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Parroquia de San Mateo Apóstol de Villanueva del Duque: audioguía y qué ver

Un templo con torre de ladrillo rojo, una capilla mayor que tardó más de medio siglo en terminarse y unas pinturas que llevaban décadas escondidas tras la cal. Esta audioguía te lleva por la Parroquia de San Mateo Apóstol de Villanueva del Duque, en tres paradas, con las personas que la levantaron, la perdieron en parte y la recuperaron.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Parroquia de San Mateo Apóstol de Villanueva del Duque: audioguía y qué ver

Portadas y torre-campanario de la Parroquia de San Mateo Apóstol

Una iglesia sin partida de nacimiento

Colócate ante la portada del Evangelio, entre los contrafuertes, con el arco de granito frente a ti.

¿Cuántos años tiene una iglesia cuando nadie sabe cuándo nació? Esta no tiene partida de nacimiento, pero sí un testigo. En mil quinientos cincuenta y uno, la nave, la torre y el coro ya estaban construidos. Cuando alguien lo dejó por escrito, el templo llevaba un tiempo en pie, y el día exacto de su fundación se quedó sin apuntar.

Empieza por lo que tienes delante. Es la portada del Evangelio, con su arco de medio punto de granito. Fíjate en las dovelas, esas piezas en forma de cuña que se sostienen unas a otras. Encima, un frontón partido, abierto por el centro como si alguien hubiera dejado la frase a medias.

Ahora rodea el edificio hasta la portada occidental, que es la entrada principal. Levanta la vista. El cuerpo de campanas es de ladrillo rojo y la torre termina en cuatro pináculos, uno por esquina.

Ahí arriba hay cuatro campanas, y las cuatro tienen nombre. María de Guía, San Blas, San Jacinto y San Rafael, ordenadas de la mayor a la menor. Son devociones de aquí, de las que el pueblo lleva rezando generación tras generación. Cada vez que suenan, Villanueva oye nombres que le son familiares.

Y hay que reconocerlo: es una forma muy sensata de resolver el misterio. Si no puedes presumir de fecha, presumes de campanas.

Cuando termines de contar los pináculos, entra. Lo más antiguo de la historia de este templo se decidió en el fondo, junto al altar.

Para profundizar

La fecha de 1551 es la más temprana que aparece en la descripción parroquial, pero no cierra el asunto. Otros textos atribuyen la construcción a una fecha muy posterior, 1690, y de momento nadie ha resuelto esa discrepancia. Es decir, que los documentos discuten entre sí, y la torre sigue ahí, sin dar la razón a ninguno.

Mientras tanto, puedes jugar a ser detective con lo que se ve. Compara el granito de la portada del Evangelio con el ladrillo rojo del campanario. Dos materiales, dos aspectos, un mismo edificio. Fíjate también en que la portada del Evangelio no es la principal. La entrada de honor es la occidental, y la otra se queda como puerta de lado, con un arco que merece más atención de la que suele recibir.

Si pasas por aquí cuando suenen las campanas, intenta adivinar cuál es cuál. La mayor, según el orden de la descripción, es la primera de la lista.

Capilla mayor y retablo: historia de la Parroquia de San Mateo Apóstol

Cincuenta y un años para terminar un altar

Capilla mayor con bóveda y retablo dorado de la Parroquia de San Mateo Apóstol, Villanueva del Duque

Sitúate en la nave, de cara a la capilla mayor, y levanta la mirada hacia la bóveda del presbiterio.

Cincuenta y un años. Ese es el tiempo que pasó entre el contrato de la capilla mayor con Hernán Ruiz, en mil quinientos ochenta y uno, y el final de las obras, en mil seiscientos treinta y dos. Más de medio siglo. Hubo gente que empezó a mirar este hueco siendo joven y murió sin verlo terminado.

El motivo, según la descripción parroquial, fueron las dificultades económicas. Al final, la conclusión se atribuye a la intervención del rey Felipe cuarto y a las directrices del maestro Juan Murillo, respetando el orden anterior.

Mira arriba. La planta es cuadrada y la bóveda de media naranja descansa sobre cuatro arcos de granito. Es una geometría sencilla, y se tardó medio siglo en cerrarla.

Ahora baja la vista al retablo. Es neoclásico, de mil novecientos cincuenta y cuatro. Lo realizaron Joaquín Sánchez Jurado y Antonio Calderón, y Ángel Rodríguez Fernández lo cubrió con pan de oro alemán. El altar de granito lo esculpió Manuel López, picapedrero del pueblo.

Y aquí viene lo que quizá no esperabas. Este retablo no es el original. El antiguo, junto con el sagrario y la mayoría de las imágenes, quedó destruido por un incendio durante la Guerra Civil. En aquellos días, además, la iglesia sirvió de refugio durante los bombardeos.

Lo que ves es un retablo nacido de una pérdida. Y la pregunta es qué había antes, y quién se acuerda.

Para profundizar

El retablo antiguo era de madera y tenía tres cuerpos. En el centro, la imagen de San Mateo con dos ángeles dorados, y encima un crucifijo con la Virgen y San Juan. Cuando miras el actual, merece la pena imaginar esa composición ocupando el mismo espacio.

El sagrario desaparecido también era de madera tallada. Guardaba imágenes de los doce apóstoles y un pequeño Cristo. Doce figuras diminutas, reunidas en un mueble que cabía en el centro del altar.

El retablo actual costó doscientas cincuenta mil pesetas. Es una cifra que habla de un esfuerzo colectivo para volver a llenar el hueco, con un artista, un dorador y un picapedrero del pueblo trabajando en la misma obra.

Cuando mires el altar de granito, piensa que lo esculpió alguien que probablemente cruzaba esta plaza cada día. Y en la pared lateral, fíjate: las superficies de esa zona guardan otras sorpresas que verás en la siguiente parada.

Hornacinas y pinturas recuperadas en la nave central

Lo que había bajo la cal

Hornacina y zócalo pintado recuperados en la nave de la Parroquia de San Mateo Apóstol, Villanueva del Duque

Avanza por la nave central hacia el presbiterio y busca los muros laterales cercanos al altar, con la bóveda sobre ti.

Todo empezó con un cable. En la restauración, que comenzó el dieciséis de mayo de dos mil once con José Francisco Gil Blanco de párroco, había que instalar el sistema eléctrico. Para ello se abrieron rozas en zonas elegidas con cuidado, para dañar lo menos posible la fábrica. Y entonces, una de esas rozaduras destapó una hornacina semicircular pintada en tonos ocres.

Del lado opuesto, las catas revelaron otra, que al principio parecía blanca. Habían estado ahí todo el tiempo, tapadas.

Busca ahora los muros cercanos al presbiterio. Esas son las hornacinas, y hoy están dedicadas a San José y a San Jacinto. Las bendijo el párroco Ignacio Mora Vilaltella el diecinueve de abril de dos mil catorce.

Y lo mejor es lo que cuenta la gente. Personas mayores del pueblo recordaban qué imágenes ocuparon esos huecos antes de que los cerraran: la Virgen del Rosario en uno y la antigua Virgen de los Dolores en el otro. La memoria del pueblo coincidía con lo que la pared acababa de enseñar.

Mira también la bóveda, si la luz te deja. Al raspar la pintura aparecieron rosetones policromados en cada uno de sus cinco cuerpos, algo dañados por raspados anteriores.

Una iglesia puede esconder cosas durante décadas. A veces solo hace falta un cable y alguien que recuerde.

Para profundizar

El blog parroquial atribuye al párroco José Elías Sánchez Jurado la decisión de cerrar las hornacinas durante las obras posteriores a la Guerra Civil. Es decir, alguien decidió tapar aquellos nichos, y décadas después otros decidieron abrirlos.

Algo parecido pasó con el presbiterio. A mediados de los años cincuenta, Bienvenido Cárdador, de Pozoblanco, pintó allí un zócalo por encargo del párroco Francisco Vigara Fernández. Tiempo después, en los años ochenta, unas obras de acondicionamiento lo escondieron bajo tablas laminadas. Los trabajos posteriores volvieron a dejarlo a la vista.

Búscalo en el presbiterio y en el frontal de la capilla de la Inmaculada. Son rombos amarillos sobre fondo rojo, con pilastras. Un trabajo de hace setenta años que estuvo años a oscuras.

Cada generación de esta parroquia ha tapado y destapado a la anterior. Lo que ves hoy es la suma de todas esas decisiones, con sus aciertos y sus prisas.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Villanueva del Duque

La Parroquia de San Mateo Apóstol es una visita clave. Destacan su torre de ladrillo rojo con cuatro campanas, la capilla mayor con bóveda de media naranja, el retablo de 1954 y las hornacinas y pinturas recuperadas en la restauración. Para otros lugares, consulta la oficina de turismo.

¿Cómo llegar a Parroquia de San Mateo Apóstol

La parroquia está en el casco urbano de Villanueva del Duque, y su torre de ladrillo rojo sirve de referencia visual. Una vez en el pueblo, dirígete hacia ella a pie. Si dudas, pregunta a los vecinos o consulta la oficina de turismo.

¿Cuál es el horario de visita de Parroquia de San Mateo Apóstol

Al ser un templo en uso, el horario puede variar según las celebraciones religiosas. Lo más fiable es confirmarlo antes de ir en la web oficial de la parroquia o en la oficina de turismo de Villanueva del Duque.

¿Cuánto se tarda en visitar Parroquia de San Mateo Apóstol

La audioguía recorre tres paradas: el exterior con portadas y torre, la capilla mayor con el retablo, y la nave con las pinturas recuperadas. El tiempo depende de tu ritmo y de las celebraciones, así que conviene reservar un rato tranquilo.

¿Cuál es la historia de Parroquia de San Mateo Apóstol

La fecha de fundación no se conoce con certeza, pero en 1551 la nave, la torre y el coro ya estaban construidos. La capilla mayor se contrató en 1581 y acabó en 1632. El retablo actual es de 1954, y la restauración comenzó en 2011.

¿Cuántas campanas tiene la torre de la parroquia

La torre tiene cuatro campanas, ordenadas de mayor a menor: María de Guía, San Blas, San Jacinto y San Rafael. Sus nombres corresponden a devociones locales. La torre se remata con cuatro pináculos sobre un cuerpo de campanas de ladrillo rojo.

¿Qué pasó con el retablo antiguo de la parroquia

El retablo antiguo, de madera y con tres cuerpos, quedó destruido por un incendio durante la Guerra Civil, junto con el sagrario y la mayoría de las imágenes. El actual, neoclásico, es de 1954 y está recubierto con pan de oro alemán.

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