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Catedral de Pamplona: historia y qué ver en Santa María la Real

Una fachada que un prior quiso frenar, una Virgen vestida de plata por un rey y un sepulcro que otro rey dejó listo años antes de morir.

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Las paradas

Recreación ilustrativa: Fachada neoclásica de la Catedral de Pamplona con sus dos torres
Parada 1

La fachada neoclásica de la Catedral de Pamplona

Una fachada que llegó tarde
Ponte aquí: En la plaza, de frente al pórtico, con las dos torres encima de ti.

Lo que tienes delante parece la entrada de un palacio de la Ilustración. Columnas, un frontón, dos torres limpias y simétricas. Es una fachada de líneas ordenadas, muy distinta de lo que hay detrás. Esta fachada se terminó en 1800, cuando la iglesia que hay detrás llevaba ya cuatro siglos en pie.

Antes hubo aquí una fachada románica. Se sustituyó por esta, aunque se guardaron algunas piezas de la antigua y dibujos de cómo era. El diseño lo firmó Ventura Rodríguez, y su nombre no salió de la nada. Se eligió después de consultar a la Academia de San Fernando, así que fue una decisión meditada y oficial, no un capricho. Quien llevó la obra al terreno fue Santos Ángel de Ochandátegui, que supervisó cada fase. Con esta fachada llegó a Navarra la arquitectura académica, la de las reglas, las proporciones y el compás.

No todo el mundo estaba contento. El prior Blas Oyza protestó contra la obra. Decía que había necesidades más urgentes y que la fachada podía esperar. Y tenía las cuentas en la mano: el capítulo de la catedral disponía de unos 20.000 ducados, y Oyza los ponía frente a lo que iba a costar el proyecto. Es la discusión de siempre entre lo que hace falta y lo que luce. Esta vez, a la vista está, ganó la fachada.

Por fuera estás en el siglo XVIII. Cruza la puerta y retrocede 400 años.

Ventura Rodríguez presentó su proyecto en 1783. Las obras duraron 17 años. Mucho después, entre 2007 y marzo de 2011, la fachada pasó por una restauración que costó algo más de cuatro millones 290.000 euros. No se trató toda igual: la piedra lisa, la decoración y los bronces necesitaron técnicas distintas. Levanta la vista hacia las torres. Allí arriba se recuperó también la casa del campanero. Y una de las campanas, la Gabriela, viajó hasta Alemania para que la soldaran allí y le devolvieran su sonido original.


Santa María la Real en el presbiterio de la Catedral de Pamplona
Parada 2

Santa María la Real, la Virgen de plata de Pamplona

La Virgen vestida de plata
Ponte aquí: Avanza por la nave hasta tener delante el presbiterio, donde preside la imagen de la Virgen sentada bajo su baldaquino.

Noventa y tres centímetros. Eso mide la figura que preside esta catedral, más o menos la altura de un niño de tres años. Y es más vieja que las paredes que la rodean.

La nave que acabas de recorrer es gótica. Se empezó a levantar en 1394, después de que la catedral románica se derrumbara en parte. La Virgen, en cambio, es una talla románica del siglo XII. Estaba aquí antes que estas bóvedas, y sobrevivió al edificio que la acogía primero.

Lo que ves brillar no es la madera original. En el siglo XIV, el rey Carlos segundo mandó cubrir la talla con un chapado de plata. Solo quedaron al descubierto las manos y los rostros, que son los únicos puntos donde todavía se asoma la escultura de antes.

Tampoco todo lo que la rodea es de la misma época. El Niño que sostiene y el trono en el que se sienta son añadidos barrocos. El baldaquino que la enmarca es mucho más reciente: data de 1946. Ese mismo año la imagen fue coronada canónicamente en la Plaza del Castillo, y desde entonces se asentó el nombre con el que hoy se la conoce, Santa María la Real.

Cuenta la tradición que el título le viene también de otra costumbre: a sus pies se coronaba a los reyes de Navarra. Una Virgen ante la que se arrodillaban los reyes y que recibió, siglos después, su propia corona.

A pocos pasos de ella espera un rey que no quiso dejar nada al azar.

La talla es anterior a los años 1175 a 1185. A lo largo de los siglos ha tenido varios nombres. Santa María del Sagrario y Santa María la Real reflejan momentos distintos de su devoción. Durante mucho tiempo se la vistió con mantos y velos en las fechas litúrgicas señaladas, y la costumbre sigue viva, aunque ha cambiado con los años.


Recreación ilustrativa: Sepulcro de Carlos III y Leonor en la Catedral de Pamplona
Parada 3

El sepulcro de Carlos III en la Catedral de Pamplona

El rey que encargó su tumba
Ponte aquí: En el presbiterio, frente al mausoleo de alabastro y mármol negro.

Carlos tercero murió en 1425. Para entonces su tumba llevaba lista al menos seis años.

Hay que reconocerlo: pocos han preparado su despedida con tanto cuidado. El rey quiso ser enterrado aquí, en la catedral de Pamplona, y no dejó el encargo en manos de cualquiera. Contrató expresamente a Jehan Lome, un escultor de Tournai, y lo hizo venir desde fuera de Navarra. Es una historia de mecenazgo real: un monarca que busca a un artista lejos de su reino y lo trae para que trabaje en su propio sepulcro.

Lo que ves es el mausoleo de Carlos tercero y Leonor. El alabastro claro de las figuras destaca sobre la piedra oscura del mármol negro, y el conjunto ocupa hoy un sitio de honor en el presbiterio, en pleno recorrido por la catedral.

Ahora llega el giro. Aunque lleve la firma de Lome, esta tumba no la talló un solo hombre. Fue obra de un taller, y quienes la han estudiado distinguen la mano que dirigía de las de otros artistas que colaboraron con él. La idea del maestro solitario que lo cincela todo se queda en romántica. Detrás de estas figuras hubo un equipo.

Y queda una pregunta abierta. Los expertos aún discuten cómo conoció Lome los modelos de la escultura borgoñona y hasta qué punto los transformó al trabajar aquí.

Del silencio de la piedra pasamos a un rincón donde, siglos después, se cantaba a diario.

Lome trabajó en el mausoleo entre 1413 y 1419. La tumba del rey forma parte de un grupo de grandes sepulcros navarros. En esta misma catedral se conservan también los de Sancho Sánchez de Oteiza y Leonel de Garro.


Sillería del coro renacentista de la Catedral de Pamplona
Parada 4

La sillería del coro y la reja del presbiterio

Ciento cuatro sillas y un santo en cada una
Ponte aquí: Junto a la sillería del coro, en el presbiterio, con los sitiales tallados a un lado y la reja delante.

Ciento cuatro asientos de madera. Así de grande era el conjunto original de esta sillería, y sobre los sitiales se representa el santoral, un santo tras otro, como un calendario tallado.

La hicieron Esteban de Obray y su equipo en apenas dos años, entre 1539 y 1541. Trabajaron con nogal, cerezo y boj, tres maderas de tonos distintos. Y Obray no estaba solo: junto a él tallaron artesanos franceses y flamencos. Pamplona reunió aquí a gente de varias tierras para un mismo encargo.

Detrás de la idea había un hombre con una referencia muy concreta. El prior Sancho Miguel Garcés de Cascante fue uno de los grandes promotores de la obra, y aportó lo que había visto en Roma. Algo de aquella Roma del Renacimiento acabó en estas sillas de Pamplona.

Lo que más sorprende está entre las figuras religiosas. Los especialistas señalan que asoman también motivos de la mitología. En la decoración renacentista, los personajes de los antiguos dioses y las imágenes cristianas convivían sin escándalo, en la misma madera y a pocos centímetros.

No todas las sillas siguen aquí. Una parte de la sillería se conserva hoy en el Museo de Navarra.

Sal ahora del presbiterio y busca el claustro. En uno de sus lados hay una sala que nació para algo muy distinto de rezar.

Pagar una obra así exigió juntar dinero de muchos sitios. Se usaron rentas del capítulo, diezmos, censos y limosnas, además de aportaciones de canónigos, de particulares y de la Corona. En 1540 se formalizaron unas garantías económicas de 2600 ducados a nombre del canónigo Miguel de Baigorri. La reja es algo anterior, de 1517, y en ella aparecen episodios marianos como la Asunción, la Anunciación y el Pecado Original.


Recreación ilustrativa: Bóveda estrellada de la capilla Barbazana de Pamplona
Parada 5

La capilla Barbazana y su bóveda estrellada

Una sala para debatir bajo una estrella
Ponte aquí: Ante la entrada de la capilla Barbazana, desde el claustro. Luego entra y colócate junto al sepulcro, en el centro.

Esta capilla no nació para rezar. Nació para reunirse.

Fue la sala capitular, el lugar donde se celebraban las reuniones del capítulo. Hoy se llama capilla Barbazana por el hombre que yace en su centro: el obispo Arnaldo de Barbazán, que gobernó la diócesis entre 1318 y 1355. Fue también uno de los impulsores del claustro gótico que acabas de cruzar. Descansa en medio de la sala que él conoció, rodeado del edificio que ayudó a levantar.

Antes de entrar, fíjate en las jambas de la puerta. San Pedro y san Pablo reciben a quien llega, uno a cada lado, y junto a la entrada aparece la Epifanía.

Ya dentro, mira hacia arriba. La bóveda es de terceletes: los nervios de piedra se cruzan hasta dibujar una estrella de ocho puntas. Se apoya en ménsulas, unas repisas de piedra salientes del muro, y por eso parece que el techo flota sobre la sala.

Lo que no se ve es casi tan interesante como lo que se ve. Bajo tus pies hay una cripta. Y encima de la estrella se levanta un torreón prismático. Esta sala es solo el piso del medio de una construcción de tres alturas.

Ese torreón, visto desde fuera, guardaba un secreto que nadie había apuntado en ningún papel.


Torre Barbazana y muralla junto a la Catedral de Pamplona
Parada 6

La puerta medieval hallada junto a la torre Barbazana

La puerta que no figuraba en los papeles
Ponte aquí: Si puedes, escucha esta parada al salir, en la ronda exterior junto a la torre Barbazana, mirando el muro al pie de la torre.

En septiembre de 2025, una excavación junto a esta torre sacó a la luz una puerta medieval. Nadie sabía que estaba ahí. No aparecía en la documentación.

Era una puerta de los canónigos, abierta en la muralla medieval de la Navarrería. Y en algún momento alguien decidió cerrarla, porque apareció tapiada.

Hoy no la vas a ver. Después de estudiarla, se volvió a cubrir para conservarla mejor. Lo que sí queda a la vista, junto a la torre, es un arco cegado en el muro. La puerta descubierta sigue ahí detrás, de nuevo bajo tierra.

La excavación no se quedó en la Edad Media. Al bajar aparecieron fragmentos de cerámica romana y una capa de tierra ennegrecida. Los especialistas plantearon que ese estrato oscuro podría ser la huella de un incendio del siglo III. Si es así, bajo esta ronda hay un fuego de hace unos 1700 años, mucho antes de que existiera la catedral, la muralla o la propia puerta.

Una ciudad entera apilada en capas, como las páginas de un libro cerrado. Volvamos dentro, al claustro, donde esas capas tienen nombres de personas.


Claustro gótico de Pamplona con sus galerías y losas funerarias
Parada 7

El claustro gótico de Pamplona y sus sepulturas

El claustro de las losas
Ponte aquí: En una de las galerías del claustro, con las losas funerarias a tus pies y las arcadas abiertas al jardín.

Este claustro existe porque otro fue destruido.

En 1276, durante la Guerra de la Navarrería, la catedral fue saqueada, y el primer claustro, el románico, quedó destruido. Cuatro años después se empezó a levantar este. La obra se alargó hasta 1330, medio siglo de trabajo. El obispo Barbazán, el mismo que descansa en la sala capitular, impulsó parte de la construcción y dejó su nombre unido a este conjunto.

El claustro es la columna vertebral de todo lo que hay alrededor. Sus galerías conectan las estancias de la catedral y conservan portadas y sepulcros medievales. Al caminar por aquí, pisas sobre memoria.

Las excavaciones documentaron numerosas sepulturas bajo este suelo. Y descubrieron algo que no se suele pensar: los restos de los enterrados afectaban a la conservación de la piedra. Cuidar el claustro obligó a ocuparse también de quienes reposaban en él. Las sepulturas se vaciaron y se reubicaron, y eso hizo posible habilitar el claustro como columbario. Siglos después, sigue siendo un lugar donde se guarda a los muertos.

Durante la restauración se planteó, además, un estudio para cruzar los restos humanos con la documentación conservada. La idea era poner nombre a las personas enterradas aquí.

Sigue la galería hacia la parte donde vivían los canónigos. Allí se cocinaba para mucha gente.


Cocina medieval de la Catedral de Pamplona con su chimenea de 27 metros
Parada 8

La cocina medieval y el refectorio de la catedral

Una chimenea de veintisiete metros
Ponte aquí: En la cocina, bajo la gran salida central de humos. Alza la cabeza hacia el tiro.

Veintisiete metros de chimenea. Más o menos lo que mide un edificio de nueve plantas, y todo para sacar el humo de los fogones.

La cocina se construyó hacia 1330 o 1335. Además de esa salida central tiene cuatro salidas laterales de humo. Aquí no se cocinaba para unos pocos: se daba de comer a los canónigos, pero también a peregrinos y a pobres. Piensa en el humo, el ruido y las ollas de una cocina que alimentaba a la vez a la casa, al camino y a la puerta.

Al lado está el refectorio, levantado en esos mismos años como comedor de los canónigos. Una sala para sentarse a la mesa. Pero esa mesa tuvo otros invitados. El refectorio fue también sala de sesiones de las Cortes Reales. Donde se servía la comida del día, se discutían después los asuntos del reino. Política y sobremesa compartieron la misma habitación.

La sala no dejó de cambiar de oficio. Llegó a convertirse en capilla de San Francisco Javier, y hoy se usa como salón multifuncional. Comedor, parlamento, capilla y salón de actos: pocas habitaciones han tenido tantas vidas.

Y aún falta la más antigua de todas, una sala que ya era vieja cuando se encendió por primera vez este fuego.


Cillería románica y exposición Occidens en el museo de la catedral de Pamplona
Parada 9

La cillería y el museo de la catedral Occidens

La casa más vieja y la mesa de Occidens
Ponte aquí: En la cillería, una de las salas que hoy forman parte del recorrido de la exposición Occidens.

La cillería se construyó a finales del siglo XI. Es anterior al claustro gótico y a la nave en la que entraste. Y es anterior incluso a la Virgen de plata que preside el altar. Cuando se levantaron estos muros, ni el claustro gótico, ni la nave, ni la Virgen de plata tenían su aspecto actual.

Empezó siendo la residencia comunitaria de los canónigos, el lugar donde vivían juntos. Su nombre, sin embargo, remite a la despensa, a donde se guardaban las provisiones. Una casa que se llamaba como su almacén, quizá porque guardar la comida era la mitad de vivir en comunidad.

Hoy esta y otras estancias históricas acogen Occidens, un recorrido expositivo con una idea de fondo muy concreta. Propone leer la historia de Occidente como una mesa sostenida por cuatro patas: Atenas, Roma, Jerusalén y el espíritu germánico. Cada pata, una herencia. Si falla una, la mesa cojea.

Tiene su gracia que esa mesa se monte aquí, entre una despensa, una cocina que daba de comer a peregrinos y un comedor donde se reunieron las Cortes. Este rincón lleva más de 900 años dedicado a lo mismo: sentar a la gente alrededor de algo en común.


Editado por Manuel García Solís, editor responsable · Cómo hemos hecho esta audioguía · Actualizado el 19/10/2026

Preguntas frecuentes

¿Qué se puede ver en la Catedral de Pamplona?

La fachada neoclásica de Ventura Rodríguez, la nave gótica, la talla románica de Santa María la Real, el mausoleo de Carlos III y Leonor, la sillería renacentista, la capilla Barbazana, el claustro gótico, la cocina medieval con su chimenea de 27 metros, el refectorio y la cillería, la sala más antigua del conjunto.

¿Cuándo se construyó la catedral gótica?

Las obras de la iglesia gótica comenzaron en 1394, después del derrumbe parcial de la catedral románica anterior. El claustro gótico es más antiguo: se empezó en 1280, tras el saqueo de 1276 en la Guerra de la Navarrería, y se prolongó hasta 1330. La fachada actual no es medieval: se terminó en 1800.

¿Dónde está el sepulcro de Carlos III el Noble?

El mausoleo de Carlos III y Leonor se encuentra en el presbiterio de la Catedral de Pamplona, en un lugar destacado del recorrido. Lo realizó el escultor Jehan Lome de Tournay, con su taller, en alabastro y mármol negro entre 1413 y 1419, años antes de la muerte del rey en 1425.

¿Qué es la capilla Barbazana?

Es la antigua sala capitular de la catedral, donde se reunía el capítulo. Debe su nombre al obispo Arnaldo de Barbazán, que gobernó entre 1318 y 1355 y cuyo sepulcro está en el centro. Destaca su bóveda de terceletes en forma de estrella de ocho puntas, apoyada sobre ménsulas, con una cripta debajo y un torreón encima.

¿Se puede visitar el claustro de la catedral?

Sí, el claustro gótico forma parte del recorrido del museo catedralicio y conecta sus estancias, con portadas y sepulcros medievales. Hoy también funciona como columbario. Conviene consultar la web oficial antes de ir.

¿Qué es Occidens?

Occidens es el recorrido expositivo instalado en varias estancias históricas de la catedral, como la cillería. Propone leer la historia de Occidente como una mesa sostenida por cuatro patas: Atenas, Roma, Jerusalén y el espíritu germánico. Así combina el discurso de la exposición con la visita a espacios medievales del conjunto.

¿Quién diseñó la fachada de la Catedral de Pamplona?

La diseñó Ventura Rodríguez, elegido tras consultar a la Academia de San Fernando. Presentó su proyecto en 1783 y las obras terminaron en 1800 bajo la dirección de Santos Ángel de Ochandátegui. Con ella llegó a Navarra la arquitectura académica. La fachada se restauró entre 2007 y marzo de 2011.

¿Cuánto cuesta la entrada a la Catedral de Pamplona?

Las tarifas y los horarios cambian a lo largo del año, y el acceso puede verse afectado por el culto y las celebraciones. Lo más seguro es consultar la web oficial de la catedral antes de ir.

Fuentes consultadas

Cada dato de esta guía lleva una cita comprobada en su fuente. Las principales:

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