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Juan Valera en Cabra: audioguía de la casa natal, el monumento, las obras y su tierra

Un paseo por Cabra para conocer a Juan Valera, novelista, crítico y diplomático, a través de la fachada donde nació, el monumento que la ciudad le levantó, la novela de cartas que lo hizo célebre y el pueblo que él llamaba «su tierra». Cuatro paradas, una calle y un parque.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Juan Valera en Cabra: audioguía de la casa natal, el monumento, las obras y su tierra

La casa natal de Juan Valera y su portada con escudo

La puerta con escudo

Colócate en la calle Juan Ulloa, frente al número tres, y levanta la vista hasta la portada de la casa.

¿Cuántas casas conoces que lleven un escudo de familia sobre la puerta, como quien deja una tarjeta de visita en piedra? Esta es una. Levanta los ojos: la portada tiene curvas, adornos y un aire elegante que no se parece a la sobriedad de otras fachadas. Es rococó, de finales del siglo dieciocho, y encima de ella está el escudo.

Aquí nació, el dieciocho de octubre de mil ochocientos veinticuatro, Juan Valera y Alcalá-Galiano. Murió en Madrid el dieciocho de abril de mil novecientos cinco. Entre una fecha y otra fue diplomático, crítico literario y novelista, y académico de número de la Real Academia Española desde mil ochocientos sesenta y dos. Hoy se le cuenta entre los grandes novelistas españoles del siglo diecinueve.

Y ahora lo bueno: el escudo se atribuye a Miguel Alcalá Galiano y Venegas de Saavedra, segundo marqués de la Paniega, bisabuelo del escritor. Un hombre manda labrar su blasón para que lo vean los vecinos de su tiempo. No sabe que, tres generaciones después, nacerá bajo él un niño que acabará escribiendo libros. Los blasones se hacen para presumir del pasado, y a veces acaban siendo el decorado del futuro de otro.

La casa natal alberga hoy el Conservatorio Elemental de Música Isaac Albéniz, así que lo que se disfruta es la fachada, desde la calle. Tómate un momento y recorre con la vista la portada, de abajo arriba, hasta el escudo.

Cuando termines, camina hasta el Parque Alcántara Romero, dentro de la ciudad. Allí Cabra decidió cómo quería recordar a su escritor, y no fue tan sencillo como parece.

Para profundizar

La autoría del escudo es una atribución: lo que recoge la tradición local es que el marqués de la Paniega lo hizo colocar. Eso deja la puerta con una pequeña pregunta abierta, y a mí me parece que las fachadas con preguntas se miran mejor.

Fíjate también en cómo se relacionan portada y escudo. La portada marca la entrada, el sitio por donde pasa la gente. El escudo remata el conjunto desde arriba, como una firma al pie de una carta.

El busto de Juan Valera en el Parque Alcántara Romero

El busto que costó menos

Busto de mármol de Juan Valera en la glorieta central del parque.

Entra en el Parque Alcántara Romero y busca la glorieta central, donde está el monumento. Colócate frente al busto.

La ciudad quiso un monumento a Juan Valera y estuvo a punto de tener otro. El primer proyecto lo firmaba Lorenzo Coullaut-Valera, que además era sobrino del escritor. Tenía todo a favor: talento y apellido. Pero se descartó por su elevado coste.

Así que se optó por lo que ves delante: un busto de mármol, obra de Antonio Maíz Castro, en el centro de la glorieta. Se inauguró el veinticuatro de junio de mil novecientos veintiocho. Y no todos los homenajes del mundo se deciden por la belleza: muchos se deciden con la cartera.

Ahora, el giro de la historia. Ese mismo año, mil novecientos veintiocho, se inauguró en Madrid, en el paseo de Recoletos, el gran grupo escultórico dedicado a Juan Valera. ¿Su autor? Lorenzo Coullaut-Valera, el sobrino. El monumento grande que Cabra no pudo pagar, el escultor acabó haciéndolo para la capital. A su tierra natal le tocó el busto; a Madrid, la obra ambiciosa. Pero aquí está Valera en el lugar donde nació.

Tómate tu tiempo para mirarlo de frente. Este rincón no es solo decorado: cada veinticuatro de junio, día de su onomástica, el Ayuntamiento celebra un homenaje anual en su honor, con una ofrenda floral ante este mismo monumento.

Para profundizar

El homenaje institucional anual a Valera en Cabra se recuerda desde mil novecientos treinta y dos, según una noticia sobre la celebración de dos mil dieciocho, que lo sitúa dentro de las fiestas de San Juan. Es decir, la costumbre arrancó apenas cuatro años después de que llegara el busto.

Pepita Jiménez en el monumento y en la Revista de España

Pepita Jiménez, al pie del monumento

Detalle escultórico del pedestal del monumento a Juan Valera en Cabra.

Sigue junto al monumento y rodea despacio el pedestal.

Cuando Cabra inauguró este monumento, no quiso que Valera estuviera solo. La crónica de la inauguración describe una composición escultórica en la que aparecen Pepita Jiménez, la protagonista de su novela, y un relieve de Dafnis y Cloe. Busca esas figuras en el pedestal: son la excusa perfecta para hablar de los libros justo aquí, delante del escritor.

Imagina abrir la Revista de España en mil ochocientos setenta y cuatro y encontrarte, en las mismas páginas, con dos novelas de un mismo autor. Eso pasó con Valera. Pepita Jiménez salió por entregas ese año, y ese mismo año apareció también en libro. Y el veintiocho de octubre empezó en la misma revista Las ilusiones del doctor Faustino, que se suele fechar como obra de mil ochocientos setenta y cinco. Dos novelas compartiendo escaparate.

Pepita Jiménez cuenta el enamoramiento de una viuda y un seminarista. Y está construida con ingenio, en tres partes. La primera, «Cartas de mi sobrino», nos llega en cartas. La segunda se titula «Paralipómenos», una palabra solemne para decir, más o menos, «lo que faltaba por contar». Y la tercera, «Epílogo: Cartas de mi hermano», vuelve a las cartas. La novela empieza y termina en el correo.

Valera, además, quiso explicar cómo entendía la novela, y recurrió a cartas-prólogo para exponer sus ideas. No se limitaba a contar: también opinaba sobre cómo se cuenta, casi como un viajero que además de enseñarte el paisaje te explica por qué ha elegido ese camino.

Para profundizar

Valera no solo escribió novelas. Entre mil ochocientos sesenta y siete y mil ochocientos setenta y uno aparecieron tres tomos traducidos por él de Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia, obra de Schack. Son años anteriores a su éxito novelesco, y muestran a un autor que también trabajaba con las palabras de otros.

Doña Mencía, «su tierra» y «su lugar»

Su tierra y su lugar: Doña Mencía

El monumento a Juan Valera visto entre los árboles del parque.

Quédate en el parque, en un banco cerca de la glorieta, donde puedas escuchar con calma.

Valera nació en Cabra, en la casa del escudo que acabas de ver. Pero si le hubieras preguntado de dónde era, quizá te habría hablado también de otro pueblo cercano: Doña Mencía. Allí vivió gran parte de su vida, y la llamaba, con cariño, «su tierra» y «su lugar». El propio Ayuntamiento de Doña Mencía reivindica ese vínculo estrecho. Un escritor con dos raíces: una de nacimiento y otra de vida.

Ten eso en la cabeza cuando leas sus novelas. Pepita Jiménez, Juanita la Larga o Doña Luz evocan costumbres y ambientes andaluces, y no los escribió alguien que mirara Andalucía desde lejos, sino alguien que tenía aquí, entre Cabra y Doña Mencía, su casa y su paisaje. El diplomático que recorrió medio mundo seguía volviendo, con la pluma, a su lugar.

Por eso esta ruta tiene una continuación natural: si te queda tiempo, acércate a Doña Mencía y sigue allí el rastro de Valera.

Aquí se acaba el paseo por Cabra, pero los libros, y su tierra, siguen esperando.

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Preguntas frecuentes

¿Quién fue Juan Valera

Juan Valera y Alcalá-Galiano (Cabra, 1824 – Madrid, 1905) fue diplomático, crítico literario y novelista, y académico de número de la Real Academia Española desde 1862.

¿Dónde nació Juan Valera

En Cabra, en la casa de la calle Juan Ulloa, número 3, que hoy alberga el Conservatorio Elemental de Música Isaac Albéniz. Su portada rococó con escudo es de finales del siglo XVIII.

¿Qué relación tiene Valera con Doña Mencía

Muy estrecha: vivió allí gran parte de su vida y llamaba a la localidad «su tierra» y «su lugar», como recuerda el Ayuntamiento de Doña Mencía.

¿Qué obras escribió Juan Valera

Novelas como Pepita Jiménez, Las ilusiones del doctor Faustino, Juanita la Larga y Doña Luz. Las dos primeras salieron por entregas en la Revista de España en 1874; el Faustino se suele fechar en 1875.

¿Es Pepita Jiménez una novela epistolar

En gran parte sí. Tiene tres partes: «Cartas de mi sobrino», «Paralipómenos» y «Epílogo: Cartas de mi hermano». La primera y el epílogo están escritos en forma de cartas.

¿Cuándo se inauguró el monumento a Valera en Cabra

El 24 de junio de 1928. Es un busto de mármol de Antonio Maíz Castro, en el Parque Alcántara Romero.

¿Quién hizo el monumento a Juan Valera en Madrid

Lorenzo Coullaut-Valera, sobrino del escritor. Su grupo escultórico del paseo de Recoletos se inauguró en 1928. Antes había presentado un proyecto para Cabra, descartado por su elevado coste.

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