Pamplona · Audiodescrita
Plaza del Castillo de Pamplona: historia y audioguía
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Las paradas
Historia de la Plaza del Castillo y los dos castillos de Pamplona
Los dos castillos que ya no estánImagina que te colocas de cara al Palacio de Navarra, que cierra el lado sur. Entonces tu derecha es el lado occidental, tu izquierda es el lado oriental, y a tu espalda queda el Casco Antiguo de Pamplona.
Estás en una plaza que se llama del Castillo y no tiene castillo. Ni uno. El nombre recuerda dos fortificaciones sucesivas que existieron en este solar y que desaparecieron las dos. La primera la mandó construir Luis primero de Navarra, al que llamaban el Hutín, entre 1308 y 1311. El Ayuntamiento la sitúa en el lado este de la plaza, el que ahora tienes a tu izquierda. Dos siglos después, en 1513, Fernando el Católico ordenó levantar otra fortaleza al sur, delante de ti. Y aquí viene el detalle de ahorrador: se hizo con piedras del castillo anterior.
¿Y qué fue de esa segunda fortaleza? Perdió su función cuando el nuevo sistema defensivo se apoyó en la Ciudadela, y hacia 1590 fue derribada. Así acaba la historia del nombre: un castillo levantado con las piedras de otro, y los dos desaparecidos.
Ahora gira despacio. A tu alrededor hay soportales, edificios de épocas distintas y mucho cielo abierto sobre tu cabeza. Son cerca de 14.000 metros cuadrados, y por eso la plaza aguanta tanta vida sin agobiar.
Su origen tiene una explicación histórica clara. La plaza ocupa un espacio intercalado entre las murallas de las tres antiguas poblaciones de Pamplona. Era un lugar donde todos se encontraban sin ser de nadie, y esa vocación de punto de encuentro le dura hasta hoy.
Su nombre también cambió según soplaba el viento político. Fue Plaza de la Constitución y Plaza de la República, aunque el castillo, el que ya no estaba, acabó ganando.
Para profundizar
Cuando se excavó el subsuelo para construir el aparcamiento, aparecieron restos de épocas muy distintas, desde la Pamplona romana hasta estructuras contemporáneas, entre ellos una necrópolis islámica, una maqbara, del siglo VIII. Bajo tus pies hay una capa de historia que no se nota desde la superficie.
El aparcamiento de la Plaza del Castillo y los restos arqueológicos
El aparcamiento y la polémica de los restosSigues en el centro de la plaza, en el mismo sitio. Delante, detrás y a ambos lados se extiende la plaza abierta, y alrededor, los soportales. Lo importante de esta parada está debajo de tus pies, bajo el suelo que pisas.
La plaza que te rodea es fruto de una remodelación que se ejecutó entre 2001 y 2003, con un aparcamiento subterráneo debajo. Y no estuvo exenta de polémica. Las excavaciones sacaron a la luz restos romanos y medievales, además de la necrópolis islámica, y en 2002 se decidió desmontar la mayoría de ellos tras documentarlos y estudiarlos. Muchos vecinos y expertos lo criticaron: se acusó a la obra de destruir patrimonio arqueológico.
Aquí conviene ser prudente: no está confirmado que ese tramo se pueda visitar, así que no cuentes con verlo. Lo que sí queda es la lección: esta plaza tan alegre es también un archivo enterrado.
El quiosco de la Plaza del Castillo y La Mariblanca
Un quiosco que no es tan viejoAhora estás junto al quiosco, en el centro de la plaza.
Te lo describo de abajo arriba. Encima se levantan columnas de orden jónico, y estas columnas sostienen la cúpula, que lo remata todo.
Dieciocho metros de altura y cara de llevar aquí toda la vida. Pues no. Este quiosco se instaló el 28 de junio de 1943, y sustituyó a otro, de madera, puesto en 1910. Parece de otro siglo, pero la plaza lo ha adoptado como si fuera suyo.
El centro de esta plaza ha tenido tres protagonistas. Primero hubo una fuente del siglo XVIII, la de la Beneficencia, diseñada por Luis Paret. La retiraron en 1910 y la obra de Paret se perdió casi por completo. En su lugar llegó el quiosco de madera, y mucho después, el actual.
Pero la fuente tuvo una superviviente. Su figura principal, La Mariblanca, no se perdió: se trasladó y hoy está en los jardines de la Taconera. Cambió el ruido de los cafés por el paseo de los jardines.
Las corridas de toros en la Plaza del Castillo
Toros en el salónHas cruzado la plaza hacia el lado occidental. Si has caminado de cara al oeste, el centro de la plaza y el quiosco quedan ahora a tu espalda, y delante de ti tienes las fachadas de este lado, con sus soportales al pie. Es en este lado donde está el portal número 37.
Durante siglos, esta plaza tan tranquila fue una plaza de toros. Según el Ayuntamiento, aquí se celebraron casi todas las corridas a partir de 1385. Cuesta creerlo entre terrazas, pero el cuarto de estar de Pamplona fue también coso.
El portal 37, en el lado occidental, se asocia a la Casa del Toril, levantada hacia 1612. Su nombre recuerda la infraestructura que precedía a la corrida, es decir, lo que hacía falta antes de que saliera el toro.
La historia taurina de este lugar abarca mucho más que San Fermín. Son varios siglos de corridas, hasta que en 1843 se celebró la última en la plaza y empezó a construirse el primer coso fuera de ella. Los toros se mudaron, y la plaza se quedó con los vecinos.
Hemingway, el Café Iruña y los Sanfermines en la Plaza del Castillo
Hemingway, el Café Iruña y los SanferminesSi has venido de lejos, probablemente te trae Hemingway. Ernest Hemingway convirtió Pamplona y esta plaza en escenarios de Fiesta, en inglés The Sun Also Rises, novela publicada en 1926 que contribuyó a universalizar los Sanfermines.
En el perímetro están dos locales históricos. El Café Iruña se fundó en 1888; dentro tiene el Rincón de Hemingway y una escultura del escritor de tamaño natural, es decir, tan alta como una persona. El Hotel La Perla abrió como negocio hotelero en 1881 y ocupa una esquina de la plaza.
La plaza es lugar habitual de reunión, con terrazas y cafés, y esa condición de espacio social se nota sobre todo en fiestas, cuando la ciudad entera parece cabida en este salón. Siéntate un rato: es la mejor manera de entenderla.
El Palacio de Navarra en la Plaza del Castillo
El Palacio de NavarraA tu espalda queda el resto de la plaza, abierta, con el quiosco en el centro.
Te lo describo de abajo arriba. En la planta baja, la fachada se organiza sobre un pórtico: una galería cubierta, con soportales que siguen hacia los edificios vecinos. Encima se levanta la fachada de estilo neoclásico, de orden dórico, un estilo clásico y sereno, sin recargar.
Este palacio ocupó el sitio de unas monjas. Parte de su solar pertenecía al convento de las Carmelitas Descalzas, que las religiosas tuvieron que abandonar tras la desamortización de 1836. La Diputación recibió el solar y las obras comenzaron en 1840.
Así nació el Palacio de Navarra, sede de la Diputación, diseñado por José de Nagusia. Hoy sigue siendo sede del Gobierno de Navarra y de su presidencia, así que no es un decorado: dentro se trabaja. El Ayuntamiento lo tiene catalogado con grado dos en el Plan Municipal.
El palacio ocupa el extremo entre la plaza y el Paseo de Sarasate, con fachadas hacia ambos espacios: una esquina con dos caras, como una bisagra entre dos ciudades. Desde aquí la plaza conecta el Casco Antiguo con el Segundo Ensanche.
El giro llega en 1931. Al abrirse la plaza hacia el Segundo Ensanche se demolió el Teatro Principal, que cerraba este frente, y se prolongó la avenida Carlos tercero desde el extremo sur. La plaza dejó de ser un recinto cerrado y se abrió a la ciudad nueva.
Para profundizar
La fachada principal, hacia el Paseo de Sarasate, conserva señales de los impactos de un bombardeo durante la Guerra Civil. Hay daños en los porches y en las esculturas.
Del Casco Antiguo al Paseo de Sarasate
La ampliación y el grupo de OrdunaEstás en el extremo del palacio, en el punto donde la plaza termina y se abre al Paseo de Sarasate. A tu espalda queda la plaza, el cuarto de estar de la ciudad. Delante, el espacio se abre hacia el paseo. Junto a ti se extiende la verja monumental y, sobre tu cabeza, en lo alto de la fachada principal, se encuentra un grupo escultórico.
El palacio tuvo una ampliación posterior hacia Carlos tercero, así que no todo lo que tienes delante pertenece a la primera fase. En esa ampliación, el escultor Fructuoso Orduna realizó en 1932 las esculturas y relieves, entre ellos el grupo que corona la fachada principal. Representan Navarra y sus actividades humanas y artísticas. También se le vincula con la verja monumental.
Quizá esa sea la mejor forma de entender este sitio. Por un lado, la plaza histórica, de burgos, castillos y toros. Por el otro, un eje cívico abierto al Ensanche. Entre ambos, un palacio. Y detrás de ti, el cuarto de estar de la ciudad, que sigue esperando que alguien saque una silla.
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Créditos de las fotos
- JLVwiki · CC BY-SA 4.0
- San Fermin Pamplona Navarra from España · CC0
- Davidh820 · CC BY-SA 3.0 es
- GUIA ILUSTRADA · CC BY-SA 4.0
- Szallasz · CC BY-SA 3.0 es
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