Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres: audioguía de sus tres yacimientos
Tres puntos del campo cordobés en los que el pasado no se ve, pero se cuenta: un poblado en una ladera, una ciudad que quizá fue y una tabla de bronce que desapareció. Esta audioguía te lleva a mirar, desde fuera y con respeto, lo que Cañete de las Torres guarda bajo tierra. Con un poco de imaginación y mucha curiosidad, vale más que muchos museos.

El Castellar, asentamiento protohistórico en Cañete de las Torres
El Castellar, la casa que nadie ha abierto
Colócate en un punto público junto a la CV-149 y mira hacia el oeste, hacia la ladera. El yacimiento queda a unos quinientos metros de la carretera.
Has venido a ver un yacimiento y lo primero que encuentras es una ladera. Sin columnas, sin muros a la vista, sin un triste cartel. Es normal que dudes si te has equivocado de camino. No te has equivocado. Estás a unos once kilómetros al sur-suroeste de Cañete, y delante de ti está El Castellar.
El registro oficial lo define como un asentamiento protohistórico. Lo localizaron por la dispersión de materiales, es decir, por lo que el tiempo y el campo han ido dejando en la superficie. Sobre todo, cerámica. Hay piezas hechas a mano y otras hechas a torno, algunas pintadas y otras grises.
Y aquí viene lo bueno. El investigador José Antonio Morena López escogió este lugar como caso modelo para estudiar cómo era el hábitat protohistórico. Entre todos los yacimientos del término, eligió este.
Sin embargo, lo que se ve en la topografía del terreno son muros enterrados. Los autores del estudio los intuyeron bajo la tierra. Qué estructuras formaban, o cómo se construyeron, no pudieron determinarlo.
Así que lo que tienes delante es una casa que nadie ha abierto. Deja que tus ojos sigan la inclinación de la ladera y piensa en lo que puede guardar. Fíjate también en el agua, o en el hueco por donde suele correr, porque este poblado se entiende mejor con los cursos de agua cercanos.
Te pido una sola cosa: quédate en el borde público, sin entrar en las parcelas.
La siguiente parada tiene un nombre que promete: un haza, una virgen y, según los vecinos, una ciudad perdida.
Para profundizar
Este lugar se conoce gracias a una paciencia muy concreta. En mil novecientos ochenta y siete se hizo una prospección arqueológica de superficie, autorizada por la Junta. Consistía en caminar el término y fijarse en lo que asomaba del suelo. Con ese método se localizaron ciento dieciocho yacimientos. El material recogido quedó en el museo local.
Años después, la administración andaluza incluyó El Castellar en una inscripción colectiva de yacimientos de varios municipios cordobeses. Se resolvió el once de diciembre de dos mil tres. Es decir, el lugar no entró en los papeles como una gran excavación, sino como un punto más en una lista larga de sitios que merecen ser protegidos.
Por eso Morena lo eligió como ejemplo y no como retrato completo. Era una manera de mirar un poblado concreto sin pretender que explicara todo el poblamiento de Cañete. Quizá ahí está el encanto: una ladera cualquiera puede servir de ventana a un mundo entero.
Haza de la Virgen y la leyenda de Calpurriana
Haza de la Virgen y la ciudad que quizá fue

Sitúate en un camino público con vista a los campos del paraje, sin entrar en ninguna parcela. Basta con mirar el terreno abierto a tu alrededor.
Cuentan los vecinos que bajo estos campos hay unas esculturas talladas en la roca. Y cuentan algo todavía mejor: que otros vecinos las taparon con relleno hasta hacerlas desaparecer. No dicen quién, ni cuándo. Me gustaría creerlo, la verdad, pero es una leyenda, y las leyendas, igual que las esculturas, conviene tratarlas con cuidado.
Lo que sí está en el registro oficial es más sobrio y, a su manera, igual de asombroso. Haza de la Virgen figura como yacimiento de Cañete, con sus coordenadas y sus parcelas delimitadas. Se le atribuyen materiales cerámicos y constructivos. Y una ocupación que arranca en la Edad del Bronce y llega hasta época medieval. Un mismo lugar habitado, con altibajos, a lo largo de un tiempo larguísimo.
Quizá por eso los mayores del lugar asociaban este paraje con una ciudad antigua llamada Calpurriana. Es tradición local, transmitida de boca en boca, y nadie ha demostrado que fuera cierta. Pero hay que reconocer que un sitio habitado durante tanto tiempo invita a ponerle nombre.
Aquí no hay carteles ni vallas que te digan qué pensar. Hay un paisaje abierto, y la libertad de imaginar sin asegurar nada.
Si de esta parada te llevas una idea, que sea esta: el suelo de Cañete guarda más de lo que enseña. Y a veces lo que guarda es un documento. En la próxima parada hablaremos de uno que se escribió por las dos caras.
Para profundizar
La tradición de Calpurriana tiene otro hilo curioso: el llamado Callejón de los Moros. Es un topónimo local, un nombre de lugar que los vecinos conservaban, y la misma tradición lo vinculaba con la antigua ciudad. Nadie asegura que los dos nombres tengan que ver. Pero a veces un nombre sobrevive a todo lo demás, y por eso alimenta un relato durante generaciones.
Piensa en lo que esto significa para quien vivía por aquí. Antes de que existieran los estudios y los registros, la gente explicaba el paisaje con lo que tenía a mano: nombres, historias, un callejón que algo debía de significar.
El registro oficial y el relato popular no se contradicen. Uno habla de materiales, de coordenadas, de una ocupación que va de la Edad del Bronce a la época medieval. El otro, de una ciudad con nombre propio. Si algún día aparece algo que los una, será una buena noticia. Mientras tanto, los dos conviven bien.
Cortijo del Alamillo y la tabla de bronce romana
Cortijo del Alamillo y la tabla que se fundió

Observa el cortijo y el paisaje agrícola desde una vía pública, sin acercarte a la finca. Solo se entra con autorización de la propiedad.
En octubre de mil novecientos ochenta, un grupo de aficionados a la arqueología de Cañete hizo una llamada que cambió una historia. Habían visto una tabla de bronce romana, escrita por las dos caras. Y se lo comunicaron a unos investigadores.
Los aficionados la describieron como una lámina rectangular con un frontón en uno de sus lados. Esa descripción, tan sencilla, ayudó a reconocer qué tipo de documento era. Hay que reconocer que no es poca cosa: sin la tabla delante, bastó la memoria de unos vecinos para identificarla.
Los investigadores, Juan Francisco Rodríguez Neila y José María Santero Santurino, leyeron en una cara un pacto de hospitium, un acuerdo de hospitalidad. Y aquí viene lo bueno. En la otra cara había algo distinto: la elección de un patrono por parte de un colegio de Corduba, la actual Córdoba.
Es decir, alguien reaprovechó el bronce. Una cara sirvió para un asunto, y la otra, más tarde o a la vez, para otro.
¿Dónde está hoy? Ahí viene el final amargo. Según lo que recogieron los investigadores, la tabla habría sido llevada a Córdoba y fundida después. Ellos mismos dijeron que no pudieron comprobarlo.
Lo que tienes delante es el cortijo donde el inventario oficial registra un asentamiento romano y una necrópolis. La tabla no está. Pero sabemos que existió, y lo sabemos por unos vecinos que miraron con atención.
Para profundizar
Piensa en lo frágil que es lo que sabemos. De esta tabla no queda la pieza. Queda el estudio de dos investigadores, hecho a partir de lo que unos aficionados vieron y contaron. Y con eso bastó para identificar dos documentos distintos: un pacto de hospitium y una cooptatio patroni, que es la manera técnica de decir que un colegio incorporaba a un patrono.
Los propios autores consideraron que la segunda inscripción reutilizaba la otra cara de la tabla. Es una lectura suya, razonada, y refleja una manera de entender cómo se usaban estos bronces.
Hay algo conmovedor en que un grupo de vecinos de Cañete fuera el primero en dar la voz de alarma. No eran profesionales. Eran gente curiosa con el ojo bien puesto, y gracias a ellos hoy podemos hablar de la tabla.
Cuando termines, quédate un momento mirando el campo. Quizá en el suelo de por aquí quede aún algo por contar. Quizá no. Pero conviene mirar como miraron ellos.
Prepara tu visita
- Los tres puntos son enclaves arqueológicos en campo abierto. No consta acceso público habilitado ni señalización interpretativa, así que la visita consiste en observar desde fuera.
- El Castellar queda a unos 11 km al sur-suroeste de Cañete y a unos 500 m al oeste de la CV-149. Obsérvalo desde un punto público próximo a esa carretera.
- No entres en parcelas ni recojas materiales del suelo.
- El Cortijo del Alamillo solo se observa desde la vía pública, salvo autorización de la propiedad. No es un espacio arqueológico de acceso libre.
- Para Haza de la Virgen, limítate a caminos públicos.
- Para cómo llegar, horarios y condiciones, consulta la web del Ayuntamiento de Cañete de las Torres o su oficina de turismo antes de salir.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
Tres puntos arqueológicos: El Castellar, un asentamiento protohistórico en ladera; Haza de la Virgen, con ocupación desde la Edad del Bronce hasta época medieval; y el Cortijo del Alamillo, con asentamiento romano y necrópolis, y la historia de una tabla de bronce perdida.
¿Cuál es la historia de Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
Reúne yacimientos de épocas distintas. El Castellar es protohistórico, Haza de la Virgen tuvo ocupación desde la Edad del Bronce hasta época medieval, y el Alamillo conserva restos romanos. En 1987 una prospección de superficie localizó 118 yacimientos en el término de Cañete.
¿Cómo llegar a Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
El Castellar está a unos 11 km al sur-suroeste de Cañete y a unos 500 m al oeste de la CV-149. Se observa desde un punto público próximo a esa vía. Para Haza de la Virgen y el Alamillo, conviene consultar al Ayuntamiento o a la oficina de turismo.
¿Cuál es el horario de visita de Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
No consta un horario de visita ni acceso público habilitado en estos enclaves, que están en campo abierto y en propiedades privadas. Se observan desde el exterior. Para confirmar condiciones actuales, lo mejor es consultar la web del Ayuntamiento o la oficina de turismo de Cañete de las Torres.
¿Hay entradas para el Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
No consta que haya entradas, taquilla ni visitas guiadas oficiales. Los puntos se contemplan desde caminos o vías públicas, sin entrar en las parcelas ni recoger materiales. Si necesitas confirmar alguna novedad, pregunta en el Ayuntamiento de Cañete de las Torres o en su oficina de turismo.
¿Cuánto se tarda en visitar Sitio Arqueológico de Cañete de las Torres
No hay una duración oficial, porque no existe un recorrido señalizado. Son tres puntos separados que se observan desde el exterior, de modo que el tiempo depende de cuánto te detengas en cada uno y de los desplazamientos entre ellos por carretera.
¿Se conserva la tabla de bronce del Cortijo del Alamillo
No consta. Un grupo aficionado de Cañete comunicó su existencia en octubre de 1980. Los investigadores recogieron que habría sido llevada a Córdoba y fundida después, aunque esos detalles no pudieron comprobarse. Lo que se conserva es el estudio que identificó sus dos textos.
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