Granada · Audiodescrita

Parque de las Ciencias de Granada: historia, qué ver y audioguía gratis

Versión audiodescrita de esta audioguía, para personas ciegas o con baja visión: en cada parada te decimos dónde estás, qué tienes delante y cómo es, de lo general a lo particular.

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Las paradas

Parada 1

Historia del Parque de las Ciencias de Granada, el primer museo interactivo de Andalucía

Prohibido no tocar
Ponte aquí: En la explanada, ante la entrada del Macroscopio, de cara a la fachada.

Estás de pie en la explanada exterior, al aire libre, y delante de ti tienes la fachada del Macroscopio, el edificio de entrada. Es un volumen de arquitectura contemporánea, con una cubierta que ondula y un gran lucernario por el que entra la luz natural. Lo recorreremos de lo general a lo particular: primero el conjunto del museo, después este edificio.

En un museo tradicional, la norma es no tocar. Este nació llevando la contraria. Por los museos de ciencia interactivos circula un lema que suena a errata: prohibido no tocar. Ernesto Páramo, el director fundador, lo hizo suyo para resumir lo que quería aquí. Se viene a probar, a empujar y a equivocarse con las manos.

Hoy lo gestiona un consorcio público formado por la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento y la Diputación de Granada, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Granada. Con tantas instituciones de por medio, la política tenía que asomar, y la inauguración dejó una escena con mucha miga. Entre los asistentes había concejales del PP, el grupo que se había opuesto a la creación del Parque. Ahí estaban, en la fiesta de un proyecto que no habían querido.

Aquel primer museo ocupaba 26.000 metros cuadrados, unos tres campos y medio de fútbol. Hoy el propio museo habla de 70.000, casi tres veces más. En 1997 entró en el Registro de Museos de Andalucía. Eso suponía un reconocimiento oficial: tenía instalaciones, personal y medios para conservar lo suyo y abrirlo al público.

Ten presente ahora el edificio que tienes delante. Es fácil tomarlo por la cara de siempre del Parque, pero aquel día de mayo no existía. Es el Macroscopio, la cuarta fase de ampliación. Lo firmaron los arquitectos Carlos Ferrater y Eduardo Jiménez Artacho, y se inauguró en 2008, 13 años después de la apertura. También ha cambiado quién está al frente: pasada la etapa fundacional de Páramo, una noticia del propio Parque de 2025 ya presentaba como director a Luis Alcalá.

Al museo de 1995 llegaremos enseguida. Antes, entra y alza la cabeza: este techo tiene su propia historia.


Parada 2

El Macroscopio y sus pabellones permanentes: Viaje al Cuerpo Humano y más

Un edificio gastado por el éxito
Ponte aquí: Dentro del vestíbulo del Macroscopio. Primero atiende al suelo y después a la luz que cae desde el lucernario y la cubierta.

Has entrado en el vestíbulo del Macroscopio. Bajo tus pies hay un suelo de hormigón. Sobre tu cabeza, un gran lucernario deja pasar la luz natural, y la cubierta que lo rodea no es plana, sino ondulante. Describimos de abajo arriba: primero el suelo, luego el techo.

¿Cuántas pisadas hacen falta para gastar un suelo de hormigón? Aquí lo saben bastante bien. En 2022 hubo que renovar más de 1300 metros cuadrados de soleras, algo más que la superficie de una piscina olímpica. El motivo lo envidiaría cualquier museo: el desgaste de tanta gente caminando por encima. Y el ritmo no ha bajado. En 2024 el Parque anunció un récord de 954.126 visitas. Casi un millón de personas en un solo año.

Buena parte de esas pisadas acaban aquí dentro, porque el Macroscopio alberga los pabellones permanentes, el grueso de la visita. La web del museo destaca hoy dos: Viaje al Cuerpo Humano y Cultura de la Prevención. La ficha de la ampliación de 2008 incluía además el Tecnoforo y Al-Andalus y la Ciencia. Consulta el plano del día para saber cuáles encontrarás abiertos y por dónde empezar.

Vuelve ahora la atención al techo. El lucernario y esa cubierta que ondula son arquitectura contemporánea, la firma de la ampliación. Y también piden cuidados. El plan de actuación de 2026 incluía intervenir en los falsos techos y en el lucernario. No se trata de restaurar una joya antigua. Es algo más prosaico y más honrado: mantener un edificio reciente que se usa muchísimo.

Antes de volver a 1995, haz una escala en un pabellón vecino que guarda un barco muy famoso.


Parada 3

Pabellón Titanic: la gran maqueta y las enseñanzas del naufragio

Titanic: una tragedia que enseña
Ponte aquí: Ante el Pabellón Titanic, primero frente a la fachada con el mural. Después, dentro, junto a la gran maqueta del barco.

Empiezas fuera, de cara a la fachada del Pabellón Titanic. En ella hay un mural de gran formato, una obra de arte urbano. Dentro, la pieza central es una gran maqueta del barco, y a su alrededor se distribuyen los contenidos de la exposición. Primero va lo que tienes fuera y luego lo de dentro.

Hay naufragios que se cuentan como drama y otros que se cuentan como lección. Este pabellón elige lo segundo. Dentro está la exposición permanente Titanic. Enseñanzas de la gran tragedia. Su pieza central es una gran maqueta del barco, y a su alrededor los contenidos repasan las lecciones que dejó el naufragio. Es muy de este museo mirar así un desastre: preguntarse no solo qué pasó, sino qué se aprendió.

Rodea la maqueta despacio. Un barco de ese tamaño, puesto a escala, te permite abarcar de una vez lo que ningún pasajero pudo abarcar desde la cubierta.

Ahora vuelve a la fachada, donde está el mural. Para el trigésimo aniversario del Parque, en 2025, la consejera María del Carmen Castillo inauguró aquí Mañana, un mural de Fraggi. Recuerda su fecha: es una obra reciente, no decoración de origen. Tiene su gracia que un pabellón dedicado a una tragedia lleve en la fachada un mural titulado Mañana.

Los cumpleaños aquí se celebran con ciencia. Diez años antes, en el vigésimo aniversario, Miguel Ríos defendió el museo como servicio público. Para la ocasión se levantó en directo un puente de Leonardo sin un solo tornillo ni un solo clavo. Ciencia sin ferretería.

Ahora sí, vamos al edificio donde empezó todo. Lleva el nombre de un experimento.


Parada 4

El Péndulo de Foucault de Granada: cómo demuestra la rotación de la Tierra

El péndulo que demuestra que la Tierra gira
Ponte aquí: En el hall del edificio Péndulo de Foucault, junto al péndulo.

Estás en el hall del edificio Péndulo de Foucault. Delante de ti está el péndulo, la pieza que da nombre al edificio, y a su alrededor hay colocados unos pivotes. Lo describimos de dentro afuera: primero el péndulo, después los pivotes que lo rodean.

Tienes delante la prueba de que el suelo que pisas está girando. Es el péndulo que da nombre al edificio, la pieza que casi todo el mundo viene a buscar. Oscila sin descanso y, a lo largo del día, va derribando uno tras otro los pivotes colocados a su alrededor. Parece que es el péndulo el que cambia de rumbo. En realidad, lo que se mueve por debajo es el edificio, y con él la Tierra entera. El péndulo demuestra la rotación terrestre sin pedirte un acto de fe.

Para comprobarlo, no esperes un espectáculo instantáneo. El efecto es lento. Pide a tu acompañante que te diga qué pivotes siguen en pie y vuelve a pasar por aquí al final de tu visita. Alguno más habrá caído, y lo habrá tumbado el giro del planeta.

Este edificio es uno de los que abrieron con el museo en mayo de 1995. Lo diseñaron Francisco Pastor y Francisco Maeso.

El péndulo es también el mejor emblema de la idea, con algo de rebeldía, que Ernesto Páramo defendió el día de la apertura: la incredulidad. Quería que cada visitante pusiera a prueba las teorías antes de aceptarlas, en lugar de creérselas solo porque alguien las explicaba desde una posición de autoridad. Dicho de otro modo, era un museo que te invitaba a no fiarte de él. Aquí nadie te pide que creas que la Tierra gira. Te lo enseña un péndulo tumbando pivotes.

Desde este hall se pasa a las salas que el público estrenó aquel primer día.


Parada 5

Salas Eureka y Percepción: las salas originales de 1995

Las salas del primer día
Ponte aquí: En el edificio Péndulo de Foucault, junto a las salas Eureka y Percepción.

Sigues en el edificio Péndulo de Foucault, ya dentro de sus salas. Son salas de museo interactivo, con módulos pensados para ser manipulados. En Eureka encontrarás palancas, péndulos, un giroscopio y engranajes. En Percepción, lentes, espejos y fibra óptica. Hablaremos primero de la memoria de la sala Biosfera y después de las dos que tienes a mano.

El primer día, en la sala Biosfera, el suelo se movía. Y la gente no podía contener las exclamaciones. La crónica de la apertura contó cerca de 60 fenómenos en aquella sala, entre ellos un suelo en movimiento que el público sentía bajo los pies. Biosfera fue una de las salas más llenas de la jornada, y la prensa se fijó en cómo reaccionaban los visitantes.

Pero eso es memoria de 1995. Las salas originales de este edificio fueron Biosfera, Eureka, Percepción y Explora, y esta guía no puede asegurarte cuáles se conservan hoy tal como eran, ni si aquel suelo sigue temblando. Así que no salgas a buscarlo a ciegas: consulta el plano del día.

Lo que sí tienes a mano es Eureka, la física convertida en juego. Hay palancas, péndulos, un giroscopio y engranajes, y con ellos se exploran la fuerza, la energía y la inercia. En Percepción, las lentes y los espejos muestran cómo la luz y el sonido cambian lo que sentimos.

Los módulos que te piden manipular y observar en vez de leer una cartela dan una pista de lo que se decidió aquí: que el visitante observara, hiciera conjeturas y explorara a su aire, lejos de las vitrinas.

En este mismo edificio hay otra puerta. Es la que lleva al cielo.


Parada 6

Planetario de Granada: nuevo sistema y programa 3CLIPSE

Un cielo nuevo bajo la cúpula
Ponte aquí: A la entrada del Planetario, en el edificio Péndulo de Foucault. Después, busca el telescopio en el observatorio.

Estás a la entrada del Planetario, dentro del edificio Péndulo de Foucault. Al pasar, sobre tu cabeza habrá una cúpula, la superficie donde se proyecta el cielo. La instalación histórica tenía una cúpula de 10 metros de ancho, El telescopio está aparte, en el observatorio, y es un instrumento físico. Empezamos por la cúpula y terminamos en el telescopio.

Ciento cincuenta pesetas. Eso costaba en 1997 entrar en el cielo. El recinto entero salía por 350. Dicho así, el universo costaba menos de la mitad que el resto del museo.

Ese cielo está en el edificio Péndulo de Foucault desde 1995. La astronomía no se añadió después. La primera crónica de la apertura ya hablaba de planetario y de observatorio. La instalación de entonces se describía con una cúpula de 10 metros, 120 proyectores y sitio para 80 personas.

Pero ojo: lo que habrá sobre tu cabeza ya no es aquel cielo. En 2025 el museo inauguró un nuevo sistema de planetario. Las cifras de la instalación histórica no describen lo de hoy, y la proyección que vas a ver es tecnología reciente.

En 2026 se estrenó aquí Eclipse, escrito con un tres en lugar de la primera e. Lo dirigió el astrofísico Fernando Jáuregui. Lo impulsó el Museo Elder y lo coprodujo este Parque. La historia sigue a una niña y a su abuela en un viaje para entender cómo han explicado las personas los eclipses. Está anunciado hasta enero de 2028.

Antes de irte, busca con tu acompañante la otra mitad de la astronomía de este museo. Desde su apertura, el Parque exhibe el telescopio Stevenson, cedido por el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Distingue bien las dos cosas. En la cúpula hay eclipses generados por ordenador. En el observatorio hay un instrumento físico, de los que miran el cielo en vez de imitarlo.

Hasta ahora hemos mirado hacia arriba con ayuda de una pantalla. Toca subir de verdad.


Parada 7

Torre de Observación: mirador a 37 m con vistas a Sierra Nevada

La torre que se mueve a propósito
Ponte aquí: Al pie de la Torre de Observación. Escucha el final arriba, en el mirador, de cara a Sierra Nevada.

Estás al pie de la Torre de Observación, al aire libre. Es una estructura vertical de 50 metros desde el acceso, con una escalera de 176 peldaños que sube hasta el mirador, a 37 metros del suelo. Arriba, la terraza mirador queda orientada hacia el Mulhacén. Describimos de abajo arriba: acceso, escalera, mirador.

Ciento setenta y seis peldaños. Esa es la cuenta que separa el suelo del mirador de esta torre, a 37 metros de altura. Es más o menos lo que mide un edificio de 12 plantas. La estructura completa alcanza los 50 metros desde el acceso.

El proyecto lo firmó el arquitecto Francisco Pastor Gil y la construyó ACS. La ficha técnica cifra la obra en cinco meses y medio. La plataforma pesa 30.000 kilos. Son 30 toneladas, lo que pesaría una treintena de coches pequeños.

Hay algo que no se ve: esta torre está pensada para moverse. Su diseño cuenta con que la estructura oscile, con un vaivén completo cada medio segundo, y aplica criterios para evitar resonancias. El reto no era solo llegar alto, sino domar el movimiento para que el viento no lo convierta en un peligro. No es casualidad que el museo relacione la torre con experiencias de sismografía, además de con la observación de la ciudad.

Este es un mirador contemporáneo, ingeniería de nuestro tiempo. No es una atalaya histórica de Granada. Lo que sí ofrece es una lección de paisaje. Que tu acompañante te señale primero Granada a tus pies. Luego deja que la mirada suba hacia Sierra Nevada, hasta el Mulhacén, que es hacia donde se orienta el mirador. Ciudad y cumbre en una sola panorámica, mejor que cualquier mapa.

Cuando bajes, quédate fuera. En el jardín hay un instrumento que no siempre está de acuerdo con tu reloj.


Parada 8

Jardín de Astronomía, megalitos experimentales y Rapaces en Vuelo

Sombras, relojes y un menhir de hoy
Ponte aquí: En el Jardín de Astronomía, junto al gnomon. Después, acércate al menhir y al dolmen experimentales.

Estás en el Jardín de Astronomía, al aire libre, en una zona verde de los exteriores. El menhir mide seis metros 80 contando la parte enterrada, así que lo que sobresale es algo menos, y pesa 13 toneladas y media. Empezamos por el gnomon y terminamos en el menhir.

Tu reloj y el sol no siempre se ponen de acuerdo. Una antigua guía de este jardín advertía que en Granada la hora solar y la oficial podían separarse hasta dos horas y 20 minutos. Es casi una película entera de desfase.

Estás en el Jardín de Astronomía, parte de los 27.000 metros cuadrados de zonas verdes del Parque, con espacios expositivos, recorridos botánicos y juegos científicos. Aquí conviven instrumentos de la historia de la astronomía y modelos didácticos. Nada de lo que hay aquí es una antigüedad. Son piezas para entender, no para venerar.

Localiza el gnomon. Es la reconstrucción de un instrumento romano. En 2014 lo usaron estudiantes del Máster de Arqueología de la Universidad de Granada, bajo la supervisión de la profesora Margarita Orfila, para marcar los puntos cardinales. El método es de una sencillez preciosa: la sombra alcanza en dos momentos una circunferencia trazada a su alrededor, y esos dos puntos marcan el eje este-oeste. Compárala tú también con la meridiana y los relojes de sol.

El menhir tampoco es lo que parece. No salió de ningún yacimiento prehistórico. Pesa 13 toneladas y media y mide seis metros 80 contando la parte enterrada. Forma parte de un experimento de construcción e izamiento, junto a un dolmen también experimental, que se hace con el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada. Es arqueología de hoy para preguntarse cómo se hizo ayer.

Estos exteriores guardan además una cita con alas: Rapaces en Vuelo, una exhibición de aves rapaces al aire libre. Esta guía no puede confirmarte su horario, así que pregúntalo al llegar y organiza el día alrededor. Por estos caminos encontrarás también la zona de Gimnasia Mental. Después, prepárate para cambiar de clima: el mariposario te espera con calor húmedo.


Parada 9

Mariposario Tropical del Parque de las Ciencias

El truco de la oruga
Ponte aquí: Dentro del Mariposario Tropical, junto a la vegetación, en algún punto de observación del recorrido.

Al entrar en el Mariposario Tropical notarás el cambio de golpe: calor y aire muy húmedo, con una humedad por encima del 70 por 100 y temperaturas entre 21 y 28 grados. Entre ellas hay plataneras. Entre la vegetación hay mariposas en vuelo, orugas y crisálidas, aunque lo que haya hoy dependerá del momento. Lo recorreremos de las plantas a los insectos.

Hubo un tiempo en que una oruga y su mariposa podían confundirse con dos animales distintos. En algunos casos, etapas diferentes de un mismo insecto llegaron a describirse como especies separadas, hasta que entender la metamorfosis deshizo el malentendido. Este edificio existe para que sigas ese cambio de cerca.

Es una instalación moderna de 400 metros cuadrados con un ambiente tropical recreado y controlado. La guía del museo habla de una humedad por encima del 70 por 100, temperaturas entre 21 y 28 grados y más de 65 especies de plantas tropicales y subtropicales. Llegó en 1998, y ese mismo año el Parque recibió la categoría de núcleo zoológico.

Fíjate en las plantas, porque no son decorado. Muchas son nutricias, es decir, el alimento de las larvas. La platanera es el mejor ejemplo. El museo explicó que da de comer a las mariposas búho y les permite completar su ciclo vital aquí dentro.

Y el tamaño, a veces, está donde no lo esperas. Lo espectacular estaba en la fase larvaria, no en la mariposa adulta. En otra ocasión anunció que esperaba la eclosión de crisálidas de Attacus atlas. Fueron acontecimientos puntuales, no vecinos fijos: lo que haya hoy dependerá del momento.

Pide a tu acompañante que busque las tres fases: mariposas en vuelo, orugas comiendo y crisálidas colgadas, esperando su momento.

Si este clima te parece intenso, el siguiente edificio lleva la idea mucho más lejos: tres rincones tropicales del planeta bajo un mismo techo.


Parada 10

BioDomo Granada: hábitats de Amazonia, Madagascar e Indo-Pacífico

BioDomo: tres selvas bajo un techo
Ponte aquí: A la entrada del BioDomo. Sigue el recorrido interior atendiendo a los cambios de nivel.

Un informe del museo habla de 17.800 metros cúbicos. El recorrido es un paseo de 475 metros en tres niveles: subacuático, terrestre y aéreo. Por eso, a medida que avances, notarás cambios de altura y de ambiente. Se recorre de lo más bajo a lo más alto: agua, tierra y aire.

Aquí ha nacido algún perezoso. No es algo de todos los días, sino de ocasiones contadas. Según un informe del museo de 2023, ese año nació una cría de perezoso de dos dedos, y había otros tres nacimientos anteriores, el último en enero de 2022. Desde entonces la cuenta puede haber cambiado. Para un animal con fama de no tener prisa, hay que reconocer que en Granada han estado bastante activos.

El BioDomo abrió el 25 de julio de 2016 con tres objetivos: educación, conservación e investigación sobre biodiversidad. A la inauguración acudieron Susana Díaz, Adelaida de la Calle y el entonces director del museo. Fue también un acto institucional andaluz.

El recorrido pasa por hábitats tropicales de la Amazonia, Madagascar y el Indo-Pacífico. Son ambientes recreados, no trozos de selva trasladados enteros. Por eso merece la pena hacer un pequeño ejercicio mientras caminas. Ve atento a los niveles del recorrido, el subacuático, el terrestre y el aéreo, y pregúntate en cada uno qué es escenografía y qué está vivo. El mismo informe de 2023 contaba más de 280 especies de animales y plantas.

En 2026 el museo anunció una remodelación de la zona de Amazonia, con un cierre temporal. Antes de entrar, comprueba qué áreas están abiertas el día de tu visita.

Pero lo más curioso del BioDomo no se ve a simple vista. Está en los cuadernos de quienes lo estudian.


Parada 11

Investigación en el BioDomo con la Universidad de Granada

Ciencia entre raíces
Ponte aquí: En cualquier tramo del BioDomo donde haya a la vez agua, peces y tierra con plantas.

Sigues dentro del BioDomo, en un tramo donde coinciden agua, peces y tierra con plantas. A ras de suelo vive un mundo diminuto de ácaros, hormigas y otros organismos. Vamos del agua a la tierra.

¿Se puede saber cómo está un pez sin sacarlo del agua para examinarlo? En el BioDomo lo estudian a través de su mucus. Una investigación lo usa como indicador de salud y bienestar de los peces, y la dirige Ana Sanz Rus, de la Universidad de Granada.

No es un caso aislado. En 2023 había 14 proyectos de investigación activos vinculados a grupos de esa universidad. Uno de ellos, SALVAWELF, contó con la colaboración de la investigadora Amalia Pérez Jiménez. Su objetivo era encontrar indicadores para mejorar el bienestar de los animales silvestres que viven en cautividad. El BioDomo, por tanto, se estudia a sí mismo y se hace una pregunta incómoda: cómo están de verdad los animales que muestra.

Lo más sorprendente está a ras de suelo. Algunos de los habitantes más estudiados llegaron casi de propina. El investigador Alberto Tinaut estudia la fauna del suelo: ácaros, hormigas y otros organismos que vinieron con la tierra y las raíces. Son polizones diminutos que hoy ocupan su propio lugar en la ciencia.

Dirige la atención a la tierra junto a las plantas. Ahí abajo hay un mundo que casi nadie mira y que alguien está contando.

Al final, el BioDomo hace lo mismo que el péndulo del primer edificio: no te pide que te fíes de las apariencias, te invita a comprobar. Todo este lugar es una invitación a tocar, a mirar de cerca y a preguntar, desde un suelo de hormigón gastado por los visitantes hasta un ácaro entre raíces. Y si aún te queda tiempo, vuelve a preguntar cuántos pivotes ha tumbado ya el péndulo. La próxima pregunta ya es tuya.


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Créditos de las fotos

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