Ermita de Santa Eufemia: audioguía de la ermita de El Donadío
Cinco kilómetros al este del pueblo, junto al Guadalmez, una ermita pequeña guarda una leyenda grande. Te cuento quién dicen que acampó aquí, quién prometió qué a su patrona y qué piedras antiguas asoman en sus muros. Es una visita breve, pensada para recorrer el exterior y entrar si la puerta está abierta.

El Donadío y el río Guadalmez: dónde está la ermita
El campamento junto al río
Colócate en el camino de acceso a la finca El Donadío, con el río Guadalmez a un lado y la ermita delante.
¿Dónde acamparías tú antes de asaltar un castillo? Los de aquí lo tienen claro: justo donde estás. Cuenta la tradición local que en este paraje, la finca de El Donadío, junto al Guadalmez, plantaron sus tiendas las tropas de Alfonso séptimo antes de la conquista. Es tradición, no una localización demostrada, pero reconozco que el sitio invita a creerla.
Mira cómo se asienta el edificio en la ribera. Es pequeño, blanco, bajo, y parece haber crecido allí con el río y los árboles. El pueblo queda a unos cinco kilómetros al oeste.
Y aquí viene lo bueno. Según esa misma tradición, el castillo no lo tomó un ejército cualquiera. Lo habrían tomado treinta y tres caballeros italianos de Calabria, que servían en las huestes del rey. Dicen además que Alfonso séptimo los arengó durante el asalto gritando el nombre de la santa. Cuentan, y me gustaría creerlo, que aquel nombre valía por todo un regimiento.
Nadie ha probado nada de esto, y quizá por eso se sigue contando. El edificio está catalogado con protección integral, de modo que lo que ves hoy se cuida como un tesoro.
Pero el campamento es solo la mitad del cuento. La otra mitad está dentro de los muros, y empieza por fuera.
Para profundizar
Hay un detalle que hace la leyenda más humana. Un autor local cuenta que los caballeros calabreses habrían hecho una promesa a su patrona antes de la batalla. Y en esa versión, la ermita sería el cumplimiento de la promesa.
Piensa en lo que significa. Antes del combate, un grupo de hombres lejos de casa le encomienda a una santa el resultado. Después, si todo sale bien, hay que pagar la deuda. Es una lógica muy reconocible, la de cualquiera que alguna vez haya dicho: si esto sale bien, yo hago aquello.
La hermandad actual conserva ese número, treinta y tres hermanos, como recuerdo de los conquistadores legendarios. La misma fuente local avisa de que se trata de una historia que se cuenta, y esa franqueza le sienta bien.
Mientras te acercas, busca el punto exterior donde la tradición sitúa el campamento. No hay cartel ni vestigio, solo el paisaje de ribera que hizo falta para imaginar la escena.
Rodea ahora el edificio. Los muros tienen mucho que decir.
Fachada y contrafuertes: así es la ermita por fuera
Contrafuertes, ladrillo y romería

Camina despacio alrededor de la nave y para donde veas bien los contrafuertes y el tejado.
Esta ermita tiene la planta de un piso grande: doce metros y sesenta centímetros de largo por ocho y sesenta de ancho, unos ciento ocho metros cuadrados. Una sola nave. Y aun así lleva por fuera contrafuertes gruesos, como quien se pone un abrigo de invierno.
Fíjate en la base. Bajo el ladrillo asoman pilares de piedra, y esa mezcla de materiales da al edificio su carácter. Sube la vista y verás la cubierta inclinada, cubierta de teja. Se conservan la mayoría de sus estructuras originales, aunque también ha tenido restauraciones. Es un edificio que ha sido cuidado y arreglado, que es lo que le pasa a lo que se quiere conservar.
Ahora imagina este rincón en el Domingo de Resurrección. Tras la misa, los vecinos organizan un cortejo y salen del pueblo hasta la ermita de El Donadío, acompañando a la patrona. Cinco kilómetros a pie, con la santa delante. Aquello que hoy parece un edificio tranquilo, ese día se convierte en destino de todo un pueblo.
Hay algo muy bonito en eso. Un edificio de ciento ocho metros cuadrados recibe cada primavera a toda una comunidad.
Y quienes la acompañan no son un grupo cualquiera. Son una cofradía con jerarquía propia, y sus símbolos te van a sorprender.
Para profundizar
Los hermanos forman una cofradía jerárquica y mantienen símbolos de apariencia militar: bandera, junco, alabarda y tambor. En una romería de primavera puede sonar raro encontrar un tambor y una alabarda, pero encaja con la leyenda de los caballeros. Es como si la memoria de aquella batalla legendaria siguiera desfilando cada año, con su uniforme de gala.
Un autor local, que se presenta como miembro de la hermandad, cuenta que esta cuida la ermita y mantiene viva la memoria de los treinta y tres. Si lo piensas, es una forma muy práctica de memoria. No consiste solo en recordar. También se barre, se arregla y se abre la puerta.
Mientras sigues tu vuelta por el exterior, comprueba la diferencia entre la piedra de la base y el ladrillo que sube sobre ella. Verás que el edificio no es de una pieza, sino de varias decisiones sucesivas.
Cuando llegues a la fachada, fíjate en lo que protege la entrada.
Portada y pórtico: la entrada de la ermita
Un arco bajo el pórtico

Sitúate frente a la puerta principal, justo debajo del pórtico.
Antes de entrar, haz un pequeño ejercicio: da un paso atrás y mira dónde estás. Estás bajo un pórtico, y el pórtico no es tan antiguo como lo que protege. Es una construcción posterior, añadida para resguardar la portada.
Y la portada merece la pena. Es de ladrillo blanqueado con cal y se remata con un arco de medio punto, sencillo y redondo. Fíjate en la diferencia entre ese frente encalado y el pórtico que lo cubre. Dos momentos distintos conviven en un mismo umbral.
Esta ermita no es un museo. Se usa también como parroquia, y es lugar destacado en las romerías. Cada Domingo de Resurrección, la procesión de Santa Eufemia llega hasta aquí. Quien cruza esta puerta ese día pisa el mismo umbral que cruzan los vecinos desde hace generaciones.
Si la puerta está abierta, entra con calma.
Para profundizar
Conviene mirar la portada como un pequeño libro de obras. El pórtico se añadió después para proteger el acceso, y esa decisión cuenta algo: alguien pensó que merecía la pena cuidar la entrada.
El encalado también cuenta. Una cal blanca sobre el ladrillo ilumina la fachada y la distingue del entorno, y se renueva con el tiempo.
Quédate un momento en el umbral y observa el espacio que queda entre la puerta y el exterior. Es un lugar de transición, ni dentro ni fuera, donde la comunidad se detiene antes de pasar.
El fresco de Santa Eufemia y la nave
La santa del nicho

Entra en la nave y colócate bajo el primer arco, mirando hacia la cabecera.
Al fondo, en el nicho abovedado, hay una mujer pintada con escenas de su martirio a ambos lados. Es la santa de la casa. El fresco se fecha en el siglo dieciséis, y lo primero que sorprende es que siga ahí, en un edificio tan pequeño y tan lejos de cualquier gran ciudad.
Antes de acercarte, levanta la vista. Dos arcos fajones apuntados, de ladrillo, cruzan la nave y arrancan sobre pilares de piedra. Marcan el ritmo del espacio, como los compases de una canción lenta.
Ahora la historia. Según la tradición recogida por un autor local, los caballeros calabreses habrían dedicado la ermita a su patrona tras la batalla. Primero la promesa y después la deuda saldada, con una santa pintada al fondo para recordarlo. Es tradición, no documento, pero ordena bien el edificio.
Y ahora, el giro. El mismo autor admite que no se sabe si esta fue la primera ermita. Quizá hubo otra antes, y quizá esta es la heredera de un lugar que ya era sagrado. Nadie lo ha demostrado.
Quédate un momento delante del nicho. Pocas pinturas tienen tanto que contar con tan poco espacio.
Para profundizar
La devoción a esta santa mezcla dos memorias: el culto a ella y el recuerdo de los caballeros. Lo cuenta así el relato local, como una interpretación, y es una forma hermosa de leer lo que tienes delante.
Fíjate en cómo el fresco coloca a la santa en el centro y los episodios del martirio a los lados. Se lee de un vistazo, como una historieta antigua pensada para quien no sabía leer palabras pero sí imágenes.
Después, mira otra vez los arcos. Dos pilares de piedra sostienen el ladrillo, y la nave parece respirar entre ellos.
Al salir, vuelve la vista a los muros. Hay piedras que no cuadran con el resto.
Sillares y estela: los restos antiguos del entorno
Las piedras que vinieron de antes

Sal y recorre los muros exteriores, buscando sillares y la estela empotrada. No muevas ni toques las piezas.
¿Y si una de estas piedras tuviera nombre? Un autor local cuenta que, entre los sillares del entorno, encontró una lápida vinculada a una mujer llamada Sempronia, a quien identifica como soliense. Una vecina de hace siglos, hablando desde una piedra.
Busca ahora la estela incorporada a uno de los muros y los sillares dispersos alrededor. Fíjate en la diferencia entre la fábrica de la ermita, de ladrillo y piedra, y estos materiales antiguos. Parecen de otra conversación.
Hay más. En las inmediaciones se han registrado fragmentos de cerámica común romana, de sigillata y de tégula. Ninguno de esos hallazgos data por sí solo la ermita actual, pero indican que este paraje ya fue frecuentado en tiempos antiguos.
Y de ahí nace la pregunta. Aquel mismo autor propone, como posibilidad y no como hecho, que cerca hubiera una ciudad romana llamada Solia. Los expertos tienen mucho que decir todavía, porque nada de esto está confirmado.
Lo que sí puedes hacer es mirar los muros con otros ojos. Quizá en esta pared haya piedras que ya estaban cuando nadie había pensado en la ermita.
Para profundizar
El autor local plantea otras hipótesis: una villa romana o un templo pagano. Ninguna se presenta como hallazgo confirmado, y esa prudencia las vuelve más interesantes. Cuando alguien te dice que no está seguro, suele valer la pena escucharle.
Según el recuerdo local, los sillares y las formas constructivas distintas de las habituales llamaron la atención de quienes eligieron el paraje. Es una idea sugerente: que alguien mirara estas piedras y decidiera quedarse.
El propio texto deja varias posibilidades abiertas y enlaza el lugar con una antigua ocupación humana. Me gusta que sea así. Lo cierto es que aquí vivió gente mucho antes de que nadie hablara de caballeros.
Da una última vuelta al edificio, despacio. Tienes delante una ermita pequeña con muchas capas, y ninguna ha terminado de contarse.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está en la finca El Donadío, junto al río Guadalmez, a unos cinco kilómetros al este del pueblo de Santa Eufemia.
- Horarios: confirma los horarios de apertura en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir.
- Uso actual: la ermita funciona también como parroquia, así que entra con respeto y en silencio.
- Fecha especial: el Domingo de Resurrección llega hasta aquí la procesión de Santa Eufemia, con la romería.
- Piezas antiguas: no muevas ni manipules la estela ni los sillares de los muros.
- Duración: el edificio es pequeño, así que cuenta con una visita tranquila y breve.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Santa Eufemia
La Ermita de Santa Eufemia, en la finca El Donadío, junto al río Guadalmez. Destacan su fábrica de ladrillo y piedra con contrafuertes, la portada con arco de medio punto, el fresco del siglo XVI en el nicho y una estela empotrada en un muro.
¿Cómo llegar a la Ermita de Santa Eufemia
La ermita está en la finca El Donadío, junto al río Guadalmez, a unos 5 km al este del pueblo de Santa Eufemia. Cada Domingo de Resurrección el cortejo sale del pueblo hasta la ermita tras la misa.
¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de Santa Eufemia
Conviene confirmar el horario en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir. La ermita se usa también como parroquia y es lugar destacado en las romerías, de modo que el acceso puede variar según los actos.
¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de Santa Eufemia
Es una ermita pequeña, de una sola nave de 12,6 por 8,6 metros. Una visita tranquila al exterior, a la portada, al fresco y a los muros con restos antiguos es breve, y el paseo desde el pueblo añade tiempo si lo haces a pie.
¿Cuál es la historia de la Ermita de Santa Eufemia
El catálogo municipal le asigna una cronología de Bajo Imperio Romano-Visigodo, aunque eso no fecha la fábrica actual. La tradición local la vincula con 33 caballeros calabreses y con Alfonso VII, pero es una leyenda, no un hecho probado.
¿Qué se celebra en la Ermita de Santa Eufemia
El Domingo de Resurrección los vecinos acompañan a la patrona en procesión desde el pueblo hasta la ermita, en un cortejo que se organiza tras la misa. La hermandad mantiene símbolos de apariencia militar, como bandera, junco, alabarda y tambor.
¿Qué restos antiguos hay junto a la Ermita de Santa Eufemia
Se mencionan sillares en el entorno y una estela incorporada a un muro. También se han registrado fragmentos de cerámica común romana, sigillata y tégula. Estos materiales no datan por sí solos la construcción actual de la ermita.
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