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Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Castillo en Fuente Obejuna: audioguía

Un paseo por los escenarios de una misma historia. Empieza en la plaza donde un pueblo entero guardó silencio y donde ese silencio acabó convertido en teatro. Sigue en la fachada de un templo gótico que empezó a levantarse el mismo año de la revuelta. Termina en un interior con pinturas que reaparecieron bajo la cal, una Virgen más antigua que los muros que la cobijan y siglos de vecinos enterrados bajo el suelo. Una visita corta para descubrir qué ver en Fuente Obejuna, entre la memoria, el teatro y la piedra.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Castillo en Fuente Obejuna: audioguía

La noche de 1476 en que nadie fue culpable

La noche en que nadie fue culpable

Colócate en la plaza del Ayuntamiento, junto a la escultura de Aurelio Teno.

Un pueblo entero sostuvo que el culpable de una muerte era el pueblo entero. Para entender por qué, hay que volver a una noche concreta: la del veintidós al veintitrés de abril de mil cuatrocientos setenta y seis.

Aquella noche, los vecinos de la villa asaltaron la casa del comendador de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán, y lo mataron. El relato que recoge el diccionario de Madoz va más allá: según esa fuente, el cuerpo fue arrastrado hasta la plaza y despedazado. Es la versión de Madoz, y conviene escucharla con el respeto que merece una muerte. Esta plaza es uno de los escenarios que el decreto de protección vincula con aquellos hechos.

Después llegó la pregunta. Los Reyes Católicos enviaron un juez para averiguar quién lo había hecho. Según Madoz, la pesquisa llegó al tormento. La respuesta, vecino tras vecino, fue siempre la misma: Fuenteovejuna lo hizo. No se identificó a ningún culpable.

El desenlace fue más político que penal. La villa salió de la Orden de Calatrava y volvió a la jurisdicción de Córdoba, aunque el pleito con la Orden no quedó resuelto definitivamente hasta mil quinientos trece. Treinta y siete años de papeles para cerrar una sola noche.

Ese silencio tiene su monumento justo aquí. La escultura de Aurelio Teno que tienes delante ocupa el lugar de la antigua picota, el poste donde se exponía a los reos y se aplicaban castigos menores. La obra conmemora la insurrección y el pacto de silencio colectivo ante el juez. Un lugar de castigo convertido en homenaje a quienes no hablaron.

Para profundizar

Esta plaza forma parte de un Sitio Histórico declarado Bien de Interés Cultural por decreto de doce de noviembre de dos mil diecinueve. Lo que protege el decreto no es solo un conjunto de edificios, sino también el escenario de una historia que el pueblo sigue contando.

Del silencio al teatro: Lope, Xirgu y los vecinos de Fuente Obejuna

Del silencio al teatro

Vista amplia de la plaza del Ayuntamiento de Fuente Obejuna.

Sigue en la plaza del Ayuntamiento. Date la vuelta despacio y abarca con la mirada todo el espacio abierto.

Aquella respuesta colectiva acabó subiendo a las tablas. Lope de Vega convirtió los hechos en comedia hacia mil seiscientos catorce. La obra se publicó por primera vez en mil seiscientos diecinueve, ciento cuarenta y tres años después de aquella noche. Pasó, por tanto, más de un siglo. Fue tiempo suficiente para que el teatro se tomara sus libertades, y lo bastante poco para que el nombre del pueblo se volviera proverbio.

Un apunte sobre ese nombre, que seguro ya te ha bailado. Fuente Obejuna, con be, es el nombre más utilizado hoy para la localidad. Fuente Ovejuna, con uve, y Fuenteovejuna, todo junto, son variantes históricas y literarias. Mismo lugar, misma historia, distinta ortografía.

La obra tardó en volver a casa. En mil novecientos treinta y cinco, durante la Segunda República, se representó por primera vez en el propio pueblo. La protagonizó Margarita Xirgu, con dirección de Cipriano Rivas.

Y aquí viene lo bueno. Desde mil novecientos noventa y dos, son los propios vecinos y vecinas quienes representan la obra. El decreto que protege este lugar los presenta como descendientes de quienes vivieron los hechos. Es la lectura del decreto, no un árbol genealógico comprobado.

Turismo de Córdoba describe una periodicidad de cada dos años, pero las fechas cambian de una edición a otra. Si quieres verla, consulta la edición vigente antes de viajar.

Antes de subir, levanta la vista. La iglesia domina la plaza desde lo alto, como si siguiera vigilando.

La fachada gótica de Nuestra Señora del Castillo

La fachada: piedra sobre aquella noche

Fachada de la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo vista de frente.

Sube hasta la iglesia y colócate frente a la fachada.

Mira bien dónde estás. Los documentos sitúan en este lugar la casa, o mansión, del comendador, la misma que los vecinos asaltaron aquella noche de abril. Sobre ella se levantó esta iglesia gótica, en el último cuarto del siglo quince.

¿Y el castillo del nombre? Nuestra Señora del Castillo suena a almenas, pero la existencia de un castillo o fortaleza aquí no está probada documentalmente. Los papeles antiguos hablan de las «casas» del comendador, y la Junta prefiere describirlas, con prudencia, como casa-fuerte. Quizá el nombre prometa más muralla de la que hubo.

El estudio de Manuel Gahete sitúa la construcción entre mil cuatrocientos setenta y seis y mil cuatrocientos noventa y cuatro. Fueron dieciocho años de obra, en dos fases cercanas entre sí. Si Gahete está en lo cierto, las obras arrancaron el mismo año de la revuelta. Una inscripción fecha la conclusión del templo en mil cuatrocientos noventa y cuatro y nombra como vicario a Alonso Fernández de Molina. En su estructura, lo que tienes delante es gótico de finales del siglo quince.

Queda una hipótesis inquietante. Según Gahete, los cambios de planta y la incorporación de estructuras anteriores podrían haber sido una forma de hacer desaparecer la huella de aquella casa y borrarla de la memoria. Es una interpretación, no un hecho probado. Pero, delante de esta fachada, cuesta no pensarlo.

Las pinturas murales y la capilla del Sagrario

Las pinturas que volvieron de la cal

Pinturas murales del Bautismo de Cristo en un pilar de la nave del Evangelio.

Entra en la iglesia y avanza por la nave del Evangelio, la de la izquierda según miras al altar mayor, hasta el tercer y el cuarto pilar. Después sigue por esa misma nave hasta la capilla del Sagrario, junto a la capilla mayor.

Durante mucho tiempo, estos pilares estuvieron blancos. Bajo la cal dormían pinturas murales de finales del siglo quince, de estilo hispano-flamenco, con figuras solemnes y una policromía en la que destacan los dorados. Se descubrieron en mil novecientos cincuenta y seis, y en mil novecientos ochenta aparecieron más.

En el tercer pilar de esta nave busca el Bautismo de Cristo, junto a santa Catalina y santa Brígida. En el cuarto pilar están la Adoración de los Reyes Magos y san Bartolomé. No te quedes solo en los pilares: el conjunto se reparte también por las bóvedas, así que levanta la vista.

¿Están restauradas? Solo en parte. Hubo trabajos de recuperación, pero en dos mil uno estaban paralizados por falta de fondos, así que no conviene imaginar un conjunto rescatado entero. Lo que ves es lo recuperado, y quizá no todo lo que hay: el decreto de protección advierte de que podrían quedar escenas ocultas bajo la cal. Es una iglesia que todavía no ha terminado de enseñarse.

Ahora llega hasta el final de la nave. Junto a la capilla mayor está la capilla del Sagrario, fundada por Antón Ruiz de Morales, que murió en mil quinientos tres. Las fuentes cuentan que aquí hubo una lápida con su epitafio, y esa lápida alimentó la leyenda de que descansaba en este lugar. Pero no: fue enterrado en la Mezquita-catedral de Córdoba. Tampoco está comprobado que la lápida siga hoy a la vista. Si la encuentras, considéralo un premio.

Para profundizar

El retablo del Sagrario se vincula a los pintores Antón Pérez y Bartolomé Ruiz. El cronista Manuel Gahete señala que a Ruiz se le reservó una parte de la obra.

La capilla mayor y la imagen de Nuestra Señora del Castillo

La capilla mayor: una Virgen más antigua que la iglesia

Retablo mayor con la imagen de Nuestra Señora del Castillo en el remate.

Pasa a la capilla mayor y colócate frente al retablo. Mira primero arriba del todo, al centro del remate; después, la bóveda.

Arriba del todo, en el centro del remate del retablo mayor, está la dueña de la casa: Nuestra Señora del Castillo, la imagen que da nombre al templo. Es una talla de madera policromada de principios del siglo catorce. La Virgen está de pie, con el Niño en el brazo izquierdo y un cetro en la mano derecha. Haz la cuenta: es más de un siglo anterior a los muros que la rodean. La iglesia gótica se levantó, por así decir, alrededor de una señora que ya era veterana.

El retablo que la sostiene tiene su propio misterio. No se conoce su fecha exacta; algunos autores proponen que se hizo entre mil quinientos veintitrés y mil quinientos treinta y siete. Se ha atribuido a Guillermo de Orta, pero esa autoría no es segura. Una escritura de mil quinientos ochenta se ha relacionado con una reclamación al vicario Juan de Escobar, aunque no identifica qué obra se discutía.

Ahora, la bóveda. Pertenece al templo gótico, cuya conclusión fecha la inscripción en mil cuatrocientos noventa y cuatro. Lo que lleva encima es otra cosa. En las claves verás unos medallones con escudos aplicados como decoración, no labrados como parte de la bóveda misma. Son los de Juan Álvarez de Toledo, el concejo de Córdoba, Carlos primero y los Fernández de Córdoba. Una pequeña lista de quién mandaba, o de quién quería que se le recordara, prendida en la piedra como broches en una chaqueta de gala.

Bajo tus pies, el pueblo entero

El pavimento de la nave de la iglesia, bajo el cual hubo sepulturas.

Sin salir de la capilla mayor, baja la vista al suelo y recorre con la mirada las naves y capillas.

Estás pisando un cementerio, aunque no lo parezca. Durante siglos, los difuntos de Fuente Obejuna se enterraron dentro de esta iglesia. Una pavimentación posterior ocultó las sepulturas a la vista. No se ven, pero el suelo de las naves y capillas guarda su recuerdo.

No todos los sitios valían lo mismo: los difuntos podían recibir sepultura en lugares destacados del templo. Una relación de enterramientos menciona a un vicario sepultado bajo el altar de Nuestra Señora del Castillo, pero no dice su nombre ni la fecha. Es tentador pensar en Alonso Fernández de Molina, el vicario que nombra la inscripción de mil cuatrocientos noventa y cuatro, pero nada permite identificarlo con ese enterramiento. El misterio se queda bajo el altar.

Esa costumbre terminó con una persona concreta. María del Rosario Tribiño fue la primera enterrada en el cementerio nuevo de la villa, el veinticuatro de octubre de mil ochocientos diecinueve. Ese dato marca el fin de los entierros parroquiales.

Al salir, vuelve a mirar la plaza desde lo alto. Abajo queda la escultura del silencio. Ahora la ves con otros ojos.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es el horario de la iglesia

No consta un horario fijo en esta guía; confírmalo en la oficina de turismo o en la web oficial del municipio.

¿Cuánto se tarda en visitar la iglesia

Entre cuarenta y cinco minutos y una hora para las seis paradas, incluida la plaza.

¿Quién fue el comendador Fernán Gómez de Guzmán

Fue el comendador mayor de la Orden de Calatrava frente a quien se sublevó la villa en 1476.

¿Qué pasó tras su muerte

Los Reyes Católicos enviaron un juez; según Madoz, la pesquisa llegó al tormento, pero los vecinos respondieron «Fuenteovejuna lo hizo» y no se identificó a ningún culpable. La villa volvió a la jurisdicción de Córdoba, aunque el pleito con Calatrava no se cerró del todo hasta 1513.

¿Quién representa hoy la obra de Fuenteovejuna

Desde 1992, los propios vecinos y vecinas. Turismo de Córdoba indica una periodicidad bienal, pero las fechas varían: compruébalas para cada edición.

¿Se enterraba a la gente dentro de la iglesia

Sí, hasta 1819, cuando María del Rosario Tribiño fue la primera enterrada en el cementerio nuevo.

¿Es todo el templo del siglo XV

La estructura gótica, incluida la bóveda de la capilla mayor, es de finales del XV: la inscripción fecha su conclusión en 1494. Los escudos de las claves son decoración aplicada. Del retablo mayor se desconoce la fecha exacta, aunque algunos autores proponen 1523-1537. La imagen titular es anterior al templo: de principios del siglo XIV.

¿Fuente Obejuna o Fuenteovejuna

Es la misma localidad; lo explicamos en la parada 2 de la audioguía.

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