Ruta esencial · Jaén
Plazas del Jaén monumental
Ruta por el centro histórico de Jaén, sus plazas y San Ildefonso
Ruta por el centro histórico de Jaén, sus plazas y San Ildefonso. Empieza en Plaza de las Batallas.
De qué va esta ruta
Te habla la voz de Dovoya, y te acompaña desde aquí. Estás en la Plaza de las Batallas, en pleno centro de Jaén, junto al monumento que da sentido al nombre de la plaza. Durante la ruta vas a pasar de plaza en plaza y de fachada en fachada, y vas a ver cómo una ciudad se escribe encima de sí misma: un mercado que desaparece y deja un solo palacio en pie, un convento que ocupa el solar de un palacio real, una catedral que tarda siglos en terminarse y una iglesia donde la tradición sitúa una noche de junio en la que la Virgen bajó del cielo.
Para entender lo que pisas, conviene saber quién ha pasado por aquí. Hacia el año 910 nació, según la tradición del barrio de Santa Cruz, Hasday ibn Shaprut. Fue médico y diplomático, y sirvió como hombre de corte a Abderramán III y después a su hijo Alhakén II, los califas de Córdoba. En 1246 llegó Fernando III, que conquistó Jaén. El solar vinculado a su palacio acabó ocupado por un convento franciscano y, más tarde, por el Palacio Provincial, que verás en la ruta. Y hacia 1551 el Cabildo empezó la nueva catedral según los planos de Andrés de Vandelvira, un proyecto renacentista que se mantuvo durante todos los años de obra, que fueron muchos.
Por qué importa Jaén: porque pocos paseos tan cortos permiten leer tantos siglos seguidos. Una judería con 12 siglos de presencia hebrea, según se atribuye al barrio, una catedral renacentista de las grandes y un palacio del siglo XVII, el de los Vilches, que conserva los únicos restos originales de la antigua plaza del Mercado y es Bien de Interés Cultural desde 2010.
Ahora, cómo funciona esto. En la calle, cada parada se abre sola cuando llegas, y la voz te lleva hasta la siguiente. Dentro de los edificios, sigues los números. Los monumentos que se pueden visitar por dentro, como el Museo de Jaén o la Catedral, son opcionales, y cada uno tiene su propio tiempo: puedes verlos ahora, según llegues, o dejarlos para el final. Los precios y los horarios cambian, así que consúltalos en la web de cada monumento. La ruta es elástica: lo que aparece como «Para profundizar» es opcional y, si vas justo de tiempo, la ruta tiene puntos de salida marcados en su página.
Un consejo que no caduca: elige la mañana, que da buena luz a las plazas y las fachadas, y en verano sal temprano. La sombra es limitada en las plazas abiertas, así que lleva agua.
Y ahora, tu primera cosa que mirar. Desde donde estás, busca el monumento que ocupa el centro de la plaza: es el que recuerda las dos victorias del nombre, y la primera parada empieza justo ahí. Cuando estés listo, echa a andar hacia la parada uno.
Antes de salir
- La ruta por la calle: 1 h 35 min · gratis
- Visitas por dentro (opcionales; cada una con su entrada y su horario): Museo de Jaén; Palacio de los Vilches; Palacio Provincial de Jaén; Catedral de la Asunción de Jaén; Basílica Menor de San Ildefonso. Consulta precios y horarios en la web de cada monumento antes de ir.
- Mejor hora: en verano, empezar temprano para reducir la exposición al calor; en otras estaciones, la mañana, para recorrer las plazas y las fachadas con luz. Comprueba la previsión local antes de salir.
- Sombra y agua en verano: la calle Bernabé Soriano y las plazas abiertas ofrecen sombra limitada; las zonas arboladas del entorno sirven de pausa. Lleva agua.
El recorrido
Plaza de las Batallas: el monumento a las dos victorias
Dos victorias en una plazaTienes delante una plaza que lleva en el nombre dos victorias, y un monumento que las recuerda a la vez. Aquí empieza la ruta, y empieza con dos hitos de la historia de la provincia de Jaén: las Navas de Tolosa y Bailén. Dos batallas, una sola plaza. Los jiennenses, al menos en esto, no dejaron nada al azar a la hora de ponerle nombre.
Antes de seguir, mira el conjunto entero. El monumento ocupa el centro y el espacio ajardinado lo rodea, de modo que puedes darle la vuelta despacio y verlo desde todos los lados. Es un monumento pensado para ser rodeado, no para verse solo de frente. Y hace justo lo que debe hacer una buena apertura: te dice, sin una sola explicación, de qué va la ciudad que vas a recorrer. Jaén se entiende mejor si empiezas por saber que su memoria colectiva se sostiene en episodios de armas, y que esos episodios se quisieron fijar en un monumento en pleno corazón de la ciudad.
La historia de este conjunto tiene un autor con nombre y con apellidos de la tierra. Es el escultor jiennense Jacinto Higueras Fuentes. En 1910 presentó una maqueta del monumento en la Exposición Nacional, el gran escaparate artístico del país en aquella época. En 1912, el conjunto se inauguró aquí, donde estás ahora. Entre la maqueta y la inauguración pasaron solo dos años, y eso, para una obra de esta envergadura, es un ritmo que cualquier ayuntamiento actual miraría con cierta envidia.
Esa relación entre la maqueta y la obra terminada es lo que merece tu atención mientras caminas alrededor. Una maqueta cabe sobre una mesa; esto lo tienes encima, con plaza, jardín y cielo detrás. Intenta ver el monumento como lo vería quien primero lo conoció en pequeño, y después como lo ve cualquier vecino que pasa por aquí de camino a otro sitio. El jardín que lo rodea hace de marco y ayuda a que el conjunto se lea con calma: no hay tráfico encima ni fachadas que compitan con él en el primer plano.
Lo bonito de este arranque es que la plaza no necesita grandes explicaciones. Las batallas del nombre son los dos grandes hitos que la ruta pone al principio, y Higueras, un hijo de la ciudad, se encargó de darles forma. Es una manera muy humana de empezar: una ciudad que se mira a sí misma y decide qué quiere recordar, y un escultor que, con una maqueta bajo el brazo, le responde.
Y ahora la ruta cambia de registro. Dejas la memoria de las batallas y te vas a por la memoria más antigua, la que se guarda en vitrinas: el Museo de Jaén, a un paseo corto de aquí, con sus colecciones arqueológicas y una pieza hallada en la calle Cuatro Torres.
Cómo llegar a la siguiente parada · 170 m · 2 minVer en el mapaDeja el monumento atrás y sigue el paseo ajardinado
- 1Deja el monumento atrás y sigue el paseo ajardinado; vienen los hallazgos arqueológicos. Para en la puerta del Museo de Jaén.
Museo de Jaén y barrio de Santa Cruz
Una cabeza romana y el barrio de Santa CruzMás sobre este lugar: Judería de Jaén: historia y qué ver en el barrio de Santa Cruz
Bajo las calles que vas a pisar hay una ciudad más antigua, y el museo que tienes delante la guarda en vitrinas. Una de sus piezas más comentadas es una cabeza romana que salió del entorno de la plaza que visitarás en un rato. Otra de las piezas de las colecciones arqueológicas apareció en la calle Cuatro Torres. Dos hallazgos en pleno casco urbano dejan claro que en Jaén basta con cavar un poco para encontrarse con alguien que vivió aquí antes que tú.
Por eso esta parada sirve de puerta de entrada al Jaén monumental. Las colecciones arqueológicas te enseñan lo que se ha sacado del suelo, y la ciudad que te espera fuera conserva otras capas que se leen sobre el plano. Una de las más viejas es la judería, también llamada barrio de Santa Cruz, que forma parte del Conjunto Histórico de Jaén. Se tiende por un entramado de callejas con nombres que no se olvidan: el Callejón del Gato y la calle del Rostro. La comunidad judía habitó este sector durante la Edad Media, y el barrio presume de 12 siglos de presencia hebrea. En 2005, Jaén entró como miembro de pleno derecho en la Red de Juderías de España.
Cuando pasees por esas callejas, busca un edificio concreto, o más bien el rastro de uno. La antigua iglesia de Santa Cruz se identifica en la tradición del lugar como una sinagoga. Con el tiempo quedó dentro de los terrenos del Real Monasterio de Santa Clara. El monasterio se trasladó desde una zona fuera de las murallas a su emplazamiento actual, posiblemente en el siglo XV, y fue ocupando espacios de la primitiva judería. Sobre San Andrés se plantea también, como hipótesis, que fuese otra antigua sinagoga.
El monasterio guarda una costumbre de boda. La tradición cuenta que, si los novios regalaban huevos a las religiosas, el día del enlace no llovía.
La persona que da fama a este barrio es Hasday ibn Shaprut, y la tradición histórica sitúa aquí su nacimiento. Llegó a ser cortesano de los califas cordobeses Abderramán III y Alhakén II. Se le relaciona con el comienzo de la llamada edad de oro de los judíos españoles. Que un vecino de estas calles acabase junto al califa en Córdoba habla de lo que daba de sí un barrio que, visto hoy, parece pequeño.
Su padre, Isaac ibn Ezrá, costeó una sinagoga en Jaén y apoyó a artistas judíos locales. De modo que la familia no solo hizo carrera en la corte: dejó en Jaén un ambiente de oficios, letras y rezos.
De aquel mundo queda poco a la vista, y por eso tiene valor lo que sí se ve. En la plaza de los Huérfanos, también llamada plaza del Doctor Blanco Nájera, verás una menorá que recuerda a los judíos expulsados de Jaén. Junto a ella hay restos arqueológicos de la antigua puerta de acceso al barrio judío. Es la misma idea que las vitrinas del museo, pero al aire libre: el pasado asoma entre las casas. Ahora sigues hacia la plaza donde apareció aquella cabeza romana. Por el camino vas a ver la ciudad cívica tal como se vive hoy, con sus fachadas y las obras en marcha.
Cómo llegar a la siguiente parada · 760 m · 10 minVer en el mapaEcha a andar alejándote del museo, siguiendo el paseo urbano hasta la plaza
- 1Echa a andar alejándote del museo, siguiendo el paseo urbano hasta la plaza; allí te espera el pasado romano de Jaén.
- 2Gira a la derecha hacia la plaza. Para en el espacio abierto entre las fachadas y las obras de remodelación.
Plaza de la Constitución, la antigua plaza del Mercado
La plaza del Mercado en obrasEsta plaza lleva siglos siendo el sitio donde Jaén iba a comprar. Antes de llamarse de la Constitución se llamó plaza del Mercado, y esa explanada fue durante la Edad Media el corazón comercial de la ciudad: allí se concentraba el trato diario y de allí partían varias calles centrales. Si hoy ves vallas, maquinaria y suelo levantado, estás viendo la última de las muchas veces en que este espacio ha cambiado de cara.
Lo que pisas no era una plaza aislada. Formaba parte de un ámbito mayor, el antiguo Mercado Bajo, un conjunto de espacios abiertos donde se vendía y se comerciaba. La plaza de la Constitución es una de sus piezas, la plaza Deán Mazas, que está a un minuto de aquí, es otra, y la plaza del Pósito completaba el trío. Era como un gran salón urbano repartido en tres estancias que hoy tienen nombres distintos, pero que durante mucho tiempo se entendían como un solo lugar de mercado.
Eso explica por qué la plaza tiene esa forma abierta y por qué tantas calles desembocan en ella. Un mercado necesita sitio para los puestos, para los carros y para la gente que va y viene, y necesita caminos cómodos desde todos los barrios. La ciudad se organizó alrededor de esa necesidad antes que de cualquier otra cosa. Aquí se ganaba el pan, se cerraban tratos y se enteraba uno de lo que pasaba en Jaén.
Ahora mira a tu alrededor. Las fachadas que rodean la plaza son lo que queda visible de esa historia en el espacio público, y las obras son el capítulo que se está escribiendo. En septiembre de 2026, el Ayuntamiento mantenía el objetivo de dejar la plaza funcional para la campaña de Navidad, aunque la remodelación completa se prolongaría hasta después de Reyes. Es decir, la plaza que ves hoy es una plaza a medias, y conviene comprobar sobre el terreno qué zonas están abiertas y qué se puede recorrer.
Hay algo hermoso en que un lugar pensado para el comercio siga reinventándose por la misma razón que lo creó: ser el sitio donde la ciudad se junta. Los vendedores medievales no reconocerían las losas, las farolas ni los rótulos, pero sí reconocerían el gesto de una plaza que se prepara para llenarse de gente en Navidad. El mercado se fue, el nombre cambió, y la función de punto de encuentro se quedó.
Por eso esta parada es más una lectura del lugar que una visita a un monumento. No hay aquí una gran portada ni una torre que mirar, sino la huella de lo cotidiano: la de quienes durante siglos vinieron a vender, a comprar y a charlar. Y esa huella es tan jiennense como cualquier catedral.
Ahora seguimos hacia la plaza vecina, otra pieza de aquel mismo mercado, donde te espera la fachada porticada del palacio de los Vilches.
Cómo llegar a la siguiente parada · 60 m · 1 minVer en el mapaSigue por la explanada hacia la plaza vecina, con la fachada porticada del palacio de los Vilches al fondo
- 1Sigue por la explanada hacia la plaza vecina, con la fachada porticada del palacio de los Vilches al fondo. Para frente a ella.
Plaza Deán Mazas y el antiguo mercado de Jaén
La plaza que fue mercadoDonde ahora tienes una plaza con bancos y gente de paso, hubo durante siglos I mercado, y por aquí se compraba el pescado, se cerraban tratos de grano y se iba al teatro. Esta plaza es importante porque aquí se ve cómo el corazón de Jaén se mudó: el centro de la vida urbana se desplazó hacia la plaza del Mercado, y hoy ese espacio está repartido entre la plaza por donde vienes y esta de Deán Mazas.
Para que te hagas una idea de lo que era, repasa los edificios públicos que la rodeaban en el siglo XVI. Estaba la Pescadería, la Casa de Comedias, que era el teatro de la época, la Alhóndiga y el Pósito, donde se almacenaba y se vendía el grano, y el Cuartel de Caballería. Mercado, abastos, comedias y soldados en un mismo escenario: una plaza que olía a pescado, sonaba a feria y no se parecía nada a la calma de hoy.
De todo aquel conjunto, casi nada ha llegado hasta nosotros con su aspecto original. Lo que sí queda, y bien visible, es el palacio de los Vilches, que tienes justo delante. Es el vestigio original más destacado del antiguo centro de mercado, y su posición explica mucho: en una plaza flanqueada por edificios públicos, el palacio ocupaba un lugar destacado, a la vista de todos los que venían a comprar, a vender o a ver una comedia.
Ahora mira su fachada y sigue la línea de las casas. Los soportales avanzan respecto de la línea de otras fachadas, como si el palacio diera un paso al frente. No es casualidad ni descuido: una galería porticada así convierte la planta baja en un espacio de paso, cubierto, abierto a la plaza, y deja claro quién vive arriba.
Ese es el giro de esta plaza: lo que hoy parece un hueco entre edificios fue el lugar más concurrido de Jaén, y la casa señorial que lo preside es el último testigo en pie de aquella vida. Ahora te toca acercarte a él: vas a bordear la plaza y a doblar por la calle Pescadería, que conserva en su nombre el recuerdo del mercado, hasta llegar a la esquina donde el palacio muestra su galería de arcos, columnas y medallones.
Cómo llegar a la siguiente parada · 150 m · 2 minVer en el mapaDesde donde estás, sigue de frente con la fachada porticada como referencia
- 1Desde donde estás, sigue de frente con la fachada porticada como referencia; el palacio ya se ve y se va haciendo grande.
- 2Gira a la izquierda por la calle Pescadería, nombre heredado del mercado. Para en la esquina, ante la galería de arcos y columnas dóricas.
Palacio de los Vilches, vestigio de la plaza del Mercado
El palacio que sobrevive a la plazaLo que tienes delante es lo único que queda en pie de una plaza entera. Esa galería de arcos en esquina es el último vestigio de la antigua plaza del Mercado, la del arrabal. Por eso el palacio de los Vilches importa tanto: es la prueba visible de dónde latía la vida de Jaén cuando el centro de la ciudad se desplazó hacia aquí, en el siglo XVII.
Empecemos por el sitio. Este lugar quedaba fuera de la línea de murallas y era el mercado del arrabal. Mucho antes del palacio, el condestable Lucas de Iranzo quiso ensancharlo. Su crónica cuenta que mandó derribar casas y pagar a sus dueños para ganar espacio. O sea, que aquí hubo una de las primeras reformas urbanas de la ciudad, con indemnización incluida.
En ese solar, entre 1600 y 1605, levantó su residencia Cristóbal de Vilches Coello, de una familia de la hidalguía local. Es un palacio renacentista de comienzos del siglo XVII. Ahora mira los arcos de medio punto que forman el pórtico. Se apoyan en columnas dóricas, las más sobrias de los órdenes clásicos, y en las enjutas, esos triángulos que quedan entre un arco y el siguiente, verás medallones. Es una fachada de piedra pensada para lucirse: sobria en las formas, pero situada en el mejor sitio posible.
Y ese era el truco. Los soportales daban acceso desde la plaza y la fachada tenía una posición privilegiada para presenciar los festejos públicos. En esta plaza hubo corridas de toros y juegos de cañas, y se la disputaba con la plaza de Santa María, que también quería esos espectáculos. Para mirar desde las alturas existía la Casa del Mirador, donde autoridades e invitados seguían la fiesta. Los Vilches vivían, por así decirlo, en la primera fila.
Ahora fíjate bajo los soportales. En la rehabilitación de mediados de los años 80 apareció allí un arco amplio, por el que pasaban los carruajes, vinculado a las antiguas caballerizas y al semisótano. Es decir, bajo esta elegancia de piedra había cuadras: el coche del señor entraba por donde hoy pasa la gente con la compra.
La vida del edificio fue después menos noble de lo que uno esperaría. Tras Cristóbal de Vilches Coello pasó a la familia Sanmartín Contreras, que lo alquiló como hospedería. Tuvo varios nombres: La Suiza, Hotel Francia y, hacia 1939, Hotel Nacional. El uso de hostal terminó en 1980. Antes, en los siglos XVIII y XIX, se habían remodelado fachadas e interior, de modo que no todo lo que ves es de 1605, aunque los soportales siguen siendo lo más reconocible.
En 1984 lo compró Caja Postal y lo adaptó a sede bancaria, y un banco sigue ocupándolo. Está declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, desde 2010, y la Junta considera que conserva los únicos restos originales de aquella plaza.
Para entenderlo bien, haz un ejercicio: mira alrededor del edificio y hacia la explanada de la que vienes. Todo ese espacio fue una sola plaza, con mercado, toros y cañas, y este palacio miraba a todo ello de frente.
Si quieres saber más, su audioguía dura 5 minutos: puedes escucharla ahora o al final.
Seguimos por la calle Pescadería, a pocos pasos, hacia una calle de fachadas burguesas con la Catedral al fondo, justo en el centro de la vista.
Cómo llegar a la siguiente parada · 80 m · 1 minVer en el mapaSal por la calle Pescadería
- 1Sal por la calle Pescadería; en pocos pasos verás una calle de fachadas burguesas con la Catedral al fondo. Para en esa perspectiva.
Calle Bernabé Soriano, La Carrera de Jaén
La Carrera del padre de los pobresEsta calle es una pista de carreras con corbata. Se la conoce como La Carrera, y el nombre no es un capricho: conserva el trazado por el que, en tiempos del condestable Iranzo, corrían los caballos. Donde hoy pasean vecinos con bolsas de la compra, hubo galopes, y la calle sigue marcando la misma línea recta.
Esa recta es lo primero que te conviene notar. Párate y mira hacia delante: la Catedral queda justo en el eje de la calle, como si alguien hubiera tendido una regla desde aquí hasta su fachada. Pocas ciudades tienen la suerte de que su calle más cívica termine en su monumento mayor, y aquí el efecto se disfruta sin esfuerzo. Con los siglos, la pista de caballos se convirtió en un paseo, y el paseo en una calle de gente acomodada.
Eso se nota en lo que tienes alrededor. Mira las fachadas de ambos lados: son burguesas, de casas pensadas para lucir, con balcones y huecos ordenados que miran a la calle. No son palacios de nobles como el que acabas de dejar atrás, el de los Vilches, sino casas de una ciudad que se miraba a sí misma y quería que la vieran pasar. Si en la Edad Media la calle servía para correr, en la época de estas fachadas servía para pasear y dejarse ver.
Y ahora, la persona que le da nombre. Bernabé Soriano nació en 1842 y murió en 1915. Fue médico y filántropo, y en Jaén se le conocía como el padre de los pobres. Es difícil que un título así lo conceda una ciudad por cortesía: se gana visita a visita, y la gente lo repite porque lo ha vivido. Que una calle con tanta categoría lleve el nombre de un médico y no el de un noble o un militar dice bastante de lo que Jaén quiso recordar de él.
Su monumento lo hizo el escultor Jacinto Higueras Fuentes y se inauguró el 15 de agosto de 1915, el mismo año en que murió el doctor. Si la escultura queda a la vista desde donde estás, mira la figura sentada, con el sombrero en la mano. Es un gesto pequeño y muy elocuente: no aparece como un prócer subido a un pedestal, sino como alguien que se ha quitado el sombrero ante quien tiene delante. Para un hombre que se ganó el cariño de los pobres, es una forma sencilla y acertada de representarlo.
Quédate un momento con la imagen completa: la línea de los caballos del siglo XV, las fachadas del paseo burgués, la Catedral al fondo y un médico con el sombrero en la mano. Son tres épocas en una sola calle, y ninguna ha borrado a las demás.
Para seguir, deja la Catedral a tu espalda y camina hacia la plaza de San Francisco. Allí te espera una plaza rodeada de fachadas, donde un palacio ocupa el solar de un antiguo convento.
Cómo llegar a la siguiente parada · 130 m · 2 minVer en el mapaDate la vuelta, con la Catedral a tu espalda, y sigue recto hasta la plaza de San Francisco
- 1Date la vuelta, con la Catedral a tu espalda, y sigue recto hasta la plaza de San Francisco. Para frente al Palacio Provincial.
Plaza de San Francisco: del palacio real al convento
Del palacio real al convento franciscanoTienes delante un edificio que se levanta justo donde hubo un convento entero, y el convento, a su vez, se había instalado en lo que fue un palacio real. En este solar, en pocos siglos, mandaron un rey, unos frailes y unos diputados. Por eso la plaza resume tan bien cómo cambia una ciudad sin moverse de sitio.
Todo empieza en 1354. Ese año el rey Pedro I cede el lugar a los franciscanos, que levantan allí su monasterio. De ahí viene el nombre que lees en las esquinas: la plaza es de San Francisco porque aquí vivieron frailes de san Francisco durante siglos, y en el siglo XIV ya eran vecinos de peso. La cesión tiene su gracia: un palacio pensado para la corte pasó a ser casa de quienes hacían voto de pobreza. Con el tiempo, el convento ocupó el solar completo y dio carácter a todo lo que lo rodea.
Luego llega el final de esa etapa. En 1867 el convento se derribó. Los muros que habían visto pasar a generaciones de frailes desaparecieron, y el solar quedó libre para algo muy distinto: una sede civil. La Diputación Provincial decidió construir allí su nuevo palacio, y en 1891 trasladó su sede al edificio que ves ahora. Entre el derribo y la mudanza pasaron 24 años, el tiempo que tarda una obra pública de ese tamaño en pasar de proyecto a casa habitada.
Ahora mira la fachada con calma. La plaza está delimitada por las fachadas de sus edificios, pero la que manda es la del Palacio Provincial. Ocupa todo el frente, con una anchura que se entiende bien: no es una casa, es el solar de un convento. Su porte pide plaza delante, y la plaza se la da. Es un edificio de finales del siglo XIX, de cuando las diputaciones querían que su sede se viera desde lejos y hablara de orden y de institución, igual que antes lo hacían los conventos con su iglesia.
Lo más curioso es lo que ya no está. De aquel convento no queda a la vista ni una piedra en la plaza, y aun así su nombre resiste en el rótulo, en la boca de los vecinos y en el mapa. La ciudad borró el edificio, pero no la memoria. Un palacio real, un convento franciscano y una sede provincial caben en un mismo trozo de suelo, y de los tres, el que manda en la conversación es el nombre del segundo.
Pasar de aquí al palacio es cuestión de un minuto. Cruzarás la plaza de frente hacia la portada que ves delante, y por el camino la fachada se irá haciendo grande: verás la portada central con sus tres arcos, el escudo de la provincia y el reloj que la corona.
Cómo llegar a la siguiente parada · 30 m · 1 minVer en el mapaCruza la plaza hacia la portada central de triple arco y verás crecer el escudo provincial y el reloj
- 1Cruza la plaza hacia la portada central de triple arco y verás crecer el escudo provincial y el reloj. Para en la puerta.
Palacio Provincial de Jaén, sede de la Diputación
El palacio sobre el conventoMás sobre este lugar: Palacio Provincial de Jaén: qué ver y su historia
Levanta la vista hasta el tejado: ocho ventanas circulares asoman en las mansardas, un remate de gusto francés que en Jaén sorprende. Lo que tienes delante es la sede de la Diputación Provincial, que ocupa este edificio desde 1891, levantado sobre el solar del antiguo convento de San Francisco.
Ese solar viene de lejos. La historia que divulga la propia Diputación atribuye a Fernando III un primer palacio con capilla, y cuenta que Pedro I lo cedió a los franciscanos en el siglo XIV. Con los siglos, el convento se fue quedando en ruinas, hasta que en 1867 lo derribaron. El palacio nuevo tardó casi 30 años en levantarse.
¿Por qué hacía falta? Por una visita. Cuando Isabel II llegó a Jaén en octubre de 1862, quedó claro que la institución no tenía una sede digna para alojarse ni para recibir a nadie. La obra no empezó con buen pie: la primera subasta quedó desierta y hubo que convocarla de nuevo en agosto de 1875. El presupuesto máximo era de un millón de pesetas, que la Diputación se comprometía a pagar a plazos durante 10 años. Es decir, una hipoteca de las gordas, firmada por toda una provincia.
Ahora mira la portada central: tres arcos de medio punto, el escudo de la provincia y, arriba, el reloj. La fachada se pensó primero neoclásica y después la reformó, con gusto neobarroco, Justino Flórez Llamas. Por eso el conjunto resulta ecléctico, con la sobriedad de un lado y el adorno del otro. El material es local: piedra gris de Jabalcuz combinada con ladrillo, hierro y maderas nobles. Si das la vuelta al edificio, por detrás una semirrotonda marca el lugar donde se previó un hemiciclo.
El arquitecto que soñó todo esto fue Jorge Porrúa Moreno, que dirigió el proyecto iniciado en 1871. Su diseño ganó un premio de primera clase en la Exposición Provincial de 1878 y le valió la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica. Con esos honores recién estrenados, siguió trabajando, pero en noviembre de 1880 murió. Los sótanos y la planta baja estaban construidos; del resto, apenas existía el papel. Ricardo Martos retomó las obras en febrero de 1881, y en 1884 tomó la dirección Justino Flórez, que las culminó y firmó también el jardín delantero en 1898. Porrúa nunca vio su palacio con tejado, pero cada arco de esa planta baja es suyo.
Si el patio está accesible, tiene un detalle que cambia lo que uno cree del edificio. En el centro hay una fuente que no es del siglo XIX, sino del XVI, y no nació aquí. Venía del convento de La Guardia, que tras la exclaustración de 1836 se fue deteriorando hasta albergar una fábrica de aceite. Ramón Espantaleón Molina defendió durante años que se recuperara la fuente, y consiguió que sus piezas se instalaran en este patio. En la taza superior hay cuatro máscaras de león, y de sus fauces salen cuatro caños. La figura que la corona, una imagen de la Virgen, había perdido la cabeza en La Guardia. Al montarla aquí, en 1963, el escultor Damián Rodríguez Callejón talló una nueva. La fuente sigue siendo antigua, y la cabeza es de hace poco más de 60 años.
Alrededor del patio cuadrado, que reparte la luz hacia las dependencias, corren galerías de arcos de medio punto y, arriba, columnas pareadas. En la segunda planta está el Salón de Plenos, con vidrieras historicistas diseñadas por Flórez. Sus medallones, sostenidos por figuras infantiles, llevan escudos de municipios de la provincia. Cerca queda el Salón de Personajes Ilustres, con retratos de jiennenses destacados, y desde su balcón se contempla la Catedral.
Seguimos hacia la plaza de Santa María, donde te esperan la fachada de la Catedral y, enfrente, el Palacio Municipal y el Palacio Episcopal.
Cómo llegar a la siguiente parada · 190 m · 2 minVer en el mapaSal del recinto y sigue por el paseo ante la fachada
- 1Sal del recinto y sigue por el paseo ante la fachada; el siguiente tramo te lleva a la Catedral, con sus palacios enfrente.
- 2Gira a la derecha por la calle Almenas. Para en el centro de la plaza, con la fachada de la Catedral delante y enfrente los palacios Municipal y Episcopal.
Plaza de Santa María: Catedral, Ayuntamiento y Palacio Episcopal
Tres edificios frente a la catedralDonde ahora estás parado se celebraban corridas de toros, y el público miraba desde las antiguas Casas Consistoriales, con la catedral de aquel tiempo como telón de fondo. Esta plaza es el centro cívico y religioso de Jaén, y basta girar sobre los talones para entender por qué: en un solo espacio conviven la Catedral, el Ayuntamiento y el Palacio Episcopal, es decir, la Iglesia, el gobierno de la ciudad y el obispo mirándose cara a cara.
Empieza por situarte. Ante ti tienes la fachada de la Catedral. Enfrente, el Palacio Municipal y el Palacio Episcopal. Si te colocas justo en el centro de la plaza, abarcas los tres edificios a la vez, y esa es la mejor manera de leerla: compara sus fachadas, sus alturas y el papel que cada uno ha tenido en la vida de la ciudad.
La historia del lugar viene de lejos. Desde 1246 y durante siglos, esta plaza fue centro religioso, comercial y cívico a la vez. En la Edad Media y en los primeros siglos de la Edad Moderna se montaban aquí mercados, de modo que donde hoy caminas con calma hubo puestos, voces y regateos. Desde las antiguas Casas Consistoriales, las autoridades presenciaban dos de los grandes acontecimientos del año: las corridas de toros y la procesión del Corpus Christi. Ya en el siglo XV, la plaza era escenario de espectáculos públicos, incluidos festejos taurinos, frente a la antigua catedral. Mira lo curioso de la mezcla: el mismo suelo servía para la fiesta, el comercio y el rezo, y nadie veía en ello contradicción alguna.
Ahora viene el detalle que cambia la imagen que te habrías hecho. Esta plaza abierta y despejada no siempre fue así. Estuvo atravesada por la muralla medieval, de modo que lo que ves como un solo espacio amplio fue antes un lugar cortado por una barrera de piedra. Su configuración actual refleja la apertura progresiva del entorno de la catedral: poco a poco se fue despejando el espacio para que el templo pudiera verse y respirar. Cuando te sientas pequeño ante la fachada, piensa que durante siglos hubo que ir quitando de en medio lo que la tapaba.
Esa fachada pertenece a la Catedral que proyectó Andrés de Vandelvira, el arquitecto vinculado a este conjunto y a la apertura del entorno catedralicio. Mira cómo se levanta frente a los dos palacios: no compite con ellos, los domina. La lectura de las relaciones entre los tres edificios es el verdadero tesoro de la plaza. A un lado, el poder civil, con el Ayuntamiento heredero de las Casas Consistoriales desde las que se veían los toros y el Corpus. Al otro, el poder del obispo, con su palacio. Y en medio, o mejor dicho, en el fondo, el templo que da nombre y sentido a todo.
También aparece en la historia de este lugar el rey Enrique IV, ligado a los siglos en que la plaza se consolidó como núcleo de la ciudad, cuando Jaén ya había hecho de este espacio su salón principal. Lo que hoy es un lugar para detenerse, hacer una foto y mirar hacia arriba fue durante siglos el escenario donde la ciudad se reunía, celebraba y se mostraba ante sus gobernantes.
Ahora toca acercarse a la Catedral: apenas unos pasos te separan de sus dos torres, de sus tres puertas y de un interior de tres naves que merece mucha calma.
Cómo llegar a la siguiente parada · 60 m · 1 minVer en el mapaToma la calle Carrera de Jesús, junto a la fachada
- 1Toma la calle Carrera de Jesús, junto a la fachada; en un minuto estás ante las dos torres de la Catedral. Para en las tres puertas de la fachada.
Catedral de la Asunción de Jaén
Catedral de la Asunción: tres veces derribadaMás sobre este lugar: Catedral de Jaén: audioguía de la Catedral de la Asunción
La catedral que tienes delante es la tercera que se intenta levantar en este mismo solar, y tardó en terminarse unos 250 años. Es el icono monumental de Jaén, y su historia es una larga sucesión de derribos, falta de dinero y cambios de planes.
Empieza todo en 1246, cuando Fernando III conquista Jaén. La mezquita mayor, que ocupaba este mismo sitio, se consagra a la Asunción y se convierte en el primer templo de la diócesis. El encargo de consagrarla recayó en Gutierre, obispo de Córdoba. Durante más de un siglo el edificio siguió siendo, con otra misa, la antigua mezquita.
En 1368 el obispo Nicolás de Biedma decidió que aquello se quedaba pequeño: derribó la mezquita y empezó una catedral gótica de cinco naves y claustro. Pues bien, esa tampoco llegó a la actual. A finales del siglo XV el obispo Luis Osorio resolvió tirar también el edificio gótico y comenzar otro, igualmente gótico. Y entonces entra el dinero, que es lo que de verdad manda en una catedral: el cardenal Esteban Gabriel Merino consiguió del papa Clemente VII indulgencias para quienes contribuyeran a pagar la obra nueva.
El proyecto que por fin se impuso fue renacentista. El 10 de marzo de 1553 el Cabildo contrató a Andrés de Vandelvira, aunque las obras ya habían arrancado hacia 1551 bajo el impulso de Merino. Después, las obras se pararon durante años por falta de recursos, hasta que en 1635 el obispo Baltasar de Moscoso y Sandoval consiguió apoyo económico para reanudarlas. La construcción se alargó hasta 1801. Por eso verás un conjunto con base renacentista y fases barrocas y neoclásicas.
Ahora mira la fachada, de frente. Es barroca, con dos torres y tres puertas. Las puertas no están ahí por capricho: corresponden a las naves del interior, que son tres. Observa después cómo se relaciona el templo con lo que lo rodea: desde el centro de la plaza, la catedral tiene enfrente al Palacio Municipal y al Palacio Episcopal, el poder civil y el religioso mirándose a la cara.
Dentro, el plan de Vandelvira sigue mandando. Levantarás la vista hacia pilares cruciformes y bóvedas que cubren las tres naves, a lo largo del eje que lleva al crucero. La sacristía, proyectada por él, tiene dos arquerías superpuestas con 16 arcos sobre columnas corintias pareadas. Se terminó en 1577, dos años después de su muerte: no llegó a verla acabada.
Y hay una historia para recordar, la del Santo Rostro. En la capilla Mayor, en la urna inferior del retablo, se guarda esta reliquia, un lienzo cuya imagen la tradición atribuye a la Verónica, aunque la propia web catedralicia distingue esa devoción de lo que se sabe documentalmente sobre su origen. Durante la Guerra Civil el Santo Rostro desapareció. En agosto de 1936 se perdió también el lazo del relicario, que había donado en 1823 la duquesa de Montemar y que se sustituyó después de la guerra. El Santo Rostro apareció cerca de París y volvió a Jaén en 1940. Imagínate el trayecto de un lienzo de tan poco tamaño atravesando media Europa en guerra para regresar a su urna.
Sobre el sagrario, en el mismo presbiterio, hay un Crucificado de bronce de Francisco Pecul, de 1794. La talla del retablo es de Sebastián de Solís, y Sebastián Martínez pintó varios de sus lienzos en 1661 y 1662.
La catedral es Bien de Interés Cultural desde el 3 de junio de 1931. Sigamos por las calles de detrás hacia la calle Maestra, donde las fachadas toman el relevo de la piedra de la catedral.
Cómo llegar a la siguiente parada · 260 m · 3 minVer en el mapaToma la calle Carrera de Jesús, dejando la catedral a tu espalda
- 1Toma la calle Carrera de Jesús, dejando la catedral a tu espalda; enseguida entrarás en callejones más estrechos.
- 2Sigue por la calle Valparaíso. Para en el trazado de la calle Maestra y sus fachadas.
Calle Maestra y el palacio del Condestable
Calle Maestra, la arteria del CondestableEsta calle estrecha, que parece un simple trámite entre dos monumentos, fue una de las arterias principales de Jaén. Por aquí circulaba la gente y por aquí se comerciaba, y en el siglo XV tenía además un vecino de peso: el palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo.
Empieza por esa idea, porque cambia cómo se mira el lugar. Hoy la calle Maestra es el eje histórico del casco antiguo y el enlace más cómodo para ir a pie desde la Catedral hasta la zona de San Ildefonso. Antes de ser un paseo era una vía de trabajo, de tránsito y de mostrador. La ciudad medieval no se entendía sin ella, y por eso se cuenta que articulaba el núcleo cívico de Jaén, ese lugar donde se cruzaban las gestiones, las compras y las noticias.
Ahora mira las fachadas que tienes a ambos lados y deja que la vista corra calle abajo. Aquí no hay una gran portada que te reclame ni una torre que te diga adónde ir. Lo que tienes es el propio trazado: una calle que se deja recorrer, con las casas pegadas unas a otras y un perfil que te empuja hacia delante. Es una lección de urbanismo sin carteles. En un casco antiguo, las calles que mandan son las que conectan lugares importantes, y esta conecta el templo mayor con el resto de la vida de la ciudad.
Y aquí entra Miguel Lucas de Iranzo. En el siglo XV, su palacio ocupaba una gran manzana junto a esta calle. Conviene medir bien esa frase: no una casa grande, sino una manzana entera, ese bloque completo de edificios entre calles que hoy rodearías caminando un buen rato. Quien vivía allí tenía la calle comercial más transitada de la ciudad como puerta de casa. Cada vez que salía, veía el movimiento de Jaén delante de sus ojos, y cada vecino que pasaba veía, a su vez, hasta dónde llegaba el poder del Condestable. Un palacio de ese tamaño junto a una calle con tanto tránsito era también una forma de decir quién mandaba.
Lo curioso es que, al recorrerla, no encuentras ese palacio con facilidad ni te lo señala nada. Lo que sobrevive es el eje, la calle misma, y es ella la que guarda la memoria de aquel núcleo medieval: una arteria que sigue haciendo lo que hacía, llevar a la gente de un punto importante a otro. Los palacios van y vienen; las calles que unen lugares aguantan mucho más.
Por eso conviene recorrerla entera y sin desandar el camino. Si das media vuelta, la calle pierde su sentido, porque está hecha para ir de un sitio a otro. Ve despacio y observa cómo cambian las fachadas y el ritmo de los portales según avanzas. Es el mejor modo de entender cómo se leía una ciudad antes de que existieran los mapas en el bolsillo.
En unos tres minutos de paseo, dejando atrás esta calle, saldrás a la plaza de la Audiencia. Allí te espera la fachada del Teatro Darymelia, y desde fuera podrás ver su entrada con el espacio abierto de la plaza delante.
Cómo llegar a la siguiente parada · 200 m · 3 minVer en el mapaSigue ahora hacia la plaza de la Audiencia: sal por la calle Arco del Consuelo, la bocacalle que tienes justo ante ti
- 1Sigue ahora hacia la plaza de la Audiencia: sal por la calle Arco del Consuelo, la bocacalle que tienes justo ante ti.
- 2Sigue por la calle Bernardo López, entre sus fachadas, hasta el siguiente cruce.
- 3Gira a la derecha por la calle Maestra, que te lleva hasta la plaza. Para en la fachada del Teatro Darymelia.
Teatro Darymelia en la plaza de la Audiencia
Los tres arcos del DarymeliaTres arcos de piedra se abren en una fachada de ladrillo, y detrás no hay una iglesia ni un palacio, sino un teatro que lleva los nombres de dos hermanas. Estás en la plaza de la Audiencia, un espacio pequeño que importa más por lo que fue que por lo que mide: es un pedazo de la historia cívica de Jaén y la puerta de entrada al Teatro Darymelia.
Empieza por el nombre de la plaza, que es la pista de todo. Aquí estuvo la Audiencia desde el siglo XVI, el edificio donde se administraba justicia y se resolvían los asuntos de la ciudad. Durante siglos fue una pieza central de la vida pública, y no quedó ni rastro. En 1834 la Audiencia fue demolida para facilitar el tránsito. Es decir, Jaén prefirió una calle más holgada a un edificio que había mandado en la ciudad durante generaciones. Conviene mirar a tu alrededor con esa idea: el hueco que ves es, en buena parte, el hueco que dejó aquel derribo.
Y hay una capa más antigua todavía. El teatro que tienes delante ocupa parte del terreno asociado al antiguo palacio del Condestable, un nombre que en Jaén remite a Miguel Lucas de Iranzo. Así que bajo estos arcos se superponen tres usos del mismo suelo: una residencia de poder, un tribunal y un lugar de espectáculo. Una plaza pequeña con mucho trabajo acumulado.
Ahora mira la fachada. Es de ladrillo, y lo que la sostiene visualmente son esos tres grandes arcos de piedra, que enmarcan la entrada y le dan al conjunto un aire sereno, más de casa señorial que de sala de variedades. En la fachada hay una inscripción cerámica que recuerda el nombre original del edificio como cine y el año 1927. Ese detalle cambia lo que uno supone al verlo: no nació como teatro de ópera ni de zarzuela, sino como cine, el gran invento popular de aquellos años. Hoy lo conoces como teatro, pero la cerámica guarda su primer oficio.
Queda lo mejor: el nombre. El edificio lo proyectó Justino Flórez Llamas, y para bautizarlo juntó los nombres de sus hijas, Daría y Amelia. Léelo despacio y se descompone solo: Dar, de Daría; la y que las une; y melia, el final de Amelia. Darymelia es, literalmente, una frase corta que dice «Daría y Amelia». Un arquitecto podría haber puesto su apellido en la piedra, como hacían muchos, y en cambio dejó escrito para siempre quiénes eran sus hijas. Cada vez que alguien en Jaén dice «voy al Darymelia» pronuncia, sin saberlo, dos nombres de familia.
Mira, por último, lo poco que hace falta para que un lugar tenga historia: una plaza sin monumentos de postal, una puerta de teatro y un nombre que cuenta cuatro siglos de justicia y una dedicatoria de padre. No hay cartel que lo explique, pero está todo ahí, a la altura de los ojos.
Ahora toca dejar atrás el ladrillo y volver a la piedra grande: te espera la plaza de San Ildefonso, con la Inmaculada de piedra frente a la basílica, y por el camino pasarás por dos calles de casas bajas de Jaén.
Cómo llegar a la siguiente parada · 530 m · 7 minVer en el mapaDeja el teatro a tu espalda y cruza la plaza hacia la salida más abierta
- 1Deja el teatro a tu espalda y cruza la plaza hacia la salida más abierta; te espera un paseo corto de casas bajas.
- 2Toma la calle Doctor Civera y sigue por ella hasta su final, sin desviarte.
- 3Gira a la derecha por la calle San Clemente y síguela mientras se abre el espacio.
- 4Cruza la última plaza hacia la basílica. Para en la escultura de piedra de la Inmaculada Concepción, frente a ella.
Plaza de San Ildefonso y la Inmaculada de piedra
La Inmaculada de piedra frente a San IldefonsoMás sobre este lugar: Basílica de San Ildefonso de Jaén: historia y qué ver
La figura de piedra que tienes a tu lado lleva en esta plaza desde 1957, pero la fiesta que celebra se remonta a una noche de junio de 1430. La Inmaculada es obra de Amadeo Ruiz Olmos y se levantó cuando se remodeló la plaza. Preside un espacio que recuerda el Descenso de la Virgen, la tradición que convirtió una pequeña capilla en santuario y que es el motivo por el que esta plaza importa tanto en Jaén.
Primero, el lugar. Aquí hubo un arrabal, un barrio que creció fuera de las murallas de la ciudad árabe, y de ese crecimiento nació la parroquia. Se fundó en el siglo XIII y su primer dato histórico es de 1248. Se dedicó a san Ildefonso de Toledo por una razón práctica: entonces la diócesis de Jaén dependía del arzobispado toledano. Más tarde, el 9 de junio de 2010, en el pontificado de Benedicto XVI, la iglesia fue declarada basílica menor.
Ahora, la leyenda, que se cuenta como leyenda. La tradición sitúa el Descenso en la noche del 10 al 11 de junio de 1430. Cuentan que la Virgen bajó hasta este arrabal acompañada de un cortejo celestial. Y aquí hay un detalle curioso: existe un acta notarial del 13 de junio de 1430, solo dos días después, que recoge el testimonio de cuatro vecinos que afirmaron haber visto aquella procesión. Entre los nombres que rodean el asunto aparece el de Juan Rodríguez de Villalpando. Cuatro vecinos, un notario y apenas dos días de margen: la gente de entonces tenía prisa por dejarlo por escrito. Aquella noche, dice la tradición, hizo de la capilla un santuario. En 1930, cuando se cumplieron 500 años, el aniversario sirvió además para conmemorar la coronación de la imagen.
Ahora mira la basílica. Verás que no es de un solo estilo, sino de varias etapas. La portada principal, la que tienes justo enfrente, es neoclásica, del siglo XVIII: la proyectó Ventura Rodríguez y la ejecutó Francisco Calvo. Observa la puerta adintelada, el rosetón, las columnas compuestas, el frontón y la escultura de san Ildefonso. Pocas fachadas del XVIII dicen tan claro lo que son: orden, simetría y ninguna prisa por impresionarte.
Junto a esa fachada se alza la torre. No se hizo de una vez, sino por fases: el primer cuerpo es de 1584 y 1585, el segundo quedó terminado en 1600 y el tercero, octogonal y con las campanas, se levantó entre 1608 y 1610. En el segundo cuerpo hay un escudo del obispo Bernardo de Sandoval y Rojas, que hizo Cristóbal Téllez por encargo del prior Melchor de Soria y Vera. La torre tuvo además un chapitel gótico que construyó Sebastián de Solís en 1624. Desapareció y una reforma de finales del siglo XVIII lo sustituyó, así que lo que ves arriba no es el remate de entonces.
En un costado del templo hay otra portada, renacentista, que mandó levantar el obispo Pedro Pacheco, con sus escudos. Desde esta plaza no se ve de frente, pero la hallarás al rodear el edificio.
Y hay una tradición local más, de las que se cuentan bajito: que el arquitecto Andrés de Vandelvira pudo estar enterrado en este templo. Conviene tomarlo como eso, como una tradición, no como un hecho.
Dentro, el retablo mayor lo diseñó Pedro Duque Cornejo y lo ejecutó Francisco Calvo Bustamante. El tabernáculo, también de Duque Cornejo, tenía cuatro evangelistas; los destruyeron durante la guerra civil y solo se conserva san Mateo. En el relieve del retablo aparecen los testigos del Descenso junto a la procesión de la Virgen, de modo que la leyenda de esta plaza sigue contada en piedra y madera sobre el altar.
La basílica está a un paso: te espera con su portada y su torre a la vista.
Cómo llegar a la siguiente parada · 40 m · 1 minVer en el mapaSigue de frente hacia la fachada de la basílica
- 1Sigue de frente hacia la fachada de la basílica; en unos pasos tendrás delante la portada y la torre que acabas de ver.
Basílica Menor de San Ildefonso y el Descenso de la Virgen
San Ildefonso y la Virgen que bajóMás sobre este lugar: Basílica de San Ildefonso de Jaén: historia y qué ver
Una noche de junio, según la tradición, la Virgen bajó del cielo hasta esta plaza. Aquí mismo, en la noche del 10 al 11 de junio de 1430, cuentan que se produjo el Descenso, y ese relato convirtió una pequeña capilla en santuario. Por eso esta es la última parada de la ruta y quizá la más querida por los jienenses: la basílica de San Ildefonso guarda la memoria de aquella noche.
La capilla es mucho más antigua que el milagro. Se documenta desde 1248 como capilla vinculada a la Catedral, y nació al crecer un arrabal fuera de las murallas de la ciudad árabe. Con los vecinos llegó la parroquia. Y se dedicó a san Ildefonso de Toledo por una razón práctica: entonces la diócesis de Jaén dependía del arzobispado toledano. El título de basílica menor llegó el 9 de junio de 2010, en tiempos de Benedicto XVI, al cabo de un proceso iniciado en 2008. La misa de acción de gracias la presidió el cardenal Antonio Cañizares.
Mira ahora la fachada que tienes delante. La portada principal es neoclásica, del siglo XVIII: puerta adintelada, rosetón, columnas compuestas, un frontón y, arriba, la escultura de san Ildefonso. La proyectó Ventura Rodríguez y la ejecutó Francisco Calvo. Es un porte sereno y ordenado para un templo que por dentro es otra cosa, gótico en su última etapa. El edificio mezcla épocas, y se nota.
Ahora busca la torre, que se alza junto a esta fachada. Se levantó por fases. El primer cuerpo es de 1584 y 1585, el segundo quedó terminado en 1600, y en el segundo luce el escudo del obispo Bernardo de Sandoval y Rojas, obra de Cristóbal Téllez por encargo del prior Melchor de Soria y Vera. Más arriba, el tercer cuerpo, octogonal, es el que guarda las campanas. Antes lo remataba un chapitel gótico que construyó Sebastián de Solís en 1624; desapareció y una reforma de finales del siglo XVIII lo sustituyó.
Si recorres con la vista el costado del templo, encontrarás la portada lateral, renacentista. La mandó levantar el obispo Pedro Pacheco, y sus escudos están tallados en ella. Es la más antigua de las que ves y la que mejor recuerda que aquí hubo una iglesia mucho antes de la fachada neoclásica.
Y hay un personaje al que la tradición local pone aquí, aunque con cautela. Se relaciona este templo con Andrés de Vandelvira, el gran arquitecto del Renacimiento jiennense, y se apunta que podría estar enterrado en esta iglesia. Es una posibilidad, no una certeza, pero resulta bonito pensar que quien dio forma a media ciudad descansaría en la parroquia del arrabal.
Detrás de ti, en el centro de la plaza, la Inmaculada de piedra es de 1957. La esculpió Amadeo Ruiz Olmos cuando se remodeló la plaza, y preside un espacio que existe, precisamente, por el recuerdo del Descenso. El aniversario de 1930 sumó a la conmemoración la coronación de la imagen.
Dentro, el retablo mayor lo diseñó Pedro Duque Cornejo y lo ejecutó Francisco Calvo Bustamante siguiendo sus trazas. En el relieve del retablo aparecen los testigos del relato del Descenso, junto a la procesión de la Virgen. Del tabernáculo, también de Duque Cornejo, se perdieron en la guerra civil cuatro evangelistas; solo se salvó san Mateo, y así sigue ahí, solo.
Es la última parada: la ruta termina aquí.
Epílogo
Has empezado ante un monumento que recuerda dos victorias y acabas frente a una Virgen que, según la tradición, bajó una noche de junio hasta esta misma plaza. Entre un punto y otro has visto cómo funciona Jaén: una ciudad que guardó sus cabezas romanas bajo el barrio de Santa Cruz, que hizo de la plaza del Mercado su despensa, que dejó en pie la galería de arcos del palacio de los Vilches cuando la plaza entera desapareció, y que levantó la catedral en el solar donde ya habían fracasado dos intentos anteriores. En La Carrera, un nombre, el del padre de los pobres, te recordó que las calles también guardan caridad, no solo piedra.
Los interiores que dejaste para el final están cerca. El Museo de Jaén y el Palacio Provincial quedan a unos 3 y 5 minutos, el Palacio de los Vilches a 5, la Plaza de San Ildefonso y su basílica a otros 5, y la Catedral de la Asunción a unos 15. Todos esperan a que quieras entrar en ellos.
Pero no hace falta decidirlo ahora. Mira la fachada, deja que la plaza haga su ruido de tardes cualquiera y quédate un rato sentado donde estás, que la ciudad lleva siglos acostumbrada a que la miren despacio.
Al terminar: dónde comer, qué más hacer
- Para comer o tomar algo cerca: El Santuario (restaurante y tapas), en la propia plaza de San Ildefonso, junto a la basílica; Bagá (cocina de autor), a unos 100 metros; La Famiglia Se Sienta a la Mesa (cocina italiana), también a unos 100 metros.
- Siguientes rutas: por ahora no hay otras rutas publicadas en la ciudad.
- Experiencias Dovoya relacionadas: no hay ninguna publicada en la ciudad por ahora.
Si te has quedado con ganas
Palacio de los Vilches, Catedral de la Asunción de Jaén, Basílica Menor de San Ildefonso
Editado por Manuel García Solís, editor responsable · Cómo hemos hecho esta ruta · Actualizado el 20/10/2026
Lo que has dejado para el final
Los interiores que has apuntado durante la ruta, con su audioguía. Están a pocos minutos del final.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el centro de Jaén?
Esta ruta reúne lo esencial en 14 paradas: la Plaza de las Batallas, el Museo de Jaén, el palacio de los Vilches, la calle Bernabé Soriano, el Palacio Provincial, la Catedral de la Asunción, el Teatro Darymelia y la Basílica de San Ildefonso. El paseo por la calle dura 1 h 35 min.
¿Qué plazas visitar en Jaén?
La ruta recorre la Plaza de las Batallas, la plaza de la Constitución, la plaza Deán Mazas, la de San Francisco, la de Santa María, la de la Audiencia y la de San Ildefonso. Las dos primeras de mercado formaban parte del antiguo Mercado Bajo, junto a la plaza del Pósito.
¿Dónde está la Basílica de San Ildefonso?
Está en la plaza de San Ildefonso, donde termina la ruta, frente a la escultura de la Inmaculada. Nació en un arrabal fuera de las murallas de la ciudad árabe y es basílica menor desde el 9 de junio de 2010. Se llega pasando por la plaza de la Audiencia y las calles Doctor Civera y San Clemente.
¿Qué se puede ver en el Museo de Jaén?
Sus colecciones arqueológicas, con una cabeza romana procedente del entorno de la plaza de la Constitución y otra pieza hallada en la calle Cuatro Torres. La parada también presenta la judería o barrio de Santa Cruz. La audioguía del interior dura 60 minutos.
¿Cómo ir de la Catedral a San Ildefonso?
Desde la Catedral se sale por las calles de detrás hacia la calle Maestra, que lleva a la plaza de la Audiencia y al Teatro Darymelia. Desde allí se sigue por la calle Doctor Civera y la calle San Clemente hasta la plaza de San Ildefonso y la basílica.
¿Cuánto se tarda en hacer la ruta?
La audioguía dura unos 60 minutos. La visita la marcas tú: puedes pararla y seguir a tu ritmo. Las visitas por dentro, como el Museo de Jaén, el Palacio Provincial o la Catedral, son opcionales y cada una tiene su propio tiempo.
¿Qué es el palacio de los Vilches?
Es un palacio renacentista de comienzos del siglo XVII, levantado entre 1600 y 1605 por Cristóbal de Vilches Coello. Conserva los únicos restos originales de la antigua plaza del Mercado, con su galería de arcos y columnas dóricas. Es Bien de Interés Cultural desde 2010.
¿Qué historia tiene la Catedral de la Asunción de Jaén?
Se levanta sobre la antigua mezquita mayor, consagrada a la Asunción tras la conquista de 1246. Tras proyectos góticos anteriores, se impuso el renacentista de Andrés de Vandelvira, contratado en 1553, y las obras se alargaron hasta 1801. Es Bien de Interés Cultural desde 1931.
Fuentes consultadas
Cada dato de esta guía lleva una cita comprobada en su fuente. Las principales:
- juntadeandalucia.es · registro oficial · 4 datos
- dipujaen.es · 4 datos
- crea.ujaen.es · estudio · 2 datos
- catedraldejaen.org · 2 datos
- andaluciainformacion.es · hemeroteca · 1 dato
- pegalajar.org · 1 dato
¿Algo que mejorar en esta ruta?
Una indicación confusa, un dato que no cuadra, un sitio que ha cambiado… Cuéntanoslo: cada sugerencia se revisa y mejora la guía para el siguiente que venga.