Fiesta de Fuenteovejuna: audioguía por los escenarios de 1476 en Fuente Obejuna
Un pueblo entero se sube a un escenario para contar la noche en que sus antepasados se rebelaron contra su señor. Este paseo empieza en la plaza donde los vecinos reviven a Lope de Vega y sigue por la iglesia, las ermitas y la calle donde transcurrió la historia real de abril de 1476. Escucharás lo que dicen los documentos y también lo que solo cuenta la tradición, y sabrás en cada momento cuál es cuál.

Plaza Lope de Vega y la revuelta de Fuenteovejuna de 1476
La plaza y la noche de 1476
Colócate en un lateral de la Plaza Lope de Vega, donde no estorbes, y mira hacia el espacio central de la plaza.
Antes de que esta plaza fuera teatro, fue el centro de una villa que una noche de primavera dijo basta.
Fue la noche del veintidós al veintitrés de abril de mil cuatrocientos setenta y seis. Los vecinos de Fuente Obejuna asaltaron la casa fortificada de su comendador, Fernán Gómez de Guzmán, y lo mataron. Una de las fuentes históricas atribuye el levantamiento a los abusos del comendador. Conviene contarlo sin adornos: este paseo recorre lugares donde la historia tuvo sangre mucho antes que aplausos.
Apenas una semana después, el veintinueve y el treinta de abril, la ciudad de Córdoba tomó posesión de la villa. Esos dos días, y los sitios donde ocurrieron, los irás encontrando por el camino.
Más de un siglo después llegó Lope de Vega. Según la cronología de los estudiosos Morley y Bruerton, escribió su Fuenteovejuna hacia mil seiscientos doce o mil seiscientos catorce, y la publicó en enero de mil seiscientos diecinueve. Desde entonces conviven dos relatos: el de los documentos y el que Lope subió al teatro. Se parecen, pero no son el mismo.
Ahora mira el centro de la plaza. Durante las funciones se llena de focos y de una escenografía que se monta para la ocasión y se desmonta después. Todo lo que parezca de época en ese montaje es teatro, no un resto medieval. Lo que de verdad viene de lejos es el lugar mismo y la costumbre de reunirse en él para contar esta historia.
¿Y quién se sube a ese escenario? Ahí está lo mejor de esta fiesta, y tiene fecha y nombre. Vamos a buscarlos.
Para profundizar
Lo curioso es que nadie se pone del todo de acuerdo sobre lo que dice la obra de Lope. Algunos estudiosos señalan una paradoja. En escena, la revuelta parece justificada, y el público acaba del lado del pueblo. Al mismo tiempo, la obra puede leerse como un aviso para quienes gobiernan, una manera de decirles qué puede pasar cuando se cruza cierta línea.
¿Elogio de la rebelión o advertencia al poder? Quizá las dos cosas a la vez. Y quizá por eso el mismo texto ha servido a públicos tan distintos.
Esta plaza lo sabe bien, porque ha visto versiones muy diferentes. En mil novecientos treinta y cinco actuaron aquí Margarita Xirgu y Enrique Borrás, bajo la dirección de Cipriano Rivas Cherif. Las mismas palabras, el mismo suelo y una manera completamente distinta de contarlo. Entonces lo decían Xirgu y Borrás. Hoy lo dicen los vecinos.
La representación vecinal de Fuenteovejuna desde 1992
El día en que el pueblo dejó de mirar

Quédate en la zona del público, de cara a donde se levanta el escenario, y abre la mirada hasta las casas que rodean la plaza.
Durante años, el pueblo que da nombre a la obra hacía de acompañante en su propia historia. Llegaba una compañía de fuera y los vecinos, como mucho, estaban a su lado.
En mil novecientos noventa y dos alguien propuso darle la vuelta. Se llamaba María Paz Ballesteros, y su idea era tan sencilla que da un poco de envidia no haberla tenido antes: que los propios habitantes interpretaran a sus antepasados. No que miraran. Que fueran ellos.
Ponerte en la piel de alguien que pudo vivir en tu misma calle hace más de cinco siglos, delante de tus vecinos, de tu familia, de la señora que te vende el pan. Hace falta valor. O cariño. Seguramente las dos cosas.
Desde aquel año, la representación vecinal vuelve cada cierto tiempo al pueblo ligado a su historia. En la edición de dos mil veintiséis, celebrada del dieciocho al veintidós de agosto, participaron cerca de trescientos vecinos, y la dirección volvió a estar a cargo de José Carlos Cuevas y Pedro Hofhuis. Imagina la tarea de mover a tanta gente por el mismo suelo sin que nadie se pise. O casi nadie.
Fíjate en las casas que rodean la plaza. Las fachadas reales hacen de fondo: aquí el decorado principal es el propio pueblo.
Ahora bien, esta obra tuvo una larga vida antes de volver a casa. Y su primer viaje documentado la llevó muy lejos.
Para profundizar
Aquí hay una sorpresa, pero hay que contarla con cuidado. Lope escribió la obra a comienzos del siglo diecisiete, y sin embargo no se conserva documentación de su estreno ni de representaciones en los siglos diecisiete y dieciocho. Eso no significa que no se representara: significa que no ha quedado constancia.
La primera representación documentada que recoge el estudio consultado no está en Fuente Obejuna. Está en Moscú, en mil ochocientos setenta y seis. Y no se quedó en una curiosidad aislada: después, la obra siguió apareciendo en teatros soviéticos.
Un drama sobre un pueblo de la provincia de Córdoba y su comendador, aplaudido por un público que difícilmente sabría señalar este lugar en un mapa. A los vecinos de entonces, me temo, nadie les avisó.
Visto así, lo de mil novecientos noventa y dos tiene algo de regreso a casa. La obra viajó, se interpretó en otras lenguas, se leyó con otras intenciones. Y un día volvió al lugar del que habla, en la voz de la gente que vive en él.
Todos a una en Fuenteovejuna: la picota y el monumento de Aurelio Teno
La picota y el silencio

Acércate al monumento conmemorativo de la Plaza Lope de Vega y colócate frente a él.
¿Qué responde un pueblo entero cuando le preguntan quién ha matado a su señor?
En el drama de Lope, los Reyes Católicos envían un juez para averiguarlo. El juez pregunta quién mató al comendador. Y la respuesta no tiene nombre propio: el pueblo contesta como una sola voz. Lope no pone ese momento decisivo en boca de un héroe; nadie da un paso al frente. El protagonista es la comunidad entera. De ahí viene la expresión que todo el mundo asocia con este lugar: todos a una.
Esa escena pesa de otra manera en este sitio, porque esta plaza no fue solo un decorado. Aquí se administraba justicia. Aquí estuvo la picota, donde se castigaba a los reos y se les dejaba expuestos ante todo el pueblo. Era el lugar donde la autoridad enseñaba, a la vista de todos, qué le pasaba a quien se salía de la ley.
Ahora mira lo que tienes delante. En el lugar de la antigua picota se colocó en mil novecientos noventa y dos una obra de Aurelio Teno, el mismo año en que los vecinos empezaron a interpretar la obra. Recuerda la rebelión y aquel silencio compartido ante el juez.
Y aquí está el giro. El punto exacto donde antes se señalaba a una persona concreta para que todos la miraran es hoy el que recuerda a un pueblo que se negó a señalar a nadie. La plaza ha cambiado de idea sin moverse un centímetro.
Pero la rebelión no se quedó aquí. Los documentos sitúan la casa del comendador muy cerca. Vamos hacia allí.
Para profundizar
Hay plazas que se usan como teatro y plazas que, además, están protegidas como tal. Esta es de las segundas. El espacio teatral protegido comprende hoy dos plazas: la de Lope de Vega, donde estás, y la de Monseñor Miguel Castillejo. Lo que aquí se protege no es solo la piedra, sino la costumbre de que el pueblo se reúna a contar su historia.
Si lo piensas, la plaza siempre ha tenido algo de escenario.
Antes de seguir, rodea el monumento despacio. Cuesta encontrar un lugar mejor para pensar en ese pacto de silencio que la obra convirtió en leyenda. Un silencio que, curiosamente, se recuerda a base de hablar de él.
Iglesia de Nuestra Señora del Castillo, sobre el solar de la casa del comendador
Una iglesia sobre la casa del comendador

Ponte frente a la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. Si está abierta, entra en silencio y mira hacia el altar mayor.
Hay edificios que se levantan sobre ruinas y otros que se levantan sobre recuerdos incómodos. Los documentos sitúan en este solar la casa del comendador Fernán Gómez de Guzmán, el hombre cuya muerte puso en marcha todo lo que estás escuchando.
La iglesia que tienes delante se terminó en mil cuatrocientos noventa y cuatro, menos de veinte años después de la revuelta. Dicho de otro modo: donde tenía su casa el poder contra el que se alzó el pueblo, poco después se levantó un templo.
Una precisión importante. Que la casa estuviera aquí no permite afirmar que el comendador muriera exactamente en este punto. Las fuentes llegan hasta el solar, no hasta la escena. Lo prudente es quedarse ahí.
Es un templo en uso, así que, si entras, hazlo con calma. Al fondo está el retablo mayor. Su restauración comenzó el diez de febrero de dos mil veintiséis, a cargo del restaurador Martín Zamora, y la noticia de aquellos días hablaba de que hacían falta más de cuarenta mil euros para afrontarla. Si el retablo aparece cubierto o con andamios, ya sabes por qué; si luce despejado, es posible que el trabajo haya terminado. En la parroquia te sacarán de dudas.
Y quizá lo más interesante no esté en el retablo, sino en las paredes. Ahora te cuento por qué. Después, la siguiente parada nos llevará al lugar donde, según la tradición, el poder del comendador empezó a tambalearse.
Para profundizar
La historia de las paredes empieza en dos mil veinticuatro. La comisión encargada del patrimonio dio el visto bueno a unas obras de emergencia en la iglesia, pero puso una condición: había que hacer catas, pequeñas pruebas en los muros, para proteger posibles pinturas murales que pudiera haber bajo la superficie.
Es una forma muy prudente de trabajar, y tiene sentido. Cuando reparas un edificio con siglos encima, cada capa de pintura puede ser un documento. Arrancarla sin mirar sería como quemar una carta sin abrirla.
Esta grabación no puede decirte qué han revelado esas catas. Si ha aparecido algo, en la parroquia o en la oficina de turismo te lo contarán mejor que yo.
Ermita de Jesús Nazareno y la tradición de la revuelta de 1476
Jesús Nazareno: donde dicen que empezó todo

Quédate ante el exterior de la ermita de Jesús Nazareno, a unos pasos de la puerta, mirando la fachada.
Las conspiraciones, por definición, no dejan acta. Nadie que planea levantarse contra su señor lo pone por escrito y lo firma. Por eso esta ermita guarda un secreto que quizá nunca se pueda comprobar.
Lo que sí se sabe es esto. Es la ermita más antigua de Fuente Obejuna. Y forma parte del Sitio Histórico, el conjunto de lugares del pueblo ligados a los hechos de mil cuatrocientos setenta y seis.
Ahora viene lo bonito. Cuenta la tradición que aquí pudo gestarse la rebelión. Fíjate en el verbo: pudo. No dice que se gestara. Dice que pudo. Y me gusta que se cuente así, con el condicional puesto, como quien comparte una sospecha con cariño y sin exagerarla.
La tradición enlaza este lugar con el principio del alzamiento y con la muerte del comendador. Pero nadie puede asegurar que la reunión decisiva, la de verdad, la de quién se atreve y cuándo, ocurriera entre estos muros. Quizá sí. Quizá fue en una cocina cualquiera, en voz baja.
Yo, lo confieso, me quiero creer la versión de la ermita. Tiene algo de lógico que un pueblo buscara el sitio más antiguo que tenía para decidir algo tan grave.
Lo que no es tradición, sino papel firmado, nos espera en la siguiente ermita.
Para profundizar
La memoria del pueblo no lo pone todo en la plaza. También guarda recuerdos de reuniones políticas en torno a esta ermita. El expediente que protege el conjunto la relaciona, según la tradición, con una reunión entre el Concejo de Córdoba y representantes de la villa.
Aquí conviene no hacerse un lío. Otra fuente, basada en la documentación de la toma de posesión, sitúa la lectura y firma de las actas del veintinueve de abril en la ermita de San Sebastián, y los actos del día siguiente en Santa María. Así que, si oyes las dos versiones, ya sabes de dónde viene cada una: aquí habla la tradición; en San Sebastián, el papel con fecha.
Y hay otra manera de mirar este lugar. La ermita aparece protegida junto a calles y otros espacios del casco antiguo. Quizá la idea sea que la rebelión no ocurrió en un punto, sino en un pueblo entero. Que se puede leer caminando, como una memoria repartida por las esquinas.
Ermita de San Sebastián: toma de posesión y sepultura del comendador
San Sebastián: seis días después

Colócate frente a la ermita de San Sebastián, con espacio para ver también su entorno inmediato.
Seis días. Ese es el tiempo que pasó entre la muerte del comendador Fernán Gómez de Guzmán y lo que ocurrió en esta ermita.
El veintinueve de abril de mil cuatrocientos setenta y seis se leyeron y firmaron aquí las actas de toma de posesión de Fuente Obejuna por Córdoba. No fue en la plaza. Fue aquí. Estaban presentes representantes de la ciudad y de la villa, pero no conviene imaginarlo como un pacto entre iguales ni como una negociación tras la revuelta. Era un acto oficial de Córdoba: la ciudad incorporaba la villa y dejaba constancia por escrito.
La toma de posesión no se agotó en esta mesa. Según una de las fuentes, al día siguiente los actos continuaron en Santa María, y hubo además un recorrido por las calles de la villa que encontrarás en la última parada.
La crisis seguía abierta. Unos venían de vivir una muerte violenta en su propio pueblo. Otros llegaban a fijar por escrito quién mandaba a partir de entonces. Así suelen cerrarse las historias grandes: con letra pequeña.
Ahora, el giro. Lo que tienes delante no es la ermita donde se leyeron aquellas actas. El edificio histórico lo destruyó un rayo en mil novecientos treinta y cinco. El mismo año, por cierto, en que Margarita Xirgu actuaba en la plaza. Mientras la obra se representaba allí, uno de sus escenarios reales se perdía aquí.
La ermita que ves es una reconstrucción posterior a aquel rayo, y además quedó un poco desplazada respecto a la original.
Antes de irte, hay algo más que esta ermita guardó durante años. Y no era un documento.
Para profundizar
La historia de este lugar empieza antes de aquel abril. Hay referencias documentales a la ermita primitiva desde el siglo quince, y sus ruinas siguen aquí, bajo tierra, sin que se vean.
Lo que guardó durante años fueron los restos del propio comendador. Reposaron en esta ermita hasta mil cuatrocientos noventa y cuatro. Ese año, los monarcas dispusieron su traslado a un convento calatravo, es decir, de la Orden de Calatrava. Fue el mismo año en que se terminó la iglesia levantada sobre el solar de su casa. Casi dos décadas después de su muerte, su sepultura cambiaba de lugar.
Como la reconstrucción quedó ligeramente desplazada, el sitio protegido reconoce las dos ubicaciones: la antigua, bajo tus pies o muy cerca, y la actual, la que ves. Dos lugares para una sola memoria.
Hay algo sereno en este rincón. Aquí se firmó un cambio de poder y aquí descansó un hombre. Merece la pena quedarse un momento en silencio.
Calle Maestra de Fuente Obejuna y el escudo del comendador
Calle Maestra: el escudo que ya no está

Sitúate al comienzo de la calle Maestra y mira a lo largo de su trazado, en dirección a la Plaza Lope de Vega.
Sobre una puerta de esta calle hubo un escudo pintado. El expediente patrimonial lo describe como el escudo del comendador. Era su manera de estar presente aunque no estuviera. Cada vecino que pasaba por debajo recordaba, sin que nadie se lo dijera, quién mandaba aquí.
Hasta que dejó de mandar. El mismo expediente cuenta que el escudo fue destruido durante una de las visitas de lo que llama la comitiva popular. Y no precisa más: no aclara si fueron los vecinos alzados o el cortejo que acompañó la toma de posesión. Lo que sí queda es el gesto. Hay gestos que dicen más que cualquier discurso, y borrar la marca del señor de una puerta es uno de ellos.
Ese escudo ya no existe; no lo busques. Lo que queda es la calle, y no es poco. Ya has oído que la toma de posesión tuvo varios momentos: las actas leídas en San Sebastián el veintinueve de abril, los actos del día siguiente y un recorrido por las calles de la villa. De ese recorrido urbano, el primer tramo que identifica el expediente es justo este: la calle Maestra.
El documento que lo cuenta lleva fecha del veintinueve y treinta de abril de mil cuatrocientos setenta y seis. Dos días de papeles y de pasos para que la villa pasara a Córdoba.
Echa a andar hacia la plaza. Vas siguiendo, más de cinco siglos después, el camino que recoge aquel documento.
Y mira dónde termina. En la plaza donde, cada cierto tiempo, los vecinos vuelven a contar todo esto. La historia pasó caminando por esta calle. Y sigue llegando, cada vez, al mismo sitio.
Para profundizar
La calle Maestra no está sola. Forma parte del Sitio Histórico junto a otras tres vías: Córdoba, Corredera y San Sebastián. El documento de toma de posesión menciona el recorrido y las puertas de esas cuatro calles, y gracias a eso se puede seguir sobre el terreno algo que normalmente no se ve: la geografía del poder en una villa.
Hay una idea que se repite sobre esta calle. Que pudo ser la vía principal del lugar. Es una interpretación, no una certeza. Se deduce de su papel en la toma de posesión y de su relación con la plaza, que juntas formaban el centro de los acontecimientos.
Si te quedan ganas de seguir, acércate a la calle Córdoba. Allí, en algunas casas, todavía se conservan escudos de antiguas familias nobles. Esos sí siguen en su sitio. Mirarlos ayuda a imaginar el que faltó aquí.
Prepara tu visita
- El recorrido empieza en la Plaza Lope de Vega, en el centro del casco antiguo de Fuente Obejuna.
- La representación vecinal no tiene una fecha fija cada año: confirma la próxima edición y sus horarios en la oficina de turismo o en la web oficial del municipio.
- La restauración del retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo comenzó el 10 de febrero de 2026; antes de ir, consulta si sigue en curso y si el templo está abierto a la visita.
Preguntas frecuentes
¿Qué ocurrió en Fuenteovejuna en 1476
La noche del 22 al 23 de abril de 1476, los vecinos asaltaron la casa fortificada del comendador Fernán Gómez de Guzmán y lo mataron; una fuente histórica atribuye el levantamiento a sus abusos. El 29 y 30 de abril, Córdoba tomó posesión de la villa; las actas se leyeron y firmaron el día 29 en la ermita de San Sebastián.
¿Cuándo se celebra la fiesta de Fuenteovejuna
La representación vecinal de la obra de Lope de Vega se recupera periódicamente desde 1992, sin fecha fija cada año. La edición de 2026 se celebró del 18 al 22 de agosto en la Plaza Lope de Vega, dirigida por José Carlos Cuevas y Pedro Hofhuis. Conviene confirmar la próxima edición con la oficina de turismo.
¿Cuándo escribió Lope de Vega Fuenteovejuna
Según la cronología de Morley y Bruerton, hacia 1612-1614, y la publicó en enero de 1619. No se conserva documentación de su estreno ni de representaciones en los siglos XVII y XVIII; la primera representación documentada que recoge el estudio consultado es de Moscú, en 1876.
¿Qué significa «todos a una» en Fuenteovejuna
Resume la escena más célebre del drama de Lope: cuando el juez enviado por los Reyes Católicos busca al culpable de la muerte del comendador, nadie da un nombre y el pueblo responde en bloque. Es una escena de la obra teatral, y la recuerda el monumento de Aurelio Teno en la Plaza Lope de Vega.
¿Quién participa en la representación de Fuenteovejuna
Los propios vecinos. Desde 1992, a propuesta de María Paz Ballesteros, los habitantes interpretan a sus antepasados en lugar de limitarse a acompañar a una compañía visitante. En la edición de agosto de 2026 participaron cerca de 300 vecinos.
¿Dónde fue enterrado el comendador Fernán Gómez
Sus restos reposaron en la ermita de San Sebastián de Fuente Obejuna hasta 1494, cuando los monarcas dispusieron su traslado a un convento calatravo, de la Orden de Calatrava. La ermita que se ve hoy no es la original: un rayo destruyó el edificio histórico en 1935 y la reconstrucción quedó ligeramente desplazada.
¿Se gestó la rebelión en la ermita de Jesús Nazareno
Es lo que cuenta la tradición, no un hecho probado. La ermita, la más antigua de Fuente Obejuna, forma parte del Sitio Histórico ligado a 1476, y la tradición también la asocia a una reunión con el Concejo de Córdoba. La lectura y firma documentada de las actas de toma de posesión, el 29 de abril, se sitúa en la ermita de San Sebastián.
¿Qué ver en Fuente Obejuna
El casco antiguo reúne los escenarios de 1476: la Plaza Lope de Vega, que con la de Monseñor Miguel Castillejo forma el espacio teatral protegido, y el monumento de Aurelio Teno donde estuvo la picota; la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, terminada en 1494 sobre el solar de la casa del comendador; las ermitas de Jesús Nazareno y San Sebastián, y la calle Maestra.
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