entorno, y eso explica algo más. Según el relato local, en la primavera de mil trescientos treinta y tres Muhammad IV de Granada cercó Castro durante tres días. La plaza protegía la retaguardia de Baena y la frontera cristiana. Perderla era abrir una puerta trasera.
Ahora, la historia de dos hombres. Cuando la villa necesitó refuerzos, se envió un mensajero. Fue apresado. Pero no estaba solo. Otro salió después y, según el autor local, consiguió hacer llegar el aviso. Uno cayó, otro llegó. Entre los dos, un pueblo entero se mantuvo en pie.
Cuando mires hacia abajo, hacia las casas pegadas a la ladera, prueba a imaginar ese trayecto. Un hombre, de noche, sabiendo que el primero no volvió.
Lo bueno de un castillo en lo alto es que obliga a mirar lejos. Lo malo, que también lo hacía el enemigo. Pero eso es otra historia, y no hace falta que termine aquí.
Para profundizar
El castillo guarda secretos más recientes. Una intervención arqueológica en su interior se realizó en dos mil cuatro, y sus resultados se publicaron en dos mil diez bajo la dirección de Juan Bautista Salado Escaño. Eso quiere decir que bajo el suelo aún se leen capas de historia.
Más cerca de nosotros, una publicación local habla de un dibujo en una torre que funcionaba como instrucciones para la emisora de radio instalada allí durante la Guerra Civil. Un castillo medieval convertido, por un tiempo, en sala de transmisiones.
Y queda la fiesta. La fecha exacta del asedio no se conoce. La tradición local lo vinculó al veinticinco de abril, San Marcos, y a una ermita desaparecida dedicada al santo. Un recuerdo de la fiesta evoca además un capitán elegido entre los recién casados. Hay que reconocerlo: una forma muy simpática de recordar una batalla.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: el castillo, en el Barrio de la Villa de Castro del Río. Si llegas en coche, la carretera de Granada ofrece una buena panorámica del pueblo sobre el río.
- Recorrido: el paseo se hace desde las calles públicas del barrio. Respeta las viviendas, pues algunas torres forman parte de ellas.
- Calzado: el barrio es de cuestas, así que mejor cómodo.
- Horarios y acceso interior: confirma en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo si el castillo puede visitarse por dentro y en qué días.
- Bajo tierra: parte de lo que cuenta la parada dos son restos excavados, no siempre visibles.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Castillo de Castro del Río
El castillo tiene un patio de armas de 25 × 20 metros y cuatro torres en las esquinas. Además, en el Barrio de la Villa se conservan tramos de muralla y torres integradas en viviendas, y desde el entorno se contempla el meandro del Guadajoz.
¿Cuál es la historia del Castillo de Castro del Río
La memoria local asocia el castillo al asedio de 1333, cuando Muhammad IV de Granada cercó la villa durante tres días. Según el relato local, la plaza protegía la retaguardia de Baena y la frontera cristiana, y Martín Alfonso acudió en su auxilio.
¿Cómo llegar al Castillo de Castro del Río
El castillo se alza en un promontorio al este del antiguo recinto de la Villa, en Castro del Río. Quien llega por la carretera de Granada obtiene una buena panorámica del pueblo sobre el río. Desde ahí, se sube al Barrio de la Villa.
¿Cuál es el horario de visita del Castillo de Castro del Río
Los horarios pueden cambiar según la época. Lo más fiable es consultar la web oficial del ayuntamiento o la oficina de turismo de Castro del Río antes de ir. El recorrido por el perímetro y las calles del barrio se puede hacer desde la vía pública.
¿Cuánto se tarda en visitar el Castillo de Castro del Río
Esta audioguía propone tres paradas: el castillo, las murallas del Barrio de la Villa y un mirador sobre el Guadajoz. El tiempo depende de tu ritmo y de cuánto te detengas a buscar torres entre las casas.
¿Es el castillo un Bien de Interés Cultural
Sí. El castillo tiene la consideración de Bien de Interés Cultural y está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. Una intervención arqueológica en su interior se realizó en 2004 y sus resultados se publicaron en 2010.
¿Quedan murallas en Castro del Río
Sí. En el perímetro del Barrio de la Villa se ven tramos de muralla y torres, algunas integradas en viviendas. La fuente local calcula que hoy quedarían menos de veinte. Junto a Cuesta de Martos, además, un estudio arqueológico interpreta unos bloques caídos como posible tramo almohade.
¿Qué pasó en el asedio de 1333
Según el relato local, Muhammad IV atacó la villa durante tres días. El primer día se cuentan 40 muertos y 100 heridos entre los defensores, y se abrieron seis accesos en la muralla. Son cifras de la tradición narrativa, no un recuento moderno.
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