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Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de El Viso: audioguía

Tres paradas para entender una iglesia que ha sido ampliada, reformada, reforzada y hasta defendida de sus propias vecinas aladas. Un paseo corto por la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de El Viso, entre señores, nidos y una patrona a la que aquí llaman abuelita.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de El Viso: audioguía

Fachada y escudo de los Mexía en la iglesia de El Viso

El escudo que se estrenó ayer

Colócate frente a la portada principal, a unos pasos de la puerta, y levanta la vista hacia el escudo que corona la entrada.

Ese escudo que ves sobre la puerta es más joven de lo que parece. Hasta 2020 había otro. Aquel se cayó, y el que ahora te mira desde arriba lo sustituyó. Así que, por una vez, la piedra más antigua de la fachada es también la más recién llegada.

Y aun así cuenta una historia vieja. Esas armas son las de los Mexía, los señores de la villa. Ellos mandaban aquí cuando El Viso estaba ligado al Condado de Santa Eufemia, y quisieron que su nombre se leyera justo encima de la puerta por la que entraba el pueblo entero a rezar.

Hay que reconocerlo: poner tu escudo en la entrada de la iglesia es una forma muy eficaz de no pasar desapercibido. Cada vecino que cruzaba el umbral tenía que pasar bajo él.

Detrás de esa fachada hay un templo que ha ido creciendo a lo largo de los siglos. En mil seiscientos veintitrés se amplió hasta alcanzar las dimensiones que tiene hoy. Quien levantó aquellos muros añadió espacio, y el escudo recordaba quién mandaba en el lugar.

Así que quédate un momento mirando hacia arriba. Estás ante una copia fiel del orgullo de una familia, hecha para ocupar el sitio del original. La memoria señorial sigue en su sitio, aunque la piedra sea nueva.

Ahora que ya sabes quién firmó la puerta, rodea el edificio con la mirada y busca lo más alto. Allí vive otra historia, y esa tiene plumas.

Para profundizar

El origen del templo se sitúa a finales del siglo quince. Se le atribuye el tipo de las iglesias de la Mesta, aquellas ligadas al mundo de los rebaños y los caminos de la trashumancia. Es una pista curiosa: antes de ser la iglesia grande del pueblo, pertenece a una familia de edificios pensados para una tierra de pastores.

Del aspecto actual se ocuparon las reformas de mil novecientos sesenta y siete. Lo que ves hoy es, por tanto, el resultado de varias manos a lo largo de los siglos: la del siglo quince, la de la ampliación y la de esa reforma ya cercana a nuestro tiempo.

Quizá la fachada sea la mejor síntesis de todo eso. Combina la memoria de los señores, que dejaron su escudo, con la historia de una villa que necesitó más espacio y lo consiguió en mil seiscientos veintitrés. Es una interpretación, pero invita a mirarla como un resumen: arriba, el poder de una familia; abajo, la puerta de un pueblo.

La torre y las cigüeñas: qué ver en El Viso

La torre y sus inquilinas

Torre y campanario de la iglesia de la Encarnación de El Viso con nido de cigüeña, qué ver en El Viso

Aléjate unos pasos hasta ver la torre entera y sigue con los ojos los cuerpos que se apilan hasta la parte alta.

¿Qué puede hacer una cigüeña a una torre de piedra? Parece poco, hasta que se juntan muchos años, muchos nidos y mucho peso. La torre de esta iglesia lo sufrió: los nidos fueron debilitando la mampostería y afectando a la parte alta.

Imagina la escena. Cada primavera, las cigüeñas vuelven a la misma torre, añaden ramas y refuerzan su casa. Lo hacen con todo su cariño, sin sospechar que están desgastando el edificio que las sostiene. Hay que reconocerlo: la culpa no es de nadie, solo de la costumbre.

Las obras de rehabilitación empezaron en septiembre de dos mil veinte. Hubo que limpiar y restaurar la mampostería y reforzar la torre. Y para que el problema no volviera, se tomó una decisión que me parece de lo más humana. No se echó a las cigüeñas. Se les instalaron plataformas metálicas para sus nidos, de modo que pudieran seguir criando sin dañar cubierta ni cornisas.

Fíjate en la parte alta. Ahí se resolvió todo: los obreros arreglaron la piedra y las aves conservaron su vecindario. Es una solución de buenos vecinos, de esas en las que nadie sale perdiendo.

Si miras bien, la torre te cuenta dos cosas a la vez. Una, que un edificio de siglos necesita cuidados constantes. Otra, que un pueblo puede compartir su campanario con quien llegó volando.

Y ya que hablamos de lo que hay arriba, queda entender cómo está hecha la torre por dentro. Luego entraremos.

Para profundizar

La torre tiene cuatro cuerpos, uno sobre otro. El primero aloja la escalera de caracol, la que sube en espiral por el interior. El segundo corresponde al campanario, el lugar donde cuelgan las campanas y desde donde su sonido se reparte por el pueblo.

La actuación de conservación y limpieza se llevó a cabo en dos mil veintiuno, tras empezar las obras en el otoño anterior. Una crónica local de aquellos meses describe el trabajo como una intervención para limpiar y restaurar la mampostería y reforzar la estructura.

También se conserva en la memoria del pueblo una historia sobre una campana fabricada con una bomba. Es tradición local y pertenece a la leyenda. Cuentan, y me gustaría creerlo, que sonaba con un metal de otro origen. Lo cierto es que esa campana fue sustituida, así que la historia solo vive ya en lo que se cuenta.

Interior de la iglesia y tradición de Santa Ana

La abuelita Santa Ana

Nave interior con arcos apuntados de ladrillo en la iglesia de la Encarnación de El Viso, visita

Entra en la nave, si el templo está abierto, y quédate en el centro, mirando hacia los arcos que cruzan el techo.

Aquí dentro la gente no habla de una santa, habla de la abuelita. La Abuelita Santa Ana: así se conoce popularmente a la patrona de El Viso, y se dice con la ternura con que se nombra a alguien de la familia.

Su historia empieza, según la tradición, en mil quinientos ochenta y ocho. Cuentan que ese año El Viso obtuvo su independencia del Condado y eligió a Santa Ana como patrona. Piénsalo: un pueblo que se hace dueño de su destino y lo primero que hace es buscarse una abuela que lo proteja.

Todavía hoy el día grande conserva algo de aquel espíritu. En la celebración de dos mil doce, la misa se ofició a las seis de la mañana en la ermita. Después, la imagen recorrió el camino hasta esta iglesia en procesión. Imagina esa hora: casi de noche, el pueblo entero en marcha, acompañando a la patrona hacia su casa de la Encarnación.

Ahora levanta la vista. En su primera configuración, el templo tenía una sola nave. Cuatro arcos transversales apuntados la cruzan, hechos de ladrillo rojo y con arranques de granito. Fíjate en ese contraste de colores: el rojo cálido arriba y la piedra clara abajo, sosteniéndolo.

Esos arcos vieron llegar a la abuelita muchas veces. Ella cambia de casa por unas horas, y el templo la recibe como se recibe a quien se espera todo el año.

Y si quieres despedirte con calma, vuelve la vista a la puerta por la que has entrado. Todo lo que has recorrido cabe entre ese escudo y esta nave.

Para profundizar

La ampliación de mil seiscientos veintitrés llevó el edificio a sus dimensiones actuales. Más tarde, las reformas de mil novecientos sesenta y siete determinaron la fisonomía que tiene hoy. Por eso, aunque los arcos hablen de una primera nave, lo que recorres es el resultado de varias etapas, superpuestas con el paso del tiempo.

La procesión que la prensa local registró en dos mil doce unía dos lugares muy distintos: la ermita de la patrona y la iglesia de la Encarnación. Es un trayecto con sentido. La imagen vive en su ermita y visita la iglesia grande del pueblo, como una abuela que sale de su casa para sentarse a la mesa con todos.

Hay algo más que me gusta de ese nombre popular. Una patrona oficial pide respeto; la abuelita pide cariño. Y en un pueblo que, según la tradición, ganó su independencia el mismo año en que la eligió, el segundo tono parece el más adecuado.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación (El Viso

La fachada con el escudo de los Mexía, la torre de cuatro cuerpos con su campanario y, si el templo está abierto, la nave con cuatro arcos apuntados de ladrillo rojo y arranques de granito. También conviene conocer la tradición de Santa Ana.

¿Cuál es la historia de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación

Su origen se sitúa a finales del siglo XV y se vincula al tipo de iglesias de la Mesta. La ampliación de 1623 le dio sus dimensiones actuales y las reformas de 1967 definieron su aspecto presente.

¿De quién es el escudo de la portada

Representa a los Mexía, señores de la villa vinculada al Condado de Santa Eufemia. No es el original: el que se veía antes de 2020 se cayó y fue sustituido por uno nuevo.

¿Por qué se reforzó la torre

Los nidos de cigüeña estaban debilitando la mampostería y afectando a la parte alta. Las obras de rehabilitación empezaron en septiembre de 2020 y se instalaron plataformas metálicas para que las aves anidaran sin dañar cubierta ni cornisas.

¿Cuántos cuerpos tiene la torre

Tiene cuatro cuerpos. El primero aloja la escalera de caracol y el segundo corresponde al campanario. En 2021 se llevó a cabo una actuación de conservación y limpieza en la torre.

¿Quién es la Abuelita Santa Ana

Es el nombre popular de la patrona de El Viso. Según la tradición, su fiesta se remonta a 1588, cuando el pueblo obtuvo su independencia del Condado y la nombró patrona. Su imagen se traslada en procesión desde la ermita a la iglesia.

¿Cuál es el horario de visita de la iglesia

No hay un horario confirmado en esta guía. Lo más seguro es consultarlo en la web del Ayuntamiento de El Viso o en la oficina de turismo, ya que el acceso al interior puede depender de los horarios de culto.

¿Cuánto se tarda en visitar la iglesia

La audioguía tiene tres paradas: fachada, torre e interior. Es un recorrido breve que se hace sin prisa. Si el templo está cerrado, puedes escuchar las dos primeras paradas desde el exterior y dejar la tercera para otra ocasión.

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