Úbeda · Audiodescrita

Sacra Capilla del Salvador de Úbeda: historia, qué ver y audioguía gratis

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Las paradas

Parada 1

Francisco de los Cobos y la fachada de la Sacra Capilla del Salvador

Un apellido en piedra
Ponte aquí: En la plaza Vázquez de Molina, frente a la fachada principal. Retrocede lo suficiente para abarcar la capilla entera.

Para que una ciudad se acuerde de ti durante siglos, ayuda tener dinero, buenos arquitectos y una fachada como esta.

Antes de empezar, sitúate. Estás en la plaza Vázquez de Molina, de pie, frente a la fachada principal de la capilla. La fachada queda delante de ti, y la portada es la parte más trabajada. A tu espalda queda el resto de la plaza.

Ahora, la descripción. Recórrela de abajo arriba. En la parte baja está la puerta, abierta en un gran arco. Sobre ella, la portada sube cubierta de labra: esculturas y decoración renacentista que llenan la piedra casi por completo. En ella hay escudos, que son de Cobos y de Mendoza.

Quien la pagó fue Francisco de los Cobos, que llegó a secretario de Carlos quinto y a alto dignatario del imperio. Junto a su palacio mandó levantar un panteón para su familia. El edificio era parte de su programa de prestigio: el ascenso de un secretario convertido en piedra. Hay que reconocerlo, funcionó. Hoy Úbeda presenta esta capilla como su emblema.

La obra arrancó en 1536 con trazas de Diego de Siloé. Desde 1540 la llevó adelante Andrés de Vandelvira. Uno dibujó la idea y el otro la hizo tenerse en pie. La portada la esculpió Esteban Jamete, que la cubrió de decoración renacentista hasta el último palmo.

Fíjate ahora en los escudos de la fachada. Unos son de Cobos. Los otros son de los Mendoza, y en ellos está el giro de esta historia. La capilla no es solo de él. Los documentos nombran como fundadores y dotadores a Francisco de los Cobos y a María de Mendoza.

Ella tenía 14 años cuando se casó con él, en 1522. Él pasaba de los 40. Es un dato que hoy cuesta escuchar. Pero esa muchacha acabó siendo una de las fuerzas de este proyecto. Cuando enviudó, siguió empujando las obras. Su escudo no está ahí de adorno.

Ahora acércate al gran arco de la entrada. Sobre la puerta de este templo cristiano te esperan los dioses de la Antigüedad.

La capilla está protegida como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, por una disposición fechada el tres de junio de 1931.

Su conservación sigue siendo una tarea abierta. En septiembre de 2025, Patrimonio informó favorablemente sobre un proyecto para restaurar el edificio, con actuaciones previstas en la nave, la cúpula, la linterna y la torre. Era un proyecto aprobado, no una obra terminada. Algunas de sus intervenciones aparecen más adelante en el recorrido, en la reja y bajo la cúpula.


Parada 2

Símbolos de la fachada del Salvador: dioses clásicos y Hércules

Dioses en la puerta
Ponte aquí: Bajo el arco de la portada principal. Fíjate primero en la cara interior del arco y luego sube la atención al segundo cuerpo de la fachada.

Neptuno, Venus, Marte y Júpiter, en la puerta de una iglesia. Parece un error de montaje, pero no lo es.

Sitúate. Estás bajo el gran arco de la portada principal, a punto de cruzarlo. Delante de ti queda la entrada al templo. A tu espalda, la plaza abierta. Sobre tu cabeza queda la cara interior del arco.

La descripción va de abajo arriba. Primero, el arco: la portada tiene forma de arco triunfal. En su intradós, que es la cara interior del arco, la que queda sobre tu cabeza al cruzarlo, aparecen esculpidos los dioses del mundo clásico. Busca a Vulcano, a Mercurio, a Diana, a Saturno. Están ahí, uno tras otro, como invitados que se han quedado en el umbral.

Sube después al segundo cuerpo, por encima del arco. Ahí están los trabajos de Hércules y, en el centro, un relieve de la Transfiguración de Cristo. El héroe pagano y el Salvador comparten fachada.

¿Qué hacen juntos? Esteban Jamete mezcló a propósito los repertorios cristianos y los paganos, y el conjunto invita a leer a la vez los relatos bíblicos y la mitología antigua. No es una decoración neutral. Se ha leído como un programa simbólico de mucha complejidad. Una de sus lecturas propone un paralelismo: Hércules es el héroe que supera pruebas imposibles y Cristo es el que atraviesa la muerte.

Hércules no se queda solo en el frente. En los contrafuertes de los lados aparece luchando contra Gerión. Y si rodeas el edificio, la portada norte está dedicada al apóstol Santiago, porque Cobos pertenecía a la Orden de Santiago. Hasta el santo de la puerta lateral funciona como tarjeta de visita.

Quédate con ese relieve de la Transfiguración, porque dentro, en el altar mayor, vas a encontrar la misma escena. Entra.

El reparto del intradós es amplio. Junto a los dioses ya citados aparecen Eolo, Febo y la figura de Anteo. Las portadas laterales siguen el mismo tándem que la principal: las diseñó Vandelvira y las esculpió Jamete. La iconografía mitológica de esta fachada ha dado para mucho más que una visita. Ha sido objeto de estudio académico, incluida una investigación dedicada solo a su análisis mitológico.


Parada 3

La nave y la reja de 1555 del Salvador de Úbeda

Una frontera de hierro
Ponte aquí: Dentro, en la nave, de cara a la reja que la separa de la cabecera circular.

Sitúate. Has entrado y estás en la nave, un espacio alargado. Delante de ti, al fondo, queda la reja, y tras ella la cabecera circular. A tu espalda queda la puerta por la que has entrado.

Este edificio tiene dos formas, y no por capricho. La parte donde estás es una nave alargada. Al fondo, la cabecera se vuelve circular. En el diseño funerario de la capilla, cada forma tenía sus ocupantes: la rotonda era para los nobles y la nave, para el pueblo.

Entre una y otra está la reja. Se fecha en 1555 y se atribuye a dos maestros rejeros, Francisco de Villalpando y Francisco Martínez. Tiene dos tramos, medallones y una base que sostiene toda la estructura. Quien la impulsó fue María de Mendoza, a través de su hermano Álvaro de Mendoza, obispo de Palencia. Él hizo el encargo a los rejeros. Otra vez es ella quien mueve los hilos, esta vez con ayuda de la familia.

Recórrela con la atención. Marca una separación social y ritual, pero es una frontera rara, porque deja pasar la luz y la mirada. Piensa en lo que suponía estar de este lado. Podías ver el espacio de los Cobos, y verlo bien, pero no entrar en él. Quizá esa sea su gracia: un muro habría escondido el poder y una reja lo exhibe.

Antes de seguir, baja hasta esa base, casi a ras de suelo. Lo que sostiene la reja no es lo que la sostenía al principio.


Parada 4

La reja del Salvador: Guerra Civil, Hendaya y restauración

La reja que volvió de Hendaya
Ponte aquí: Junto a la reja, atento a su base y a los soportes sobre los que se apoya.

Sitúate. Estás junto a la reja, que queda delante de ti. Más allá, la cabecera circular. A tu espalda, la nave por la que has llegado. Lo que nos ocupa está abajo, a ras de suelo: la base y los soportes de la reja.

La descripción, de abajo arriba. En el suelo, la base de la reja, un zócalo de mármol blanco. Sobre él, como soportes, hay capiteles de mármol, y encima se alza la reja de hierro.

Hubo un tiempo en que esta nave fue un garaje. Durante la Guerra Civil, el templo se usó como garaje o como taller, y en 1936 la reja fue desmontada y sacada de aquí.

Su rastro llevó hasta Hendaya, en la frontera con Francia. Allí se recuperó, y en la década de 1940 volvió a colocarse en su sitio.

El regreso dejó huella. Al recolocarla se usaron como soportes capiteles de mármol del patio del palacio de Cobos, el que está junto a la capilla. Así, piezas de la casa del fundador acabaron sosteniendo la reja que había encargado su mujer.

Por eso el zócalo que tienes delante no es del todo el original. Ante ti hay una reja de 1555 apoyada en una solución de posguerra, hecha con piezas reaprovechadas. Parte de los cambios que ha sufrido se explican por ese viaje de ida y vuelta.

El proyecto de restauración que Patrimonio informó favorablemente en 2025 prevé recuperar la basa original de la reja. Después de tanto viaje, la idea es que vuelva a apoyarse en lo suyo.

Ahora cruza con la atención esa frontera de hierro y ve hacia la rotonda.


Parada 5

Retablo de Berruguete y cúpula de la rotonda en Úbeda

Bajo la cúpula, un retablo rehecho
Ponte aquí: Al fondo de la nave, frente al altar mayor, con la cabecera circular delante.

Sitúate. Estás al fondo de la nave, con la cabecera circular delante de ti. En ella queda el altar mayor con su retablo. Sobre tu cabeza, y más allá, se eleva la cúpula. A tu espalda queda la nave.

La descripción, de abajo arriba. Al fondo, el retablo, de madera. En su centro está la figura de Cristo, y alrededor las demás figuras. En las cuatro hornacinas que flanquean el retablo se conservan los Evangelistas, tallados en torno a 1634. Más arriba, la cabecera es una rotonda cubierta por una cúpula rematada por su linterna.

Del gran retablo de Alonso Berruguete sobrevivió una sola figura, el Cristo del centro. Casi todo lo que lo rodea es una reconstrucción.

El retablo representaba la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, la misma escena que está en piedra sobre la puerta. En 1936 sufrió daños graves. El escultor Juan Luis Vassallo se encargó después de reconstruir y restaurar el conjunto. Por eso las figuras no son todas originales del siglo XVI. Busca el Cristo central, el auténtico, y compáralo con las que lo acompañan. Ahí está la frontera entre la obra de Berruguete y la de Vassallo.

Ahora levanta la atención hacia arriba. La rotonda remite al modelo del Panteón de Roma. Es el foco funerario de todo el edificio: un panteón para los Cobos inspirado en el Panteón de los romanos.

Cobos no adaptó una capilla que ya existía. Desde el principio concibió un templo funerario hecho a propósito, un monumento a su rango y a su memoria. Para eso necesitaba permiso del papa, y lo consiguió con una bula de Paulo tercero fechada el dos de febrero de 1535. Un año antes de que empezaran las obras, el secretario ya tenía en el bolsillo la autorización de Roma.

La cúpula y la linterna figuran entre las actuaciones del proyecto de restauración informado favorablemente en 2025. Eran trabajos planificados, no una intervención terminada.

La capilla guardó también tesoros que ya no están en ella. Albergó un cáliz de oro regalado por Carlos quinto, un obsequio que une este monumento con la corte imperial en la que Cobos hizo carrera. Y tuvo una Piedad de Sebastiano del Piombo, que fue trasladada a la Casa de Pilatos y ha terminado en préstamo en el Museo del Prado.


Parada 6

La sacristía de Andrés de Vandelvira y Esteban Jamete

La sacristía, o cómo entrar de lado
Ponte aquí: En la esquina donde se abre el acceso a la sacristía. Después, recorre sus muros.

Sitúate. Estás en la esquina donde se abre el acceso a la sacristía. El hueco queda delante de ti, pero no en línea recta: atraviesa el muro en diagonal.

La descripción, de abajo arriba. Abajo, bajo las figuras, hay cabezas humanas. Sobre ellas, unas cariátides, figuras que hacen de columna, sostienen el entablamento. Más arriba, en las enjutas, los espacios entre los arcos, aparecen las Sibilas.

¿Quién diseña una puerta para que entres de lado? Vandelvira, en esta sacristía.

El acceso no se abre de frente. Está en una esquina y en esviaje, es decir, cruza el muro en diagonal. Ponte delante y sigue ese hueco que atraviesa la pared torcido. Hacer que una abertura así se sostenga exige mucho cálculo, y esta puerta se ha visto como una demostración del dominio geométrico de su arquitecto.

Dentro, la decoración escultórica se atribuye a Esteban Jamete, el escultor francés de la fachada. Recorre los muros. Las cariátides sostienen el entablamento, y ellas mismas descansan sobre cabezas humanas. Hay figuras y bustos por todas partes.

No es solo adorno. Se ha propuesto que estas figuras sean alegorías de vicios y virtudes, una lección moral esculpida para quien pasara por la sala.

La puerta tiene además su propia tradición. Se ha dicho siempre que representa la Puerta del Edén. Si fuera así, Vandelvira habría dispuesto que al paraíso se entre de lado, sin mirarlo de frente.

Vuelve ahora a la rotonda. Lo que queda por contar está debajo de ella.

El investigador Pedro A. Galera sitúa la portada de la sacristía hacia 1540 y llama la atención sobre sus máscaras pequeñas. El estudio identifica también motivos asociados al discurso mariano de la Virgen de la Paz. Esos detalles muestran cómo se combinan aquí los repertorios clásicos con los figurativos.


Parada 7

La cripta y el panteón de Francisco de los Cobos

Lo que hay debajo
Ponte aquí: En la cabecera circular, desde el espacio abierto al público, de cara a la planta redonda, la cúpula y el altar.

Sitúate. Estás en la cabecera circular, en el espacio abierto al público. El espacio se curva a tu alrededor. Delante de ti queda el altar, y sobre tu cabeza se alza la cúpula. Sobre tus pies, bajo el suelo, queda la cripta, que no se puede ver desde aquí.

Bajo la rotonda hay algo que no se ve desde aquí: una cripta.

La planta centralizada y esa cripta explican el sentido funerario del conjunto, pensado para Francisco de los Cobos, para María de Mendoza y para sus descendientes. No es una capilla funeraria encajada dentro de otra iglesia. Cobos y María de Mendoza encargaron un edificio propio.

Y eso que tenían otra opción. Antes de levantar este templo, Cobos había obtenido privilegios para una capilla funeraria en Santo Tomás. Luego decidió algo más ambicioso y trasladó aquellas capellanías y privilegios a la nueva fundación.

Para llevar a cabo el plan hizo falta alguien más: el deán Ortega, el eclesiástico encargado de ejecutarlo. La memoria guarda los nombres de los patronos, pero la fundación dependió también de su administrador.

La historia del arte ha leído esta rotonda como un espacio de memoria y de eternidad: un círculo bajo una cúpula y, debajo, la familia.

El conjunto todavía guarda preguntas. El proyecto de 2025 incluye estudios y excavaciones arqueológicas en el patio de la cabecera y en la casa del padre de Cobos, con el fin de reconstruir la cronología del conjunto. En junio de 2026 se informó, además, de catas arqueológicas en el conjunto de los Honrados Viejos, muy cerca de aquí.

Cobos quiso que Úbeda se acordara de él. Cinco siglos después seguimos aquí, de pie sobre la cripta que pensó para su familia, contando su historia.


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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.