Capilla del Hospital de la Caridad de Almodóvar del Río: historia y visita
Una ermita bendecida en 1521, un hospital que alojaba a pobres de paso y una cofradía que dotaba a jóvenes para casarse. En tres paradas recorrerás, con las cuentas y los nombres propios en la mano, la vida de uno de los rincones más humanos de Almodóvar del Río.

Fachada del antiguo hospital y ermita: origen y cofradía
Tres días de techo
Colócate frente al edificio, a cierta distancia, de modo que abarques todo el frente con la vista.
¿Qué hace falta para acoger a un desconocido sin dinero? Aquí lo tenían claro: una cofradía, una ermita y un hospital que hacía también de posada. Los pobres de paso podían alojarse hasta tres días y después los trasladaban a otro sitio. Imagina lo que sería tres días de techo después del camino.
Lo que tienes delante fue ermita, hospital y, mucho más tarde, convento y colegio. Ya en mil cuatrocientos sesenta y uno existían la cofradía y el hospital de Santa María, que luego adoptó el título de Santa María de Gracia. La ermita la bendijo el catorce de julio de mil quinientos veintiuno el obispo Cristóbal Fernández Barrionuevo.
Y la cofradía no se quedaba en la cama y el plato. Ayudaba a casar a jóvenes pobres del pueblo con dotes, y atendía necesidades del cuerpo y del alma. Una institución, hay que reconocerlo, con la agenda completa.
También había quien pensaba en su último descanso. El mayordomo Lázaro Sánchez de los Escribanos dispuso en su testamento que lo enterraran en Santa María, y dejó ochenta maravedís al hospital y a la cofradía. Ochenta maravedís: la medida exacta de su cariño por el lugar.
Siglos después, en mil novecientos dieciséis, se fundó aquí un colegio para niñas huérfanas. Estas paredes han tenido más vidas que un gato. Y de las últimas quedan nombres de mujeres que merece la pena conocer.
Para profundizar
El conjunto no se detuvo en el colegio: tuvo otros usos benéficos y educativos. Como ves, la misma fachada ha servido para acoger, curar, rezar y enseñar.
De la etapa de convento queda un testimonio curioso. El cronista nombra a cuatro religiosas: Madre San Evaristo, Madre San José, Madre Filomena y Madre Manuela Díaz Molina. Recoge también una noche que ninguna olvidaría. Después de abrirse las puertas, las monjas la pasaron en vela. Se habla de más de doscientos hombres, aunque el propio relato avisa de que el miedo pudo exagerar la cifra.
Fíjate otra vez en el frente del edificio. Mira cómo se relacionan la ermita y el resto del conjunto que después fue convento y colegio. Todo ese viaje de siglos cabe en una sola fachada.
Pero la ermita no siempre tuvo este tamaño. Hubo un día en que se quedó pequeña, y alguien decidió mover una pared.
Portada principal: la ampliación de 1593
La pared que se movió

Sitúate ante la portada principal y deja que la vista suba despacio por el muro.
¿Cuánto cuesta mover una pared? En mil quinientos noventa y tres, en esta capilla, la respuesta incluyó una pierna rota.
La ermita estaba muy deteriorada. Se ordenó agrandarla y reparar el hospital. La orden era concreta: había que desplazar la pared de la capilla entre vara y media y dos varas. Es un empujón pequeño sobre el papel y un trabajo considerable en una obra real.
Dos maestros albañiles se pusieron a ello, Alonso Núñez y Cristóbal Núñez. Y a mitad de la obra, Alonso se rompió una pierna. Imagina el momento: andamios, cal, un grito y un compañero que se queda mirando.
Cristóbal siguió trabajando. No sabemos qué se dijeron esa tarde. Sí sabemos que la pared acabó moviéndose.
Cuando toques el muro, piensa en esa obra. Quien trabajó aquí no era un nombre en un plano, sino un hombre con una pierna rota y un compañero que no soltó la herramienta.
Los años no han dejado sin dueño a ese esfuerzo. Las cuentas de la obra guardaron los nombres, y hoy te permiten ponerles cara a quienes levantaron y movieron este lugar.
Para profundizar
Las cuentas no solo recogen accidentes. También anotan cuánto cobraba cada albañil. Uno recibía cinco reales diarios y el otro cuatro reales y medio. Medio real de diferencia al día, que a lo largo de una obra se convierte en una conversación incómoda.
Tampoco fue sencilla la dirección de los trabajos. El mayordomo Juan Pérez de Armijo empezó la obra, pero perdió el cargo. Quien continuó fue el presbítero Miguel Ruiz de la Barrera.
Así que esta ampliación pasó por varias manos: un mayordomo que arrancó el proyecto, un presbítero que lo siguió, dos maestros con sueldos distintos y una pierna rota.
La próxima vez que veas un edificio antiguo, recuerda que detrás de cada muro hay un libro de cuentas con anécdotas así.
Ahora cruza el umbral, o al menos acércate a él. Porque la obra se hizo para proteger lo que había dentro.
Interior de la antigua ermita: sagrario, tabernáculo y plata
Un cáliz con el pie quebrado

Acércate al umbral y mira hacia el interior desde donde te lo permitan. Recuerda que el acceso al interior no está confirmado.
Un cáliz de plata con el pie quebrado. Así describía el inventario de mil quinientos noventa y tres uno de los objetos de esta ermita. Junto a él, ornamentos desgastados.
Tiene su gracia. Seguramente lo guardaron igual, porque cuando un cáliz es de plata y de la comunidad, no se tira: se arregla.
Siete años antes, el once de marzo de mil quinientos ochenta y seis, el obispo Antonio de Paços Figueroa había dado cincuenta ducados para hacer un sagrario nuevo. Y para el tabernáculo, el encargo fue al pintor Juan de Espinosa. Las cuentas anotan cuarenta mil ochocientos maravedís recibidos y un pago posterior de ochocientos reales.
Es un cuadro curioso. Por un lado, dinero de un obispo, un pintor con encargo y un tabernáculo. Por otro, ornamentos gastados y plata quebrada. Una ermita pobre que, aun así, quiso lucir lo mejor que tenía.
Mientras miras hacia dentro, piensa en esa mezcla. Alguien reunió cincuenta ducados. Alguien pintó. Alguien anotó que a un cáliz le faltaba el pie.
Para profundizar
Para mantener vivo el tesoro de la ermita hacían falta manos expertas. El platero Pedro Sánchez Luque limpió la naveta y arregló la custodia. Gonzalo de Alcántara cobró por una cruz grande y dos cálices.
Son oficios que hoy suenan lejanos, pero que explican cómo funcionaba el día a día de una capilla. Alguien tenía que limpiar la plata, alguien arreglarla y alguien pagarlo todo.
Qué se conserva hoy de todo esto es una pregunta abierta. Las cuentas guardan los nombres y los objetos, pero no dicen cuáles han llegado hasta nuestros días.
Así que esta parada termina con una invitación. Cuando salgas, mira otra vez el frente del edificio. Detrás de esa puerta hubo un obispo generoso, un pintor, dos plateros y un cáliz con el pie roto. No es poca compañía para una ermita pequeña.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: el casco histórico de Almodóvar del Río. Pregunta en la oficina de turismo por la ubicación exacta de la capilla.
- Horario: no está verificado. Confírmalo en la web oficial de turismo de Almodóvar del Río o en su oficina de turismo antes de ir.
- Interior: no se sabe si está abierto al público. La audioguía funciona igual desde el exterior.
- Duración: unos diez minutos de escucha, más el tiempo que quieras dedicar a mirar el edificio.
- Objetos históricos: las fuentes describen elementos del pasado, pero no confirman cuáles se conservan hoy en el interior.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Capilla del Hospital de la Caridad (Almodóvar del Río
Puedes ver el frente del antiguo conjunto, que fue ermita, hospital, convento y colegio, y la portada principal. Si el acceso lo permite, también el umbral de la ermita. La audioguía cuenta quién la levantó, quién la ampió y qué se guardaba dentro.
¿Cuál es la historia de Capilla del Hospital de la Caridad
La cofradía y el hospital de Santa María existían en 1461. La ermita se bendijo el 14 de julio de 1521. En 1593 se ordenó ampliarla, y en 1916 se fundó allí un colegio para niñas huérfanas. El conjunto tuvo después otros usos benéficos y educativos.
¿Cómo llegar a Capilla del Hospital de la Caridad
Se encuentra en el casco histórico de Almodóvar del Río. Para localizar el punto exacto, lo más práctico es consultar la oficina de turismo del municipio o su web oficial, que además pueden confirmar si hay cambios en los accesos.
¿Cuál es el horario de visita de Capilla del Hospital de la Caridad
No se ha podido verificar el horario actual ni si el interior está abierto al público. Conviene confirmarlo en la web oficial de turismo de Almodóvar del Río o en su oficina de turismo antes de planificar la visita.
¿Cuánto se tarda en visitar Capilla del Hospital de la Caridad
La audioguía de tres paradas ronda los diez minutos de escucha. A eso se suma el tiempo que quieras dedicar a observar la fachada y el entorno. Como el interior no está confirmado, la visita se centra en el exterior.
¿Qué hacía el Hospital de la Caridad con los pobres
Funcionaba también como hospedería: los pobres de paso podían alojarse hasta tres días antes de ser trasladados. Además, la cofradía ayudaba a casar a jóvenes pobres del pueblo mediante dotes y atendía necesidades materiales y espirituales.
¿Qué obras se hicieron en la ermita en 1593
Ese año la ermita estaba muy deteriorada y se ordenó agrandarla y reparar el hospital. La orden mandaba desplazar la pared de la capilla entre vara y media y dos varas. Durante la obra, el albañil Alonso Núñez se rompió una pierna.
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