Zaragoza · Audiodescrita

Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza: historia y qué ver

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Las paradas

Parada 1

Puente de los Cantautores y paseo de San Sebastián

Puente de los Cantautores
Ponte aquí: Sobre el puente, encima del río Huerva, justo antes de entrar al paseo de San Sebastián. Mira hacia el interior del parque.

Estás de pie sobre el puente, encima del río Huerva. Delante de ti se abre el paseo de San Sebastián, que se adentra en el parque. A tu espalda queda la entrada, por donde has llegado. Tienes el río bajo los pies, y el paseo se extiende hacia el frente.

Hay parterres de formas geométricas y tres fuentes. Todo está dispuesto de forma simétrica, de modo que lo que hay a un lado se repite en el otro, y todo conduce hacia el fondo, donde terminan la cascada y la figura del Batallador. Es una composición de inspiración clásica, a la manera de los jardines franceses.

El parque en el que vas a entrar tuvo durante décadas el nombre de un dictador. Se llamó oficialmente Primo de Rivera, y el puente que pisas se llamó 13 de Septiembre, en recuerdo del pronunciamiento de Primo de Rivera. Hoy el parque lleva el nombre de José Antonio Labordeta, y el puente es el de los Cantautores.

¿Quién fue Labordeta? Un cantautor, escritor y docente. Presentó para televisión «Un país en la mochila», recorriendo los rincones de España, y fue diputado en las Cortes de Aragón y en el Congreso. El Ayuntamiento decidió dedicarle el parque el 23 de septiembre de 2010, cuatro días después de su fallecimiento.

Todo empezó con una idea: convertir el Cabezo de Buenavista en un gran espacio verde. Se atribuye al concejal Vicente Gálvez Sánchez y al secretario municipal Mariano Berdejo Casañal. Berdejo y el arquitecto Miguel Ángel Navarro diseñaron el parque. El proyecto obtuvo aprobación real y las obras se contrataron en 1924.

Primo de Rivera visitó el parque. La inauguración oficial llegó el 17 de mayo de 1929, cuando se abrió este puente al público.

El puente está catalogado como Bien de Interés Cultural, y el parque entero figura en el inventario municipal como conjunto urbano de interés.

Un parque que ha tenido dos nombres y que aun así sigue mirando hacia el mismo punto del fondo.

Para profundizar

El paseo se compone de jardines longitudinales, parterres geométricos y tres fuentes. Esa composición es la que hace que, desde el puente, la vista no se disperse: todo está pensado para llevarte hacia el cabezo.

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Entra en el paseo de San Sebastián y avanza hasta la Glorieta de la Princesa.

Parada 2

Fuente de Neptuno en la Glorieta de la Princesa

Neptuno, el viajero
Ponte aquí: En el centro de la Glorieta de la Princesa, frente a la fuente.

Estás en el centro de la Glorieta de la Princesa, frente a la fuente. Es una plaza circular, con caminos de piedra y arbolado alrededor, renovados junto con el riego en 2024. La fuente queda justo delante de ti, y a tu alrededor se oye el agua.

Voy de abajo arriba. En la base hay un basamento decorado con cuatro delfines, y el agua brota por sus bocas. Encima se alza la figura del dios Neptuno, con su tridente. Se inspira en el Neptuno del Paseo del Prado de Madrid, aunque el Ayuntamiento señala que es menos monumental.

Tomás Llovet la diseñó en 1833 para conmemorar el juramento de Isabel segunda como princesa heredera, y se inauguró como fuente en 1845. De esa dedicatoria viene el nombre de la Glorieta de la Princesa. Fue la primera fuente de Zaragoza que abasteció a la población con agua traída del Canal Imperial.

Su primer sitio fue la plaza de San Francisco, hoy plaza de España. Dejó de dar agua a la ciudad y, cuando se levantó allí el Monumento a los Mártires, la desmontaron. Se pensó llevarla a las Balsas de Ebro Viejo, pero el traslado resultó demasiado caro. Pasó años almacenada y olvidada, reapareció en la arboleda de Macanaz y por fin, en 1946, se recolocó aquí.

Mientras rodeas la fuente, pregúntate cuántas veces cabe cambiar de sitio y seguir siendo el mismo dios.

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Sigue el paseo hasta el punto donde se encuentra con las escalinatas de la Gran Cascada.

Parada 3

Fuentes, escalinatas y cascada del Parque Grande

Agua en escalera
Ponte aquí: En el punto donde el paseo se encuentra con las escalinatas de la Gran Cascada.

Estás al final del paseo de San Sebastián, donde empiezan las escalinatas. Delante de ti, el terreno se eleva: es la ladera del cabezo. Al fondo del paseo está la fuente oval, y frente a ella, la cascada con su estanque a los pies. Se oye el agua cayendo.

Al pie hay un estanque adornado con jardinería.

La fuente oval que ves al fondo llegó de la plaza Paraíso en 1975. La perspectiva de cascadas y escalinatas que lleva la mirada hacia el monumento la remodeló en 1991 Rafael Barnola. El estanque y la jardinería a sus pies son también de ese año. El paseo de San Sebastián combina fuentes de distintas épocas.

Los saltos de agua escalonados siguen una composición de inspiración italiana. La remodelación quiso evocar los jardines dieciochescos: una escenografía, más que una obra intacta del origen. Las escaleras en zigzag y los balaustres refuerzan el efecto de la cascada y se adaptan al desnivel natural del cabezo. El estanque ajardinado se diseñó, además, para integrarse con ese terreno escarpado.

Cerca de aquí, en un rincón del parque llamado Bosque de la Amistad, hay un busto de Simón Bolívar, donado a Zaragoza por el Gobierno de Venezuela en 1970.

Sigue el dibujo quebrado de la escalera. En lo alto del cabezo, sobre un pedestal, te espera un rey de mármol.

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Sube por las escalinatas hasta la base del cabezo, junto al estanque del monumento.

Parada 4

Monumento a Alfonso I el Batallador y mirador

El Batallador y su león
Ponte aquí: Frente al monumento, en la base del cabezo, junto al estanque. La estatua queda en la cumbre, sobre su pedestal, y la escalinata, debajo.

Estás en la base del Cabezo de Buenavista, junto al estanque. Delante y por encima de ti se levanta el monumento, sobre la elevación del cabezo. Las escalinatas quedan debajo.

Voy de abajo arriba. En la base hay un león de bronce. Sobre él, un pedestal que imita una torre medieval, con un grueso pilar de piedra. Encima, la figura de mármol blanco de Carrara de un rey. La estatua mide seis metros y medio, y el pedestal ocho y medio.

Alfonso primero, el Batallador, fue el cuarto rey de Aragón. Conquistó Zaragoza en 1118, y el monumento se pensó para el octavo centenario de aquella conquista.

La Junta barajó otros escultores, entre ellos Benlliure, Julio Antonio y Capuz, antes de acudir al joven zaragozano José Bueno. Le encargó el estudio, el proyecto y la ejecución. Bueno presentó dos propuestas: una estatua ecuestre de bronce y otra figura erguida de piedra. Ganó la segunda.

El proyecto no fue sencillo. Hubo tensiones entre la Junta y el Ayuntamiento, y demoras en años de fuerte conflicto social y político. La primera piedra se aplazó por una huelga general y se colocó el seis de enero de 1919. La figura fue pasada a mármol de Carrara por Gabriel Bechini en Barcelona y llegó a Zaragoza desmontada en piezas. La estatua se instaló en 1923.

El león de bronce, símbolo de Zaragoza, se añadió en 1927. Lo modeló Virgilio Garrán y se fundió en los talleres Averly. En 2018 se restauró el conjunto y se retiró del estanque la pasarela de acceso.

Desde el mirador, en lo alto, se obtiene una visión panorámica del parque y de la ciudad hacia el noroeste.

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Dirígete al Jardín Botánico Francisco Loscos, dentro del parque.

Parada 5

Jardín Botánico Francisco Loscos y su reloj hidráulico

Un botánico que se reinventa
Ponte aquí: En el Jardín Botánico Francisco Loscos, junto a la balsa.

Estás junto a la balsa del Jardín Botánico, con el estanque delante de ti. Alrededor hay colecciones de plantas, canales de agua y pasarelas niveladas. Se oye el agua en movimiento.

Lo que tienes delante es un estanque con plantas acuáticas, atravesado por canales de agua continua. No hay patos.

La balsa que tienes delante fue durante años la balsa de los patos. Tras la reforma, el jardín lleva el nombre de Francisco Loscos, farmacéutico y naturalista aragonés del siglo XIX, pionero en el estudio de la flora local. Hasta su reapertura se llamaba Jardín Botánico Javier Winthuysen.

La tradición botánica de Zaragoza se remonta a 1796, cuando nació un centro de estudio y aclimatación de plantas impulsado por el farmacéutico Pedro Gregorio Etxandía. No era un paseo ornamental, sino un laboratorio verde. El jardín que pisas es una reinterpretación de aquella tradición, no su continuación física. Los Sitios dañaron aquel primer jardín, y el naturalista Florencio Ballarín ayudó a recuperar su función científica. Ya en el siglo XX, el paisajista Javier Winthuysen reforzó la integración del jardín con el Parque Grande.

Tras más de un año de obras, reabrió en diciembre de 2025 con nuevo nombre y una inversión municipal de un millón 300.000 euros. El diseño renovado abarca casi 15.000 metros cuadrados, con colecciones vegetales, refugios de animales y recorridos de agua. Los canales y las pasarelas completan el recorrido.

La clepsidra, el reloj hidráulico, la diseñó en 1983 el ingeniero municipal Rafael Barnola para la balsa de los patos. Funcionaba con una noria movida por un surtidor.

La tradición botánica sigue aquí, aunque el jardín que recorres sea una reinterpretación.

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.