Tarragona · Audiodescrita

Torre Forta de Torreforta: historia de la masía fortificada de Tarragona

Versión audiodescrita de esta audioguía, para personas ciegas o con baja visión: en cada parada te decimos dónde estás, qué tienes delante y cómo es, de lo general a lo particular.

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Las paradas

Parada 1

Torre Forta de Torreforta: qué ver y de dónde viene el nombre del barrio

El edificio que prestó su nombre
Ponte aquí: Colócate frente al edificio, en el carrer Francolí, a una distancia que te permita abarcar todo el volumen.

Estás en el carrer Francolí, de pie y de frente al edificio, a una distancia desde la que cabe entero en tu campo de visión. Delante de ti tienes la masía.

Te lo describo de abajo arriba.

Hay barrios que se llaman como un santo, como un río o como un general. Este se llama como el edificio que tienes delante, y el edificio, todo hay que decirlo, parece algo cohibido por la responsabilidad.

Es una masía fortificada. Los estudiosos la sitúan entre los siglos XVI y XVII. Dentro de ella se conserva la antigua torre de vigilancia que dio nombre a Torreforta.

¿Y para qué hacía falta una torre así? La crónica de la parroquia local relaciona la construcción de torres defensivas con los asedios y la inseguridad que sufría Tarragona en el siglo XVII.

Ahora viene el detalle que cambia la mirada. Lo que tienes delante no es una torre intacta desde hace 400 años. La masía fue restaurada en 1986, y esa restauración forma parte de lo que tienes delante, igual que la piedra antigua. Antiguo y reparado conviven en la misma fachada.

Y hay otra pregunta que ronda a quien llega aquí: ¿cómo acabó una torre militar siendo parte de una masía? Eso lo irás descubriendo mientras te acercas a su puerta.

Para profundizar

La historia más conocida de este lugar es también la más visible: una antigua torre defensiva acabó dando nombre a todo el barrio. Esa relación entre la antigua torre y la masía actual es el resultado de siglos de uso y de la restauración de 1986.

Parada 2

El portal adovelado de la Torre Forta y la ocupación francesa de 1811-1813

El portal con cicatrices
Ponte aquí: Acércate a la entrada principal y mira de frente el arco de la puerta.

Ahora estás ante la entrada principal, en la fachada, con el portal justo delante de ti. A sus lados, a izquierda y a derecha, se abren ventanas. A tu espalda queda la calle por la que has llegado.

Te lo describo de abajo arriba. La puerta se abre bajo un arco de medio punto, un semicírculo, construido con dovelas, esas piedras cortadas en cuña que se sostienen unas a otras. A su lado se abren ventanas rectangulares enmarcadas también en piedra.

Una puerta puede guardar la memoria de un asedio. Eso, al menos, es lo que cuenta la tradición local de este portal.

Ahora, la historia. Durante la Guerra del Francés, entre 1811 y 1813, tropas francesas ocuparon la torre. La guarnición de Tarragona lanzó contra ella varios ataques. La fuente local relaciona con aquella ocupación unas marcas conservadas en la estructura de la puerta. Quizá las encuentres, o puede que no, pero merece la pena pasar la vista por esas piedras pensando en aquella ocupación y en los ataques que, según la tradición, vivió la torre.

Las crónicas cuentan batallas; las piedras, a veces, las recuerdan con cicatrices que nadie escribió. Esta torre que hoy te parece tranquila fue, durante unos años, un objetivo militar.

Detrás de esa puerta queda por ver qué hicieron los defensores para resistir. Para eso hay que levantar la mirada hacia los muros.

Para profundizar

Un estudio académico señala que la torre aparece ya en la cartografía de 1811, y que hay documentación registral sobre ella en 1850. Esa descripción registral habla de una finca de 20 hectáreas con casa de labor y dependencias agrícolas.

Parada 3

Aspilleras y refugio en la Guerra Civil: la masía fortificada de Tarragona

Aspilleras y refugio
Ponte aquí: Sigue el muro exterior hasta una esquina y busca las aperturas estrechas en la pared.

Has llegado a una esquina del edificio. Delante de ti tienes el muro exterior, y a tu lado el ángulo donde se juntan dos paredes. En el muro se abren aperturas estrechas, a modo de rendijas.

Esa rendija estrecha no es un descuido del constructor. Es una aspillera, y servía para defenderse. Es uno de los rasgos que permiten reconocer que este conjunto tuvo una función fortificada.

Las descripciones del edificio destacan tres cosas: las aspilleras, las esquinas de piedra trabajada y las ventanas enmarcadas en piedra. Quien ocupó la torre contaba, por tanto, con puntos desde los que defenderse.

Con el tiempo la torre perdió su uso militar. La crónica local lo sitúa en un contexto de crisis, con epidemias, filoxera y oscilaciones del precio del vino. Antes de que existiera el barrio, algunos campesinos vivían en los alrededores, entre campos.

Y la defensa volvió a ser necesaria, de otra manera. Durante la Guerra Civil, varias familias del entorno encontraron refugio y escondite dentro del edificio. Según la fuente local, usaron espacios interiores con hogares acondicionados para vivir. Un lugar pensado para resistir ataques sirvió entonces para proteger a personas corrientes.

Quedan por conocer las personas que, décadas después, pensaron en convertir los campos de alrededor en un barrio.

Para profundizar

El inventario arquitectónico describe en el interior dos grandes arcadas de medio punto y parte de las escaleras originales. Su visita depende del acceso que permita el equipamiento, hoy de uso municipal.

Parada 4

Historia de Torreforta: de los campos al barrio obrero

El hombre que quiso un barrio
Ponte aquí: Aléjate unos pasos de la masía y mira las calles que la rodean, en el carrer Francolí.

Te has alejado unos pasos de la masía y estás de nuevo en el carrer Francolí. Delante de ti queda el edificio de piedra, de poca altura; a tu alrededor, las calles del barrio que creció en torno a él. Es un contraste entre un edificio antiguo y las calles de un barrio más reciente.

Imagina esta zona sin calles, sin bloques de viviendas y sin parada de autobús: solo campos y una masía. En 1926, un hombre llamado Adolfo Bertran visitó la torre, ya convertida en masía, para hablar con su propietario. Su propuesta era levantar una barriada obrera.

Pensaba en trabajadores de Campsa, ferroviarios y obreros de una fábrica de briquetas de carbón. Compartió su plan de vivienda social de bajo coste con José Pelegrí y Domingo Grisé. Buscó apoyo ofreciendo terreno al Instituto Social de la Vivienda, pero al principio su propuesta no fue aceptada.

Había otro problema: la finca quedaba apartada. La crónica parroquial recuerda que el Francolí y los tres kilómetros hasta la ciudad parecían un obstáculo para el proyecto.

Bertran ofreció a Pablo Plana, trabajador portuario, un terreno gratuito con una condición: que lo trabajara y no lo vendiera. La primera parcela se vendió por 600 pesetas a Domingo Barberà Solá. Aquella venta anunciaba la transformación de la finca.

Las tierras se urbanizaron desde la tercera década del siglo XX y dieron lugar al barrio que heredó el nombre de la torre. Hoy, esa torre es una pieza conservada en medio de una ciudad que creció a su alrededor.

Para profundizar

En 1940, el pleno municipal aceptó llamar Torreforta a la extensa propiedad donde aún se conservaba la antigua fortificación. En 1950 se constituyó el Patronato del Cardenal Arce Ochotorena, y el proyecto de viviendas llegó a incluir 75 casas.

Parada 5

Torre Forta hoy: Espai Familiar desde 2025

Una torre con puertas abiertas
Ponte aquí: Quédate en el mismo lugar y vuelve a mirar la fachada, ahora pensando en lo que ocurre dentro.

Sigues en el mismo lugar, de frente a la fachada de piedra, con las calles del barrio a tu alrededor. Delante de ti está el edificio; fuera de él, en la zona exterior, hay bancos y mesas.

Después de años sin uso, la masía volvió a abrir sus puertas el tres de diciembre de 2025. Ahora es el Espai Familiar, con servicios municipales para menores y familias.

La reforma municipal destinó el edificio a esa función. La ficha municipal cifra la superficie construida actual en 759 metros cuadrados con 68 decímetros. Esa superficie se reparte entre áreas administrativas y espacios polivalentes.

Donde antes se vigilaba el horizonte, hoy se atiende a familias y a niños. La torre cambió de función varias veces. Fue defensa, fue masía, fue refugio y ahora es un equipamiento para el barrio.

Fuera, la zona exterior ha sido renovada y cuenta con bancos y mesas para la ciudadanía. El acceso depende del horario y de las condiciones del equipamiento.

La torre, que dio nombre al barrio, ha acabado sirviendo a sus vecinos. No está mal para un edificio de planta rectangular y piedra de esquina.

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.