Museo Histórico Local «El Hombre y su Medio» (Antiguo Pósito) de Bujalance: audioguía
Un antiguo pósito que ya salía en los dibujos de la ciudad en el siglo dieciocho, y un museo con hachas, balas de cañón, un casco y una historia de archivo de mil cuatrocientos noventa. Esta audioguía recorre en siete paradas el Museo Histórico Local «El Hombre y su Medio» (Antiguo Pósito) de Bujalance, con las personas que encontraron, donaron y contaron sus piezas.

Antiguo Pósito de Bujalance: qué es y qué fue
Un edificio de postal antigua
Colócate en la Plaza Mayor, frente al exterior del antiguo Pósito, con la fachada entera a la vista.
¿Cuánto tiempo lleva este edificio saliendo en la foto de Bujalance? Más del que parece. Tienes delante el antiguo Pósito Municipal, un edificio del siglo dieciocho que la ficha estatal señala como sede del museo.
¿Y qué es un pósito? Era un depósito municipal de cereal que prestaba grano a los vecinos necesitados. Antes de guardar hachas y balas de cañón, este edificio guardaba cereal para los vecinos de Bujalance.
Tómate un momento con él. Fíjate en su volumen, en cómo ocupa su sitio en la plaza sin pedir permiso. No necesita adornos para que lo mires dos veces.
Y ahora, el detalle que me gusta. Existe un dibujo de la ciudad atribuido a Juan Fernando Palomino, que muestra Bujalance en el siglo dieciocho. Quien lo hizo tuvo que decidir qué edificios merecían entrar en el retrato. El Pósito entró. Ya formaba parte del paisaje urbano que se quería enseñar.
Hoy lo miras tú desde la misma plaza, y el gesto sigue siendo el mismo, solo que con un móvil en lugar de un papel.
Dentro hay cosas muy distintas de lo que sugiere esta fachada tranquila: herramientas de piedra, balas de cañón y un casco. Entremos a buscarlas.
Prehistoria en Bujalance: hacha de fibrolita, menhir y piedras perdidas
Piedras, hachas y un menhir perdido

Recorre las vitrinas de arqueología de las piezas más antiguas, las de piedra. Si buscas una en concreto, pide al personal que te la señale.
En mil ochocientos cincuenta y siete, una noticia describió un menhir entre Bujalance y Baena. Medía doce pies sobre el suelo, unos tres metros y sesenta centímetros: casi dos puertas, una sobre otra. La noticia nos llega a través de una publicación local que la cita, y no hemos podido contrastarla en prensa de la época.
Ese mismo año hay otra piedra con historia. Manuel de Asas informó de la llamada piedra de las vírgenes. Los autores locales reconocen que no saben si sigue en su sitio o si acabó en un jardín privado. Una piedra con nombre propio, perdida quizá entre rosales.
Así empieza la prehistoria de Bujalance: con lo que se vio, se anotó y se perdió de vista.
Pero la colección también tiene piezas que sí se conservan. Entre los restos locales más antiguos que se citan hay un hacha de fibrolita del inicio de la Edad de los Metales, hallada al sur de Belmonte. La fuente confirma su presencia en el museo, aunque no precisa dónde se expone hoy.
Mira estas vitrinas con ese ojo: aquí hay piezas que se salvaron del olvido y otras que todavía lo están intentando.
Para profundizar
La colección local incluye algunas piezas paleolíticas halladas en el entorno del Cortijo de la Cruz. También aparecen útiles paleolíticos y hachas pulimentadas neolíticas de Fuemblanquilla, Cañada de las Rosas y Miguel Rubio.
Hay además materiales atribuidos al Calcolítico, al Bronce Pleno y al Bronce Final. Busca también fragmentos cerámicos, hachas pulimentadas y puntas de flecha, que la descripción de la colección cita.
El asentamiento romano de El Plantío
Dos hectáreas y media bajo un campo

Esta parada no depende de una vitrina concreta, así que escúchala donde estés. Si ves cerámica antigua, fíjate bien en ella.
Dos hectáreas y media. Más o menos tres campos de fútbol. Ese es el tamaño aproximado de un asentamiento romano que apareció en El Plantío, en Bujalance.
Lo dio a conocer la asociación ABAAH, la Asociación Bursabolense de Arqueología, Arte e Historia. La encontrarás varias veces en este recorrido, siempre en el centro de hallazgos y donaciones. Entre lo que halló en El Plantío había cerámica terra sigillata, de esa que los arqueólogos reconocen enseguida.
Te confieso algo sobre los íberos. Las fuentes que he consultado no documentan piezas de esa época en el museo, y no voy a inventártelas. Lo que sí puedo contarte con certeza viene de ese campo romano.
Con un solo yacimiento no se puede decir cuánto se ocupó todo el territorio. Pero una extensión así apunta a algo más que un puesto de paso. Era un lugar con vida.
Las fuentes tampoco precisan qué piezas de El Plantío se exponen hoy, así que no te prometo ninguna. Solo que, cuando veas terra sigillata, ya sabrás qué estás mirando.
Queda otra época, y empieza con una tormenta.
El hacha francisca y la espada visigoda
Un hacha, una espada y una tormenta

Escucha esta parada donde estés. Si quieres ver las piezas, pregunta al personal por el hacha francisca y la espada corta.
Cuenta el relato local que, después de unas lluvias torrenciales, un socio de ABAAH encontró por casualidad un hacha francisca y una espada corta. Las fuentes lo dejan anónimo: un socio, sin más. Y quizá así está bien. Alguien paseaba tras la tormenta, bajó la vista y se encontró con la historia.
Las piezas no son prehistóricas, y conviene decirlo claro. La fuente consultada identifica la espada como visigoda y sitúa el hacha francisca en contextos tardorromanos y visigodos. Es decir, son posteriores al mundo del asentamiento de El Plantío.
El hacha tenía además su aquel. El estudio la presenta como la primera hallada al sur del Ebro. Su rareza era, sobre todo, de mapa.
Las fuentes no relacionan estas piezas con El Plantío ni dicen dónde se encontraron. Lo que cuentan es el momento: la lluvia, el socio y un arma de otra época asomando del suelo.
Seguimos avanzando en el tiempo, hasta unos papeles de mil cuatrocientos noventa.
Documentos de 1490 y 1497: un mesón, un concejo y un juez
Un mesón, un concejo y un juez

Esta parada no se apoya en una pieza concreta. Puedes escucharla en cualquier punto del recorrido.
En mil cuatrocientos noventa, el concejo de Bujalance pidió algo muy concreto: que las mujeres públicas no fueran acogidas en los mesones de dentro de la villa.
Detrás había una iniciativa de Martín de Aranda, que quería construir una casa o mesón para ellas. Su propuesta chocó con la petición del concejo, y los documentos conservados dan fe del choque. No es una batalla ni un asedio. Es una discusión de vecinos, y eso la hace más humana.
Aquí viene lo bueno. Siete años después, en mil cuatrocientos noventa y siete, Alonso del Castillo llegó a Bujalance con una comisión del Consejo Real. Venía a investigar agravios atribuidos al alguacil. Y el alguacil era el mismo Martín de Aranda, ahora con otro papel.
El juez no se limitó a mirar. Aranda fue suspendido, y Alonso del Castillo asumió personalmente el cargo de alguacil mientras investigaba. El artículo que lo cuenta vincula la pesquisa con el riesgo de disturbios.
Un juez que se sienta él mismo en la silla del investigado. Cuando el problema es serio, a veces la mejor forma de arreglarlo es ocupar el sitio del problema.
Y hay otra historia en esos papeles, con llaves y una fuga.
Para profundizar
En los documentos aparece también un episodio de huida. Dos mujeres facilitaron llaves para que escapara una presa. La investigación cuenta que la mujer fue devuelta a la cárcel.
Es un detalle pequeño, pero te da la escala del asunto. Un ruido de llaves, una puerta que se abre y una vuelta a la celda. Detrás hay personas que arriesgaron algo, sin que sepamos sus nombres.
Esa es la gracia de los documentos de archivo: a veces solo conservan el movimiento y se llevan los rostros.
Balas de cañón, donaciones y un casco
Balas de cañón y un casco con dueño

Busca las balas de cañón entre los objetos expuestos. Si no las ves, pregunta por ellas al personal.
Las balas de cañón aparecían con frecuencia por la carretera de Morente y junto a la fuente El Chorro. Eso le contó a Miguel Vilches un hombre llamado José María Abril. Según un boletín de la asociación, hoy esas balas se muestran en el museo.
Miguel Vilches era el tesorero de ABAAH cuando el boletín cuenta una visita en la que hizo de guía y explicó las piezas. También se le señalaba como el principal donante de la colección. Una publicación de la asociación documenta, de hecho, que ABAAH canaliza donaciones de particulares al museo.
Ahora, la historia. Fray Salvador Laín y Rojas, erudito de Bujalance, dejó en sus memorias un relato. Cuando los franceses se acercaban, en enero de mil ochocientos diez, se prendió fuego a dos almacenes de municiones.
Es una narración transmitida por sus memorias, así que la dejamos como lo que es: un testimonio. Nadie afirma que las balas de la carretera tengan que ver con aquello. Pero cuando las mires, es difícil no preguntarse qué se vivió por esos caminos.
¿Qué guarda un pueblo que la gente le trae un día, sin pedirle nada a cambio?
Para profundizar
En este museo hay una pieza que pide un tono más sobrio. Ildefonso Núñez Galiano buscaba los restos de su tío para reunirlos con los de la familia. Durante la exhumación apareció un casco, y ese casco terminó incorporándose al museo.
Las fuentes no dicen de qué época es ni a qué conflicto pertenece, y no voy a suponerlo. Sí cuentan cómo llegó: en medio de un duelo familiar. Por eso conviene mirarlo despacio.
Hay otra historia, más tranquila. Un investigador buscaba restos de una ermita desaparecida y consultó a agricultores. Uno le indicó dónde había sillares, ladrillos y tejas amontonados.
Fósiles, animales disecados y educación ambiental
El medio: fósiles, animales y paisaje

Recorre la exposición buscando fósiles, animales disecados, maquetas, dibujos y fotografías. Si no los localizas, pregunta al personal.
Hemos hablado del hombre. Falta su medio.
La ficha estatal define este museo también como un instrumento de educación ambiental. Junto a las piezas arqueológicas, expone fósiles y animales disecados. Y el propósito del museo incluye de forma expresa la interpretación de la historia del medioambiente.
Por eso el nombre. «El Hombre y su Medio» no es un rótulo de adorno. Une la exposición histórica y arqueológica con el medioambiente: no solo qué hicieron las personas de Bujalance, sino en qué paisaje lo hicieron.
La ficha menciona también maquetas, dibujos y fotografías, que ayudan a imaginar ese paisaje. No las asigna a una sala concreta, así que busca con calma.
Y así se cierra el recorrido. Empezó ante un edificio que guardaba cereal y termina ante los animales y las piedras que explican dónde vivía quien lo construyó.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: la Plaza Mayor de Bujalance, ante el exterior del antiguo Pósito.
- Sede: la ficha estatal sitúa el museo en el antiguo Pósito. Otra documentación municipal registra un acuerdo de traslado al Centro de Interpretación del Castillo. Confirma la ubicación vigente antes de ir.
- Horarios y entradas: consúltalos en la web oficial del museo o en la oficina de turismo de Bujalance.
- Qué esperar dentro: la distribución de las piezas por salas no está documentada, y no hay inventario público actualizado. Pregunta al personal por el hacha de fibrolita, el hacha francisca, la espada, las balas de cañón y el casco, y por los fósiles y animales disecados.
- Duración: no hay una cifra oficial. Calcula el tiempo según cuánto te detengas en cada vitrina.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Museo Histórico Local «El Hombre y su Medio» (Antiguo Pósito) de Bujalance
La colección incluye piezas arqueológicas, fósiles, maquetas, dibujos, fotografías y animales disecados. En la audioguía destacan el hacha de fibrolita y otros materiales prehistóricos, el asentamiento romano de El Plantío, el hacha francisca y la espada visigoda, las balas de cañón y un casco llegado tras una exhumación.
¿Qué es el Antiguo Pósito de Bujalance y qué historia tiene
Un pósito era un depósito municipal de cereal que prestaba grano a vecinos necesitados. El museo ocupa el antiguo Pósito Municipal, un edificio del siglo 18 que ya aparece entre los edificios importantes de un dibujo de la ciudad atribuido a Juan Fernando Palomino.
¿Cómo llegar al Museo «El Hombre y su Medio» de Bujalance
La ficha estatal sitúa el museo en el antiguo Pósito, en la Plaza Mayor de Bujalance, que es el punto de inicio de la audioguía. Un acuerdo municipal de 2015 aprobó gastos para trasladarlo al Centro de Interpretación del Castillo, por lo que conviene confirmar la sede vigente en la oficina de turismo.
¿Cuál es el horario de visita del Museo «El Hombre y su Medio
No hay un horario verificado en la documentación consultada. Lo más seguro es consultarlo en la web oficial del museo o en la oficina de turismo de Bujalance.
¿Cuánto cuesta la entrada al museo
No hay datos verificados sobre el precio ni sobre la gratuidad de las entradas. Para saberlo, lo mejor es acudir a la web oficial del museo o a la oficina de turismo de Bujalance antes de organizar la visita.
¿Cuánto se tarda en visitar el museo
No hay una duración oficial documentada. La audioguía se organiza en 7 paradas: el edificio, la prehistoria, el asentamiento romano, el hacha y la espada, los documentos medievales, las balas y el casco, y el medio natural. El tiempo real dependerá de cuánto te detengas ante cada vitrina.
¿Qué piezas prehistóricas tiene el museo
La colección local incluye piezas paleolíticas del entorno del Cortijo de la Cruz, hachas pulimentadas neolíticas y materiales atribuidos al Calcolítico, al Bronce Pleno y al Bronce Final. También se cita un hacha de fibrolita hallada al sur de Belmonte. No se ha documentado qué se expone hoy.
¿Qué se sabe del asentamiento romano de El Plantío
La asociación ABAAH (Asociación Bursabolense de Arqueología, Arte e Historia) informó del hallazgo de un asentamiento romano en El Plantío, de unas 2,5 hectáreas, con cerámica terra sigillata. Es el dato verificado que respalda la parte romana de la audioguía.
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