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Jardins de la Francesa y botifarra dolça de Girona: historia, leyenda y audioguía gratis

Detrás de la catedral de Girona hay un jardín con nombre de mujer, una inscripción gótica en una puerta y una leyenda con sabor a canela.

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Recreación ilustrativa: Jardins de la Francesa y botifarra dolça de Girona: historia, leyenda y audioguía gratis

Las paradas

Recreación ilustrativa: Entrada de piedra de los Jardins de la Francesa de Girona, detrás de la catedral
Parada 1

Jardins de la Francesa: quién fue Madame Mathieu

Un jardín comprado a París
Ponte aquí: Colócate ante la puerta de piedra de los jardines, en el carrer del Bisbe Cartañà, número cuatro, con la catedral a tu espalda y la muralla delante.

En 1922 un matrimonio francés compró este jardín. Ella era Marie Bertroz Tourdes, a quien todos conocían como Madame Mathieu. Él se llamaba Roger. Venían desde Llançà, y antes de comprar se alojaban en Girona en casa de mosén Sala.

Así que la francesa del nombre no es un personaje de cuento: existió, y le gustaba tanto este rincón que pasaba las horas en una barraca pequeña que usaba como despacho. Imagínate trabajar rodeado de terrazas, con los ábsides de la catedral por encima. Hay despachos peores.

Roger murió, enfermo, en Llançà, el nueve de diciembre de 1940. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Madame Mathieu volvió a París. Pepita Sureda la acompañó.

Y Pepita volvió a aparecer en la historia. Cuando el Ayuntamiento se interesó por los jardines, en 1962, ella hizo de mediadora entre la propietaria y el consistorio. Ese año el Ayuntamiento compró los terrenos y los convirtió en el parque municipal que pisas hoy.

Mira ahora hacia la muralla. Entrada, catedral y camino de ronda forman una sola escena, y todo empezó con una compra y una amistad.

Sobre tu cabeza, en la puerta, hay una inscripción que dice algo más antiguo todavía.

Recreación ilustrativa: Dintel gótico con la inscripción Domus Canonicalis en los Jardins de la Francesa
Parada 2

Domus Canonicalis: qué dice la inscripción de la puerta

La inscripción del dintel
Ponte aquí: Quédate bajo el arco del portal y levanta la vista hacia el dintel; a un lado queda el ábside de la Seu.

Las letras góticas están tan abreviadas que parecen un código. Se leen así: Domus Canonicalis. Casa canonical.

Eso cambia lo que creías de este sitio. La casa pertenecía al Capítulo de la Catedral, no era una vivienda particular. El Capítulo se la cedía a un canónigo mientras viviera. No era suya: al morir o renunciar, el Capítulo podía dársela a otro.

Existe además otra historia. Las fuentes divulgativas hablan de capas de uso distintas: primero un cementerio medieval y después la casa de un canónigo. Es fácil mezclarlo todo y pensar que la inscripción dice que esto fue un cementerio. No lo dice. Lo que documenta la piedra es la función canonical de la casa, y nada más.

Separar los usos que se atribuyen al lugar de lo que de verdad señala el dintel aclara el enredo. La piedra habla de canónigos; del resto hay que fiarse de otras voces.

Y hablando de voces, en este jardín hay una que cuenta una historia mucho más sabrosa.

Recreación ilustrativa: Jardins de la Francesa de Girona bajo los ábsides de la catedral, escenario de la leyenda de la botifarra dolça
Parada 3

Llegenda de la botifarra dolça: ¿tiene origen medieval?

Ante los ábsides: la leyenda de la botifarra dulce
Ponte aquí: Avanza hasta la zona abierta de los jardines y mira hacia arriba, a los ábsides de la catedral. Después gira la vista hacia las terrazas y la muralla.

Cuenta la tradición que un arzobispo de Girona se enamoró de una francesa que vivía justo aquí, donde ahora hay jardín, y la invitó a cenar. Había una criada. Celosa de la invitada, quiso estropearle la cena y echó azúcar a la botifarra en lugar de sal.

Salió mal, o salió bien, según se mire. La francesa probó el plato y lo encontró delicioso. Y dicen que así nació la botifarra dulce.

Hay otra versión, publicada en el diario ARA, según la cual el plato no gustó al arzobispo, pero sí a la joven francesa. Cuentan, y me gustaría creerlo, que la salsa de los celos acabó siendo receta.

Lo que sí es cierto es el producto. La botifarra dulce es un embutido de cerdo tradicional del Empordà con azúcar, canela y limón. Se vende cruda o curada.

¿Y su origen medieval? Se presenta a menudo así, incluso en la promoción gastronómica de la ciudad, pero el inventario oficial de productos de la tierra señala que ese origen no está acreditado documentalmente. La leyenda es una buena historia; la prueba, de momento, no aparece.

Mientras decides si creértela, busca en los ábsides la gárgola conocida como la bruja. Algo me dice que a la criada le habría hecho gracia.

Para profundizar

La protagonista de la leyenda es una mujer francesa que vivía en el lugar de los jardines actuales. No hay que confundirla con Madame Mathieu: la tradición no la nombra, y la propietaria del siglo XX tiene su propia historia, documentada, con fechas y una compra. Dos francesas en el mismo jardín, una de leyenda y otra de carne y hueso.

Editado por Manuel García Solís, editor responsable · Cómo hemos hecho esta audioguía · Actualizado el 18/10/2026

Preguntas frecuentes

¿Qué es la botifarra dolça de Girona?

Es un embutido de cerdo tradicional del Empordà que lleva azúcar, canela y limón. Se vende cruda o curada. Es un producto tradicional del Empordà y tiene una leyenda propia vinculada a los Jardins de la Francesa.

¿Qué leyenda explica el origen de la botifarra dolça?

Según la tradición, un arzobispo gerundense se enamoró de una francesa y la invitó a cenar. Una criada celosa puso azúcar en lugar de sal en la botifarra para estropear la cena, pero a la invitada le encantó el plato.

¿Dónde están los Jardins de la Francesa?

Están en el carrer del Bisbe Cartañà, número 4, detrás de la catedral de Girona. Se entra por una puerta de piedra, y desde allí se ve el inicio del recorrido por la muralla.

¿La botifarra dolça es un producto medieval?

Se presenta a menudo como de origen medieval, pero el inventario oficial de productos de la tierra señala que ese origen no está acreditado documentalmente. La leyenda es popular, pero no prueba la antigüedad del producto.

¿Por qué se llaman Jardins de la Francesa?

El nombre recuerda a Marie Bertroz Tourdes, conocida como Madame Mathieu, propietaria francesa del jardín. Ella y su marido lo compraron en 1922 por 2.500 pesetas, y el Ayuntamiento lo adquirió en 1962.

¿Qué significa Domus Canonicalis en la puerta de los jardines?

Significa casa canonical. La inscripción gótica abreviada indica que el Capítulo cedía la casa a un canónigo mientras viviera. Por sí sola no dice que el lugar fuera un cementerio.

¿De quién son hoy los Jardins de la Francesa?

Son un parque municipal. El Ayuntamiento de Girona compró los terrenos en 1962 y los convirtió en parque, tras la mediación de Pepita Sureda entre la propietaria y el consistorio.

Fuentes consultadas

Cada dato de esta guía lleva una cita comprobada en su fuente. Las principales:

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