Girona · Audiodescrita
Hortes de Santa Eugènia y séquia Monar, Girona
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Las paradas
Hortes de Santa Eugènia Girona: historia y defensa del paisaje
La frontera de las huertasEstás en la entrada al paisaje de huertas, de cara a los bancales. Según llegues, el río Ter queda a tu espalda o a tu izquierda, y el canal queda al otro lado, hacia el sur. Esta franja verde está a un paso de la ciudad y estuvo a punto de quedar partida en dos por una carretera.
Son unas 41 hectáreas, más o menos las que cubrirían 57 campos de fútbol. El Ter las cierra por el norte y la séquia Monar por el sur. Las referencias municipales sitúan las primeras huertas de Girona en el siglo X, y las de Santa Eugènia, en el 12. Son huertas con casi 900 años de historia a cuestas.
Hace unos 20 años, el futuro de este lugar se discutió muy en serio. Los alcaldes de Girona y de Salt, Joaquim Nadal y Jaume Torramadé, apoyaron una ronda que habría atravesado las huertas. En 2001, grupos políticos y entidades vecinales y naturalistas presentaron alegaciones contra la Ronda Oest por el impacto que tendría sobre el espacio y sobre el río.
El 19 de enero de 2005, asociaciones de vecinos, Naturalistes de Girona, Mou-te en Bici, UGT y otros colectivos firmaron un manifiesto y crearon una plataforma de defensa. Ese mismo año se aprobó el Plan Especial de las Hortes. Y aquí va el giro: no hay una declaración de monumento que las proteja, sino planificación urbanística y ambiental. Una protección menos vistosa, pero que es la que cuenta.
Hoy este lugar es una frontera entre la ciudad y la huerta. Y la mejor manera de entenderla es seguir el agua.
Séquia Monar: para qué servía el canal
El canal que movió molinosEstás junto a la séquia Monar, al borde del canal, sin bajar al cauce. Delante de ti corre el agua, que va hacia el Onyar. Si te quedas quieto, puedes escuchar el agua al pasar.
Lo que corre ante ti no es un río. Es un canal hecho a mano, que toma agua desviada del Ter y la lleva unos seis kilómetros hasta el Onyar. Cada vez que riegas una lechuga aquí, debes algo a esta zanja.
Su nombre, Monar, se relaciona con molinar. El canal sirvió para regar, pero también para mover instalaciones industriales. Una tradición documental sitúa un primer trazado a finales del siglo X o comienzos del 11, en tiempos del conde Ramon Borrell. El trazado actual es posterior: se amplió en 1346 por orden de Pedro tercero el Ceremonioso. Conviene no confundir las dos cosas, porque la ampliación no fue la primera canalización.
El agua tenía otros usos. En 1846, el industrial Pere Ramió instaló una fábrica textil para aprovechar la fuerza hidráulica. En menos de 15 años, Salt ya tenía tres grandes fábricas. Un canal pensado para las verduras acabó dando empuje a una pequeña revolución industrial.
Tu acompañante puede fijarse en el cauce principal y, si se ven, en las salidas de agua hacia los recs secundarios. Son los capilares de este paisaje. ¿Y quién cuida esos capilares? Eso viene ahora.
Ulls de rec y hortes urbanes de Girona
Ojos de riego y vecinosEstás en el camino que avanza a lo largo de la séquia y de los recs accesibles. Junto a ti, en los márgenes, hay pequeñas aberturas y compuertas por donde sale el agua. Son piezas de trabajo de la red de riego, y no se tocan ni se manipulan.
En 1638, unos horticultores de aquí se quedaron sin verduras por una discusión sobre quién podía vender en el mercado. Los jurados de Girona les embargaron la mercancía. Entre los afectados había gente con nombre: Narcís Cortada, Damià Cessat, Baldiri Prats y Joan Rocha, propietarios o arrendatarios de masos de la zona. Una pelea por un puesto de mercado, hace casi 400 años.
Ahora busca con tu acompañante las aberturas por donde sale el agua y las pequeñas compuertas. Son los ojos de riego, y no son adorno: son piezas de trabajo de la red. Y esa red no se cuida sola. Los recs principales los mantienen los comuneros, y los ramales, cada usuario. Regar aquí siempre ha sido un asunto compartido.
El reparto de la tierra también cuenta. El catálogo académico habla de cerca de 600 subparcelas, y alrededor de tres cuartas partes son privadas. En un conjunto de 87 parcelas catastrales, solo el 10 por 100 de los propietarios cultiva su huerta. Por eso importan las parcelas municipales: desde finales de 2009, el Ayuntamiento las cedió a la asociación de usuarios para organizar su gestión. Para obtener una, hay que integrarse en la asociación y hacer cursos de horticultura ecológica, o acreditar conocimientos equivalentes. Y un detalle curioso: solo una de cada 10 personas usuarias vive en Santa Eugènia.
Siguiendo el camino aparece una casa que ha visto pasar todo esto.
Can Ninetes (Mas Batlle): historia de la casa
Can Ninetes, la casa de los bailesLa fachada queda justo delante de ti. Si seguimos de abajo arriba, primero está la puerta con su arco de dovelas, y presidiéndola, la figura esculpida de santa Eugènia. Alrededor se extienden las huertas.
Esta casa tiene más nombres que un viaje de ida y vuelta. Hoy es el centro cívico Can Ninetes, pero antes fue el Mas Batlle. Su origen se remonta a los siglos XIII y XIV, y se vincula a la residencia de los bailes del monasterio de Sant Pere de Galligants. Un baile administraba las tierras de los monjes.
Los primeros bailes documentados, en la segunda mitad del siglo XIII, fueron dos hombres de la familia Santa Eugènia, ambos llamados Pere. El segundo consiguió el cargo a perpetuidad y, además, las bailías de Salt, Vilablareix y Montfullà. Para ser un puesto de intermediario, no estaba mal.
Fíjate en la portada adovelada y en la figura esculpida de santa Eugènia. Según el estudio, son la huella de la antigua casa fuerte.
Con los siglos, los dueños dejaron de vivir aquí. En 1628, la casa estaba cedida a Baldiri Prats, documentado como arrendatario de la torre de Santa Eugènia. Pasaron por ella el marqués de Camps y las familias Ferrer, Abras, Dosideu, Met Fesola y Ninetes. En el siglo XIX se dividió en tres viviendas, y sus nombres aún recuerdan esa parcelación: Can Ninetes, Can Met Fesola y Can Dosideu.
El Ayuntamiento la identifica como uno de los masos destacados que aún se conservan. Una casa de poder monástico que hoy es de todos.
Queda el último tramo, donde el Ter ha vuelto a ganar terreno.
Para profundizar
La finca registrada en 1862 tenía 32 hectáreas y media, con más de cinco de huertas.
Humedales de las Hortes: naturaleza restaurada en 2008
Humedales devueltos al TerEstás junto a las balsas y los humedales, cerca del Ter. Delante de ti hay agua quieta entre la vegetación. Al ser agua tranquila, el sonido es distinto del canal: más suave, con el rumor de la vegetación y de los animales que viven en ella.
Lo que hay aquí parece más natural que las huertas, y sin embargo también lo han hecho las personas. Estos humedales son fruto de una restauración: parte de esta zona húmeda había sido transformada antiguamente en huertas, y se ha devuelto a su estado anterior. Es raro: la huerta, que tanto costó ganar, cedió aquí el sitio a la charca.
La recuperación se abrió al público en octubre de 2008, con una superficie municipal restaurada de aproximadamente una hectárea. Para llenarla se aprovechó agua de riego de la séquia Monar. Así, el canal que movió molinos y regó verduras ahora alimenta también ranas y plantas de ribera.
En la obra colaboraron entidades de inserción laboral: la Fundació Onyar la Selva y la Fundació Ramon Noguera. Se buscó algo más que agua y biodiversidad: un sendero educativo con miradores y refugios para observar fauna y flora.
Así que el paseo termina donde empezó: con una ciudad, un río y un canal que reparte el agua. Todo lo que hay aquí se mantiene porque alguien decidió que valía la pena.
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Créditos de las fotos
Fotos con licencia libre (Wikimedia Commons y otros archivos), publicadas sin retocar.