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Molino de las Monjas en Montoro: historia y audioguía

Un molino con nombre de monjas, tres piedras de moler y un contrato del siglo dieciséis que obligaba a pelearse con el río. Esta audioguía te cuenta quién tenía qué en el Molino de las Monjas de Montoro, mientras miras el Guadalquivir y el casco histórico al fondo.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Molino de las Monjas en Montoro: historia y audioguía

Historia del Molino de las Monjas y su emplazamiento junto al Guadalquivir

Las monjas que nunca molieron

Colócate en la ribera, en un punto desde el que veas el conjunto de molinos con el río por delante. Mira también hacia Montoro, al fondo.

¿Quién da nombre a un molino sin haber movido nunca una rueda? Las monjas. Las de Santa Clara, del convento de Córdoba, que a mediados del siglo dieciséis eran copropietarias de este molino. De ahí viene el nombre que tienes delante.

Fíjate en la silueta del conjunto y en cómo se acerca al agua. Cuesta imaginar un sitio más lógico para un molino que este, con el Guadalquivir al lado y el pueblo asomando al fondo.

Y ahora, la parte con nombres propios. En 1555, un hombre llamado Antón López Grande tenía alquilada a las monjas, de por vida, la llamada piedra de adentro. De por vida, ojo. Pues bien, ese año se la subarrendó a otro hombre, Juan Ruiz Zapatero.

Haz la cuenta conmigo. Las monjas, propietarias. Antón, inquilino vitalicio. Y Juan, inquilino del inquilino. Hay que reconocerlo: lo de la cadena de intermediarios no lo inventamos nosotros.

Lo que no sabemos es cuánto grano pasó por esa piedra ni qué pensaban las monjas de que su alquiler tuviera un segundo piso. Lo que sí sabemos es que Juan no se llevó la piedra gratis. El contrato traía letra pequeña, y la letra pequeña tenía que ver con el río. Eso lo dejamos para la tercera parada. Antes, vamos a ver qué guarda el molino por dentro.

Para profundizar

Los técnicos que estudiaron el edificio lo describen como un molino de regolfo. Lo que más valoran del conjunto no es solo la maquinaria, sino el lugar donde está. Su informe destaca la vista del casco histórico de Montoro y del Puente de las Donadas desde esta orilla.

Ese informe se preparó para proponer la inclusión del molino en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía. Conviene no dar por hecho que puedas entrar. Lo que tienes garantizado es lo que ves desde fuera: la silueta, el río y el pueblo detrás. Las descripciones del edificio salen de estudios, y no aseguran cómo está hoy.

Qué ver en el Molino de las Monjas: las tres piedras soleras

Tres piedras y un edificio dormido

Muros del Molino de las Monjas de Montoro, edificio con tres piedras soleras

Sigue en la ribera, mirando el cuerpo del edificio. Esta parada se escucha desde fuera.

Tres piedras. Esa es la cifra que cuenta aquí. Cuando los técnicos de la Junta registraron el edificio, lo encontraron abandonado. Pero entre el abandono seguían allí tres piedras soleras, que son las de abajo, sobre las que giraba la muela.

Piénsalo un momento. Un molino puede perder el tejado, la actividad y hasta la memoria de quién lo usaba, y aun así conservar las piedras con las que se ganaba la vida. Son pesadas y difíciles de llevarse. Quizá por eso se quedan.

Tres piedras significan que aquí se molía en más de un puesto a la vez, y que cada piedra podía tener su dueño o su inquilino. Eso último es una deducción mía, y me gustaría que la guardaras como eso. Lo que sí está registrado es lo que vieron los técnicos: edificio abandonado, tres piedras soleras en pie.

Ahora tienes una imagen para llevarte: un molino parado, con sus piedras esperando. ¿Y el río, que era quien mandaba aquí? Vamos a hablar de él.

Para profundizar

Esa descripción procede de un informe técnico, no de una visita reciente, así que no dice cómo está el edificio hoy ni si se puede entrar. Por eso esta parada se vive mejor desde la orilla, mirando el volumen del molino y pensando en las tres piedras que, según los técnicos, seguían allí.

El contrato de 1555 y las crecidas del Guadalquivir

La letra pequeña del Guadalquivir

Río Guadalquivir junto al Molino de las Monjas en Montoro, cuyo contrato de 1555 obligaba a reparar tras las crecidas

Date la vuelta hacia el agua y mira la corriente del río. Desde ahí se entiende de quién eran las obligaciones.

¿Qué firmarías tú: un alquiler que incluye arreglar los destrozos del río? Juan Ruiz Zapatero lo firmó en 1555, cuando Antón López Grande le subarrendó la piedra de adentro.

El trato duraba cuatro años. Juan tenía que pagar en trigo. Y tenía una segunda obligación, la que da gracia a la historia: reparar las alcantarillas del molino después de las crecidas del Guadalquivir.

Fíjate en lo que dice eso. El río no es un paisaje bonito, es parte del contrato. Daba la fuerza para moler, y también ponía las averías. Quien alquilaba la piedra alquilaba también la obligación de volver a arreglar lo que el agua se llevara.

Me gusta pensar en Juan, con el río crecido, mirando las alcantarillas y recordando lo que había firmado. Eso es imaginación mía, lo reconozco. Lo que consta es el compromiso: trigo y reparaciones, durante cuatro años.

Con esto se cierra el recorrido. Te quedas con un nombre de monjas, tres piedras y un contrato. Y con un río que, desde 1555 al menos, ya sabía ponerle condiciones a la gente.

Para profundizar

Esta parada recibe también el nombre del entorno del batán del Retamar, pero lo que se puede contar con seguridad es el contrato. Su cláusula del río dice mucho: el arrendamiento no era solo un precio, era un reparto de riesgos. Antes de irte, vuelve a mirar el conjunto de molinos y el pueblo detrás. Hubo gente que trabajó entre los dos.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Molino de las Monjas

Desde la ribera se ve la silueta del conjunto de molinos, su relación con el Guadalquivir y la panorámica hacia el casco histórico de Montoro y el Puente de las Donadas. Un informe técnico recoge además tres piedras soleras en el interior.

¿Cuál es la historia de Molino de las Monjas

A mediados del siglo XVI, las monjas del convento cordobés de Santa Clara eran copropietarias del molino, de ahí su nombre. En 1555 se documenta el subarriendo de la llamada piedra de adentro, alquilada de por vida a las monjas por Antón López Grande.

¿Por qué se llama Molino de las Monjas

El nombre alude a las monjas del convento de Santa Clara de Córdoba, que a mediados del siglo XVI eran copropietarias del molino. Eran dueñas junto a otros, y el edificio conserva su recuerdo en el nombre.

¿Qué tipo de molino es

La documentación técnica lo describe como un molino de regolfo y valora especialmente su emplazamiento paisajístico junto al Guadalquivir. El informe registró el edificio abandonado, con tres piedras soleras conservadas.

¿Qué decía el contrato de 1555

Juan Ruiz Zapatero recibió en subarriendo la piedra de adentro por cuatro años. Debía pagar trigo y reparar las alcantarillas del molino tras las crecidas del Guadalquivir, de modo que el contrato incluía obligaciones frente al río.

¿Cuál es el horario de Molino de las Monjas

No hay un horario verificado, ni confirmación de que se pueda entrar al inmueble. Lo recomendable es consultarlo en la oficina de turismo de Montoro o en la web oficial del ayuntamiento antes de la visita.

¿Cómo llegar a Molino de las Monjas en Montoro

Está junto al Guadalquivir, en Montoro. Desde el casco histórico puedes bajar a la ribera, donde se aprecian el conjunto de molinos y el Puente de las Donadas. Confirma la ruta exacta en la oficina de turismo.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar Molino de las Monjas

No hay una duración oficial verificada. La audioguía tiene tres paradas pensadas para escucharse desde la ribera, así que puedes seguirla con calma, sin prisa y sin depender de entrar en el edificio.

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