Mérida · Audiodescrita

Puente Romano de Mérida sobre el Guadiana: historia y qué ver

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Las paradas

Parada 1

El puente y la fundación de Mérida: 792 metros y 60 arcos

La ciudad que nació de un puente
Ponte aquí: Colócate en el acceso desde la Plaza de Roma, antes de empezar a cruzar, con el puente delante de ti y la Alcazaba y el paseo junto al río en el otro extremo.

Empecemos por situarnos. A tu espalda queda la Plaza de Roma. Delante de ti arranca el puente, y bajo él corre el Guadiana. Es un puente de granito, formado por una larga hilera de arcos de medio punto, es decir, huecos con forma de semicírculo. En el extremo opuesto al tuyo, el puente conecta con la Alcazaba y con el paseo junto al río.

Normalmente se piensa que primero se funda una ciudad y luego se le construye un puente. Aquí ocurrió al revés, o casi. Mérida, la Augusta Emerita de los romanos, se estableció en el año 25 antes de Cristo, y el paso sobre el Guadiana ayudó a decidir dónde levantarla. El puente no fue un añadido: fue una de las razones para fundar la ciudad en este punto.

Quienes trazaron la colonia, en tiempos de Augusto, eligieron un vado relativamente favorable. El cauce se dividía junto a una isla natural, y eso facilitaba el cruce.

Desde este punto salía el camino hacia la Vía de la Plata y hacia Olissipo, la actual Lisboa. También hacia Corduba, Toletum y Caesaraugusta. Una ciudad recién nacida, de golpe, con carreteras en todas direcciones.

Y luego están los números, que conviene decir despacio. Setecientos noventa y dos metros de largo y 60 arcos. Es un puente larguísimo, y buena parte de él sigue en pie.

El puente es además el emblema de Mérida. Una puerta de acceso antigua, que conocemos por monedas emeritenses, aparece en el escudo municipal. La ciudad lleva su puente en el pecho.

Ahora empieza a andar. Los primeros arcos son el tramo que conserva mayor originalidad, aunque no es fácil reconocerlo.

Parada 2

Arcos romanos originales: almohadillado, hormigón y tajamares

Los diez arcos más antiguos
Ponte aquí: Avanza unos pasos por el puente y detente junto a los primeros arcos, junto a los bloques de piedra.

Estás en el arranque del puente, en los 10 primeros arcos. Delante de ti sigue el paso hacia el centro del río, y bajo tus pies pasa el Guadiana. Te la describo de abajo arriba.

Abajo están los pilares, anchos. Los originales llevan tajamares semicirculares aguas arriba, ese lado por donde llega el río: son como proas redondeadas que parten la corriente. Encima de los pilares se abren los arcos de medio punto. En ellos se abren pequeños arcos, también de medio punto, que funcionan como aliviaderos.

Si puedes, pasa la mano por la piedra. Los bloques no son lisos: sobresalen del centro, como cojines de granito. Es el almohadillado, el revestimiento de los sillares romanos. Por dentro, la estructura es un núcleo de hormigón romano, el opus caementicium, forrado por esa piel de piedra.

Estos son los 10 primeros arcos y, según la descripción patrimonial, el tramo que conserva mayor originalidad.

Los arcos no son todos iguales. Las luces, que es como se llama a la anchura de cada hueco, decrecen de forma simétrica. Quizá fue una decisión de diseño de los constructores, y todavía se puede leer al recorrerlos. Las pilas, además, son anchas, un rasgo de una etapa temprana de la ingeniería imperial.

Hay un giro. Lo que tienes delante no es una pieza romana intacta. Las crecidas, las voladuras, los cortes y las restauraciones alteraron la fábrica original. El arqueólogo Santiago Feijoo estudió el puente arco por arco y advirtió de que esas intervenciones dificultan reconocer a simple vista la obra primitiva.

Así que este tramo es el más romano del puente, pero no es romano del todo. Y el centro del río, donde las aguas pegan más fuerte, tiene aún más que contar.

Para profundizar

El puente de Mérida pertenece a una tradición de experimentación, no a un modelo único y definitivo. Los técnicos suelen compararlo con el de Alcántara para entender cómo fue cambiando la ingeniería romana de puentes.

Parada 3

Historia del puente romano: crecidas, guerras y reconstrucciones

El centro del río
Ponte aquí: Sigue hacia el tramo central, en dirección al descendedero de la isla, y detente donde los arcos se hacen más amplios.

Has dejado atrás los 10 primeros arcos y llegas al centro del río. Bajo el puente pasa aquí el cauce mayor del Guadiana. Delante de ti, en dirección a la isla, sigue el tramo central: cinco arcos de medio punto, con huecos más anchos que los del acceso. Es una reconstrucción posterior que armoniza con la fábrica antigua.

Aquí el río mandaba. Esta es la zona que más sufrió, por el desgaste del agua y por la mano humana.

La historia de este tramo la cuenta bien el cronista Bernabé Moreno de Vargas. Una avenida en 1603 dañó el puente, y el cronista explicó que antes había pasos separados entre la isla y cada orilla. La reconstrucción terminó en 1611 y unió esos pasos en un solo recorrido.

Hubo también guerras. En el siglo IX, Muhammad primero de Córdoba destruyó una pila durante la represión de una rebelión emeritense. Siglos después, en la Guerra de la Independencia, se destruyeron varios arcos para impedir el paso de las tropas napoleónicas. El puente, además de camino, fue una posición militar.

Cada reparación dejó su huella, aunque no siempre se sabe qué parte afectó cada una. Se documentan reconstrucciones medievales y modernas. No hubo una sola gran restauración, sino muchas, hechas por quienes tenían que arreglar una y otra vez el paso más vulnerable a las avenidas.

Tal vez esa sea la verdadera edad del puente: no 2000 años de piedra quieta, sino 2000 años de arreglos.

Para profundizar

Hay constancia de reparaciones en el año 483. En el siglo XIX hubo obras tras la Guerra de la Independencia, una riada en 1823 y los daños de la crecida de 1860, reparados en 1878.

Parada 4

Puente romano peatonal de Mérida: descendedero, isla y Via Martyrum

La isla, la Alcazaba y el puente de hoy
Ponte aquí: Baja al descendedero de la isla o colócate en la orilla junto al puente, desde donde se aprecia el perfil largo del puente con la Alcazaba al fondo.

Estás en la isla, en el descendedero, la zona por la que se baja desde el puente hasta ella. Tienes el río a ambos lados de la isla y, sobre ti, el puente. Hacia el extremo urbano del puente queda la Alcazaba; de ahí hasta aquí se extiende el perfil largo de los arcos, 792 metros de puente en una sola línea.

Esta isla guarda una capilla que ya no existe. Era la de San Antonio, un oratorio de viajeros añadido en el siglo XVII, y desapareció en la crecida de 1860. Un santuario para quienes cruzaban, borrado por el mismo río que cruzaban.

Bajo tus pies hay algo más antiguo. Sobre esa zona se construyó después el descendedero del Humilladero, por donde estás bajando.

En 1991 el puente dejó de admitir tráfico rodado y pasó a ser exclusivamente peatonal, tras la apertura del puente Lusitania. Hoy se recorre andando, a paso de paseo.

Y atiende a algo nuevo en el suelo del puente. En julio de 2024 se instaló la señalización de la Via Martyrum en tres puntos del puente. Es una de las incorporaciones más recientes que vas a pisar en este puente.

Así termina el cruce: con un puente que fue camino y posición militar, y que hoy deja pasar a quien quiera ir despacio.

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Créditos de las fotos

Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.