Santiago de Compostela · Audiodescrita

Oficios tradicionales de Santiago de Compostela: azabachería y metal

Versión audiodescrita de esta audioguía, para personas ciegas o con baja visión: en cada parada te decimos dónde estás, qué tienes delante y cómo es, de lo general a lo particular.

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Las paradas

Parada 1

Rúa dos Concheiros: el oficio de los concheros

Rúa dos Concheiros: la vieira a las puertas de Compostela
Ponte aquí: Colócate en la Rúa dos Concheiros, en el barrio de San Pedro, fuera de la antigua muralla y antes de la Porta do Camiño. Orienta el cuerpo en la dirección en que avanza el Camino Francés hacia el casco antiguo.

Delante de ti, en la dirección en que avanza el Camino Francés, queda la Porta do Camiño y, más allá, el casco antiguo.

Lo que tienes delante es una calle urbana, bastante ancha, que forma parte del itinerario de entrada a Santiago. Esta calle se llama como los vendedores de conchas, pero no te imagines un callejón medieval. No hay taller conservado ni puesto identificado. Lo que queda aquí es el nombre.

Los concheros, en realidad, no vendían en esta calle. Según el Códice Calixtino, la venta de conchas y de otros productos para el peregrino se hacía junto a la Catedral, en el Paraíso, el atrio de la puerta norte. Contaremos esa historia en la tercera parada. De momento, quédate con esto: la calle conserva su nombre, y el mercado estaba más adelante, junto a la basílica.

La vieira llegó a ser emblema y recuerdo de la peregrinación. Para el peregrino medieval no era un souvenir cualquiera: expresaba su vínculo con el viaje jacobeo. Y había mercado para todos los bolsillos. Quien podía pagar más encontraba recuerdos de concha trabajados en plata o en azabache.

Sobre el nombre del barrio hay una tradición local: lo explica con el grito de los vecinos al ver acercarse a los peregrinos. No se trata de una prueba documental, y el texto del que partimos no recoge las palabras exactas de ese grito, así que prefiero no inventártelas. Quédate con la imagen: vecinos asomados, peregrinos en el horizonte y un barrio que acabó llamándose por ellos.

Hoy sigue siendo así de práctico: conchas, y también azabache, se venden en tiendas y talleres del entorno de la Catedral, que es lo que encontrarás al llegar.

Parada 2

Rúa da Caldeirería: caldereros, estañeros y picheleiros

Rúa da Caldeirería: caldereros, estaño y picheleiros
Ponte aquí: Sitúate en la Rúa da Caldeirería. Queda desviada del trayecto natural: desde los Concheiros, el camino directo va por la Porta do Camiño hacia la Acibechería. Si quieres incluir esta calle, hazlo como pequeño desvío y vuelve después hacia la Catedral.

Para situarte: estás en la Rúa da Caldeirería, una calle que queda a un lado del trayecto principal, en un pequeño desvío. Del aspecto de esta calle no tengo datos comprobados, así que no te la describo para no inventarla. Si te acompaña alguien, puede contarte lo que ve a tu alrededor. Lo que sí sé es lo que significa su nombre.

El nombre de esta calle viene de los caldereros, los caldeireiros: artesanos del cobre que hacían calderos y otros recipientes. Ese es el oficio que da nombre a la calle. Pero la historia que más se cuenta de Santiago es la de otro metal, el estaño, y conviene no confundirlos: los caldereros trabajaban el cobre; los estañeros, el estaño. La calle recuerda a los primeros, y la fama local es de los segundos. Ambos oficios eran vecinos en el mundo del metal, y de ahí el interés de esta parada. No tengo en el material una fuente que diga que los estañeros trabajaran precisamente en esta calle, así que no te lo afirmo.

Si vives en Santiago, probablemente te llaman picheleiro. Es un gentilicio popular compostelano, y nació de un oficio. Su primer significado remitía al fabricante de recipientes, al que trabajaba el estaño.

Y trabajaba mucho más que jarras. Los estañeros compostelanos hacían cálices, custodias, copones, fuentes y candeleros. Un taller así tenía clientes en la iglesia y en la mesa.

No cualquiera podía abrir tienda. Para ejercer en público se necesitaba licencia, título o carta de examen del concejo de Santiago. Había que demostrar que sabías hacerlo antes de colgar el cartel.

¿Y por qué el apodo? Un estudio local recoge que pudo nacer en rivalidad con otras ciudades, porque el estaño se consideraba menos noble que la plata. Habría sido una pulla que acabó adoptándose con orgullo.

Existe otra explicación popular, la que relaciona picheleiro con beber vino en picheles. La fuente local la presenta como derivación folclórica, sin respaldo histórico sólido. Es una buena historia para una taberna, eso sí.

Una palabra de taller ha acabado designando a toda una ciudad. Ahora vuelve hacia la Porta do Camiño y sube hacia el azabache.

Parada 3

Puerta del Paraíso y Acibechería: la azabachería compostelana

La Puerta del Paraíso y la Acibechería: de la portada románica a la fachada neoclásica
Ponte aquí: Desde la Porta do Camiño, sube por la Rúa da Acibechería hasta tener delante la fachada norte de la Catedral, la fachada de la Acibechería.

Para situarte: has subido por la Rúa da Acibechería, así que notas bajo los pies que el terreno ha ido ascendiendo. Detrás de ti queda la Porta do Camiño, por donde has venido. Delante de ti, al final de la calle, tienes la fachada norte de la Catedral, la llamada fachada de la Acibechería.

La describo de lo general a lo particular. Es la fachada norte de la Catedral, y es neoclásica, de la segunda mitad del siglo XVIII. De sus medidas, materiales y colores no tengo datos comprobados, así que prefiero no inventártelos. Lo que sí sé es lo que tuvo en su lugar.

Lo que tienes delante no es lo que vieron los peregrinos medievales. Esta fachada sustituyó a la portada románica norte, la Puerta del Paraíso o Porta Francígena, que se alzaba donde ahora está esta fachada. Esa portada medieval ya no existe.

Y esa puerta es el corazón de esta historia. El Códice Calixtino sitúa en el Paraíso, el atrio ante la puerta septentrional, a los vendedores de conchas, azabache, vino, calzado y hierbas. Es la fuente más citada sobre los concheros: allí, junto a la basílica, vendían al peregrino que acababa de llegar.

Esta calle lleva el nombre del azabache, el material negro con el que se hacían recuerdos. El Museo das Peregrinacións sitúa en la azabachería los primeros talleres compostelanos de azabache, y los fecha en el siglo XIII. Estaban vinculados a los concheros y bajo control eclesiástico. Aquí se fabricaban recuerdos para quienes llegaban a la tumba del Apóstol.

Ojo con las fechas, porque no son la misma clase de prueba. Una cosa son los primeros talleres que sitúa el museo, en el siglo XIII, y otra los primeros documentos escritos que mencionan a artesanos azabacheros, que otra fuente fecha en 1402: dos azabacheros de Santiago aparecen como acreedores en una deuda. Es una referencia documental, no la fecha de inicio del oficio. Con las fuentes que tengo, no se puede precisar cuándo nació exactamente.

El oficio acabó regulado. En 1443 se formularon ordenanzas gremiales para ordenar el oficio y su mercado, con el control de la actividad comercial entre sus objetivos.

De esos talleres no hay estructuras conservadas que identificar a simple vista. Pero el oficio no desapareció: azabache y conchas se siguen vendiendo en tiendas y talleres alrededor de la Catedral.

Parada 4

Praza da Inmaculada: Costales, la figa y el renacer del azabache

Gonzalo de Costales, la figa y el renacer del azabache
Ponte aquí: Quédate en la Praza da Inmaculada, entre el monasterio de San Martín Pinario y la fachada de la Acibechería.

A un lado tienes el monasterio de San Martín Pinario, y al lado opuesto, la fachada de la Acibechería de la Catedral, que acabas de conocer en la parada anterior. De cómo es el suelo de la plaza o del tamaño de los edificios no tengo datos comprobados, y no quiero inventártelos.

Aquí, entre la fachada y el monasterio, hablemos de las personas. Entre los nombres propios del oficio está Gonzalo de Costales, maestro azabachero fallecido en Santiago en 1520. Venía de Villaviciosa: la historia compostelana del azabache incluye artesanos llegados de Asturias, no solo una tradición local gallega.

Entre las piezas estaba la figa, un objeto protector ligado a creencias y supersticiones. Era un amuleto, y de que protegiese de verdad no hay prueba alguna.

El oficio tuvo su renacer. A finales del siglo XIX, Enrique Mayer Castro reactivó la azabachería compostelana. Para conocer piezas posteriores de varios artistas, tienes el Museo Catedralicio, y el Museo das Peregrinacións expone una selección de trabajos de azabache.

A un lado tienes San Martín Pinario. La guía turística de la ciudad lo identifica como fundación del siglo X y señala que su comunidad tenía a su cargo vigilar el culto a las reliquias del Apóstol. En esta plaza coinciden el camino, el templo y la comunidad que cuidaba el culto.

Así termina el recorrido: concheros, caldereros, estañeros y azabacheros dejaron en las calles sus nombres, y parte de su oficio sigue en los escaparates. Si algún día se pierde el rastro de los oficios actuales, ¿qué nombre quedaría en el mapa?

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.