Tarragona · Audiodescrita
Bosc de la Marquesa (Tarragona): qué ver, historia y audioguía
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Las paradas
Dunas de la Platja Llarga y el espacio natural protegido
Dunas que han vuelto a plantarseDelante de ti tienes el sistema de dunas.
Te describo lo que hay delante, de abajo arriba. En el suelo, el cordón de arena. En el límite entre la playa abierta y las dunas están las huellas del trabajo humano: vallados, pasos ordenados y superficies despejadas para que crezcan las plantas.
Esas dunas que tienes delante parecen de toda la vida, pero no son un decorado antiguo. Están en proceso de recuperación. El plan consiste en retirar elementos artificiales, ampliar el perímetro dunar y plantar especies propias de arenales. La naturaleza vuelve, sí, pero con un poco de ayuda.
La Platja Llarga funciona como un pasillo natural entre els Morrots de la Savinosa y el Bosc de la Marquesa. Todo esto forma parte del espacio protegido de Tamarit-Punta de la Móra: 120 hectáreas de tierra y más de 300 de mar.
Ahora, el nombre. Se asocia a Caridad Barraquer de Borrás, marquesa de la Bárcena y propietaria de la finca. Conservó el bosque y lo transmitió a su familia. Sus descendientes siguen siendo hoy los propietarios; más abajo te cuento quién cuida del lugar.
Y si la costa llegó hasta aquí sin ladrillo, hay una razón con nombre: la suya. En los años 60 y 70, cuando el litoral se llenaba de apartamentos, su decisión de no vender ayudó a que esta costa quedara fuera del boom inmobiliario. La bióloga Puri Canals contó que las ofertas llegaron de verdad. Una de ellas, la de Diego Méndez, proponía llenar de apartamentos la primera línea.
Así que lo que parece intacto tiene dos capas. Una es una negativa tozuda de hace décadas. La otra es una restauración de ahora.
Y la piedra que pisarás en la siguiente parada tiene una historia aún más antigua.
Para profundizar
El espacio natural alberga 69 especies botánicas, 17 de mamíferos y 52 de aves, según el recuento de marzo de 2025. Protegerlo exige también ordenar el paso: el proyecto municipal plantea controlar accesos, retirar elementos obsoletos y erradicar flora exótica invasora. Es decir, a veces cuidar un lugar consiste en decirle a la gente por dónde no pasar.
Indicios de cantera y muelle romano cerca de la Platja Llarga
La piedra de TàrracoHas llegado al extremo de la playa. Estás en el sendero litoral, y junto a él, a tu lado, hay afloramientos de roca. Es un tramo de costa rocosa y más o menos abrupta, con pequeñas calas y zonas de arena. Detrás de ti, tierra adentro, hay campos de algarrobos y pinares. Quédate en el camino, sin salir de él.
Te describo lo que hay, de abajo arriba. En el suelo, el sendero. A su lado, la roca, que guarda fósiles parecidos a los que aparecen en monumentos de Tarragona. Y en los tramos rocosos del recorrido quedan restos de camino empedrado, huellas de presencia antigua.
Esa piedra no es casual. Entre la Platja Llarga y la Punta de la Móra, en la Roca Plana, se localizó el posible muelle de época romana donde se embarcaba la piedra de la cantera del Mèdol, que sirvió para obras de Tàrraco. Se conocen pocos paralelos en el mundo romano.
Aquí conviene ser claros: no hay un muelle que se pueda recorrer. Lo que hay son indicios arqueológicos, y parte estaría bajo el agua. Lo que sí existe, en la cercana Punta de la Creueta, son marcas de extracción en la roca. La costa combina roquedos, pequeñas calas y playas cerradas.
La cantera del Mèdol no está en el Bosc: queda en otro lugar, a varios kilómetros. Su explotación se sitúa como mínimo desde el siglo primero después de Cristo, aunque el intervalo podría remontarse del siglo segundo antes de Cristo al segundo después.
Y aquí va el giro. La aguja del Clot, el pilar de piedra que dejaron los canteros en el centro del Mèdol, no mide 16 metros sino 20. Es de época de Augusto. Es una referencia externa: queda lejos de aquí.
Cuando una piedra se corta, se carga y se lleva por mar a construir una ciudad, el paisaje deja de ser solo paisaje. Ahora vamos hacia el interior, donde el protagonista es un árbol.
Para profundizar
Un trabajo depositado en la URV localiza indicios de una cantera romana cerca de la Punta de la Creueta y del norte de la Platja Llarga. Si quieres conocer el Mèdol, desde el 12 de mayo de 2025 lo gestiona el MNAT.
Savines y bosque litoral de Tarragona
Sabinas y pinos junto al marEntras en el sendero bajo la cubierta del bosque.
Te describo lo que hay, de abajo arriba. Después, las sabinas costeras, las savines en catalán, de forma baja y adaptada a la arena y a la exposición marina.
Este árbol retorcido, de tronco castigado por el viento, forma parte de una comunidad muy escasa en Cataluña. El paisaje vegetal se organiza en cuatro ambientes: bosque, franja costera, cultivos y flora criptogámica. Recorre el camino y no pises lo bajo: abrir atajos y pisar plantas bajas puede fragmentar el bosque y aumentar el riesgo de incendios.
Un detalle que descoloca: en la parte más elevada hubo un incendio. Lo que hay allí es regeneración vegetal, no un pinar plantado hace siglos.
Y la historia de cómo se descubrió todo esto es muy humana. Puri Canals formaba parte de l'Aglà, un grupo de naturaleza. Su interés por este entorno empezó tras una salida de reforestación. Allí descubrieron el valor ecológico del lugar.
Después vino un proyecto de gestión impulsado por la ONG DEPANA, que obtuvo fondos europeos LIFE en 1998. Se convirtió en un precedente de custodia compartida.
Hoy, ¿quién manda aquí? La finca es propiedad de los descendientes de Caridad Barraquer. Ellos crearon la Fundación Bosc de la Marquesa, cuya misión es conservarla y desarrollarla de forma sostenible. El espacio protegido, además, está cogestionado por DEPANA. A la cala se llega a pie desde la Platja Llarga.
Y el reto sigue. En 2025, el gerente de la fundación, Josep Maria Macias, advirtió de la presión humana y relacionó con ella el diagnóstico del bosque que se encargó a Limonium.
Para profundizar
Las medidas municipales siguen avanzando. Para la verbena de Sant Joan de 2026 se anunció control de acceso a espacios protegidos como este bosque y se prohibieron las hogueras grandes y otros elementos de combustión. Es una medida puntual: no consta que haya un dispositivo contra acampadas vigente toda la temporada.
Cala Fonda o Waikiki: playa nudista y memoria local
Cala Fonda, la del apodo de carnavalDelante de ti se abre la ensenada, una cala pequeña. A tu izquierda y a tu derecha se alzan paredones de roca que la enmarcan y la cierran.
Te describo lo que hay, de abajo arriba. Entre ellos queda encajada la cala. Esa forma es precisamente lo que dificulta el acceso.
Antes de bajar, un aviso: Cala Fonda es una playa nudista. El Ayuntamiento la identifica así, y es lo que más se asocia a su nombre popular.
Ese nombre es Waikiki. La denominación municipal es Platja de l'Arboçar, que es Cala Fonda. El apodo viene de una comparsa de carnaval de los años 30, no de una república política.
La cala guarda memoria menos festiva. Entre los siglos XVI y XVII hubo ataques piratas en estas calas, y vecinos de Tamarit levantaron torres de vigilancia hacia 1562. Más tarde, junto a los acantilados, hubo trincheras asociadas al control de la Guardia Civil sobre contrabandistas que buscaban refugio aquí.
Hoy sigue siendo un lugar delicado. Por eso no abandones el sendero ni bajes por taludes inestables.
Y ahora, tierra adentro, nos espera una torre fortificada que quizá se remonte al siglo XIV.
Para profundizar
El estudio de la URV registró 6426 metros cuadrados para Cala Fonda y 4945 para Calabeig. La resistencia a urbanizar llegó también a la Platja Llarga: en 2006 la familia de Caridad Barraquer se opuso a un paseo marítimo y logró anular el proyecto.
Mas d'en Grimau, sin tejado, y su torre
El mas sin tejado y la torre que sigue en pieEstás junto a la torre d'en Grimau. Delante de ti se levanta la torre y, a su lado, las ruinas del mas. Mantente fuera de esas estructuras, que son inestables.
Te describo la torre de abajo arriba. Es cilíndrica, de planta redonda. Está hecha de mampostería, con sillares enmarcando las aberturas. Tiene dos puertas, de épocas diferentes, y ventanas con marco de piedra. En lo alto conserva los restos de matacanes. Se clasifica como torre fortificada y su antigüedad podría remontarse al siglo XIV, con modificaciones posteriores.
A su lado, el mas está completamente en ruinas. Quedan paredes en pie, pero sobre ellas no hay tejado: se abre el cielo.
Y la razón no es el paso del tiempo. Durante la Guerra Civil, la familia de Caridad Barraquer se refugió en Barcelona y la finca quedó incautada. Mas Grimau se usó como almacén de munición, y lo volaron antes de que entraran las tropas nacionales. Así lo relató Puri Canals. Por eso se conservan paredes, pero no cubierta. La familia recuperó la finca tras la guerra.
Tras la guerra hubo que empezar de nuevo. Para rehacer la explotación agrícola, Caridad vendió la viga del molino de aceite y compró dos mulas para trabajar la tierra.
Y quedan rastros de otras épocas. El coronel Lluís Fontana fue el segundo marido de Manuela de Borràs, madre de Caridad, y de él heredó ella Mas Grimau. Había traído palmeras desde la guerra de Filipinas y las plantó en la finca; algunas todavía sobreviven. El paisaje histórico incluía campos de algarrobos, y hoy el conjunto mezcla bosque, cultivos y costa.
Una torre en pie, una casa sin techo y unas palmeras de ultramar: el Bosc de la Marquesa no solo se salvó, también se trabajó. Esa es una buena razón para pisarlo con cuidado.
Para profundizar
El nieto de Caridad, Agustín Peyra Molins, recordaba que su abuela llegaba en tren y que la recogían primero en carro y después en moto.
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Créditos de las fotos
- Enfo · CC BY-SA 3.0
- Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga) · CC BY-SA 3.0
- User:Vmenkov · CC BY-SA 3.0
- Carme Ribes Moreno · CC BY-SA 3.0
- Carme Ribes Moreno · CC BY-SA 3.0
- Enfo · CC BY-SA 3.0
- Nicolas Vigier · CC0
- Nicolas Vigier · CC0
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