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Ermita de Santa Rosalía de El Viso: audioguía e historia

Una ermita levantada dos veces sobre el mismo solar, una cruz que reunía a los vecinos cuando no llovía y una hornacina nacida de una epidemia. Cuatro paradas en El Viso para entender cómo un pueblo reconstruye lo que pierde y guarda lo que promete.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Ermita de Santa Rosalía de El Viso: audioguía e historia

Historia de la Ermita de Santa Rosalía: la explosión del polvorín

Lo que ardió aquí

Colócate frente a la fachada de la ermita, con el edificio de cara y algo de espacio alrededor para abarcar el entorno inmediato.

Un peñasco salió despedido por los aires y fue a dar contra la pared de la Benedicta. Así lo recordaba una mujer que lo vivió de niña. Hablaba también de la metralla.

Donde ahora estás, hubo antes otra ermita. Era del siglo diecinueve y, durante la Guerra Civil, se usaba como polvorín. Un día explotó.

Eran los tiempos de la fugitiva, cuando los vecinos dejaron el pueblo por miedo a los bombardeos. La misma testigo del peñasco contaba que ella y otras mujeres, al oír la explosión, pensaron que eran aviones.

Otra mujer, que también era una niña entonces, lo resumió con una frase muy corta: la ermita ardió y quedó sin nada.

Qué provocó la explosión no está claro. Y cuándo ocurrió exactamente, tampoco. Hay cosas que solo se conservan en la memoria de quien las vio, y a veces la memoria no apunta fechas.

Lo que sí tienes delante es lo que vino después. La ermita actual se construyó en mil novecientos sesenta y ocho, en el solar de la anterior. Fíjate en la fachada y en cómo se asienta en el terreno. Ese suelo es el mismo que pisaba la ermita destruida.

Del edificio viejo no queda nada. Queda el sitio.

Y para entender qué se quiso levantar de nuevo, conviene acercarse al frontal.

Para profundizar

Piensa en lo poco que sabemos y en cómo lo sabemos. No hay una fecha segura de la explosión.

Esos recuerdos son pequeños y muy concretos: un peñasco, una pared, un ruido que se tomó por aviones. No explican la guerra, pero devuelven su escala.

Cuando cruces a la siguiente parada, quédate con una idea. Lo que hoy es un lugar de culto tranquilo guarda, bajo la superficie, la memoria de un día en que el pueblo huyó.

La ermita actual de 1968 y la cofradía de San Isidro

Un frontal sencillo

Frontal y cubierta de la Ermita de Santa Rosalía en El Viso

Acércate al frente de la ermita y mira la parte alta del frontal, hasta la cubierta.

¿Cuántas historias caben en una fachada sencilla? Más de las que parece.

Así describe el frontal de la ermita quien lo conoce bien: sencillo, con una cubierta de uralita. Nada que ver con las ermitas que uno imagina de postal. Es un edificio de su tiempo, levantado a finales de los años sesenta sobre el solar de la ermita destruida.

Pero fíjate en un detalle: no quedó dedicada solo a Santa Rosalía. La cofradía de San Isidro colaboró en la reconstrucción y su santo pasó a compartir la advocación. Dicho de otro modo, aquí hubo quien puso manos y esfuerzo, y el nombre del patrón de la cofradía quedó unido al del edificio.

Y hay un giro. Lo que ves no es una restauración. No se rehízo el edificio del siglo diecinueve, porque ya no existía. Se conservó el emplazamiento y se construyó otro templo encima.

El cronista local, que ha buscado con paciencia, cuenta que no ha conseguido fechar con exactitud la explosión que se llevó la primera ermita. Después de tanto rastrear, la fecha sigue sin aparecer. Hay preguntas que un pueblo guarda durante décadas sin que nadie pueda cerrarlas.

Ahora toca cambiar de escenario. Delante de la ermita hay una cruz con su propia historia.

Para profundizar

La colaboración de la cofradía de San Isidro quedó ligada a la construcción de la ermita que vemos hoy. No fue un detalle menor, y por eso la advocación se amplió.

Hay otra cosa que conviene saber para no equivocarse de lugar. Existe en la calle Santa Rosalía un pequeño altar que quizá se confunda con esta ermita, porque comparte nombre. Son dos sitios distintos. Uno es la ermita reconstruida, que tienes delante. El otro es una hornacina en plena calle, y hacia ella iremos al final del recorrido.

El nombre de la santa une ambos lugares. Pero cada uno cuenta una historia distinta.

La Cruz del Cura y las rogativas por la sequía

La cruz que llamaba a la lluvia

Cruz del Cura delante de la Ermita de Santa Rosalía de El Viso

Sitúate junto a la Cruz del Cura, delante de la ermita, y mírala de frente.

Hace falta mucha sequía para que un grupo de vecinos salga a caminar hacia una cruz.

La que tienes delante es la Cruz del Cura. Está situada ante la ermita actual, pero no siempre estuvo aquí. Antes se encontraba a unos ochocientos metros, fuera del pueblo.

Y allí iban los vecinos cuando el cielo no soltaba agua. Eran rogativas populares en épocas de sequía. No servía de simple señal de camino, sino que era un destino. Una práctica colectiva, de las que se hacen todos juntos, porque la sequía no afecta a una sola casa.

Al frente de aquellas rogativas iba el cura. De ahí el nombre. Imagínalo delante del grupo, con el campo reseco alrededor y la cruz como meta.

Hay una idea que se queda al mirarla. Hoy está junto a una ermita, rodeada de edificio. Antes estaba sola, fuera del núcleo, y había que salir del pueblo para llegar a ella. Quien caminaba ochocientos metros hasta una cruz lo hacía por algo que no podía resolver con sus manos.

Esa necesidad ha cambiado de lugar, pero la cruz sigue en pie.

Y no es la única promesa hecha a una santa en este pueblo. Para la última parada, busca una calle con el nombre de Santa Rosalía.

Para profundizar

La memoria del pueblo recuerda tres cosas de esta cruz: que estaba fuera del núcleo, que a ella se acudía en tiempo seco y que el cura encabezaba la marcha.

Tampoco se conoce cuántas veces salió el pueblo en rogativa.

Santa Rosalía la Vieja: la hornacina y el cólera de 1855

Santa Rosalía la Vieja

Hornacina de Santa Rosalía la Vieja en la calle Santa Rosalía de El Viso

Ve a la calle Santa Rosalía y colócate frente a la hornacina, a la altura de la imagen.

Trescientos veinte vecinos murieron. Ese es el telón de fondo de la pequeña capilla que tienes delante, la hornacina que la ruta identifica como Santa Rosalía la Vieja.

La tradición local la asocia con aquella epidemia, y cuenta una historia que se transmite como tradición. Unos vecinos vieron a un niño sentado en la acera, leyendo un libro de santos. Al acercarse, encontraron el libro abierto por la página de Santa Rosalía.

Entonces hicieron una promesa. Si la peste no entraba en aquella calle, levantarían una capilla. Y el relato dice que cumplieron.

No sabemos quién era ese niño. La tradición no lo dice, y quizá lo importante sea justo eso: una calle asustada, un libro abierto y una promesa que se puede cumplir.

Hoy, a finales de agosto y comienzos de septiembre, las mujeres de la calle mantienen una novena sentadas frente a la imagen. Y la capilla sigue ahí, pequeña, en medio de la calle.

Para profundizar

La narración municipal vincula la capillita con el cólera de mil ochocientos cincuenta y cinco. El detalle del niño, el libro y la promesa pertenece a la tradición local, y así conviene escucharlo. Un hecho es el brote, con sus trescientos veinte muertos. Otra cosa es el relato de cómo nació la capilla.

La hornacina se conoce como la Vieja porque existe otra Santa Rosalía, la ermita que has visitado antes.

Con esta capilla acaba la ruta. Consulta en la oficina de turismo o en la web del Ayuntamiento la ruta exacta desde el casco urbano.
- Horarios: confirma los horarios de apertura y de visita en la web oficial del Ayuntamiento de El Viso o en la oficina de turismo antes de ir.
- Última parada: la hornacina está en la calle Santa Rosalía, dentro del pueblo, y se visita en la calle.
- Fechas de la novena: si quieres coincidir con ella, recuerda que se celebra a finales de agosto y comienzos de septiembre.

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Ermita de Santa Rosalía de El Viso

La ermita actual de 1968 y su frontal sencillo con cubierta de uralita, la Cruz del Cura situada delante y, en la calle Santa Rosalía, la hornacina conocida como Santa Rosalía la Vieja, ligada por la tradición al cólera de 1855.

¿Cuál es la historia de la Ermita de Santa Rosalía

La ermita anterior era del siglo XIX y quedó destruida durante la Guerra Civil al explotar el polvorín instalado en ella. La actual se construyó en 1968 sobre el mismo solar. La reconstrucción incorporó la advocación de San Isidro gracias a su cofradía.

¿Por qué se destruyó la ermita original

Durante la Guerra Civil se usaba como polvorín y explotó. La causa concreta no está clara y no se ha podido fijar una fecha exacta de la explosión. Los testimonios locales la sitúan en el contexto de la fugitiva, cuando los vecinos abandonaron el pueblo.

¿Qué es la Cruz del Cura

Es una cruz situada delante de la ermita actual. Antes estaba a unos 800 metros, fuera del pueblo. Era destino de rogativas populares en épocas de sequía, y el cura encabezaba a los vecinos que acudían a ella.

¿Qué es Santa Rosalía la Vieja

Es la hornacina o capillita de la calle Santa Rosalía. La tradición local la asocia con el cólera de 1855, que según la fuente municipal causó 320 muertos en tres meses. A finales de agosto y principios de septiembre se mantiene una novena ante la imagen.

¿Cómo llegar a la Ermita de Santa Rosalía

La ermita se encuentra en El Viso. La hornacina de Santa Rosalía la Vieja está en la calle Santa Rosalía, dentro del pueblo. Para conocer el acceso exacto desde el casco urbano, conviene consultar la oficina de turismo o la web del Ayuntamiento.

¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de Santa Rosalía

No hay un horario publicado en la documentación de esta ficha. Lo recomendable es confirmarlo en la web oficial del Ayuntamiento de El Viso o en la oficina de turismo antes de la visita, especialmente si quieres entrar en la ermita.

¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de Santa Rosalía

La ruta tiene cuatro paradas, con una escucha breve en cada una. El tiempo total depende del ritmo de paseo y del desplazamiento entre la ermita y la calle Santa Rosalía, donde está la hornacina.

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