Ruta a pie · Antequera

La leyenda de la Peña

Ruta de leyenda a pie entre el Portichuelo y los miradores de Antequera

Ruta de leyenda a pie entre el Portichuelo y los miradores de Antequera. Empieza en Plaza de Santa María.

5 paradas23 min de audio1,9 km a pie23 min de paseo44 min lo esencial+32 min si entras en los interioresEmpieza en Plaza de Santa María
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Antes de empezar

De qué va esta ruta

Soy la voz de Dovoya y te acompaño durante todo el paseo. Estás en la Plaza de Santa María, en la zona alta de Antequera, con la colegiata justo delante y la Alcazaba a un paso. Vamos a seguir una pregunta: quiénes fueron los enamorados que dieron nombre a la Peña. Verás desde distintos puntos el perfil de esa montaña, y al final llegarás a un bronce que convierte la tradición oral en una historia concreta. Sin darla por comprobada, claro: es una leyenda y la contaremos como tal.

Para entender el escenario conviene ver cómo se superponen las capas de la ciudad. En 1410, el Infante Fernando de Trastámara dirigió la toma cristiana de Antequera, culminada el 16 de septiembre, y con ella empezó una etapa política nueva. Casi un siglo después, en 1503, Julio II firmó la bula de erección de la colegiata, promovida por el obispo de Málaga Diego Ramírez de Villaescusa, el edificio que tienes delante. En 1517 se fundó, en uno de los puntos altos de la ciudad, una ermita vinculada a María Ruiz, la Rubiana. En 1544 el humanista Juan de Vilches, ligado a la Cátedra de Gramática y Latinidad, vio publicada en latín una versión literaria de la leyenda de la Peña.

Todo esto importa más allá de Antequera porque una montaña con perfil de rostro tumbado ha dado pie, durante siglos, a versiones escritas en latín, en verso y en prosa, y todavía hoy a una escultura de bronce. Pocas ciudades tienen un paisaje que haya sido leído tantas veces como una historia.

La ruta funciona así. En la calle, cada parada se abre sola cuando llegas, y mi voz te lleva a la siguiente. Si entras en algún edificio, sigues los números. Los interiores con entrada puedes verlos ahora o dejarlos para el final. Los monumentos que se visitan por dentro son opcionales, y cada uno tiene su propio tiempo. La ruta es elástica: lo que aparece como «Para profundizar» es opcional, y si vas justo de tiempo, en la página de la ruta encontrarás puntos de salida marcados. Los precios y horarios cambian, así que consúltalos en la web de cada monumento. Lo mejor es salir por la mañana o al final de la tarde, y en verano llevar agua, porque el sol aprieta.

Antes de echar a andar, mira al fondo, por encima de los tejados. Esa silueta lejana que parece una cara mirando al cielo es la Peña de los Enamorados, y es lo que vamos a perseguir. Cuando estés listo, camina hacia la primera parada.

Antes de salir

  • La ruta por la calle: 50 min · gratis
  • Visitas por dentro (opcionales; cada una con su entrada y su horario): la colegiata de Santa María, en la Plaza de Santa María. Consulta precios y horarios en la web de cada monumento antes de ir.
  • Mejor hora: por la mañana o al final de la tarde, para reducir la exposición al sol, sobre todo en verano.
  • Sombra y agua en verano: las calles estrechas del casco histórico pueden dar tramos de sombra; conviene llevar agua y prever pausas a la sombra.

El recorrido

Parada 1

Plaza de Santa María: la colegiata y el primer mirador hacia la Peña

Una plaza que se abrió a golpe de demolición
Ponte aquí: En el centro de la Plaza de Santa María, junto a la estatua de Pedro Espinosa, de cara a la fachada de piedra de la colegiata.

Más sobre este lugar: Real Colegiata de Santa María la Mayor de Antequera: historia y audioguía

El espacio abierto que tienes delante no existía con estas dimensiones cuando se construyó la iglesia que tienes delante. Durante siglos fue un espacio mucho más pequeño, y el aire abierto que hoy permite verlo todo es el resultado de ruinas y derribos. Por eso es el mejor primer sitio para esta ruta: desde aquí se mira a lo lejos, hacia la Peña, y se empieza a preguntar quiénes fueron los enamorados que, según la tradición, le dieron nombre.

Primero, lo que tienes delante. Es la colegiata de Santa María, en la zona alta de Antequera, junto a la Alcazaba. La impulsó el obispo de Málaga Diego Ramírez de Villaescusa, y el papa Julio II firmó la bula de erección en 1503.

Levanta la vista hacia la fachada, de sillería y organizada en tres calles con tres puertas. La central es claramente más grande que las dos laterales; compáralas. Busca también los contrafuertes, la balaustrada ciega y los pináculos cónicos estriados que la rematan.

La plaza, en cambio, es obra de nuestro tiempo. Es una plaza hecha para que la iglesia se luzca, como quien despeja una mesa para colocar un jarrón.

Ahora mira hacia el paisaje que se abre desde aquí. La Peña se identifica en el horizonte, a tu derecha. Tiene una silueta que recuerda a un rostro humano tumbado, y de esa forma nace el gancho de toda la ruta: primero se mira el perfil y después se escuchan las historias que se le han asociado. Esta ruta no sigue el supuesto camino de los amantes, sino los lugares desde los que se contempla su perfil.

Si bajas la mirada y la diriges hacia los restos que se ven desde la plaza, verás las Termas Romanas de Santa María, relacionadas con Antikaria. Estuvieron en uso desde la segunda mitad del siglo I y fueron reformadas en el siglo III. Allí se distinguen espacios de agua fría, templada y caliente, y la gran piscina fría ocupaba el sector central, con un mosaico de Océano rodeado de motivos geométricos que hoy está cubierto para protegerlo.

Y ahora, a quien está contigo en el centro de la plaza: el poeta Pedro Espinosa, en bronce. Escultor y alcalde, cuentan, discreparon por los pliegues de la ropa: Toro quería más movimiento y Romero prefería una pose más asentada. Toro orientó la mirada de Espinosa hacia quienes acceden por el Arco de los Gigantes, como si lo interrumpieran en plena lectura. Espinosa pertenece a un grupo poético antequerano, con Martín de la Plaza y Cristobalina Fernández, que tuvo en la Cátedra una base, aunque aquella escuela no tenía una sede física única.

Si quieres saber más, tiene su propia audioguía: puedes escucharla ahora o al final.

Seguimos: dejamos la plaza por un callejón estrecho hasta un mirador, donde la ciudad se extiende a tus pies y la silueta de la Peña aparece a lo lejos.

Este lugar tiene su propia audioguía (15 min).Escucharla ahora
Cómo llegar a la siguiente parada · 160 m · 2 minVer en el mapaSal por el Callejón del Aire y síguelo hasta el mirador, con la panorámica de la ciudad y la Peña al fondo
  1. 1Sal por el Callejón del Aire y síguelo hasta el mirador, con la panorámica de la ciudad y la Peña al fondo.
Parada 2

Mirador de las Almenillas: Tello y Tagzona frente a la Peña

Dos amantes frente a la Peña
Ponte aquí: En el Mirador de las Almenillas, junto a la barandilla, mirando hacia la silueta de la Peña en la distancia.

Si miras al fondo, la Peña de los Enamorados no parece una montaña: parece un rostro tumbado mirando al cielo. Ese perfil es lo que ha hecho de este balcón uno de los más buscados de Antequera, porque desde aquí puedes comparar la roca con el horizonte de la ciudad, con sus tejados y sus torres delante.

Desde hace siglos, quien ve ese perfil se pregunta lo mismo: ¿por qué enamorados? La respuesta es una leyenda, y se cuenta como tal. Cuentan que todo ocurrió en el siglo XV, en tiempos de frontera entre cristianos y musulmanes. En una versión local, ella se llamaba Tagzona y era hija del alcaide Ibrahim. Él, Tello, era un joven cristiano cautivo en Archidona. Dos mundos que se miraban con recelo, y entre ellos, un amor imposible.

Aquí la tradición se bifurca, y el detalle merece la pena. Otra versión también llama Tagzona a la joven, pero la tiene prometida al jefe de Alhama, y a su enamorado lo llama Hamet. En algunas versiones los amantes pertenecen a credos distintos y mantienen su relación en secreto; otras presentan a ambos como musulmanes.

Así que ahora mira la panorámica entera, de izquierda a derecha, y ve ordenando la escena. Delante tienes la ciudad, con sus calles en cuesta y los restos de su pasado medieval; al fondo, la roca. Todo eso cabe en una sola mirada, y es lo mismo que veía la gente de la frontera: una montaña que se divisa desde cualquier camino, y que cualquiera podía llenar con una historia.

Ahí está el giro, y me parece lo más bonito: nadie puede enseñarte la prueba de que Tello y Tagzona existieran, pero la leyenda ha sobrevivido porque el perfil de la roca se presta a ella. Dos nombres que varían, un secreto que no, y una montaña que lo recuerda cada mañana. Puede que la historia sea más cierta en lo que dice sobre la gente que la contaba: un pueblo de frontera que soñaba con que el amor pudiera cruzar la línea que los guerreros trazaban.

Quédate un momento más, fija bien ese perfil en la memoria, porque ahora bajamos al corazón de la ciudad. Vamos hacia la calle Jesús, atravesando callejas y una cuesta, y por el camino irán apareciendo la Alcazaba y la capilla del Portichuelo, para seguir contemplando la historia de Antequera desde abajo.

Cómo llegar a la siguiente parada · 410 m · 6 minVer en el mapaDate la vuelta y sal por la calle del Colegio
  1. 1Date la vuelta y sal por la calle del Colegio; enseguida las casas te tapan la Peña y la ciudad pasa a ser la protagonista.
  2. 2Gira a la izquierda por la Cuesta Caldereros y sigue bajando, con las fachadas a ambos lados.
  3. 3Gira a la derecha por la Plaza Portichuelo. Para en la calle Jesús, desde donde se ven la Alcazaba y la capilla del Portichuelo.
Parada 3

Calle Jesús, entre la leyenda y la ladera

Ponte aquí: En mitad de la calle Jesús, de pie en la calzada, mirando hacia el extremo por donde la calle se abre hacia la capilla del Portichuelo.

Esta calle es un pequeño truco de montaje: te saca del paisaje lejano de la Peña y te mete, sin avisar, en las formas del casco histórico. Hasta ahora has mirado hacia fuera, hacia el horizonte. Aquí toca mirar hacia dentro, a las casas, a las esquinas, a la piedra que te lleva hasta la ermita.

Antes de nada, una precaución sobre lo que verás. Desde algunos puntos de la calle se distinguen la Alcazaba y la capilla del Portichuelo. La Peña, en cambio, se contempla desde otros miradores, y no desde aquí. Así que no la busques: hoy la protagonista de este tramo es la ciudad que se construyó a sus pies.

Esa ciudad no se hizo de golpe. El trazado de la parte alta responde a etapas distintas. Las calles que rodean el castillo conservan rasgos de la medina, ese tejido de callejas estrechas y retorcidas que dejó la época musulmana. Los barrios y los ejes posteriores, ya desde el siglo XV y en los siglos siguientes, se fueron acomodando a la ladera, como quien se sienta en un sofá ajeno y busca la postura. Por eso, mientras caminas, notarás que la calle sube, se tuerce y cambia de ancho: no sigue un plano trazado a cordel, sigue la pendiente del terreno. Es una buena manera de leer Antequera con los pies.

Y ya que andamos entre calles viejas, recuerda por qué estás en esta ruta. La leyenda de los enamorados que dieron nombre a la Peña es una tradición oral, y como todas, cambia según quien la cuente. Te cuento tres escenas de dos versiones, para que veas cómo se va armando.

Es un permiso de lo más corriente, el tipo de gestión que nadie sospecha. Y ahí aparece Tello, montado a caballo. Tagzona se marcha con él. Esa escena pertenece a esa versión concreta, no a todas.

Otra versión sigue la huida: la pareja busca territorio cristiano y cruza el Guadalhorce. Mira lo que cambia y lo que no: cambian los detalles del camino, pero el impulso es el mismo, dos personas que se juegan todo por irse juntas. La leyenda se ambienta en el siglo XV; su primera constatación textual conocida figura en una obra de Lorenzo Valla de 1445–1457, aunque versiones posteriores se contaron siglos después. Lo que sí es comprobable es lo que tienes delante: la calle, la ladera, las casas y, al fondo, la ermita.

Mientras caminas, piensa que la leyenda y la calle tienen algo en común: ninguna salió de un plano. Una se fue formando de boca en boca, la otra de tejado en tejado, adaptándose a lo que había. Y las dos, al final, te llevan al mismo sitio: a una plaza donde la historia se vuelve piedra.

Este tramo es corto, apenas un paseo de un minuto, pero hazlo despacio. Ve mirando de reojo hacia la Alcazaba, que asoma en algunos puntos, y hacia la capilla del Portichuelo, que va creciendo según te acercas. Delante tienes la plaza del Portichuelo, con la iglesia de Santa María de Jesús, vinculada a la cofradía del Socorro.

Cómo llegar a la siguiente parada · 40 m · 1 minVer en el mapaSal por la calle Jesús hacia la capilla del Portichuelo, que irás viendo crecer
  1. 1Sal por la calle Jesús hacia la capilla del Portichuelo, que irás viendo crecer. Para en la plaza, frente a la iglesia de Santa María de Jesús.
Parada 4

La cofradía del Portichuelo y la Virgen del Socorro

La cofradía del Portichuelo
Ponte aquí: Plaza del Portichuelo, frente a la fachada de la iglesia de Santa María de Jesús, con la capilla pequeña de la Virgen del Socorro junto a ella.

Más sobre este lugar: Barrio del Portichuelo, Antequera: historia, qué ver y audioguía gratis

Desde aquí no se ve la Peña, y no hace falta: la historia de esta plaza es de otra clase, la de una hermandad que se negó a desaparecer varias veces.

Tienes delante la iglesia de Santa María de Jesús, sede canónica de la cofradía. Todo empezó en 1527, cuando los frailes Terceros fundaron en este barrio del Portichuelo una hermandad bajo el nombre de Jesús Nazareno. En sus primeros años procesionaba cada Viernes Santo por la mañana. Los cofrades no perdieron el tiempo: poco después de fundarla compraron el terreno para levantar una capilla, y de ahí sale el lugar que pisas.

Pronto llegaron los problemas. Cuando los dominicos se instalaron en Antequera, reclamaron la cofradía de Jesús Nazareno invocando un privilegio papal. Y en 1617 se hicieron cargo de sus enseres, con lo que aquella primera etapa se dio por terminada. Parecía el final, pero tres años después la Santa Sede permitió establecer otra cofradía en la misma iglesia, con los mismos cofrades y los mismos frailes Terceros.

La plaza aún tendría que pasar otro susto. En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal, la iglesia corrió el riesgo de ser incautada, y los cofrades consiguieron evitarlo. Más tarde llegaron años de decaimiento, hasta que en 1969 Gonzalo Ruiz Rojas encabezó una renovación de la junta directiva y devolvió el pulso a la hermandad.

Ahora mira la capilla que está junto a la iglesia, abierta a la plaza: es la Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro, construida en 1715. No es un añadido caprichoso. Se concibió como parte del itinerario procesional, un lugar desde el que la imagen se muestra a la gente que llena la plaza. Levanta la vista hacia sus arcos y su bóveda: la fachada combina elementos mudéjares con decoración de cerámica en figuras geométricas. Es una construcción que mezcla lo religioso con la arquitectura popular, hecha con materiales sencillos y con muchísimo oficio.

La imagen de la Virgen, por cierto, también ha pasado por el taller. En 1792 Miguel Márquez la restauró y le incorporó ojos de cristal, un detalle que da a la mirada esa viveza que tantos devotos comentan. Casi dos siglos después, en 1979, Francisco Buiza Fernández la restauró en Sevilla y modificó, entre otros aspectos, la posición de la cabeza. Dos manos de dos épocas distintas, y la misma cara que la ciudad conoce de memoria.

Si Gonzalo Ruiz Rojas pudo reunir en 1969 a una junta cansada y volver a ponerla en marcha, es porque la plaza ya tenía detrás más de cuatro siglos de gente que no quiso dejarla caer. Esa es la parte de Antequera que no sale en las leyendas de enamorados: la de los vecinos que, generación tras generación, se encargan de que algo siga en pie.

Si quieres saber más, esta plaza tiene su propia audioguía: puedes escucharla ahora o al final.

En esta ruta de la Peña, la plaza sirve de pausa. Los amantes de la leyenda tuvieron versiones distintas ya en el siglo XVI: la de Vilches, de 1544, habla de un tal Hamet Alhayar y de una espada, no de un salto. Ahora toca ir a ver cómo el bronce ha fijado una de ellas. Saldrás por calles del casco antiguo, bajarás hacia la avenida y cruzarás un paso hasta llegar a la plaza donde los amantes miran la Peña convertida en escultura.

Este lugar tiene su propia audioguía (8 min).Escucharla ahora
Cómo llegar a la siguiente parada · 1260 m · 17 minVer en el mapaSal de la plaza por el lado opuesto a la iglesia
  1. 1Sal de la plaza por el lado opuesto a la iglesia; empieza el paseo por el casco antiguo hasta los amantes de bronce.
  2. 2Gira a la izquierda por la Cuesta Álvaro de Oviedo, que baja desde la plaza.
  3. 3Gira a la derecha por la calle Carreteros.
  4. 4Gira a la izquierda por la calle Higueruelos.
  5. 5Gira a la derecha por la calle Aguardenteros, un tramo breve.
  6. 6Gira a la izquierda por la calle Cambrón de San Bartolomé y sigue hasta el final.
  7. 7Gira a la derecha por la Avenida de la Legión.
  8. 8Cruza el paso peatonal que continúa la avenida, siguiendo la línea de la acera.
  9. 9Gira a la izquierda por la calle Cristobalina Fernández Alarcón.
  10. 10Gira a la derecha por la calle Felipe II.
  11. 11Gira a la izquierda hacia la Plaza de Castilla. Para en la fuente y el conjunto de bronce de los amantes, con la Peña simplificada.
Parada 5

Plaza de Castilla: los amantes de bronce

Los amantes que saltaron en bronce
Ponte aquí: En la Plaza de Castilla, junto a la fuente, frente al conjunto de bronce de los amantes, con la estructura rocosa detrás de las figuras.

Más sobre este lugar: Plaza de Santiago de Antequera: historia y qué ver

Los dos amantes que tienes delante llevan en bronce el instante exacto en que, según la tradición, se lanzaron al vacío. Esa es la razón de que esta plaza cierre la ruta:

Dicho claro: es una leyenda. La tradición dice que un joven cristiano, Tello, y una joven musulmana, Tagzona, se amaban, que sus pueblos eran enemigos y que, perseguidos, subieron a la gran roca y saltaron juntos. Por eso el perfil que has ido siguiendo durante la ruta se llama Peña de los Enamorados. La escultura no certifica que ocurriera; da forma a lo que se cuenta.

El monumento nace de una obra de ciudad. Es decir, debajo de tus pies hay coches y encima, una leyenda. El encargo recayó en el escultor José Manuel Patricio Toro.

Mira ahora la composición. Fíjate en el pedestal: no es un simple soporte, sino una versión esquemática de la montaña, de modo que el monumento dialoga con el perfil real del paisaje que da nombre a la historia. El artista explica que quiso representar a los amantes justo en el momento del salto, no antes ni después. Esa elección es lo que da tensión a la obra: nada ha ocurrido todavía, y todo está a punto de ocurrir.

Aquí la escena cobra un matiz personal si piensas en quien la hizo. José Manuel Patricio Toro tuvo que decidir qué cara y qué gesto darle a dos personas de las que nadie conserva un retrato, ni siquiera una certeza de que existieran. Eligió el salto, el segundo en que la leyenda se vuelve inolvidable, y lo fijó en metal para que cualquiera que cruce la plaza lo vea, sepa o no la historia.

Antes de irte, gira despacio sobre ti mismo. Desde esta plaza se contemplan, además del monumento, el Arco de Estepa, la plaza de toros y el Parque Real. La escultura convive así con vistas patrimoniales y con la vida diaria de la ciudad.

Y esa es la pregunta con la que empezó la ruta: quiénes fueron los enamorados. La respuesta que ofrece Antequera es una historia, la de Tello y Tagzona, contada con cariño y sin pretender más. Aquí termina el recorrido: te quedas con la Peña al fondo y con dos figuras de bronce que siguen suspendidas en el aire, a punto de saltar.

Es la última parada: no hay camino.

Este lugar tiene su propia audioguía (9 min).Escucharla ahora

Epílogo

Empezaste en una plaza que no existía cuando se levantó la iglesia que la preside, y acabas delante de dos figuras de bronce que se lanzan al vacío. Entre una cosa y otra has aprendido a mirar Antequera como la miran sus vecinos: con la Peña de los Enamorados al fondo, haciendo de rostro tumbado que vigila la vega. La leyenda, ya lo has visto, es una tradición que se cuenta de generación en generación, y la escultura de Tello y Tagzona le da cara y gesto sin pretender que sea un hecho comprobado. Esa es quizá la mejor lección de la ruta: una ciudad también se hace con lo que se cuenta de ella.

Por el camino pasaste junto a la devoción de la Virgen del Socorro y su cofradía del Portichuelo. La Plaza del Portichuelo y la Plaza de Santa María, con su colegiata, tienen cada una su propia audioguía, por si quieres volver a ellas con lo que ahora sabes.

Pero antes no tengas prisa. Siéntate un rato en la Plaza de Castilla, mira otra vez a los amantes y luego, más allá, a la Peña.

Al terminar: dónde comer, qué más hacer

  • Para comer o tomar algo cerca: Cafetería Crêperia El Jardín (cafetería y crêpería, en la propia Plaza de Castilla y recogida en la guía municipal de gastronomía); Hotel Bar-Restaurante Castilla (bar y restaurante de cocina casera, con actividad desde principios del siglo XX); La Mariquilla (restaurante de cocina andaluza, frente a la plaza de toros).
  • Siguientes rutas: de momento no hay otras rutas de Antequera publicadas.

Si te has quedado con ganas

Real Colegiata de Santa María la Mayor, Barrio del Portichuelo

Editado por Manuel García Solís, editor responsable · Cómo hemos hecho esta ruta · Actualizado el 20/10/2026

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama Peña de los Enamorados?

Porque, según la leyenda, una pareja de religiones distintas subió a la roca perseguida y se lanzó junta al vacío. Ella era una joven musulmana, Tagzona, y él un joven cristiano, Tello. Es una tradición oral, no un hecho comprobado, y de ahí viene el nombre de la montaña.

¿Quiénes fueron Tello y Tagzona?

Son los protagonistas de la leyenda. Tello era un joven cristiano, cautivo en Archidona en la versión que recoge Ramos Vidaurreta, y Tagzona una joven musulmana, hija del alcaide Ibrahim en esa misma versión. En otras versiones el nombre de él cambia, por ejemplo a Hamet.

¿Es real la leyenda de la Peña de los Enamorados?

Es una leyenda y la ruta la cuenta como tal. Nadie puede mostrar una prueba de que Tello y Tagzona existieran, y las versiones cambian en nombres y detalles. Lo que se repite es el amor entre personas de credos distintos en tiempos de frontera, en el siglo XV.

¿Desde dónde se ve la Peña en Antequera?

En la ruta, desde la Plaza de Santa María, donde se identifica en el horizonte a la derecha, y desde el Mirador de las Almenillas, con la silueta de rostro tumbado al fondo. Desde la calle Jesús no se ve, y la ruta lo avisa para que no la busques allí.

¿Dónde está la escultura de los Enamorados?

En la Plaza de Castilla, junto a la fuente, donde termina la ruta. Es un conjunto de bronce de José Manuel Patricio Toro que representa a los amantes en el momento del salto, sobre una estructura que simplifica la forma de la Peña. Supera los 6 metros de altura.

¿Cuánto se tarda en hacer la ruta de la leyenda de la Peña?

La audioguía dura unos 22 minutos. La visita la marcas tú: puedes pararla y seguir a tu ritmo. Va de la Plaza de Santa María a la Plaza de Castilla. Las visitas por dentro, como la colegiata, son opcionales y llevan aparte su propio tiempo.

¿Dónde empieza y dónde termina la ruta?

Empieza en la Plaza de Santa María, en la zona alta de Antequera, con la colegiata delante y la Alcazaba cerca. Termina en la Plaza de Castilla, ante el conjunto de bronce de los amantes. Por el camino pasa por el Mirador de las Almenillas, la calle Jesús y la Plaza del Portichuelo.

¿Qué miradores de Antequera incluye esta ruta?

Incluye el Mirador de las Almenillas, un balcón sobre los tejados con la Peña al fondo, y la panorámica de la Plaza de Santa María hacia el horizonte. También hay vistas de la Alcazaba y de la capilla del Portichuelo desde algunos puntos de la calle Jesús.

Fuentes consultadas

Cada dato de esta guía lleva una cita comprobada en su fuente. Las principales:

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¿Algo que mejorar en esta ruta?

Una indicación confusa, un dato que no cuadra, un sitio que ha cambiado… Cuéntanoslo: cada sugerencia se revisa y mejora la guía para el siguiente que venga.