Valladolid · Audiodescrita

Museo Patio Herreriano de Valladolid: historia, qué ver y audioguía

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Las paradas

Parada 1

Del Monasterio de San Benito el Real al museo

Un monasterio que se hizo museo
Ponte aquí: Colócate en el acceso por la calle Jorge Guillén, donde la fábrica antigua se encuentra con los volúmenes nuevos.

Delante de ti está la entrada, y en ella se encuentran dos construcciones de épocas distintas.

En una parte está el monasterio antiguo, restaurado, hecho de piedra y ladrillo cálidos.

El museo no está junto a un monasterio: está dentro de uno. Ocupa parte del Monasterio de San Benito el Real, que llegó a ser cabeza de la orden benedictina en España. Su claustro, el Patio Herreriano, sigue en pie y da nombre al museo.

¿Cómo se pasa de monjes a museo? En 1835, con la desamortización, el monasterio cerró. El conjunto tuvo después un uso militar, como Fuerte de San Benito, y en 1965 pasó a depender del Ayuntamiento. Aquellos cambios ayudan a entender que el edificio acabara adaptándose a un uso nuevo.

En esta entrada conviven dos edificios sin levantarse la voz. Uno es el monasterio antiguo, restaurado. El otro es la ampliación que llegó con el museo: un anexo con tres salas, además de cafetería-restaurante, almacenes y muelle de carga. La rehabilitación la proyectaron Juan Carlos Arnuncio, Clara Aizpún y Javier Blanco, con asesoría museográfica de Juan Ariño. Quisieron potenciar la estructura preexistente con volúmenes limpios y un uso cuidadoso de los materiales, sin disimular que el edificio tiene varias épocas. Para distinguirlos, recuerda esto: lo de líneas sobrias y modernas es lo añadido; la piedra y el ladrillo cálidos son el monasterio.

Lo curioso es que este museo no empezó por el edificio, ni por un director con ganas de coleccionar. Empezó por un acuerdo. En el año 2000, el Ayuntamiento de Valladolid y la Asociación Colección Arte Contemporáneo pactaron depositar aquí la colección, que la Asociación cedió gratis. El Ayuntamiento puso el edificio y los recursos, y creó la Fundación Patio Herreriano para gestionar el museo.

Abrió en 2002. El día de la inauguración, el rey Juan Carlos recorrió cinco de las once salas con que contaba entonces el museo, acompañado por el alcalde Javier León de la Riva y por el presidente autonómico Juan Vicente Herrera. Cinco de 11: hasta los reyes tienen que dejar algo para otro día.

Para profundizar

La inauguración oficial fue el cuatro de junio de 2002. Aquellas 11 salas son una organización histórica de la colección, vigente hasta enero de 2003, y no el número actual. Cuando se cumplieron 25 años del acuerdo, el museo celebró el aniversario con una exposición hecha solo con obras de su propia colección, sin préstamos de fuera.

Parada 2

Qué ver en la colección del Patio Herreriano

Qué vas a ver: la colección
Ponte aquí: Sigue en la entrada o en el vestíbulo, antes de pasar a las salas.

Sigues en la entrada o en el vestíbulo, justo antes de las salas.

La colección plantea el arte español desde 1918 hasta hoy, así que el museo no es solo un escaparate de lo más reciente. Reúne alrededor de mil obras. Las fuentes oficiales difieren en la cifra exacta, por eso te damos solo la aproximada.

Recorre tendencias que van del surrealismo y el cubismo al Grupo El Paso, la nueva figuración, la abstracción y el arte del siglo XXI. Entre los artistas figuran Ángel Ferrant, Miró, Dalí o Equipo Crónica.

Además de las salas, hay dos espacios con historia que también sirven para exposiciones: la Capilla de los Condes de Fuensaldaña, antigua capilla funeraria de Don Sancho de Rojas, y la sala Gil de Hontañón, que corresponde al antiguo cuarto de San Julián. Su uso depende de la programación de cada momento.

La iglesia de San Benito, contigua, forma parte del conjunto histórico, pero la regentan los carmelitas descalzos: no es una sala del museo ni se recorre con su visita.

Parada 3

Patio Herreriano, arquitectura del claustro y su arquitecto

El patio que no era de Herrera
Ponte aquí: Entra en el claustro y sitúate en el centro, de modo que tengas los cuatro lados a tu alrededor.

Te describo uno de los lados, de abajo arriba. Cada lado tiene dos alturas, una sobre otra, y en cada altura hay siete arcos. Los arcos están separados por columnas pareadas, de dos en dos. En la altura de abajo las columnas son toscanas, sobrias. En la de arriba son jónicas, algo más elegantes.

Con tanta serenidad alrededor, cuesta creer que el patio no sea un rectángulo perfecto. Sus lados y ángulos varían, pero la composición está tan bien resuelta que la irregularidad apenas se nota.

Durante mucho tiempo se atribuyó este patio a Juan de Herrera, por su estilo y sus proporciones. La atribución histórica que recoge el museo señala a otro maestro: Juan de Ribero Rada. El nombre no es un error: alude al estilo herreriano que Ribero Rada siguió y a aquella antigua atribución. Un arquitecto menos famoso, y un patio que aun así parecía de los grandes.

Su trabajo no fue fácil. Ribero Rada tuvo que encajar el claustro entre construcciones que ya existían: la iglesia, el cuarto de San Julián y la capilla funeraria. Su diseño enlazaba edificios monásticos que hasta entonces formaban un conjunto fragmentado. El patio es hermoso, pero también es una solución para circular y organizarse.

Y había otro problema: la piedra. Felipe II concedió el uso exclusivo de unas canteras cercanas para obtenerla. Que un rey tuviera que intervenir dice mucho del coste y la ambición del proyecto.

Los corredores del claustro no son las salas expositivas: las muestras cambian de sitio y se anuncian para cada exposición. Y la próxima vez que alguien te diga que algo es perfecto, recuerda que este patio no lo es, y por eso nadie lo nota.

Para profundizar

El claustro se empezó hacia 1596 y su construcción se prolongó hasta 1665: más de medio siglo de obra.

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.