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Antiguo Balneario de Fuente Agria, Villaharta: audioguía del manantial y sus historias

Un hombre que llegó a Villaharta para hacer carreteras acabó levantando un balneario en mitad de Sierra Morena. En este paseo por el Antiguo Balneario de Fuente Agria, en Villaharta, sigues el rastro de un agua que sabía a hierro, de las colas con vaso en mano y de una rivalidad que acabó en los tribunales.

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Antiguo Balneario de Fuente Agria, Villaharta: audioguía del manantial y sus historias

Historia del Antiguo Balneario de Fuente Agria y su fundador

De las chozas al hierro

Colócate ante el pabellón octogonal, el kiosco de Fuente Agria. Es el edificio que protege el manantial, y queda entre la Casa de Baños y la antigua oficina de embotellado.

¿Qué piensa un ayudante de Obras Públicas, llegado desde Alberic, cuando ve a unos vecinos durmiendo en chozas? Pues piensa un proyecto. Se llamaba Elías Cervelló y había llegado a Córdoba en mil ochocientos sesenta y cinco. Las obras de carretera lo llevaron hasta Villaharta.

Durante años vio la misma escena. En primavera y verano, la gente subía a tomar las aguas. Dormían en chozas o bajo los chaparros. Aquello, cuentan las crónicas, inspiró lo que vino después.

Y lo que vino después fue rápido. Cervelló compró la finca en subasta el veintiocho de septiembre de mil ochocientos setenta y uno. En junio de mil ochocientos setenta y tres, el balneario estaba terminado. Es decir, menos de dos años entre la subasta y la inauguración. El conjunto empezó con cinco bañeras. Cinco. Para ser el comienzo de algo que acabaría compitiendo por fama, tampoco está mal.

Ahora mira el pabellón que tienes delante. Su planta es octogonal. Las fuentes lo describen de hierro y con suelo de mármol rojo, y el proyecto se atribuye al propio Cervelló. Las fuentes consultadas no dicen qué parte de lo que ves es de aquella época y qué parte se ha restaurado después, así que no puedo asegurarte que sea el pabellón original. Hay que reconocerlo: pasar de un techo de chaparro a un pabellón de ocho lados es un ascenso social considerable.

Y aquí viene lo bueno. El agua no la inventó nadie. Ya estaba ahí, y la gente ya la conocía. Dentro de este mismo pabellón brotaba el manantial principal. En la siguiente parada nos quedamos aquí mismo, para fijarnos en el agua.

Para profundizar

La historia tiene un personaje más, aunque con letra pequeña. Se cuenta que el abogado cordobés Rafael Barroso sugirió a Cervelló explotar las fuentes. La crónica local lo relaciona con la mejoría de un hijo suyo. Pero ni siquiera ella lo da por seguro, así que quizá sea mejor dejarlo como una conversación que pudo ocurrir.

Lo que sí consta es que el negocio salió adelante. Las aguas ganaron medalla de bronce en Madrid en mil ochocientos ochenta y dos. Seis años después, en Barcelona en mil ochocientos ochenta y ocho, llegó la de plata. Y en mil ochocientos noventa y seis se publicó la séptima edición del manual promocional del balneario. Si un folleto va por la séptima edición, es que alguien lo estaba leyendo.

El manantial de Fuente Agria: aguas, roca y colas con vaso

La cola del vaso

Manantial y roca ferruginosa del Antiguo Balneario de Fuente Agria en Villaharta

Quédate junto al pabellón octogonal, cerca del punto donde brota el manantial, y fíjate en la piedra y el agua.

Imagínate haciendo cola, vaso en mano, para beber agua. No en un bar: en una fuente. Eso pasaba aquí. La fuente se hizo tan concurrida que la gente llegaba con su propio vaso y esperaba turno. Había un encargado que se lo llenaba.

¿Y por qué tanto empeño? El nombre lo explica: el agua sabía agria. Se la describe como ferruginosa, bicarbonatada y carbónica, es decir, con hierro, con bicarbonato y con gas. Tradicionalmente se recomendaba para dolencias como la anemia, la diabetes o los problemas digestivos. Son usos de otra época, no una recomendación médica de hoy.

Y la costumbre venía de lejos. La memoria local cuenta que gente de pueblos cercanos y de otros rincones de Sierra Morena ya usaba estas aguas antes de que existiera el balneario. Antes de las obras, el manantial se recogía en una poza rectangular delimitada por muretes de piedra seca. Sin hierro, sin mármol, sin bañeras, y mucha fe en lo que salía de ella.

Ahora fíjate en la roca. Se describía como cuarcita con pirita de hierro, y el agua dejaba un sedimento amarillo rojizo. Si el entorno inmediato del pabellón es accesible, busca esas marcas de óxido. Ese color ocre es la firma del hierro que lleva el agua.

Una cosa práctica: las fuentes consultadas no aclaran si hoy se puede beber o llenar agua aquí. No des por hecho que sea potable; pregunta antes en la oficina de turismo.

Y ahora toca salir a pasear. Los huéspedes lo hacían entre los jardines. Vamos tras ellos.

Para profundizar

En la descripción histórica de mil ochocientos noventa y seis, el manantial aparece a dos mil seiscientos sesenta metros de Villaharta, más de dos kilómetros y medio, y a quinientos sesenta metros sobre el nivel del mar, dentro del término de Espiel. Es un dato de entonces, no una indicación de acceso actual. Otras fuentes también sitúan el recinto en Espiel, así que esta fuente tan ligada al nombre de Villaharta pertenece a otro término.

Y para cerrar, un testimonio. Un vecino recordaba que los mayores seguían yendo a tomar las aguas, pero que también acudían los jóvenes. Comentó que quizá fueron ellos quienes propiciaron una discoteca en el recinto. Es una conjetura suya, y no tenemos fecha de aquella discoteca, pero dice mucho de cómo cambia el uso de un lugar sin que cambie el agua.

Jardines y Casa de Baños: rivalidad con Santa Elisa y visitantes ilustres

Duque, pleito y visitantes ilustres

Jardines del Antiguo Balneario de Fuente Agria en Villaharta al atardecer

Recorre los jardines hacia la bajada a la Casa de Baños y detente donde puedas ver el pabellón octogonal, el mismo de las paradas anteriores.

Los terrenos tuvieron su tira y afloja. El duque de Alba se resistió primero a vender, y Cervelló acabó adquiriéndolos en una subasta en Madrid. La crónica local lo cuenta como compra de años después, pero la fecha de la subasta que vimos, septiembre de mil ochocientos setenta y uno, no encaja con ese «después». Las fuentes no aclaran si eran fincas distintas, así que lo dejo como lo que es: una historia con la cronología sin cerrar.

Lo que sí está claro es que el balneario tuvo competencia. El rival era Santa Elisa, también llamado balneario de Peñas Blancas o Gran Hotel de Santa Elisa. Era otro establecimiento hidromedicinal, en el paraje de Peñas Blancas, en el término de Espiel. Queda en el entorno, separado del recinto en el que estás.

La rivalidad llegó a los tribunales y se aireó en anuncios de prensa de mil novecientos diez y mil novecientos once. La disputa era por la autenticidad de las aguas y de las marcas. Dos balnearios, una sierra y una pelea pública por demostrar cuál tenía la buena. Hay que reconocer que la publicidad de entonces no se andaba con cortesías.

Piensa en esos anuncios. Cada uno juraba que su agua era la auténtica. Cuántos huéspedes, con su vaso de casa, no se quedarían sin saber a quién creer.

Aquí termina el paseo. Pero te dejo con una pregunta: cuando dos marcas juran ser la verdadera, ¿a quién crees?

Para profundizar

La vida en la temporada tenía su lado más tierno. El cronista recuerda que, entre las familias que pasaban los días aquí, surgían idilios adolescentes. Había paseos y excursiones por los alrededores. También recuerda que la llegada del autobús de línea era un pequeño acontecimiento: las familias esperaban a los recién llegados junto a los pabellones.

La primera fonda del establecimiento se construyó en mil ochocientos setenta y seis. Y hay también un testimonio científico: se documenta una memoria de las aguas de Villaharta de mil ochocientos noventa y dos, escrita por el médico-director Isidro Vázquez.

Y queda la leyenda. La tradición local atribuía al lugar una visita de Alfonso trece, pero el propio cronista advierte de que no está confirmada. Distingue esa historia de la visita de Francisco Silvela, político español y presidente del Consejo de Ministros, que sí se considera comprobada. Una fuente local la sitúa a finales del siglo diecinueve, sin fecha concreta. Dejemos lo de Alfonso como lo que es: un rumor con muy buena fama.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la historia del Antiguo Balneario de Fuente Agria

Elías Cervelló, llegado a Córdoba en 1865 como ayudante de Obras Públicas, compró la finca en subasta el 28 de septiembre de 1871. El balneario se terminó en junio de 1873. Las aguas ganaron medalla de bronce en 1882 y de plata en 1888.

¿Por qué se llama Fuente Agria

El nombre alude al sabor agrio del agua, descrita como ferruginosa, bicarbonatada y carbónica. Tradicionalmente se recomendaba para la anemia, la diabetes y problemas digestivos; son usos históricos, no una recomendación médica actual.

¿Cómo era el pabellón del manantial

Se describe como un pabellón octogonal, de hierro y con suelo de mármol rojo, atribuido al proyecto de Cervelló. Es el mismo edificio que el kiosco, entre la Casa de Baños y la antigua oficina de embotellado.

¿Hubo rivalidad con otros balnearios

Sí. La competencia con Santa Elisa, otro establecimiento en Peñas Blancas, llegó a los tribunales y se aireó en anuncios de prensa de 1910 y 1911. La disputa giraba en torno a la autenticidad de las aguas y de las marcas.

¿Se puede beber el agua de la fuente hoy

Las fuentes consultadas no lo aclaran. Conviene preguntar en la oficina de turismo de Villaharta antes de beber o llenar agua.

¿Quién fue Silvela y qué pinta aquí

Francisco Silvela fue presidente del Consejo de Ministros. Su visita al balneario se considera comprobada y una fuente local la sitúa a finales del siglo XIX, sin fecha concreta.

¿Cómo se llega y está en Villaharta o en Espiel

Las fuentes sitúan el recinto en el término de Espiel. La información turística indica acceso libre por camino de tierra acondicionado, pero conviene verificarlo antes de ir.

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