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Dos mundos bajo un arco

Ruta a pie por el centro histórico de Montilla tras los pasos del Inca Garcilaso

Un hombre nacido en el Cusco vivió treinta años en una casa de Montilla y acabó convirtiendo dos mundos en literatura. Esta ruta a pie por el centro histórico te lleva desde los libros de bautismo hasta su casa, y por el camino intenta responder cómo lo hizo.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Dos mundos bajo un arco

Parroquia de Santiago Apóstol: las más de cien partidas de bautismo del Inca

Más de cien veces padrino

ante la Parroquia de Santiago Apóstol, en la calle Iglesia, mirando la fachada del templo.

Empiezo por una cifra, porque las cifras no se discuten. Más de cien. Esa es la cantidad de partidas de bautismo montillanas en las que figura como padrino un hombre nacido en el Cusco. Más de cien niños que crecieron sabiendo que, en algún libro, su nombre estaba junto al de él.

Se llamó Inca Garcilaso de la Vega, y esa es la persona que vamos a seguir. La pregunta que te propongo para el paseo es cómo un hombre con una vida repartida entre dos culturas consiguió convertirla en literatura. Yo no la tengo resuelta. Por eso caminamos.

Fíjate en que la respuesta empieza aquí, en lo más aburrido que existe: los archivos. Los registros de los años mil quinientos sesenta a mil quinientos ochenta cuentan una vida social y económica muy intensa. Hay rentas, alquileres, caballos, compras y ventas. El investigador Raúl Porras trabajó sobre esos papeles parroquiales, y gracias a él sabemos que el autor tenía también agenda de vecino con muchos ahijados.

Un aviso práctico: no te prometo que puedas pedir ver esos libros. Lo que sí puedes hacer es mirar el templo y pensar que, en algún lugar de ahí dentro, un nombre se repite una y otra vez.

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Desde la puerta, sigue unos doscientos diez metros hacia el sureste. Son dos minutos tranquilos. Mientras andas, quédate con una pregunta pequeña: ¿qué nombre firmaba ese padrino cuando se plantaba ante el sacerdote? Porque si algo vamos a descubrir es que su nombre cambió por el camino. Y cambiar de nombre, en esta historia, no es un detalle de papeleo. Busca la calle San Juan de Dios y el número diez. Para en la casa-oratorio de San Juan de Ávila.


Casa-oratorio de San Juan de Ávila: el ambiente intelectual de la Montilla del Inca

Una villa de rezos y de libros

Casa-oratorio de San Juan de Ávila en Montilla, parada de la ruta del Inca Garcilaso

frente a la casa-oratorio de San Juan de Ávila, en la calle San Juan de Dios, número diez; mira la fachada.

Aquí conviene ser honestos desde el principio, que es como mejor se camina. Esta parada es de ambiente, no de encuentro. Nadie ha demostrado que el santo y el autor se cruzaran, y yo no voy a inventar esa escena por redondear el relato.

Lo que sí puedo decirte es lo que respiraba la Montilla donde se instaló el Inca. Era una villa con vida religiosa e intelectual, con una casa-oratorio como esta que todavía hoy se visita de forma concertada. Si quieres entrar, pregunta antes. Es un lugar de recogimiento, y se nota hasta desde la acera.

Piensa en lo que significa llegar a un sitio así desde el otro lado del océano, cargado de recuerdos de otra lengua y otro paisaje. Un lugar de rezos y de letras puede ser un buen hogar para alguien que está empezando a darle vueltas a su propia historia. Su primera escritura pública, por cierto, no sería una crónica del Perú. Sería una traducción, y llegaremos a ella. De momento, quédate con la imagen de un forastero que escucha, observa y lee en una villa que le da tiempo.

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Continúa unos noventa metros hacia el sureste, apenas un minuto. Delante de ti va a aparecer un arco elevado que une dos edificios, como un puente puesto en el aire. Te voy a hablar de a quién unía. Y te adelanto que no pretendo que el Inca pasara por debajo, porque eso no lo sé. Para en el Arco de Santa Clara, en la calle Santa Clara.


Arco de Santa Clara: la Montilla señorial que rodeó a Garcilaso

El arco que une dos mundos

Arco de Santa Clara en Montilla, qué ver en el centro histórico

en la calle Santa Clara, bajo el arco elevado; mira hacia arriba, a la altura de los tejados.

Mira hacia arriba. Un arco levantado a cierta altura comunica el conjunto palaciego con la iglesia del convento. Quien lo cruzaba no pisaba la calle. Iba de un edificio a otro sin mezclarse con quien pasaba abajo.

Esa es la mejor imagen que conozco de la Montilla señorial: una ciudad donde unos caminaban por la calle y otros por el aire. Los marqueses de Priego mandaban en la villa, y el Inca vivió en el paisaje social que esos marqueses habían dibujado. No sé si cruzó este arco, y tampoco te lo voy a afirmar.

Aquí empieza a verse una de las claves de su caso. Una persona venida del Cusco, con un nombre que le abría algunas puertas y le cerraba otras, tenía que moverse entre los de arriba y los de abajo. Y entender cómo se lee ese equilibrio ya es medio camino hacia entender cómo escribió.

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Cien metros hacia el este, un minuto. El arco apunta justo hacia donde vas, así que lo tienes de guía. Al fondo se abre un espacio ancho y despejado, y en él, una fachada con escudos. Es la casa de quienes mandaban aquí. Cuando llegues, no te quedes en la puerta; retrocede un poco, que la fachada se entiende mejor con distancia. Para en el Palacio de los Duques de Medinaceli.


Palacio de los Duques de Medinaceli: ¿accedió el Inca a la biblioteca de los marqueses?

Una biblioteca que quizá se abrió

Palacio de los Duques de Medinaceli en Montilla, relacionado con el Inca Garcilaso

frente al Palacio de los Duques de Medinaceli, en el Llano de Palacio; mira los escudos de la fachada.

Los escudos de esa fachada dicen muy claramente quién mandaba. Ahora te cuento cuánto. En mil quinientos siete, el marqués de Priego alentó un levantamiento contra el inquisidor Diego Rodríguez Lucero. El inquisidor consiguió huir, y el conflicto agravó la tensión con el rey Fernando el Católico. Todo eso ocurrió más de medio siglo antes de que llegara el Inca. Pero fíjate en el tamaño de la casa en la que estás pensando: una familia capaz de enfrentarse a la Inquisición y de tensar la cuerda con un rey.

Esta es la residencia de los marqueses, y aquí aparece una hipótesis que me gusta contarte con las manos abiertas. Un investigador montillano, Enrique Garramiola Prieto, sugirió que el Inca pudo acceder a la biblioteca de los marqueses. Pudo. No consta. Nadie lo ha demostrado.

Un hombre con hambre de lecturas y, a pocos pasos, una biblioteca señorial. Si la puerta se abrió o no, es una de esas preguntas que hacen que un paseo valga la pena. Yo me quedo con la duda. Es de las buenas.

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No hace falta caminar casi nada: el Llano de Palacio es el espacio abierto que tienes justo delante del edificio. Gira sobre ti mismo, hacia el norte, y deja que la explanada haga su trabajo. Es una parada de respiro, de un minuto, para colocar en el mapa el poder que rodeó al Inca. Mientras te giras, ve pensando en un documento de hace casi cuatro siglos y medio que cambia la imagen que tenías del forastero. Para en el Llano de Palacio.


Llano de Palacio: la misión ante el rey que propuso el cabildo en 1587

El forastero al que el cabildo quiso enviar al rey

Llano de Palacio en Montilla, parada de la ruta del Inca Garcilaso de la Vega

en el Llano de Palacio, de espaldas al palacio o de lado, mirando la explanada.

Te toca el giro de la mitad, y es de los que me cambian la idea. Hasta aquí, tal vez, imaginabas al Inca como un recién llegado, un hombre mirando desde fuera. Pues en mil quinientos ochenta y siete el cabildo de Montilla lo consideró persona de crédito y suficiencia, y lo propuso para una misión ante el rey.

Dilo despacio. El concejo de una villa señorial, con un palacio a tus espaldas, pensó que el hombre nacido en el Cusco era la persona adecuada para hablar ante el monarca. Ese era su lugar en Montilla para entonces.

Y ahora la letra pequeña, que es la parte honesta. La fuente que recoge el episodio advierte que no consta que la comisión llegara a realizarse. Así que tenemos una propuesta, un voto de confianza, y no sabemos si acabó en viaje.

Me quedo con eso. Quizá la identidad que se construye entre dos culturas no sea solo una herida o un problema. Quizá, para quien la sabe manejar, también sea una credencial.

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Ahora toca caminar de verdad: unos trescientos treinta metros hacia el oeste, cuatro minutos. Es el tramo más largo del paseo, así que aprovecha para ir despacio. Vas a dejar atrás la Montilla de los marqueses y entrar en la de las plazas. Cuando llegues, busca un lugar donde pararte con una pequeña ermita a la vista. Ahí vamos a hablar del momento en que el Inca dejó de leer en privado. Para en la Plaza de la Rosa.


Plaza de la Rosa: el prólogo de 1586 fechado en Montilla

El día que un prólogo se fechó en Montilla

Plaza de la Rosa en Montilla, qué ver en el centro y ruta del Inca Garcilaso

en el centro de la Plaza de la Rosa, mirando los edificios que la enmarcan y las calles que salen de ella.

Plaza abierta, gente que cruza, algún banco. Y una confesión: no puedo atribuirle a Garcilaso ningún episodio concreto en esta plaza. Lo que hace es lo que hacen las plazas buenas, que es dar escala. Te deja ver cómo era de grande el escenario donde vivió.

Con esa escala, mira esta fecha: diecinueve de enero de mil quinientos ochenta y seis. Ese día quedó fechado, en Montilla, el prólogo de su traducción de los Diálogos de amor, del italiano al español.

Para mí el detalle bonito es este: antes de contar su propia historia, tradujo la de otro. Antes de hablar por boca propia, pasó una obra de una lengua a otra. Cuando hablamos de un hombre que vivía entre dos culturas, ese gesto no es casualidad. Traducir es ser puente. Y los especialistas lo dicen así: ese texto marca el paso de las lecturas privadas a la escritura pública.

Así que cuando cruces esta plaza, piensa en una cosa. Aquí cerca, alguien dejó de leer para sí mismo y empezó a hablar a los demás.

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No te muevas apenas: la ermita está en la misma plaza, a cero metros, hacia el norte. Gira la cabeza y verás su fachada. Tienes un minuto para decidir si merece entrar, y mientras lo piensas, te adelanto de qué va a ir la siguiente parada: de todo lo que un hombre hace cuando no escribe. Porque en este mundo no se vivía solo de libros. Para en la Ermita de la Rosa.


Ermita de la Rosa: la vida cotidiana del Inca, entre rentas y caballos

Treinta años no se viven solo con tinta

Ermita de la Rosa en Montilla, historia de Montilla en la ruta del Inca Garcilaso

ante la Ermita de la Rosa, en la plaza; mira la fachada de una sola nave.

La ermita es un edificio de una nave, con retablos que describe la ficha turística, y se puede entrar si está abierta. Es un lugar para mirar con calma y bajar la voz.

No te voy a decir que el Inca rezó aquí, porque no lo sé. Sí te puedo decir lo que hacía con su tiempo, y es más variado de lo que se espera de un escritor. Los archivos registran rentas, alquileres, caballos, compras y ventas. Hay una vida de propietario, de vecino, de hombre con negocios. La imagen del literato encerrado en un despacho se queda corta.

Y eso, creo, es parte de la respuesta a la pregunta del paseo. No convirtió su vida en literatura apartándose de ella. La convirtió viviéndola hasta el fondo: con caballos que mantener y ahijados que apadrinar, con cuentas y con amigos. Su escritura salió de ahí.

Hay que reconocerlo: es un consuelo para todos los que escribimos entre recados.

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Ciento veinte metros hacia el sureste, un minuto, y desembocas en la calle Capitán Alonso de Vargas. Lleva el nombre de un hombre que fue tío y protector del Inca, y eso lo cambia todo. Una calle con nombre de familiar es casi una dedicatoria a escala urbana. Camina hasta tenerla delante y mira el tramo frente al número tres. Para en la calle Capitán Alonso de Vargas.


Calle Capitán Alonso de Vargas: el tío protector y la herencia de 1561

Una calle con nombre de tío

Calle Capitán Alonso de Vargas en Montilla, junto a la Casa Museo del Inca Garcilaso

en el tramo de la calle Capitán Alonso de Vargas frente al número tres; mira la perspectiva de la calle y, al fondo, la casa.

Esta calle conserva el nombre de Alonso de Vargas, tío y protector del Inca. Un tío que da su nombre a una calle, y un sobrino que acaba viviendo en ella. Hay familias que se leen en un callejero.

Y ahora, una historia de papeles. Cuando el Inca aparece por primera vez en los archivos locales, en mil quinientos sesenta y uno, lo hace reclamando una herencia familiar, y todavía con su nombre de nacimiento. Ese registro temprano es precioso, porque te deja ver el cambio de identidad sin convertirlo en leyenda. Primero un heredero con nombre de pila, luego, poco a poco, otra cosa.

Aquí hay además un pequeño misterio. Las fuentes académicas sitúan su establecimiento en Montilla en mil quinientos sesenta y uno. Pero un texto presentado en unas actas por el cronista oficial de Montilla habla de finales del verano de mil quinientos cincuenta y uno. Diez años de diferencia. No tomo partido. Lo anoto como lo que es: una discrepancia que invita a seguir leyendo.

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Veinte metros hacia el oeste, un minuto escaso. Son los pasos de quien ya ve la puerta. La casa tiene una fachada sobria, con puerta y balcón principal, y no hace falta que te lo cuente: lo verás. Prepárate para una idea incómoda, la de que esta casa no es donde nació. Para ante la fachada de la Casa-Museo del Inca Garcilaso.


Casa-Museo del Inca Garcilaso: la casa donde vivió, no donde nació

La casa donde no nació

Fachada de la Casa Museo del Inca Garcilaso en Montilla

frente a la fachada principal de la Casa-Museo, en la calle Capitán Alonso de Vargas, número tres; mira la puerta y el balcón.

Aquí vivió treinta años. Subrayo lo de vivió, porque un error frecuente es llamarla casa natal, y no lo es. Garcilaso nació en el Cusco. Esta es la casa donde residió en Montilla, y es una diferencia que importa: no es un lugar de origen, sino de elección.

La fachada es sobria. Una puerta, un balcón, nada que grite. Y detrás de esa discreción, la casa donde un hombre fue cambiando de nombre. Su primera identidad pública fue Gómez Suárez de Figueroa, nombre ligado a la rama paterna. Después, en su firma y en sus textos, fue incorporando la palabra Inca.

¿Por qué? La explicación que recoge la propia Casa es una interpretación: ve en esa elección una reivindicación de su identidad y de su linaje. Yo la trato como hipótesis, aunque debo decir que encaja.

Piénsalo. Un hombre que podía haber seguido siendo Gómez Suárez de Figueroa decidió añadir una palabra que decía de dónde venía su madre. Esa es la decisión literaria más temprana de todas.

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Cruza la puerta si el museo está abierto; conviene comprobar el horario antes de venir. No hay distancia que medir: entras y sigues el recorrido por las salas, guiándote por lo que ves. Busca el despacho, el retrato y las salas de exposición. Allí cerramos la pregunta. Para en el interior de la Casa-Museo.


Interior de la Casa-Museo: la firma de 1563 y el legado mestizo

Una firma de mil quinientos sesenta y tres y una respuesta

Despacho de la Casa Museo del Inca Garcilaso en Montilla, interior del museo

dentro de la Casa-Museo, en el despacho y las salas de exposición; si hay retrato a la vista, empieza por él.

Llegamos. Si el museo está abierto, estás en el despacho, entre el retrato y las salas de exposición. Un aviso de honestidad: no atribuyas sin más el mobiliario actual al siglo dieciséis. Es un museo, y los museos montan sus escenas.

Lo que sí es de la casa es una firma. Raúl Porras y José Cobos identificaron aquí una firma fechada en mil quinientos sesenta y tres. No consta que el documento original esté expuesto, así que no te prometo verlo. Pero saber que el hallazgo salió de estas paredes ya cambia cómo se mira la sala.

Y la zona de bodega, si la visitas, es una construcción posterior, situada donde probablemente estuvieron las caballerizas. Aquí no conviene confundir reconstrucción con lo original.

Ahora, la pregunta. ¿Cómo convirtió su vida entre dos culturas en literatura? Con paciencia y a pasos. Primero un nombre de nacimiento y una herencia que reclamar. Luego años de vida de vecino. Después la traducción de mil quinientos ochenta y seis, que lo llevó de la lectura privada a la escritura pública. Murió en mil seiscientos dieciséis, y la segunda parte de su historia del Perú apareció al año siguiente, ya sin él, en Córdoba. Su vida mestiza no fue el obstáculo de su obra. Fue el material.

Epílogo

Has caminado menos de un kilómetro y has recorrido, sin darte cuenta, la vida de alguien. Empezaste en unos libros de bautismo, con más de cien ahijados, y acabas en la casa donde un hombre del Cusco vivió treinta años y fue añadiendo una palabra a su nombre. Quedan preguntas abiertas: si pisó la biblioteca de los marqueses, si llegó a ver al rey, si fue en mil quinientos cincuenta y uno o en sesenta y uno cuando llegó. Me gusta que queden. Una vida entre dos mundos no se agota en un paseo. Pero esta tiene casa, calle y firma, y eso, para ser una vida de hace cuatro siglos, no es poco.

Si te has quedado con ganas


Preguntas frecuentes

¿Qué relación tiene el Inca Garcilaso con Montilla

Montilla fue su villa de residencia adulta. Aquí vivió en la casa hoy convertida en museo, aparece en los archivos locales reclamando una herencia en 1561 y figura como padrino en más de cien bautismos. Aquí fechó también el prólogo de su traducción de los Diálogos de amor, en 1586.

¿Cuánto tiempo vivió el Inca Garcilaso en Montilla

Vivió treinta años en la casa que hoy es Casa-Museo. Las fuentes académicas sitúan su establecimiento en Montilla en 1561, aunque un texto presentado en unas actas habla de 1551. Esa discrepancia se mantiene como controversia, sin darla por resuelta.

¿Dónde está la Casa-Museo del Inca Garcilaso

Está en la calle Capitán Alonso de Vargas, número 3, en el centro histórico de Montilla. La calle lleva el nombre de Alonso de Vargas, tío y protector del Inca. Conviene consultar antes el horario de apertura, porque el acceso al interior depende de él.

¿Qué escribió el Inca Garcilaso

Tradujo del italiano al español los Diálogos de amor, cuyo prólogo está fechado en Montilla el 19 de enero de 1586. Esa traducción marca su paso de las lecturas privadas a la escritura pública. La segunda parte de su historia del Perú apareció póstumamente en Córdoba en 1617.

¿Qué ver en el centro de Montilla siguiendo al Inca

La ruta de 870 metros pasa por la Parroquia de Santiago Apóstol, la casa-oratorio de San Juan de Ávila, el Arco de Santa Clara, el Palacio de los Duques de Medinaceli, la Plaza de la Rosa, la Ermita de la Rosa y la Casa-Museo.

¿Es la Casa-Museo la casa natal del Inca Garcilaso

No. Garcilaso nació en el Cusco. La Casa-Museo de la calle Capitán Alonso de Vargas es la casa donde residió en Montilla. Además, la zona de bodega que se visita es una construcción posterior, situada donde originalmente estarían las caballerizas.

¿Qué se sabe de la firma de 1563

Raúl Porras y José Cobos identificaron en la casa una firma fechada en 1563. No se ha confirmado que el documento original esté expuesto al público, así que conviene no dar por seguro que pueda verse durante la visita.

¿Pudo el Inca Garcilaso usar la biblioteca de los marqueses de Priego

Es una hipótesis. El investigador montillano Enrique Garramiola Prieto sugirió que Garcilaso pudo acceder a la biblioteca de los marqueses, pero las fuentes lo presentan como posibilidad y no como acceso demostrado.