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Recinto fortificado Castillejo de la Nava, Santa Eufemia: audioguía

Un puñado de bloques de cuarcita gris, colocados sin cemento sobre una roca, vigilan desde hace siglos un valle de la sierra cordobesa. Es una visita breve y silenciosa, de las que se hacen despacio y con la vista larga. Aquí no hay grandes salas: hay piedra, aire y mucho paisaje.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Recinto fortificado Castillejo de la Nava, Santa Eufemia: audioguía

Muros de cuarcita sin cemento en el Castillejo de la Nava

Piedras sin pegamento

Colócate junto a los restos principales del recinto, frente al tramo de muro que se conserva. Si puedes, acércate lo bastante para ver cómo encajan los bloques.

¿Cuánto aguanta un muro al que nadie le puso cemento? Este lleva aguantando, como poco, hasta que llegaste tú.

Lo tienes delante. Son bloques de cuarcita gris, irregulares, sin una forma que se repita. Fíjate en que entre ellos no se ve mortero por ningún lado. Se apoyan unos en otros y todos juntos descansan sobre una gran roca, como quien monta un rompecabezas encima de una mesa que ya existía.

Ahora mide con los ojos. Algunos bloques alcanzan más o menos un metro por lado. Cada uno es casi un baúl de piedra, y alguien los movió y los colocó sin más ayuda de la que podamos imaginar. Lo que queda en pie supera algo el metro de altura y ronda los cinco metros de largo. Es poco, hay que reconocerlo. Pero junto a esas piedras, hasta el muro más modesto parece una proeza.

Y aquí viene lo bueno: en el siglo diecinueve, un erudito llamado Luis María Ramírez de las Casas-Deza metió La Nava en su lista de castillos y atalayas de la zona. Atribuyó a los árabes la línea de comunicación a la que habría pertenecido. Era la noticia de un estudioso, no una fecha demostrada, así que el recinto sigue guardando su edad.

Si los bloques hablaran, de momento solo dirían que pesan. Y desde aquí arriba, la pregunta siguiente es qué se veía desde este sitio.

Para profundizar

Párate un momento en la escala. Lo conservado es pequeño, pero los bloques son grandes, y esa diferencia es la que te hace pensar. Un muro de cinco metros, hecho con piezas de un metro, no necesita mucha longitud para imponerse. Mira el tramo de muro de lado y luego de frente, y compara el tamaño de cada piedra con el conjunto que forman.

Casas-Deza escribía en el siglo diecinueve y no tenía excavaciones en las que apoyarse. Por eso su texto vale como testimonio de cómo se miraba este lugar entonces, no como certificado de nacimiento. Es un detalle bonito: ya entonces alguien se subió hasta aquí y sintió la necesidad de ponerle nombre y función a estas piedras.

El catálogo municipal incluso le da al sitio una coordenada exacta, como a cualquier punto que merezca figurar en un mapa. Tiene gracia: algo tan antiguo y tan callado, localizado con precisión de topógrafo.

Vistas desde el espolón: valle del Tamujar y Miramontes

El valle desde el espolón

Vistas al valle del Tamujar desde el Recinto fortificado Castillejo de la Nava, Santa Eufemia

Sube a la parte plana del espolón, junto a los restos, y mira hacia el este y el sureste, si el día está despejado.

Si quisieras vigilar un valle entero sin cansarte, buscarías justo un sitio como este.

Estás sobre un espolón de caliza, con la cumbre más o menos plana. Queda al noroeste de Santa Eufemia, pegado a la carretera, lo cual tiene su gracia: una ruina tan reservada y a un paso del tráfico. Aquí se está arriba. Abajo corre el valle del arroyo del Tamujar, y detrás se levanta parte de la Sierra de Santa Eufemia.

Ahora gira hacia el este y el sureste. Con buena visibilidad puedes buscar el Peñón del Horcón, de ochocientos setenta y ocho metros. Cerca está el Cerro del Telégrafo, de ochocientos seis. Y entre las cumbres, el castillo de Miramontes, al que este recinto parece mirar de reojo.

Casas-Deza distinguió dos grupos en su relato. Las torres de Vioque y La Nava, en la sierra, miraban hacia Zarza de Capilla. La de Atalayas se orientaba hacia Pedroche. Era una manera muy humana de leer el paisaje: cada torre, atenta a su vecino.

Y ahora el giro. Lo que ves tan firme no está del todo bien. En dos mil nueve, el inventario municipal lo describió como una ruina sin uso y en mal estado, y atribuyó el deterioro sobre todo al derrumbe de los bloques. Es decir, las piedras que faltan no se las llevó el tiempo hacia ningún sitio lejano: cayeron.

Te quedas con el viento y con la pregunta de cuánto muro hubo aquí.

Para profundizar

La lectura de Casas-Deza tiene un encanto especial. No prueba para qué sirvió el recinto ni cuándo se levantó, pero deja una pista: en el siglo diecinueve, quien miraba estas torres las veía como parte de un paisaje en conversación. Una torre hacia Zarza de Capilla, otra hacia Pedroche, como vecinos que se saludan por encima de los cerros.

Haz tú el mismo ejercicio. Sitúate en el borde del espolón y reconoce primero el valle, que es lo más cercano. Después ve ampliando: la sierra, las cumbres del este y el sureste, el castillo de Miramontes. Cuanto más claro esté el día, más capas tendrá la vista.

Y antes de irte, mira el suelo entre las piedras. Si el deterioro vino del derrumbe, cada bloque caído cuenta lo que fue el muro. No hace falta excavar para sentir que aquí hubo más.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Santa Eufemia

Entre los lugares que merece la pena visitar está el recinto fortificado Castillejo de la Nava, al noroeste del pueblo. Ofrece restos de muro de cuarcita sin mortero y vistas del valle del arroyo del Tamujar, de parte de la sierra y del castillo de Miramontes.

¿Cómo llegar a Recinto fortificado Castillejo de la Nava

El recinto se encuentra al noroeste de Santa Eufemia, junto a la carretera CO-9027, sobre un espolón calizo de cumbre más o menos plana. Conviene confirmar el acceso concreto en el Ayuntamiento o en la oficina de turismo.

¿Cuál es el horario de visita de Recinto fortificado Castillejo de la Nava

No hay un horario de visita publicado en la documentación manejada. Lo más prudente es consultar la web oficial del Ayuntamiento de Santa Eufemia o la oficina de turismo antes de desplazarse.

¿Cuánto se tarda en visitar Recinto fortificado Castillejo de la Nava

Es un recinto de dimensiones reducidas: los restos conservados rondan los cinco metros de longitud y algo más de un metro de altura. La visita puede ser breve, y el tiempo dependerá de lo que te detengas en las vistas.

¿Cuál es la historia de Recinto fortificado Castillejo de la Nava

Su cronología exacta no está establecida. En el siglo XIX, Ramírez de las Casas-Deza lo incluyó entre los castillos y atalayas del término y atribuyó a los árabes la línea de comunicación a la que habría pertenecido, aunque no es una datación arqueológica.

¿De qué está hecho el Castillejo de la Nava

Está construido con bloques irregulares de cuarcita gris, sin cemento de unión, asentados sobre una gran roca. Algunos bloques miden aproximadamente un metro por lado, y los restos conservados superan algo el metro de altura.

¿Qué se ve desde el Castillejo de la Nava

Desde el espolón se domina el valle del arroyo del Tamujar y parte de la Sierra de Santa Eufemia. Hacia el este-sureste se citan el Peñón del Horcón, de 878 metros, el Cerro del Telégrafo, de 806, y el castillo de Miramontes.

¿En qué estado se encuentra el recinto

El inventario municipal de 2009 lo describió como una ruina sin uso y en mal estado. Atribuía el deterioro principalmente al derrumbe de los bloques que formaban la fortificación.

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