Santiago de Compostela · Audiodescrita
Apóstol Santiago en Compostela: historia, iconografía y reliquias
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Las paradas
Origen del culto al Apóstol Santiago en Compostela
Una estrella sobre el bosquePara situarte: estás al aire libre, en medio de la plaza, con la catedral justo delante de ti. A tu espalda queda el resto de la plaza, abierta. Esta plaza es el lugar donde se encuentran todas las caras de Santiago: el Apóstol sedente, el peregrino, el patrón de la ciudad.
Antes de hablar de bosques y estrellas, conviene saber de quién hablamos. Santiago el Mayor fue uno de los apóstoles de Jesús: hijo de Zebedeo y hermano de Juan. Murió decapitado en Jerusalén hacia el año 44, por orden de Herodes Agripa. De ahí a Galicia hay un largo viaje, y lo cuenta la tradición.
Antes de las torres, la piedra y los peregrinos con la vieira, hubo un bosque. Según esa tradición, un ermitaño llamado Pelayo vio una estrella brillando sobre él y avisó al obispo Teodomiro, que halló allí el sepulcro del Apóstol. Es la tradición religiosa con la que nace Compostela, y así la cuenta la propia catedral.
Lo que vino después lo narra también la catedral. Hacia el año 829, Teodomiro comunicó el hallazgo al rey Alfonso segundo, y el rey apoyó la construcción de un santuario. Dicen además que acudió con toda su corte y que fue el primer peregrino a la tumba. Un rey haciendo de peregrino: la fila que hoy llega a esta plaza tiene un primer ejemplo de las alturas.
De Teodomiro volveremos a oír hablar al final del recorrido.
Primero, la fachada que tienes delante. Guarda un secreto.
Para profundizar
El culto a Santiago no se limita al verano. La fiesta grande es el 25 de julio, festividad del martirio del Apóstol. Y la Iglesia compostelana celebra además el 30 de diciembre la Traslación, la llegada de los restos a Galicia. Esa fiesta es medieval: el Códice Calixtino ya incluye una misa para ella. Cada Año Santo Jacobeo se abre además la Puerta Santa de la catedral; el próximo será en 2027, y ese año el 25 de julio cae en domingo.
Fachada del Obradoiro y Pórtico de la Gloria oculto
La fachada que esconde un pórticoPara situarte: sigues de pie en la plaza, con la fachada delante de ti y el acceso central justo frente a ti. A tu espalda queda la plaza abierta. Lo que tienes delante es una fachada barroca, de piedra, con ese acceso en el centro. Te la describo de forma sencilla, porque lo importante es lo que esconde.
Lo que tienes delante es una envoltura. Una muy elegante, barroca, de mediados del siglo XVIII, obra de Fernando de Casas Novoa, pero una envoltura. Sustituyó a la fachada exterior medieval del Pórtico, y el pórtico antiguo quedó detrás de ella, mutilado y encajonado por la reforma. Es como encontrar, al abrir un armario, otra casa entera al fondo.
La reforma tuvo un antecedente muy práctico. Hasta el siglo XVI la iglesia había permanecido abierta de forma permanente, sin puertas. Entonces se colocaron puertas para cerrarla, y ese cambio de costumbres fue el primer paso de las transformaciones del acceso. Dos siglos después, la fachada barroca remató la obra.
Así que recuerda, al cruzar el acceso central, que la portada que tienes delante no es la románica original. La románica sigue ahí, a pocos pasos, esperándote.
Iconografía de Santiago en el Pórtico de la Gloria
Santiago en el parteluzPara situarte: has cruzado el acceso y estás ya bajo cubierta, ante el Pórtico de la Gloria, con la columna central justo delante de ti. Esa columna divide la entrada en dos y se llama parteluz. Bajo tus pies, como sabrás enseguida, hay otra sala.
Te lo describo de abajo arriba, siguiendo la columna. En la parte baja está tallado el Árbol de Jesé, que representa la genealogía humana de Cristo. Sobre él, en lo más alto de la columna, hay un Santiago sentado, en el centro exacto del Pórtico. El Apóstol queda como una especie de bienvenida al templo. Más arriba de la columna aparece el capitel de la Trinidad.
Durante siglos los peregrinos apoyaron los dedos en las cavidades del Árbol de Jesé, y aún quedan las huellas. Hoy el contacto está restringido para conservar la obra, y no se puede tocar. Al pie del parteluz, mirando hacia dentro, hay una figura arrodillada: el Santo dos Croques, que se identifica popularmente con el propio Maestro Mateo. Ahí se golpeaba la cabeza, según la costumbre.
El rey Fernando segundo encargó a Maestro Mateo la terminación de la catedral en 1168. Una inscripción conmemora la colocación de los dinteles del Pórtico el uno de abril de 1188. Son 20 años de trabajo, más o menos.
Hay una lectura del conjunto que lleva la atención desde Santiago y el Árbol de Jesé hasta el capitel de la Trinidad. Genealogía humana y divina de Cristo quedan así enlazadas en una sola columna. Es una interpretación, pero invita a recorrer la columna de abajo arriba.
Mateo tuvo además un problema que no se nota: el terreno tenía desnivel en el cierre occidental. Lo resolvió construyendo una cripta bajo el Pórtico. El lugar donde pisas descansa, por tanto, sobre otra sala.
Restauración y policromía del Pórtico de la Gloria
El color que sobrevivióPara situarte: sigues en el mismo lugar, ante el Pórtico, con las figuras talladas delante de ti. Son esculturas de piedra, y en sus superficies se conserva color. Ahora acércate con la atención a la piedra y busca ese color.
Durante siglos, el Pórtico se vio gris: suciedad, depósitos y tratamientos anteriores habían alterado sus superficies. Entre 2008 y 2018, una restauración trató además las filtraciones y la condensación, y los restauradores descubrieron algo: parte del color seguía ahí, bajo todo aquello.
No todo ese color es medieval. La restauración distinguió varias intervenciones: hay policromías de la Edad Media y repintes posteriores, de los siglos XVI y XVII, con una intervención documentada en el 17.
Eso cambia lo que tienes delante. Lo que hay hoy es piedra medieval conservada y policromía histórica recuperada, con sus capas de distintas épocas. No es una réplica moderna ni una recreación completa de los colores medievales.
Y bajo tus pies, la cripta guardaba otra sorpresa. Durante la prospección arqueológica, entre 2017 y 2021, aparecieron piezas del coro de piedra de Mateo, incluidos relieves de la Matanza de los Inocentes.
Los estudiosos que las analizan creen que son obra de distintos artífices. El estilo de Mateo, según esa lectura, reunió acentos artísticos diversos en Compostela. Un maestro, sí, pero con un taller de manos muy distintas.
Pasamos ahora al interior, donde espera el otro Santiago, el del altar.
Santiago peregrino y el abrazo al Apóstol en el altar mayor
El trono y el abrazoPara situarte: estás en la nave, dentro de la catedral, de cara a la capilla mayor. Es el extremo opuesto al Pórtico, que ahora queda a tu espalda. Delante de ti, al fondo, está el altar mayor, y sobre él el camarín con la imagen sedente del Apóstol. Te lo describo de abajo arriba: primero el altar, después el camarín y, dentro de él, la imagen. Todo el conjunto está enmarcado en plata.
Lo primero que llama la atención del altar mayor es la plata. Lo segundo, que dentro de ese escenario hay una imagen mucho más antigua. La figura de Santiago sobre el altar se hizo para la consagración de la catedral en 1211, en un taller heredero de Maestro Mateo. Si en el Pórtico el Apóstol recibe a la entrada, aquí preside al fondo.
Hoy la imagen está muy modificada respecto a su concepción inicial. Lo que hay delante de ti es una imagen de origen medieval con una larga historia de cambios, rodeada de un marco barroco. El conjunto del altar se construyó entre las décadas de 1650 y 1670, para presentar la imagen y el rito del abrazo. Lo impulsó el canónigo fabriquero José de Vega y Verdugo. El arzobispo fray Antonio de Monroy financió además platería para el altar, el camarín y la imagen.
El abrazo es una costumbre de los peregrinos, y sigue viva hoy, siempre que el acceso esté habilitado ese día. Se sube por la escalera hasta el camarín y se abraza la imagen por la espalda. No está representado en la escultura: es algo que hace el peregrino, no la piedra.
Y ojo con el conjunto: reúne varios Santiagos a la vez. Hay un Santiago entronizado, un Santiago peregrino y un Santiago Matamoros. La imagen central medieval es una cosa, y el aparato que la rodea, otra.
Bajo ese altar, en silencio, está la cripta.
Para profundizar
El sagrario del conjunto lleva la firma y la fecha del platero Juan de Figueroa: 1701.
Reliquias del Apóstol Santiago en la cripta
La cripta y la pregunta abiertaPara situarte: has bajado a la cripta, que está justo debajo del altar mayor que acabas de dejar sobre tu cabeza. Delante de ti está la urna de plata donde se veneran las reliquias. Alrededor se conservan algunos tramos de muro antiguo. El ambiente es de silencio.
Aquí abajo se veneran las reliquias del Apóstol, en una urna de plata. La cripta en la que estás es de finales del siglo XIX y ocupa el lugar de un mausoleo romano. No es una cámara intacta de aquella época: conserva algunos tramos de muro, pero el espacio de veneración se configuró en el siglo XIX.
¿Por qué se habían perdido las reliquias? Según la historia tradicional, en 1589 el arzobispo Juan de Sanclemente las ocultó para protegerlas ante la amenaza de Francis Drake. Y durante tres siglos permanecieron perdidas dentro de la basílica.
Las excavaciones de 1879 las recuperaron. Las encargó el cardenal Miguel Payá a Antonio López Ferreiro y José María Labín Cabello, y en enero de ese año identificaron los restos. Fue una época de arqueología sagrada, con obras artísticas que ayudaron a legitimar el hallazgo. El desenlace llegó en 1884, con la bula Deus Omnipotens de León XIII, que reconoció los restos apostólicos.
Sobre cómo llegaron hasta Galicia, la propia catedral cuenta una tradición: que viajaron por mar. La presenta como tradición, no como comprobación arqueológica.
Y queda el último giro. Un estudio de 2024 sostuvo que unos restos hallados bajo la catedral pertenecían al obispo Teodomiro, el mismo del bosque y la estrella, fallecido en 847. Su tumba la había localizado Manuel Chamoso Lamas en 1955, y análisis posteriores llegaron a sugerir que los restos eran de una mujer. La nueva investigación, con análisis de huesos e isótopos, indica que el individuo vivió cerca de la costa, algo compatible con Iria Flavia.
Ese hallazgo habla de Teodomiro. No identifica al Apóstol. Sobre las reliquias de Santiago, el estudio no resuelve nada.
Donde empezaste había un bosque y una estrella. Aquí abajo, una urna y una pregunta que sigue abierta.
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Créditos de las fotos
- Diego Delso · CC BY-SA 4.0
- Luis Miguel Bugallo Sánchez · CC BY-SA 4.0
- Ramon Canivell · CC BY-SA 3.0 es
- Diego Delso · CC BY-SA 4.0
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