Toledo · Audiodescrita

San Juan de los Reyes, Toledo: historia y qué ver en el monasterio de los Reyes Católicos

Versión audiodescrita de esta audioguía, para personas ciegas o con baja visión: en cada parada te decimos dónde estás, qué tienes delante y cómo es, de lo general a lo particular.

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Las paradas

Parada 1

Las cadenas de San Juan de los Reyes

Las cadenas del muro
Ponte aquí: Colócate ante los muros exteriores, en la calle de los Reyes Católicos, con las cadenas a la vista.

Estás en la calle de los Reyes Católicos, de pie ante los muros exteriores del monasterio. Delante de ti se levanta el muro, y de él cuelgan cadenas de hierro. Te las describo de lo general a lo particular: primero el muro, que es la superficie exterior del monasterio; luego las cadenas, que cuelgan de él junto a la portada, la entrada que queda a su lado.

Del muro cuelgan cadenas. Cualquiera que pase se pregunta qué hacen ahí, y la respuesta es mejor de lo que parece. Las cadenas conmemoran la liberación de cautivos cristianos durante la guerra de Granada: Málaga, tomada en 1487, y Almería, entregada en 1489. Son hierros que alguien trajo hasta Toledo como señal de agradecimiento y memoria. No estaban previstas en el proyecto.

Todo esto nace de la fundación de los Reyes Católicos tras la victoria de Toro, en 1476. Isabel tuvo un papel destacado en el patrocinio, y el monasterio se concibió también como posible panteón real. Pero los reyes acabaron enterrados en Granada.

Estás además en la antigua judería de Toledo, y el monasterio sigue vivo: lo ocupa la Orden Franciscana.

Para profundizar

Un estudio encontró un pago de 1485 para trasladar a Toledo los hierros de cautivos de Ronda, tomada ese mismo año. Los Reyes Católicos fueron enterrados en Granada, conquistada en 1492. La Orden Franciscana ocupa el monasterio desde 1941. El monasterio es Bien de Interés Cultural desde el tres de julio de 1926. El Boletín Oficial del Estado de 1997 documentó la delimitación de su entorno protegido.

Si las cadenas hablan de agradecimiento, mira ahora la portada, donde la piedra también habla.

Parada 2

La portada principal: yugo y flechas de los Reyes Católicos

La portada principal: yugo, flechas y un siglo de retraso
Ponte aquí: Sigue ante la portada principal, que se abre a la calle de los Reyes Católicos. No busques una fachada monumental a otro lado: es esta.

Sigues en el mismo lugar, ahora frente a la portada principal, que está orientada a poniente. Es una portada con columnas y un arco, y está decorada con esculturas y emblemas. Te la describo por partes. Primero, entre las columnas, hay dos estatuas de santos de la Orden Franciscana. Después, la imagen de San Juan Evangelista, que está bajo un arco conopial, un arco de curvas dobles que termina en punta. Y por último, en las enjutas, los huecos que quedan a los lados del arco, los emblemas de yugos y flechas. También hay un escudo.

Esta portada es hoy la principal, pero no pertenece al núcleo medieval del monasterio. Covarrubias trazó la portada a mediados del siglo XVI y Juan Bautista Monegro la concluyó a comienzos del 17. Mezcla lenguajes, así que no la confundas con el edificio gótico que verás dentro.

Busca a los santos franciscanos, a San Juan Evangelista, el escudo, el yugo y las flechas. El yugo es la divisa de Fernando y alude a la Y de Ysabel. Las flechas son la divisa de Isabel y llevan la F de Fernando. Cada uno firma con la inicial del otro: un matrimonio hecho emblema.

Ahora entra, porque el verdadero edificio isabelino está dentro.

Parada 3

La nave y las vidrieras de San Juan de los Reyes

La nave y sus vidrieras
Ponte aquí: Desde el umbral, mira a lo largo de la nave hacia el altar. Después busca los ventanales del costado sur.

Estás en el umbral de la iglesia. Delante de ti se abre una sola nave, alta y estilizada, que se prolonga hasta el altar, al fondo. Sobre tu cabeza se extienden las bóvedas de crucería, y a tu espalda, en alto y hacia los pies de la iglesia, está el coro. A los lados de la nave, entre los contrafuertes, se abren capillas. Te lo describo de lo general a lo particular: la nave, luego las bóvedas, después las capillas y por último los ventanales del costado sur.

La iglesia es de una sola nave, con capillas entre los contrafuertes y el coro alto a los pies. Todo el recorrido visual te empuja hacia la cabecera, como si el edificio te llevara de la mano. Es uno de los principales ejemplos del gótico isabelino, o hispano-flamenco, y su traza general se debe a Juan Guas.

Ahora mira los ventanales del lado sur: Santa Clara, San Francisco y San Pascual. No des por hecho que estás viendo vidrio del siglo XV: buena parte de la vidriera original se perdió y lo que ves es, en gran medida, posterior.

Para profundizar

La iglesia no conserva intacto su mobiliario. Durante la ocupación napoleónica se destruyeron los retablos anteriores y parte del patrimonio interior.

Levanta la vista hacia donde se cruzan los brazos de la iglesia, porque allí hay un escudo repetido muchas veces.

Parada 4

Juan Guas y el crucero del monasterio gótico de Toledo

El crucero y sus águilas
Ponte aquí: Colócate en el cruce de la nave con el transepto y mira a los muros altos que lo rodean.

Estás en el punto donde la nave se cruza con el transepto. Delante de ti, la nave sigue hacia el altar; a tu espalda, vuelve hacia la entrada; y a izquierda y derecha se abren los brazos de la iglesia. Sobre tu cabeza se levanta una bóveda con forma de corona. En los muros altos que rodean el cruce, la decoración incluye arcos conopiales, pináculos y filigranas, y entre ellos aparecen escudos reales sostenidos por águilas. Te lo cuento de abajo arriba: los brazos de la iglesia a tu alrededor, los muros altos y, en lo alto, los escudos.

Los escudos reales se repiten en lo alto y los sostiene un águila. No es un águila cualquiera: es la de San Juan Evangelista, titular del monasterio y santo por quien Isabel sentía devoción. Una y otra vez, como quien firma un contrato en cada página.

El arquitecto principal fue Juan Guas, y las obras comenzaron hacia 1477. La decoración del crucero corresponde a una fase de 1490. Tras la muerte de Guas, el proyecto tuvo que adaptarse: a Simón de Colonia se le atribuyen trazas para la terminación, mientras que Enrique Egas quedó al frente de la obra del claustro. No son sucesores incompatibles, sino manos que trabajaron en frentes distintos de un monasterio que no se hizo en una sola campaña.

Sigue andando hacia el altar. Allí estaba pensado que descansaran los reyes.

Parada 5

La capilla mayor: el panteón de los Reyes Católicos que no fue

El panteón que no fue
Ponte aquí: Desde la nave, mira hacia la capilla mayor y sus gradas.

Estás en la nave, de cara a la cabecera. Delante de ti, al fondo, está la capilla mayor, y el suelo se eleva hacia ella en gradas hasta el altar. A tu espalda queda el resto de la nave, por donde has venido. Te lo describo de abajo arriba: las gradas, el altar y el retablo.

Esta cabecera se concibió como capilla funeraria regia. La idea de mausoleo explica la monumentalidad de este espacio y quizá por eso impresiona tanto: es un panteón al que nunca llegaron sus inquilinos.

El altar está elevado sobre gradas. Esa elevación hace visible la jerarquía entre la zona de los monarcas y la de los fieles. La verja que separaba el espacio reservado a los reyes ya no se conserva, pero la jerarquía todavía se lee en la organización del templo.

Ahora busca el retablo. Lo hizo Francisco de Comontes para el Hospital de Santa Cruz; no es el retablo original del monasterio. Mira a ambos lados: están las armas del cardenal Mendoza, la pista que delata su procedencia. La escultura de San Juan Evangelista que se colocó con él llegó a Toledo en agosto de 1967.

Queda por ver el lugar donde los frailes caminaban a diario.

Parada 6

El claustro de San Juan de los Reyes: original y restaurado

El claustro: qué es medieval y qué se reconstruyó
Ponte aquí: Entra al claustro. Empieza en la galería baja y, después, sube a la galería alta y mira el techo.

Entras en el claustro, un espacio de dos pisos: una galería baja y, encima, una galería alta. Te lo describo de abajo arriba. Empiezas en la galería baja, que es la más sencilla. Al subir a la alta, en el techo hay una techumbre de madera policromada, de estilo mudéjar, con motivos geométricos y heráldicos, y con emblemas e iniciales reales repetidos. Los arcos de esa galería son conopiales, de curvas dobles que terminan en punta.

La galería baja se levantó con Enrique Egas al frente de la obra.

Los franceses incendiaron y saquearon el monasterio durante la ocupación napoleónica. Después de la desamortización, quedó abandonado. El incendio dañó gravemente el conjunto, y Arturo Mélida dirigió una restauración profunda a partir de 1883. Por eso la crestería superior, numerosas esculturas y gárgolas, y la armadura de la galería alta son reconstrucciones o diseños de Mélida, no piezas íntegramente originales.

Sube a la galería alta. Arriba, los arcos conopiales y los emblemas reales conviven con la techumbre mudéjar policromada, obra de esa reconstrucción. Mira el artesonado, con sus motivos geométricos y heráldicos. Los emblemas de los monarcas se repiten en la techumbre: una interpretación los entiende como una firma visual que prolonga el programa político más allá de la iglesia.

La obra definitiva del monasterio se prolongó hasta 1525 y 1526, después de la muerte de Isabel. Carlos quinto apoyó su terminación. Isabel quiso el monasterio y no lo vio acabado.

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.