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El sueño ecuestre de Felipe II

Audioguía a pie por las Caballerizas Reales de Córdoba

Entradilla: Un rey que gobernaba medio mundo se fijó en una huerta pegada al Alcázar de Córdoba y decidió llenarla de caballos. Te proponemos recorrer el exterior del recinto, entrar en su patio y acabar entre las bóvedas de la cuadra principal, para ver qué quería Felipe II y qué le salió al camino.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
El sueño ecuestre de Felipe II

Un rey, una huerta y una pregunta en el Alcázar de Córdoba

Un rey, una huerta y una pregunta

Plaza Campo Santo de los Mártires; mira hacia los muros del Alcázar.

Antes de empezar, fíjate en lo que tienes delante: un Alcázar con torres y almenas, hecho para recibir a reyes. Dicen que en la Torre del Homenaje se sitúa la primera recepción que los Reyes Católicos hicieron a Cristóbal Colón. En los jardines, una estatua recuerda ese encuentro de Isabel, Fernando y el navegante.

Aquí los reyes venían a recibir a gente. Lo raro viene después. Un siglo más tarde, otro rey, Felipe II, miró el terreno de al lado y no pensó en torres ni en audiencias. Pensó en caballos.

Esa es la pregunta que vamos a llevar en el bolsillo: ¿por qué un rey que gobernaba medio mundo quiso unas caballerizas precisamente en Córdoba? La respuesta no llega en la primera esquina. Va a salir a trozos, entre muros, jardines y bóvedas, con un incendio por medio y una visita real en la que hubo palio.

Y no pienses en establos. Esto era una empresa de la Corona, con terrenos, dinero y un responsable. Ya conoceremos a ese responsable.

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Ponte de espaldas a la plaza, con el Alcázar a tu lado, y busca el borde de los Jardines del Alcázar por su lado norte. Sigue ese borde sin prisa. Sabrás que vas bien porque, al fondo, los jardines dejan de ser jardín y aparece un edificio de aire muy distinto, más sobrio, hecho para trabajar. Alguien tuvo que comprar los terrenos, firmar los papeles y decidir dónde empezaba una cosa y dónde acababa la otra. Para en el límite norte de los jardines, donde se tocan con las Caballerizas.

Los terrenos del Obispado y el inicio de las obras en 1568

Los terrenos del obispo

Jardines del Alcázar junto a las Caballerizas Reales de Córdoba, ruta Felipe II

Límite norte de los Jardines del Alcázar; mira hacia el edificio de las Caballerizas que se pega a ellos.

Mira cómo se tocan estos dos mundos. De un lado, jardín. Del otro, un conjunto que lleva más de cuatro siglos oliendo, o al menos eso se sospecha, a paja y a cuero.

Aquí viene un dato que no se espera: para construir las caballerizas, la Corona compró o arrendó terrenos que pertenecían al Obispado de Córdoba. Un rey con medio mundo a sus órdenes tuvo que pasar por el despacho del obispo para conseguir un solar. Ni los monarcas se libraban de una buena negociación inmobiliaria.

Las obras empezaron en el verano de mil quinientos sesenta y ocho, sobre un espacio ligado al antiguo Alcázar y a sus huertas. Verano en Córdoba, con ladrillo y cal. Quienes empezaron ese trabajo no tenían, desde luego, aire acondicionado, y tampoco sabían que su obra seguiría en pie casi quinientos años después.

Así que la primera pieza de nuestra respuesta es sencilla y a la vez sorprendente. El proyecto no nació de la nada. Nació de una compra y de un terreno junto a un palacio que ya existía, y eso nos lleva a preguntarnos qué había ahí antes.

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Avanza un poco más a lo largo del borde, con los jardines a un lado y el edificio al otro. El terreno que buscas está justo aquí, y lo curioso es que no vas a ver nada especial, y precisamente por eso conviene detenerse. Cada metro cuadrado de este barrio ha tenido varios dueños y varias vidas. Para en el solar que ocupan las Caballerizas, en la zona donde antes hubo una huerta.

La antigua huerta califal junto al Alcázar

La huerta de los califas

Solar de las Caballerizas Reales en la antigua huerta del Alcázar de Córdoba

Solar de las Caballerizas, junto al Alcázar; mira el conjunto y los jardines a la vez.

Aquí no hay un cartel que diga nada, y conviene aclararlo desde el principio: no se ve ninguna huerta califal conservada. Lo que hay es un sitio. Y ese sitio, según cuenta el propio Alcázar, fue la antigua huerta del palacio califal, la que Felipe II mandó cubrir con sus caballerizas.

Los califas ya habían pasado por aquí, con su correspondiente dosis de drama. La historia que cuenta el Alcázar habla de que en mil dieciocho tres esclavos asesinaron al califa Ali Ibn Hammud mientras se bañaba, y que dos fueron capturados y crucificados. Y habla también de Abd al-Rahman Quinto, que gobernó solo cuarenta y siete días antes de que lo capturaran en un levantamiento cordobés. Cuarenta y siete días. Hay quien tarda más en elegir un sofá.

No digo que ocurriera en este solar. Lo que sí queda claro es el contraste. Donde el poder cordobés se cambiaba a golpes de intriga, un rey cristiano del siglo dieciséis quiso poner algo más pacífico: yeguas, sementales y paciencia.

¿Por qué ahí y no en cualquier otro lugar? Seguimos con la pregunta abierta.

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Ahora vamos a rodear el conjunto. Dirígete hacia el lado este, el del lienzo de muralla romana, y haz el camino con calma, mirando cómo el edificio parece encajarse entre piedras más viejas que él. Si el sol está bajo, verás cómo las paredes cambian de color. Es un paseo corto, de esos en que el único peligro es ir tan despistado mirando muros que no ves el siguiente. Para en el lado este, junto al lienzo de muralla romana.

Las Caballerizas Reales entre la muralla romana y el entorno amurallado

Un edificio entre murallas

Muralla romana junto a las Caballerizas Reales de Córdoba

Lado este del conjunto; mira el paramento de la muralla romana desde el exterior.

Esto que tienes delante es muralla romana. Una de las dos grandes fronteras que encierran las Caballerizas, y la que mira a levante. Mira cómo el edificio no se pone delante, sino al lado, como quien reconoce que llegó tarde. Ten en cuenta que lo visible depende de los accesos que haya hoy.

Esta es una instalación encajada en una ciudad que ya estaba amurallada. Los constructores del rey no tenían un descampado, sino un hueco entre piedras antiguas, y tuvieron que meter allí un patio de trabajo, cuadras y todo lo necesario.

Una lectura bonita, y la digo como lectura, no como dato, es que hoy se puede reconocer el proyecto entero en un solo lugar. El patio de operaciones, los muros de distintas épocas y la cuadra principal están ahí, juntos, para quien quiera ver cómo se levantó una idea de rey.

Lo que sí sabemos es que fue un proyecto de caballos. Y los caballos, como sabe cualquiera que haya cuidado alguno, no caben solo entre cuatro paredes. Necesitan más. La siguiente parada nos ayuda a pensar cuánto más.

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Rodea el conjunto hacia el lado opuesto, el oeste, siguiendo siempre el muro. La referencia es fácil: del romano pasarás al almohade, otra muralla con carácter propio. Piensa que las yeguas, además de cuadra, necesitaban comida y espacio, y que eso se resolvía fuera de aquí. Para en el lado oeste, junto a la muralla de la Alcazaba Almohade.

La muralla almohade y el tamaño del proyecto de yeguas

Entre dos murallas, mil doscientas yeguas o doscientas

Muralla almohade junto a las Caballerizas Reales, historia del caballo español en Córdoba

Lado oeste del conjunto; mira el tramo de muralla almohade y su relación con los pabellones.

Aquí cambia la piedra. Ya no es la romana de antes, sino la muralla de la alcazaba almohade. Y el proyecto ecuestre de Felipe II quedó encajado justo entre las dos, la romana al este y esta al oeste.

Sobre esta alcazaba hay una pista curiosa. El arqueólogo Juan Murillo relacionó una portada descubierta con una alcazaba almohade mayor que la parte que hoy conocemos como Alcázar Cristiano. Es decir, lo que se ve es solo un trozo de algo que fue más grande.

Y con el tamaño de la empresa pasa algo parecido. Un artículo académico habla de unas doscientas yeguas que se pensaba trasladar a Córdoba. Otro estudio habla de mil doscientas entre yeguas y sementales adquiridos. Pueden referirse a momentos distintos del proyecto, o a escalas distintas, y las fuentes no permiten decidirlo con certeza. Lo dejo así, como un misterio de números: entre doscientas y mil doscientas hay la diferencia entre una granja y un pequeño ejército.

Si esto era solo una parte de algo mayor, ¿qué le pasó al edificio cuando el fuego llegó?

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Sigue por este lado hacia la calle Postrera, cerca del sector occidental del Alcázar Viejo. Ve atento: aquí no hay que buscar un monumento, sino una calle, y es la calle la que cuenta algo. Para en la calle Postrera.

El incendio y la reconstrucción de las Caballerizas Reales

El fuego que lo cambió todo

Calle Postrera junto al Alcázar, ampliación de las Caballerizas Reales de Córdoba

Calle Postrera, junto al sector occidental del Alcázar Viejo; mira el exterior del sector ampliado.

Aquí viene el giro, y te lo suelto sin anestesia: lo que vas a ver dentro no es, en buena parte, lo que mandó construir Felipe II. Hubo un incendio, y después hubo que rehacerlo.

Esta calle importa porque la investigación arqueológica la vincula con la ampliación del edificio y con dependencias auxiliares. No te voy a pedir que identifiques restos concretos, porque no hay señalización que lo asegure. Basta con saber que el complejo creció hacia aquí.

Las consecuencias del incendio fueron muy prácticas. La falta de espacio llevó a vender caballos en mil setecientos treinta y cinco, según la investigación de Rosa Lara que recogió la prensa local. Caballos apretados, un edificio dañado y alguien haciendo cuentas sobre a cuáles se podía renunciar.

Pasaron años de consecuencias materiales y funcionales hasta que, el veintiocho de agosto de mil setecientos cincuenta y dos, Fernando Sexto autorizó la reconstrucción del complejo. Casi dos décadas después del desastre, el permiso por fin llegó. Los trámites reales, está visto, eran lentos incluso para los caballos.

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Ahora vamos a acercarnos a la entrada. Busca la portada de las Caballerizas y, pegada a ella, la puerta de acceso al barrio del Alcázar Viejo. Mientras caminas, piensa en esa cuadra que se reconstruyó: es la que quieres ver. Para en la portada, donde empieza el paso hacia el recinto.

La portada y la cuadra principal reconstruida en 1757

La portada que lo anuncia

Portada de las Caballerizas Reales de Córdoba, caballo andaluz y Felipe II

Portada de las Caballerizas y puerta de acceso al barrio del Alcázar Viejo; mira cómo se relacionan la portada, la muralla y la puerta.

Esta es la entrada, la frontera entre la calle y el mundo de los caballos. Existe una postal histórica que documenta justo lo que ves: la relación visual entre la portada, la muralla y la puerta del barrio. Cuando alguien quiso fotografiar el sitio hace décadas, ya le llamó la atención esta combinación.

La portada no es solo una puerta, es un mensaje. Dice que aquí dentro hay algo organizado. No es una cuadra de pueblo.

Y ahora, el dato que quería guardarme. En mil setecientos cincuenta y siete se reconstruyó la cuadra principal después del incendio, y esa reconstrucción dio forma a buena parte del espacio que hoy puede reconocerse. O sea, que lo que verás dentro, esa nave larga que quita el aliento a quien la mira de frente, es en gran medida obra del siglo dieciocho. Felipe II puso la idea, y el siglo dieciocho puso buena parte de las bóvedas.

No es una decepción, sino un doble regalo: dos épocas en un solo edificio.

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Cruza la portada y entra hacia el patio, si el recinto está abierto. Conviene comprobar antes los horarios, porque el acceso depende del uso y de los eventos. Ya dentro, vas a notar cómo el espacio se abre y cambia el sonido de tus pasos. Para en el patio de operaciones.

Diego López de Haro y el patio de operaciones

El hombre que compró las yeguas

Patio de operaciones de las Caballerizas Reales de Córdoba, historia de la cría de caballos

Patio de operaciones, en el interior del conjunto; mira el patio central y los edificios que lo rodean.

Este patio, sin turistas, sería de carros, mozos y caballos yendo y viniendo. Esto era un sitio de trabajo, no una fachada para fotos. Lo organizaba todo a su alrededor, como el centro de una colmena.

Y ahora toca ponerle nombre a quien lo montó. En mil quinientos sesenta y siete, la puesta en marcha se encomendó a Diego López de Haro, que tuvo que comprar yeguas y sementales y organizar el proyecto. Un encargo enorme y bastante poco glamuroso. Mientras el rey tenía la idea, él tenía el barro.

¿Y para qué servía todo esto? En mil quinientos setenta, el Ayuntamiento se presentó como una institución para la cría de caballos al servicio de la Casa Real. Eso es lo que dicen los documentos, y conviene no pasarse de listo: no hay base para afirmar que ya existiera entonces una raza moderna bien definida. Lo que había era un proyecto de cría y selección.

Y lo bonito es lo larga que fue la vida de este sitio. El edificio siguió teniendo uso ecuestre hasta mil novecientos noventa y cinco, como depósito de sementales del Ministerio de Defensa. Más de cuatro siglos de caballos bajo el mismo techo, o casi.

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Ahora busca el lateral sur del conjunto, donde hay un pabellón más pequeño que los demás. Camina por el patio con calma y deja que los edificios te lo señalen: el pequeño es el que buscas. Piensa que ningún conjunto así se termina un martes. Para en la cuadra menor del lateral sur, si te dejan entrar.

La cuadra menor y las ampliaciones de 1573 a 1578

El pabellón pequeño que cuenta una historia larga

Cuadra menor de las Caballerizas Reales de Córdoba, ampliaciones del siglo XVI

Cuadra menor, en el lateral sur; mira su tamaño y su posición respecto a la cuadra principal.

Mira este pabellón: es más pequeño que su vecino, y eso, lejos de ser un defecto, es una pista. Cuando un edificio tiene partes de distintos tamaños, normalmente no se hizo de una vez.

Aquí se entiende que el diseño general del edificio quedó terminado en mil quinientos setenta y tres, pero las obras y las ampliaciones continuaron. Es decir, cinco años después de que empezaran las obras ya había un plan completo, y aun así seguían añadiendo cosas. Los proyectos reales, lo sabemos todos, tienden a crecer.

La fuente municipal sitúa en el treinta de agosto de mil quinientos setenta y ocho la conclusión definitiva de las labores de construcción, reparación y ampliación. Diez años largos desde las primeras palas.

Pero ojo: no confundas fechas. Una cosa es la decisión del rey, otra el comienzo de las obras y otra la fundación o puesta en uso. Hasta las fichas oficiales discrepan al llamarlo fundado, y por eso conviene separar esas tres ideas.

Y nos queda la nave grande, la de las bóvedas, donde esperan las respuestas.

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Dirígete ahora a la cuadra principal, el edificio mayor del conjunto. No tiene pérdida: es el que parece el centro de todo. Entra, si el horario lo permite, y levanta la vista antes de nada. Para en la cuadra principal, bajo las bóvedas.

Las bóvedas de la cuadra principal y la visita de Felipe II en 1570

Bajo las bóvedas

Bóvedas de la cuadra principal de las Caballerizas Reales de Córdoba

Cuadra principal; mira hacia arriba, a las bóvedas, y a lo largo de la nave.

Aquí estamos. Bóvedas, columnas, divisiones de cuadras. Respira un momento, que esto es lo que habíamos venido a ver.

Para entender por qué existe, volvamos a mil quinientos setenta. Felipe II visitó Córdoba mientras se celebraban las Cortes Generales del Reino en la ciudad. Una crónica local cuenta que, el veintidós de febrero, entró por la Puerta Nueva y fue recibido bajo palio, y describe su recorrido ceremonial por San Pedro, la Corredera y otras calles hasta las casas capitulares. El rey no pasó de puntillas.

Y volvamos a la pregunta: ¿por qué Córdoba? Lo que dicen los documentos es que se buscaba una institución de cría de caballos para la Casa Real, instalada junto al Alcázar en una antigua huerta. Más allá de eso, no hay una razón única, y prefiero decirlo con honestidad antes que inventarla.

Lo que sí sabemos es que no fue fácil. En mil setecientos cincuenta y ocho, el maestro Francisco de Aguilar advirtió que algunas bóvedas nuevas cedían por un error de trazado, y hubo que reforzarlas. Es decir, que el techo que miras tuvo un susto.

Hoy el patio, los muros de distintas épocas y esta nave reúnen el proyecto entero. Un rey tuvo una idea, y las bóvedas aguantaron.

Epílogo

Empezamos con una pregunta y termina con una respuesta a medias, y me parece lo más honrado. Felipe II quiso en Córdoba un establecimiento de cría de caballos para la Casa Real, en la antigua huerta pegada al Alcázar, sobre terrenos que en parte eran del Obispado. Diego López de Haro lo puso en marcha, las obras se alargaron hasta mil quinientos setenta y ocho, un incendio lo hirió y el siglo dieciocho lo reconstruyó. Mucho de lo que no sabemos, como el tamaño exacto del plan inicial, sigue abierto, y eso también forma parte del paseo. Lo que queda es un edificio que sirvió a los caballos durante más de cuatro siglos. Al salir, mira atrás una vez más. Parece una cuadra, pero fue la apuesta de un rey.

Si te has quedado con ganas

Preguntas frecuentes

¿Quién fundó las Caballerizas Reales de Córdoba

Las impulsó Felipe II. La puesta en marcha se encomendó en 1567 a Diego López de Haro, encargado de adquirir yeguas y sementales. Las fechas de fundación varían según la fuente: algunas hablan de 1568 para el encargo de obra y otra ficha las llama fundadas en 1570.

¿Para qué se construyeron las Caballerizas Reales

Para la cría de caballos al servicio de la Casa Real. En 1570 el Ayuntamiento se presentó como una institución con ese fin. Las fuentes documentan un proyecto de selección y cría, pero no permiten decir que en esa fecha ya quedara creada de golpe una raza moderna.

¿Qué relación tiene Felipe II con Córdoba

Mandó construir las Caballerizas Reales en la antigua huerta del palacio califal, junto al Alcázar. Además, en 1570 visitó la ciudad coincidiendo con las Cortes Generales del Reino. Una crónica local cuenta que entró por la Puerta Nueva y fue recibido bajo palio.

¿Cuándo empezaron las obras de las Caballerizas Reales

Las obras comenzaron en el verano de 1568, sobre un espacio ligado al antiguo Alcázar y a sus huertas. Se compraron o arrendaron terrenos del Obispado de Córdoba. El diseño general quedó terminado en 1573 y la conclusión definitiva se sitúa el 30 de agosto de 1578.

¿Qué pasó con las Caballerizas Reales tras el incendio

La falta de espacio tras el incendio llevó a vender caballos en 1735, según una investigación de Rosa Lara citada por la prensa local. Fernando VI autorizó la reconstrucción el 28 de agosto de 1752 y la cuadra principal fue reconstruida en 1757.

¿Dónde nació el caballo español

Con los datos disponibles no se puede señalar un lugar de nacimiento. Lo que sí está documentado es que en Córdoba se organizó un proyecto de selección y cría para la Casa Real a partir de 1567. No se afirma que la raza moderna quedara creada en 1570.

¿Hasta cuándo tuvo uso ecuestre el edificio

El edificio siguió teniendo uso ecuestre hasta 1995, cuando dejó de ser depósito de sementales del Ministerio de Defensa. Es decir, más de cuatro siglos después de que Felipe II impulsara el proyecto, aún alojaba caballos, aunque el acceso actual puede depender de horarios y eventos.

¿Qué visitar cerca de las Caballerizas Reales

Lo más cercano es el Alcázar de los Reyes Cristianos, con sus torres y jardines, y el barrio del Alcázar Viejo con la calle Postrera. También puedes ver desde fuera el Palacio Episcopal, junto a la Mezquita-Catedral, donde según una crónica se alojó Felipe II en 1570.