Cádiz · Audiodescrita

Catedral de Cádiz: historia y qué ver en la Catedral Nueva

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Las paradas

Parada 1

Fachada de la Catedral de Cádiz y Plaza de la Catedral

Dos piedras y un siglo largo
Ponte aquí: En el centro de la Plaza de la Catedral, frente a la puerta principal. Que tu acompañante te sitúe unos pasos atrás, hasta que las dos torres de la fachada queden dentro del conjunto.

Estás en una plaza amplia y abierta. Delante de ti se levanta la fachada principal de la catedral. A tu espalda queda el espacio abierto de la plaza.

Vamos a recorrer la fachada de abajo arriba. Tiene dos cuerpos y tres pórticos, y sus formas son cóncavas y convexas, de mucho movimiento, como si la piedra se curvara hacia dentro y hacia fuera. Arriba la rematan candelabros, y la flanquean dos torres.

Esta fachada está hecha de dos piedras distintas. El primer cuerpo, el que tienes a la altura de la calle, es de mármol. El segundo, el de arriba, es piedra caliza. En las portadas de los lados, el mármol se mezcla con jaspe. A primera vista cuesta notarlo, y cuando lo descubres ya no puedes dejar de pensarlo: es como alguien que se ha vestido en dos tiendas diferentes.

Esa costura es la primera pista de lo que vas a descubrir hoy. Este edificio se tomó su tiempo.

La obra empezó en 1722. Cádiz vivía entonces del comercio con América y tenía dinero para pensar en grande. El encargado de dibujar el proyecto inicial fue un arquitecto llamado Vicente Acero. Lo que Acero no podía saber es cuánto iba a durar aquello.

La catedral se consagró en 1838, y aun entonces quedaban partes por terminar. Ciento dieciséis años. Piensa en lo que eso significa: más de un siglo de gaditanos cruzando esta plaza con la obra a medio hacer.

Que tu acompañante te lleve ahora hasta el lado abierto de la plaza, y date la vuelta hacia la catedral. Desde ahí se entiende la escala. La catedral se levanta por encima del caserío del centro histórico como un barco grande amarrado entre tejados.

El día de la consagración, una procesión solemne salió de la antigua iglesia de Santa Cruz, la catedral de siempre, con reliquias y autoridades de la Iglesia. Su destino era este templo nuevo. Al llegar, se encontraron la puerta cerrada. En la siguiente parada te cuento cómo se abrió.

El edificio está protegido como Bien de Interés Cultural. Su declaración como monumento histórico-artístico llegó el tres de junio de 1931. Casi un siglo después, la catedral sigue pidiendo cuidados. En 2025 se presentó un programa de restauración y consolidación de largo recorrido, con trabajos dentro y fuera del templo. Su horizonte es 2038, el año en que se cumplirán 200 años de la consagración. Una catedral que tardó más de un siglo en nacer tiene, por lo visto, un calendario propio.


Parada 2

Portada principal y la consagración de 1838

Tres golpes de báculo
Ponte aquí: Acércate al pórtico central, el más alto de los tres, y colócate frente a la puerta, con todo lo que tiene encima sobre tu cabeza.

Delante de ti está la puerta principal. Sobre tu cabeza se eleva el pórtico central, que vamos a recorrer de abajo arriba.

Primero, a la altura de la puerta, el primer cuerpo: cuatro columnas corintias, de fuste profusamente decorado, junto a otras columnas estriadas. Encima, el segundo cuerpo: un gran ventanal, y a cada lado una estatua de un santo. Más arriba, un gran arco abocinado, es decir, que se va ensanchando hacia fuera, con un frontón triangular. Y sobre él, en lo más alto, una escultura del Divino Salvador, de mármol de Carrara.

Tres golpes. Eso hizo falta para abrir esta puerta por primera vez como puerta de catedral.

Fue el 28 de noviembre de 1838. El obispo fray Domingo de Silos Moreno bendijo el agua y rodeó tres veces el edificio antes de entrar. Ante esta puerta cerrada llamó con el extremo del báculo. Una vez. Dos. Al tercer golpe, un diácono abrió desde dentro. Aquel día, además, el Santísimo llegó en procesión desde Santa Cruz por las calles y plazas del barrio.

Dentro le esperaba otro gesto antiguo. Sobre cenizas extendidas en el suelo del templo, el obispo trazó letras griegas y latinas.

Vuelve ahora con la atención a esa portada, a los dos santos que flanquean el ventanal: san Servando y san Germán, los patronos de la ciudad. Y fíjate en el detalle que importa: las columnas son las del capitel de hojas.

El giro está en esos dos patronos. No se hicieron para esta fachada. Los talló en el siglo XVII un escultor genovés, Esteban Frucos, y estuvieron antes en la Catedral Vieja. Cuando la ciudad estrenó catedral, se trajo a sus santos, como quien se lleva las fotos de familia a la casa nueva.

Es la primera vez que te encuentras con esto, pero no será la última. Esta catedral nueva está llena de cosas viejas. Entra por donde entró el obispo y lo comprobarás.


Parada 3

Nave central y cúpula amarilla de la Catedral Nueva de Cádiz

Redes bajo las bóvedas
Ponte aquí: Unos pasos dentro, en el eje central de la nave, de cara al crucero.

Has entrado en el templo. Delante de ti, al fondo, está el crucero. A tu espalda queda la puerta por la que has entrado. A derecha e izquierda, la nave central queda flanqueada por conjuntos de columnas de orden corintio, elevadas sobre plintos, que separan las tres naves. Sobre tu cabeza se extienden las bóvedas.

Levanta la atención hacia ellas y busca algo que no esperabas en una catedral: redes. Cubren las bóvedas por una razón muy práctica. Están ahí para que, si algún fragmento de piedra se desprende, no llegue hasta quienes caminan por aquí abajo.

Ahora piensa en lo que protegen. El templo tiene planta de cruz latina, la forma de una cruz tumbada en el suelo. Tres naves, con una sucesión de columnas que empuja el paso hacia delante. Al fondo, el crucero, donde se encuentran los brazos de la cruz. Detrás de la cabecera, rodeándola, una girola de cinco lados, un pasillo que da la vuelta al altar.

Sobre el crucero se alza la cúpula. Es una media esfera apoyada sobre un tambor, un anillo de muro que la eleva. Por fuera está revestida de cerámica amarilla, y por eso se distingue desde fuera entre todo lo demás.

El giro es que no es la cúpula que dibujó Vicente Acero. Él diseñó la original del proyecto. La que hoy corona el crucero se atribuye a otro arquitecto, Juan Daura. Ciento dieciséis años de obra dan para muchos relevos.

Y para muchos cambios de gusto. Aquí conviven el barroco con el que se empezó, formas rococó y un neoclásico más sobrio. Quizá esa mezcla sea simplemente el retrato de más de un siglo de trabajo: cada generación construyó con las ideas de su tiempo.

Un edificio así necesita manos constantemente. La cúpula y su tambor ya se han restaurado, y el estuco cuarteado se sustituyó por un revestimiento de cal. En 2025 se presentó además un programa de restauración y consolidación pensado para mejorar su conservación y su seguridad. Las redes de arriba cuentan la misma historia en pequeño.

Que tu acompañante te lleve hacia el crucero, bajo la cúpula. Allí está el corazón del templo.


Parada 4

Altar mayor y reliquia del Lignum crucis

La cruz en el centro
Ponte aquí: En el centro del crucero, bajo la cúpula, de cara a la cabecera y el altar mayor.

Estás justo en el cruce de la nave y el crucero, con la cúpula sobre tu cabeza. Delante de ti, hacia la cabecera, está el altar mayor. A tu espalda queda la nave por la que has venido.

El altar mayor es un templete exento: una construcción que se alza sola y se puede rodear. Es de estilo neoclásico y está dedicado a la Inmaculada Concepción. A su alrededor se extiende el presbiterio, con cinco lienzos al óleo, y más allá, el coro.

En el corazón de esta catedral se guarda una reliquia de la Santa Cruz. Está en el manifestador, la pieza del presbiterio donde se expone, y se la conoce por su nombre en latín: Lignum crucis, la madera de la cruz.

Este espacio se pensó como un conjunto. El presbiterio, donde está el altar, y el coro, que conocerás enseguida, funcionan juntos. En el centro, la sede episcopal, el asiento del obispo. Alrededor, cinco lienzos al óleo con escenas ligadas a la Santa Cruz. Y junto al manifestador, unos ángeles lampadarios del siglo XVIII, ángeles que sostienen lámparas, con los escudos del obispo Arbolí y de la propia catedral. Guarda ese nombre, Arbolí. Volverá a aparecer.

Ahora vuelve con la imaginación a 1838. El mismo obispo de los tres golpes en la puerta consagró también los altares. Sobre cada mesa marcó una cruz con agua bendita y después la roció siete veces. Y en las paredes del templo ungió 12 cruces pintadas o labradas.

Tres vueltas al edificio, tres golpes en la puerta, siete veces sobre cada altar, 12 cruces en los muros. Aquel día, todo se hizo contando.

Ahora que tu acompañante te lleve al coro, que forma conjunto con este presbiterio, y colócate frente a su reja. Sus sillas tienen un pasado lejos de Cádiz.

La consagración de los altares fue parte de la misma ceremonia de 1838. El programa de rehabilitación general que se puso en marcha en 2025 tiene como meta 2038, justo dos siglos después de aquel día.


Parada 5

Coro, sillería de la Cartuja y órganos

Sillas con pasado
Ponte aquí: Frente a la reja del coro, desde fuera del recinto, con los dos niveles de asientos delante y los órganos a ambos lados.

Delante de ti está la reja del coro. Está dividida en cuerpos y lleva blasones. Tras ella, la sillería de madera se organiza en dos niveles: la fila alta y la baja. A ambos lados del coro, a tu izquierda y a tu derecha, se alzan los dos órganos.

Las sillas de este coro se hicieron para otro templo, en Sevilla, y tenían más de siglo y medio cuando llegaron aquí.

La sillería alta, la fila de arriba, procede de la Cartuja de las Cuevas de Sevilla. Su imaginería la tallaron Agustín de Perea y sus discípulos a finales del siglo XVII. Fue un obispo, Juan José Arbolí y Acaso, el de los escudos que acabas de conocer junto al altar, quien consiguió traerla a Cádiz a mediados del siglo XIX. La sillería baja se adaptó después para que encajara en este coro.

La reja que tienes delante también tiene acento sevillano. Se fabricó en los talleres de Manuel Grosso con un diseño de Juan de la Vega Correa. Busca sus puertas laterales. Allí están otra vez san Servando y san Germán, los patronos que ya te saludaron desde la fachada.

Ahora los órganos, a ambos lados del coro. Uno es el más antiguo y vino de la Catedral Vieja, de la antigua Santa Cruz. El otro lo construyeron los organeros Otín y Roqués, y se inauguró el día de la Inmaculada de 1870.

Hay que reconocerlo: Cádiz amuebló buena parte de su catedral nueva con herencias. Sillas de una cartuja, santos y un órgano de la catedral anterior. Pero hay algo hermoso en esa costumbre de no tirar nada. Si alguna vez oyes sonar aquí la música, piensa que uno de los dos instrumentos ya sonaba para esta ciudad en la otra catedral, la de la procesión.

Que tu acompañante te lleve ahora hacia las capillas laterales. En una de ellas se rezaba mucho antes de que el templo estuviera terminado.


Parada 6

Capilla de la Asunción, la primera abierta al culto

La primera misa
Ponte aquí: En el recorrido de las capillas laterales, frente a la capilla de la Asunción, la del mosaico de mármoles de colores.

Estás en el pasillo de las capillas laterales, de cara a la capilla de la Asunción. A tus pies, el suelo forma un rico mosaico de mármoles de colores. Delante de ti se alza un retablo barroco.

Ochenta y ocho años antes de la consagración, en esta capilla ya se decía misa.

Los primeros fieles que rezaron aquí lo hicieron rodeados de obra, en una catedral que existía a trozos.

Esos mármoles tienen una segunda historia, mucho más cercana. Van sujetos con anclajes de metal, y con los años esos anclajes se oxidaron. Algunas piezas se desplazaron, y había riesgo de que se desprendieran. En 2023 la capilla se restauró por completo y los mármoles que se habían movido volvieron a su sitio. Lo que hay hoy es el resultado de aquel trabajo de precisión.

Otra capilla, cercana, protagonizó el empujón final. En 1832 hubo un incendio en la capilla que entonces estaba dedicada a San Firmo. Aquel fuego sirvió de acicate para acelerar la terminación del templo. Después de más de un siglo de obra, de pronto hubo prisa. Seis años más tarde, un obispo llamaba a la puerta principal con su báculo.

Que tu acompañante te guíe por las capillas hasta la de San Sebastián. Allí te espera una escultora.

La restauración de la Asunción es solo un capítulo. El conjunto de capillas forma parte del programa de restauración y consolidación anunciado en 2025, que interviene en el interior y el exterior del templo y prevé además incorporar capillas y espacios accesibles al recorrido.


Parada 7

Capilla de San Sebastián y el Ecce Homo de la Roldana

La Roldana y un monumento sin calle
Ponte aquí: En la capilla de San Sebastián, frente al gran cuadro del martirio del santo. La talla del Ecce Homo está delante de él.

Estás en la capilla de San Sebastián. Delante de ti, en el altar, está el gran cuadro del martirio del santo. Justo ante el cuadro, más cerca de ti, se encuentra la talla del Ecce Homo.

Este Ecce Homo empezó siendo solo un busto.

La talla se atribuye a Luisa Roldán, a la que llamaban la Roldana, y está fechada en 1684. Al principio era cabeza y torso. Más tarde recibió el cuerpo completo. Piensa en ella con eso en mente: tienes delante una figura terminada en dos tiempos, que creció después de nacer.

Detrás, el lienzo del martirio de san Sebastián lo pintó Andrea Ansaldo en 1621. Más de 60 años separan el cuadro de la escultura que hoy lo acompaña.

La Roldana tuvo más trabajo en Cádiz. Tres años después del Ecce Homo talló a san Servando y san Germán, otra vez los patronos, para que salieran en procesión junto al Santísimo en el Corpus. Esta ciudad, por lo visto, no se cansaba de encargar a sus dos santos.

El paseo por las capillas guarda otra obra con una historia muy distinta. Es un monumento al Corazón de Jesús, de Mariano Benlliure. Se hizo para un emplazamiento público, para estar en la calle. Pero se proclamó la Segunda República y el monumento no llegó a instalarse fuera. Una escultura pensada para el aire libre que terminó bajo techo, entre capillas. Las obras de arte también tienen biografía, y a veces su destino lo deciden los cambios de época.

Ahora vamos a bajar. Bajo tus pies hay otra catedral, silenciosa y redonda.


Parada 8

Cripta de la Catedral de Cádiz: tumbas de Falla y Pemán

La cripta
Ponte aquí: En el centro de la cripta, bajo la bóveda. Después acércate a las zonas de enterramiento.

Has bajado y estás en el centro de la cripta, un espacio de planta circular. Sobre tu cabeza, la bóveda es casi plana. Los muros te rodean y, en las zonas de enterramiento, están las tumbas.

Esta sala redonda se terminó muy pronto, mucho antes que la catedral de arriba.

La proyectó Vicente Acero, y en 1726 ya estaba acabada. Cuatro años después de comenzar la obra. Arriba quedaba más de un siglo de trabajo. Aquí abajo ya había techo.

Acero resolvió el espacio con una planta circular y una bóveda casi plana, de piedra ostionera. Después de la altura de la nave, aquí todo se recoge. Sin que nadie lo pida, se habla más bajo.

En la cripta descansan obispos de la diócesis y dos gaditanos: Manuel de Falla y José María Pemán.

Falla vivió sus últimos años en Argentina. Su cuerpo regresó a España y llegó a Cádiz a bordo de un buque de la Armada. El nueve de enero de 1947 fue enterrado aquí. Busca su tumba. Es de piedra de Sierra Elvira y lleva una inscripción breve: Solo a Dios honor y gloria. Un hombre al que su ciudad fue a buscar al otro lado del océano, y en su losa, ni una palabra sobre sí mismo.

Cerca está el sepulcro de José María Pemán, de mármol blanco y protegido por balaustres de bronce que sostienen un Toisón de Oro.

Se dice que la humedad que se siente en este espacio, y la manera en que suenan aquí las voces, tienen que ver con la cercanía del mar. Hay quien invita a comprobarlo con la mano, apoyando la palma en el muro.

Cuando estés listo, sube de nuevo a la luz. Que tu acompañante te lleve fuera de la catedral y hasta la plaza de Fray Félix, muy cerca. Allí empieza una Cádiz más antigua.

Manuel de Falla vivió entre 1876 y 1946. José María Pemán, entre 1897 y 1981. La cripta forma parte también del conjunto incluido en el plan de restauración y consolidación con horizonte en 2038.


Parada 9

Casa de la Contaduría y Teatro Romano

Casas sobre un teatro
Ponte aquí: En la plaza de Fray Félix, frente a la portada de la Casa de la Contaduría.

Estás en la plaza de Fray Félix, de cara a la portada de la Casa de la Contaduría. Sobre ella hay un balcón con herraje de forja, de hierro trabajado. Al cruzar la puerta se entra en un largo zaguán, con un techo de vigas y canes, el artesonado, y en él se encuentra una escultura de san Sebastián del siglo XVII.

Bajo estas casas hay un teatro romano. Concretamente, la cávea, las gradas donde se sentaba el público, en su lado occidental. Siglos después, encima, se fueron levantando casas agrupadas alrededor de la torre de la Catedral Vieja. El Patio Mudéjar, también llamado Casa del deán Rajón, se levantó en 1500. La Casa de la Contaduría y la del canónigo Termineli son también del siglo XVI.

Estas casas tuvieron vida mucho antes de ser museo. Alojaron a capellanes y mozos de coro, y después funcionó aquí el Colegio de acólitos y seises.

La historia más triste está en el archivo. Tras el saqueo del conde de Essex, en 1596, apenas quedan documentos anteriores. Un solo saqueo dejó a la catedral casi sin memoria escrita de su pasado.

Lo que vino después, en cambio, se guardó con cuidado. El archivo conserva libros de cuentas de fábrica que abarcan más de tres siglos y medio. Así que si alguien quiere saber cuánto costaron las obras de aquella catedral interminable, la respuesta está en estas casas viejas.

Las salas que hoy se visitan las inauguraron en 2000 los reyes Juan Carlos primero y Sofía. Sus firmas están en el Libro de Honor que encontrarás antes de empezar el recorrido.

Para conocer todo esto desde arriba, queda subir a la torre.

El uso de estas casas como colegio de acólitos y seises se mantuvo, con interrupciones, hasta los años 40 del siglo XX. Los libros de cuentas de fábrica van desde 1598 hasta 1960, y son una fuente para reconstruir las obras y los gastos del templo.


Parada 10

Torre del Reloj de Cádiz y vistas al Atlántico

La torre que dio la hora
Ponte aquí: En la Torre del Reloj, durante la visita habilitada. Primero frente al mecanismo del reloj, después en los miradores.

Delante de ti tienes el mecanismo del reloj, relojería histórica. Más adelante saldrás a los miradores, donde tendrás el caserío de Cádiz a un lado y el océano Atlántico al otro.

Las dos torres de la catedral se llevan 17 años.

La del Reloj quedó terminada en 1845. La de Poniente tardó 17 años más, y se acabó bajo el obispo Juan José Arbolí y Acaso. Otra vez él, el de los escudos del altar y las sillas traídas de Sevilla. Para entonces la catedral llevaba más de 20 años consagrada.

La obra se prolongó tanto que los arquitectos que llegaron después modificaron los proyectos barrocos para seguir el neoclasicismo del siglo XIX. Lo que hay desde aquí arriba es el resultado de muchas manos y muchas épocas.

El reloj llegó a mediados del siglo XIX y le dio nombre a la torre. Lo hizo José Manuel de Zugasti. Cuando llegó el momento de restaurarlo, la Universidad de Cádiz colaboró en el trabajo. Se conservó el máximo posible de piezas originales y se le devolvió su apariencia. El mecanismo que tienes delante es relojería histórica, con todo lo que pudo salvarse de su tiempo.

Ahora sal al mirador. Esta torre no es solo un campanario. A un lado, el caserío de Cádiz. Al otro, el Atlántico. Desde aquí se entiende el barco de piedra que imaginaste desde la plaza al empezar.

La catedral tardó 116 años en nacer. Y el plan de restauración que la acompaña mira a 2038, cuando se cumplan 200 años de aquellos tres golpes en la puerta. Con este mar delante, se entiende que la ciudad nunca tuviera prisa.

El reloj de Zugasti data de 1851, seis años después de terminarse la torre que lleva su nombre. El programa de restauración que fija 2038 como horizonte para todo el conjunto catedralicio se anunció en 2025.


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Créditos de las fotos

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