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Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en La Carlota: historia y qué ver

Este recorrido de tres paradas se hace sin prisa, mirando y escuchando.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en La Carlota: historia y qué ver

Historia de la iglesia de Fuencubierta: de capilla rural a parroquia

La hermana pequeña que se hizo mayor

Colócate en la plaza, frente a la iglesia, de modo que veas entera la fachada y su sitio en el pueblo.

¿Cuánto tiempo puede una iglesia vivir a la sombra de otra? Esta lo hizo durante ciento veinte años. Estás en Fuencubierta, delante de un templo que durante mucho tiempo no fue parroquia. Se levantó en mil setecientos sesenta y nueve como una de las capillas rurales que dependían de la parroquia de La Carlota.

Y así siguió, generación tras generación. Los vecinos de Fuencubierta entraban por esta puerta, pero eclesiásticamente pertenecían a La Carlota. Hasta que alguien movió ficha. La iniciativa de erigir la parroquia se atribuye a un obispo cordobés, Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros. El decreto que separó la aldea de la parroquia carloteña lleva fecha del cuatro de noviembre de mil ochocientos ochenta y nueve.

Ese día, sobre el papel, la capilla dejó de ser la hermana pequeña.

Fíjate en la fachada y en cómo se asienta junto a la plaza. Un edificio que lleva a cuestas una pequeña independencia no necesita presumir de nada.

Dentro te espera una Virgen con una historia que empieza por un zapato.

Para profundizar

La palabra clave de esta historia es dependencia. La aldea no tuvo una parroquia autónoma desde el principio. Desde mil setecientos sesenta y nueve estuvo ligada a La Carlota, y esa relación duró más de un siglo.

El cambio, además, no nació de los vecinos sin más. Se atribuye a una decisión episcopal: fue un obispo quien ordenó separar la aldea de la jurisdicción parroquial carloteña.

Lo que sí aparece en la prensa de la época son referencias a una visita episcopal y al uso de la plaza. Basta para imaginar el lugar con gente, aunque no sepamos con quién.

La Virgen del Rosario de Fuencubierta: la imagen llegada de Valencia

Un zapato de plata

Imagen de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de La Carlota, llegada de Valencia hacia 1946

Entra y acércate al lugar donde se venera la imagen de la Virgen del Rosario. Quédate a una distancia desde la que la veas entera.

De una Virgen entera, lo que se guardó fue un zapato. Es un zapato de plata, y era del Niño que sostenía. Junto a él se conserva la esfera que llevaba en la mano. Son los dos supervivientes de una imagen que ya no está.

Aquella imagen era una talla de vestir, de las que se cubrían con ropa y se adornaban según la ocasión. Fue destruida durante la Guerra Civil. Se dice pronto, pero detrás hay una comunidad que, de un día para otro, se quedó sin la figura a la que rezaba.

La que ves ahora llegó desde Valencia hacia mil novecientos cuarenta y seis. Mide ciento sesenta centímetros, que son más o menos la estatura de una persona pequeña. Es decir, tienes delante a alguien que te mira casi a los ojos.

Busca, si están expuestos, esos objetos de la imagen anterior. Un zapato de plata es poca cosa al lado de una Virgen. Pero a veces lo pequeño es lo que sostiene la memoria cuando lo grande se pierde.

Esta Virgen, además, no preside sola el templo. Levanta la vista hacia el altar mayor, donde otra imagen de la Virgen vive dentro de un retablo lleno de misterios.

Para profundizar

Hay un matiz que enriquece la historia. La imagen actual es una talla seriada, es decir, no es una pieza única hecha para este templo. Pero quien la describe señala también su arraigo popular y su interés histórico. Una cosa no quita la otra.

La anterior era un simulacro de candelero para vestir. Su pérdida explica por qué la imagen hoy venerada es relativamente moderna, y por qué la devoción de Fuencubierta no se apoya en una talla antigua.

Hay otro dato de situación. Según la fuente consultada, la parroquia de Fuencubierta está a siete kilómetros de La Carlota. Es una distancia corta, pero suficiente para que una aldea tuviera su propia Virgen, su propio zapato de plata y su propia manera de recordar.

El retablo mayor y las pinturas de San Francisco Javier

El retablo que no sabe de dónde viene

Retablo mayor con columnas salomónicas de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en La Carlota

Sitúate frente al altar mayor, a unos pasos del retablo, para ver las columnas, la hornacina central y las pinturas de los lados.

¿Qué hace una ola con un crucifijo? Según cuenta la tradición, se lo llevó. Está pintado en una de las escenas laterales de este retablo, y es el tipo de historia que, hay que reconocerlo, uno querría que fuera verdad.

Empecemos por lo que ves. El retablo es de madera tallada y policromada. Fíjate en las columnas salomónicas, esas que giran como un tornillo: tienen siete vueltas. Entre ellas aparecen capiteles compuestos y estípites. En el centro, en la hornacina, hay una Virgen de la Esperanza de setenta y cinco centímetros, que se puede fechar en la segunda mitad del siglo diecisiete.

Ahora las pinturas de los lados. Miden cincuenta por treinta y siete centímetros y cuentan episodios de la vida de San Francisco Javier. En una, cuenta la tradición, Ignacio de Loyola le había regalado un crucifijo y una ola se lo arrebató en el mar. Dicen que una centolla se lo devolvió. Es un relato devocional, y se deja como tal, con cariño.

La otra pintura es más seria. Remite a la muerte de Javier en mil quinientos cincuenta y dos, en Sancian, y lo muestra sosteniendo el crucifijo de Ignacio.

Entre el mar, la centolla y la muerte, el retablo guarda aún un enigma sobre su propio origen.

Para profundizar

Este retablo tiene pendiente su biografía. Una ficha local lo sitúa en el último tercio del siglo dieciocho. Pero en dos mil veinticuatro, cuando se anunció un proyecto para restaurarlo, se recogió otra estimación distinta: Jorge Anillo lo situó aproximadamente a principios del siglo dieciocho y lo vinculó, con prudencia, a la escuela cordobesa.

Hay más. Quizá este retablo no estuvo siempre aquí. Se planteó la hipótesis de que procediera de una congregación jesuita de Écija. De momento es solo eso, una hipótesis, y la noticia no la presenta como resuelta.

Hasta entonces, ahí lo tienes, mirándote con sus columnas torcidas y sus secretos.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Tres cosas destacan: la fachada y su plaza en Fuencubierta, la imagen de la Virgen del Rosario llegada de Valencia hacia 1946 y el retablo mayor. Este último tiene columnas salomónicas, estípites y pinturas laterales con episodios de la vida de San Francisco Javier.

¿Cuál es la historia de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Se construyó en 1769 como una de las capillas rurales dependientes de la parroquia de La Carlota. Se separó de ella por decreto firmado el 4 de noviembre de 1889. La iniciativa de erigir la parroquia se atribuye al obispo cordobés Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros.

¿Cómo llegar a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en La Carlota

La iglesia está en Fuencubierta, una aldea que, según la fuente consultada, queda a unos 7 km de La Carlota. El recorrido empieza en la plaza situada frente al templo. Conviene consultar el mejor acceso en la oficina de turismo local.

¿Cuál es el horario de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

No hay un horario verificado en la documentación de esta guía. Al tratarse de un templo en uso, los horarios pueden variar según las celebraciones. Lo más seguro es confirmarlos en la web oficial del municipio o en la oficina de turismo de La Carlota.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar la iglesia

La audioguía tiene tres paradas: la plaza y la fachada, la imagen de la Virgen y el retablo mayor. Conviene calcular un paseo tranquilo y respetar los horarios de culto.

¿De dónde viene la imagen de la Virgen del Rosario de Fuencubierta

La imagen actual mide 160 centímetros y llegó desde Valencia hacia 1946. Sustituyó a una imagen de vestir destruida durante la Guerra Civil. De aquella talla anterior se conservan un zapato de plata del Niño y la esfera que llevaba en la mano.

¿Qué se sabe del retablo mayor de la iglesia

Es de madera tallada y policromada, con columnas salomónicas de siete vueltas, capiteles compuestos y estípites. Su datación se discute: se ha situado en el último tercio del siglo XVIII y también a principios del XVIII. En 2024 se anunció un proyecto para restaurarlo.

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